Compartir

Entrevistado por TeleSUR, el ex presidente Lula, conforme informado por la revista Fórum, afirmó que las Jornadas de Junio en 2013 “fueron hechas siendo ya parte del golpe contra el PT, habiendo sido impulsadas por los medios y por el propio Estados Unidos”. Para la principal figura pública del petismo, las referidas manifestaciones inauguraron un ambiente de odio en el Brasil que llevó a la elección de Jair Bolsonaro.

Por: Pablo Biondi, San Pablo

Luego de dejar la prisión, Lula dio inicio a una campaña electoral anticipada en la cual pretende reafirmar la hegemonía electoral del PT en el campo de la izquierda y postularse como el principal antagonista al actual gobierno. Pero un antagonista que está dispuesto a aguardar que Bolsonaro prosiga hasta las próximas elecciones con su masacre sobre los explotados y oprimidos, y que pretende capitalizar en votos la insatisfacción creciente con la actual situación. Un opositor que quiere implementar el mismo proyecto, pero tal vez en dosis más homeopáticas; podría decirse que la diferencia entre Lula y Bolsonaro, en relación con los rumbos del capitalismo brasileño es la diferencia entre Henrique Meirelles/Guido Mantega y Paulo Guedes.

Lea también: Junio de 2013 no fue solo por 20 centavos ni armazón de Estados Unidos, fue contra el sistema.

Pero Lula aprendió con su rival en las próximas elecciones presidenciales. Decir “yo creo que ya estuvo el brazo de los Estados Unidos en las manifestaciones del Brasil” vale tanto como las hipótesis “geniales” de Bolsonaro sobre los incendios en la Amazonía, que serían obra de las ONGs actuando a sueldo del actor Leonardo Di Caprio. En Bolsonaro, las absurdas y delirantes afirmaciones no son mera estupidez, estas forman parte de una política de consolidación de un séquito fanático en su entorno. El líder del PT, que ya granjeó su propio grupo de idólatras (compuesto incluso por miembros de otros partidos, como parte del PSOL y el PCO de conjunto), quiere hacer lo mismo. Hacer declaraciones polémicas sin ningún tipo de prueba de su contenido es siempre un test de lealtad para los seguidores de personalidades adoradas, y hemos visto esa profesión de fe de modo exhaustivo en el bolsonarismo.

Lea también  “Si las fábricas paran tendremos un colapso”. ¿Somos carne de cañón?

No obstante, ese no es el aspecto más relevante. El gran objetivo del lulopetismo al calumniar las Jornadas de Junio es realizar su propio revisionismo histórico (bien al gusto del bolsonarismo) a favor de una narrativa que aleje a las masas de la escena política y que proyecte al PT como víctima de una conspiración burguesa e imperialista. Lula quiere hacer creer que su partido instauró un paraíso en las tierras brasileñas, hasta que las elites perversas y vengativas decidieron desalojarlo del poder por medio de la manipulación del pueblo. Por cierto, al reunirse con el empresariado brasileño, el ex presidente dirá el exacto opuesto para cortejarlo, recordando los tiempos áureos del lucro capitalista en sus mandatos. Hay un discurso listo para cada público en la mira.

Lula en entrevista a la red venezolana de televisión TeleSur.

De hecho, el lulopetismo tiene necesidad de calumniar las Jornadas de Junio pues ellas son la evidencia más explícita del fracaso del proyecto de conciliación de clases y del mentiroso balance autoproclamatorio que el PT hizo de sus gobiernos. La irrupción de las masas en 2013 demostró que un intenso malestar social se acumuló bajo las gestiones Lula y Dilma, y que sus tan propagandeadas políticas públicas no fueron capaces –y no podrían serlo– de contornear los males inherentes al modo de producción capitalista. Un buen ejemplo es el Prouni: una política de continuidad a la abertura de la educación al capital privado (desde FHC) que, además de garantizar la ganancia empresarial amplió el número de graduados en la enseñanza superior, pero sin que esos graduados, como consecuencia de su formación, consiguiesen remuneraciones mejores en sus nuevos puestos de trabajo. La leyenda del ascenso social vertiginoso cayó por tierra.

Lea también  Polemizando con Roberto Robaina y el PSOL-RS: ¿Frente Amplio o Frente Socialista y de Clase?

Las Jornadas de Junio, como recordó Lula, “no tenían reivindicaciones específicas”. Y no las tenían porque la insatisfacción popular, poco visible antes de 2013 (pero ya existente), era generalizada, se fundamentaba en el conjunto de las condiciones de vida de la clase trabajadora brasileña. Como mínimo, es ya vulgar el argumento de que insurrecciones populares contra gobiernos “buenos demás para ser cuestionados” serían obra de fuerzas demagógicas alimentadas por intereses ocultos. Lula retoma esa lógica con perfección, representando la soberbia de un podrido sistema político en relación con los trabajadores: no se admite que ellos se pongan en movimiento con sus propias demandas. En esa visión, su presencia en las calles es deseable solo en comicios electorales festivos, solo para sellar un juego autodenominado democrático, pero que convive muy bien con encarcelamiento en masa y genocidio. Así fue también con Lula, el cual, además, contribuyó a ese cuadro al sancionar la Ley de Drogas en 2006.

Junio de 2013, por lo tanto, desmiente la leyenda que el PT construyó sobre su propio gobierno; de ahí las reacciones furiosas que suscita en el petismo. Es un punto que no cierra la narrativa que se pretende ideal, y por eso se quiere recontarlo, ocultándose no solo las penurias que el capitalismo no dejó de producir en la era petista sino también las tramas en la cual el partido de Lula voluntariamente se enredó al mantener relaciones orgánicas con ciertas fracciones de la burguesía brasileña.

Por fin, si Lula está tan preocupado con la injerencia de los Estados Unidos en los rumbos del Brasil en términos nacionales e internacionales, debería recordar su propio intercambio diplomático con Washington durante su mandato. No para hacer “autocrítica”, pues el líder petista parece poseer la infalibilidad de un dios, sino simplemente para recordar sus relaciones ampliamente amigables con George W. Bush y Barack Obama;

Lea también  Nuevos desafíos para la clase trabajadora

además, fue bajo la gestión del primero que el gobierno Lula prestó al imperialismo estadounidense el inmenso favor de comandar la ocupación militar de Haití con tropas brasileñas. Los “frutos” de esa ocupación, hecha para adular a los Estados Unidos (ahorrándoles más desgastes militares) y para disputar un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU (órgano imperialista, no cuesta nada recordar), son, hoy, hasta incluso “humanos”: niños nacidos de violaciones cometidas por soldados brasileños. Pero ese es un legado más del lulopetismo que, en algún momento, también será recontado según las conveniencias.

Artículo publico en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.