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La frase arriba era una broma de los tiempos de la URSS sobre la recurrente adulteración del pasado hecha por la burocracia estalinista.

Por: Wagner Damasceno – Secretaría de Negros y Negras, PSTU- Brasil

Para la burocracia estalinista, el futuro bajo su comando era cierto, puesto que ellos eran infalibles. Ya el pasado… Bueno, el pasado –en lugar de ser fuente de investigación y aprendizaje– era una especie de documento escrito con lápiz, siempre listo para ser borrado y reescrito, de acuerdo con los intereses de esa burocracia.

Eso guarda bastante semejanza con el petismo. Al final, como uno de los herederos del estalinismo, el petismo está siempre intentando idealizar sus gobiernos, mitificar a su mayor dirigente, y silenciar a sus opositores de izquierda.

Vean: Lula merece un juicio regular en virtud de la actuación del Ministerio Público Federal y del ex juez Sérgio Moro, que hoy es ministro de Justicia de Jair Bolsonaro (PSL). Sin embargo, de eso no se puede concluir que Lula sea inocente.

Además, intentar “endulzar la boca” de los 340.000 negros y pobres que vegetan en las prisiones infames de este país sin derecho a juicio, diciéndoles que la decisión del Supremo Tribunal Federal (STF) sobre la prisión en segunda instancia también les servirá, es vil y racista.

¡Justo el PT, que con la Ley Antidrogas creada por Lula en 2006 produjo un encarcelamiento en masa del pueblo negro y pobre, quiere hacernos creer que va a liberar a nuestro pueblo de las prisiones adonde él mismo nos arrojó!

Es más o menos así: “Primero sacamos a Lula de la prisión, después sacamos a todos ustedes”…

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La campaña “Lula Livre” levantada por el PT, y abrazada por buena parte de la izquierda, parte de dos presupuestos, uno explícito y otro un tanto implícito: que Lula es inocente y defiende programáticamente los gobiernos del PT, y de Lula con vistas a las elecciones de 2022.

Para eso, movilizan un imaginario de que Lula sigue siendo el mismo obrero y dirigente sindical, como la ley de identidad canonizada por la lógica formal: “A sigue siempre siendo A”.

Pero la dialéctica nos enseña que “A” puede cambiar… Las cosas (y personas) pueden cambiar de calidad.

No por nada, las imágenes predominantemente utilizadas son siempre las del joven Lula, con cabello desarreglado y barbudo, preso por la dictadura militar en 1980, y no la del Lula presidente, con cabello bien cortado, barba arreglada y con corbata; el “cara” que gobernó por ocho años al servicio de la burguesía brasileña y del imperialismo.

Fue así, también, en la campaña electoral de Dilma Rousseff, en 2014. En lugar de utilizar la imagen de la entonces presidente Dilma con trajecitos bien cortados, y que se aliaba con dios y el diablo (o mejor, con Edir Macedo y Eike Batista), el PT produjo una serie de avatares con una imagen de la joven Dilma guerrillera, fichada y presa por la dictadura militar.

Así, idealizando y reescribiendo el pasado, la burocracia petista intenta garantizar el futuro, ¡su futuro! Y eso significa intentar rehabilitar la democracia burguesa, mantener el capitalismo y, probablemente, mantener a Bolsonaro en el poder hasta 2022.

Pero, para suerte de la clase trabajadora, el futuro aún no está definido y el presente es una disputa.

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La izquierda reformista (PSOL, PCB. Etc.) voluntariamente se aliena, intentando transferir para el becerro de oro cualidades que no son suyas.

Mientras tanto, nuestra clase tiene urgencias: precisa derrocar un gobierno de ultraderecha, con un proyecto dictatorial para el país, precisa defender la Petrobras, las universidades públicas, las jubilaciones de los trabajadores, y revertir todos los ataques económicos de Bolsonaro, Mourão y Guedes.

El mundo está en llamas. América Latina está en llamas.

Que las llamas de las rebeliones obreras y populares destruyan todos los viejos mitos, de extrema derecha y de “izquierda”. En Brasil, y en el mundo.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.