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América Latina está en pie de guerra contra los gobiernos y sus políticas neoliberales. La profundización de la polarización de la lucha de clases en el continente tiene su punto alto en el Ecuador, donde una insurrección indígena y popular tomó cuenta del país.

Editorial PSTU Brasil

En la Argentina, el gobierno Macri tuvo una importante derrota electoral y ve cada vez más distante una reelección en noviembre. Macri es un muerto vivo que ve caer su popularidad al mismo tiempo que el movimiento de masas va a las calles contra el hambre y la crisis social. La reciente liberación del preso político Daniel Ruiz es expresión de este nuevo momento.

Perú, por su parte, vive una inestabilidad política creciente, fruto de una lucha entre la burguesía, que provocó la caída del Congreso Nacional liderado por la derecha fujimorista, y la convocatoria a nuevas elecciones legislativas.

En el Brasil, Bolsonaro ve caer su popularidad. La última denuncia es de que su campaña electoral recibió “Caja 2” del naranjal del PSL[1], el mismo que irrigó la Caja 2 del ministro de Turismo. Para huir de la denuncia, Bolsonaro está implosionando la sigla [PSL] y buscando montar otro partido.

Esa división de los de arriba es reflejo de esta crisis y de la lucha encarnizada por el espolio de las estatales, del Presupuesto y de los recursos naturales como el petróleo. La reforma de la Previsión, que los senadores quieren votar en los próximos días, está atrasada para que negocien parte de la porción de la venta del presal.

El tan propagado retome de la economía que Paulo Guedes prometió va revelándose un espejismo. La economía solo empeora, el desempleo no disminuye, y lo que era optimismo de la burguesía va transformándose en escepticismo y decepción. Situación que viene causando peleas entre Guedes y el propio Bolsonaro.

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Se profundiza la guerra social

Esta crisis en el piso de arriba, sin embargo, no hace que paren los ataques y la guerra social contra los trabajadores y el pueblo pobre. Ataques a los derechos laborales y previsionales, a las libertades democráticas (con el avance de la censura), entrega del país, desmonte de la Amazonía y genocidio indígena. Ahora, Bolsonaro quiere aprobar una reforma administrativa para acabar con la estabilidad de los empleados y atacar los servicios públicos, como el Sistema Único de Salud (SUS).

Las privatizaciones y la entrega del país no paran. Mientras cerrábamos esta edición, el gobierno acaba de entregar parte del presal al capital extranjero, esta vez a la española Repsol.

Como en el Ecuador, el gobierno Bolsonaro muestra su cara autoritaria dando aval al aumento del genocidio de la juventud negra y criminalizando los movimientos sociales. Situación tal que posibilita casos como el que ocurrió el día 9/10 en Belo Horizonte, cuando un profesor municipal, director del sindicato y militante del PSTU, fue agredido de forma brutal y detenido mientras protestaba contra el proyecto Escuela sin Partido en la Cámara Municipal.

Por abajo, resistencia y lucha

Si el gobierno y la burguesía aumentan la carga de sus ataques, por abajo los trabajadores no aceptan eso pasivamente. En el primer semestre vimos el levante de la Eduación. Recientemente, los trabajadores de los Correos realizaron la primera huelga nacional contra el gobierno Bolsonaro. Los petroleros dan muestras de disposición de lucha contra la venta de la estatal y por sus derechos. Los metalúrgicos de la Embraer, en São José dos Campos (SP), hicieron una huelga que solo fue sofocada por la represión de la Policía Militar (PM) y pueden hacer otra. Los pueblos indígenas también luchan y resisten la política genocida y pro-agronegocio de Bolsonaro. Mientras cerrrábamos esta edición, los petroleros del Litoral Paulista acababan de votar, por amplia mayoría, recursar el acuerdo del Tribunal Superior del Trabajo (TST) y comenzar la huelga a partir del día 16 de octubre.

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Así como señaló el 4° Congreso de la CSP-Conlutas, el camino es la unidad para luchar y la acción directa contra el gobierno y su proyecto. Lamentablemente, las direcciones de las grandes centrales sindicales son blandas y negocian, como en el caso de la reforma de la previsión, o presentan una reforma tributaria alternativa que no ataca la gran propiedad. Desvían las luchas para el juego electoral o para las negociaciones dentro de los gabinetes, traicionan las movilizaciones y se convierten en obstáculos para el desarrollo de las luchas.

Para dar vuelta el juego contra Bolsonaro, es preciso unificar las luchas de petroleros, Correos, electricistas, metalúrgicos, Educación, empleados públicos, indígenas, quilombolas. Todos tienen que posicionarse contra la entrega de la Embraer a la Boeing, contra la privatización de la Eletrobras, de los Correos y de la Petrobras. También tienen que defender a los pueblos idígenas y el medio ambiente. ¡Vamos a derrotar a Bolsonaro y su proyecto ya! El pueblo del Ecuador está mostrando el camino.

Precisamos derrotar el proyecto de destrucción, superexplotación y entreguismo de Bolsonaro y colocar otro proyecto en su lugar, un programa de los trabajadores que revierta las privatizaciones, la reforma laboral, los cortes sociales y el desempleo. Que prohíba los despidos y reduzca la jornada sin disminuir los salarios, que sea bancado por las ganancias de las empresas. Que pare de pagar la deuda a los banqueros e invierta ese dinero en Salud, Educación, empleo y vivienda. Precisamos de un proyecto socialista.

Nota:

[1] La “Caja 2” es una práctica fiannciera ilegal, que consiste en no registrar determinadas entradas y salidas de un flujo de caja, creando así una caja paralela. Por su parte, el “naranjal del PSL” [Partido Social Liberal] es un esquema de corrupción que involucra candidaturas de fachada en el partido, y que originó una crisis política en el segundo mes del gobierno Bolsonaro.

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Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 579, disponible en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.