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Cuando cerrábamos esta edición, los petroleros entraban en el 12° día de huelga contra los despidos, la privatización y el desmantelamiento de la Petrobras por el gobierno Bolsonaro.

Editorial de Opinião Socialista n.° 584, febrero de 2020.

Esta es una de las huelgas más importantes del país, casi no informada por los medios. Mientras la mayoría de la población está contra las privatizaciones, en el mundillo de los ricos y poderosos están casi todos a favor, desde Bolsonaro hasta todos los grandes medios (incluyendo a gobernadores de la oposición que disputan dinero de la entrega del presal). Por eso, es fundamental cercar esta huelga de solidaridad y defender la Petrobras 100% estatal bajo control de los trabajadores.

Tal vez la mayor fake news del siglo sea la que dice que Bolsonaro es un gobierno nacionalista. Es un gobierno totalmente antinacional. Se comporta como el gobierno de una colonia de los Estados Unidos. Lacayo de Trump, en medio de la mayor crisis y decadencia mundial del sistema capitalista, promueve la rapiña y la entrega del país; entabla una guerra social contra los trabajadores y el pueblo pobre; promueve una tremenda devastación ambiental; incentiva el genocidio negro e indígena, el oscurantismo, el preconcepto, la persecución a la cultura, a la educación y a la ciencia; amenaza las libertades democráticas y enaltece la dictadura militar.

Toda reivindicación seria de los trabajadores, desempleados, juventud y pueblo pobre se choca con el gobierno y con su proyecto autoritario, predatorio y de barbarie, de superexplotación y entrega.

En el cambio de año, la liberación de dinero del FGTS [Fondos de Garantía], combinada con la propaganda de que el país comenzaría a crecer y el desempleo a disminuir, y con el clima de Navidad y Año Nuevo, pueden haber alentado la ilusión o la esperanza de algunos sectores. Sin embargo, las lluvias que asolaron a Minas Gerais y San Pablo, y que migraron para Rio de Janeiro, están mostrando la decadencia de este sistema y la irresponsabilidad de los gobiernos.

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Junto con las lluvias, continúa el plan de ajuste y de tierra arrasada del gobierno Bolsonaro-Guedes. Fragmentan y venden la Petrobras y prepararan para el final de marzo la votación de la Medida Provisoria (MP) 905, que acaba con lo que resta de derechos laborales.

El ministro de Economía Paulo Guedes llamó a los empleados públicos de parásitos. Ahora dice que empleada doméstica viajaba a Disney antes del alza del dólar. Guedes es un banquero que se enriqueció con fraudes en fondos de pensión. Quiere acabar con la estabilidad de los empleados públicos, reducir salarios y privatizar todo lo que hoy es público. Es solo mirar para las filas del INSS [Instituto Nacional de Seguro Social] para ver adónde ese amante del modelo chileno liberal-pinochetista quiere llevar el país.

Sin embargo, comenzó también, antes incluso del Carnaval, un proceso importante de luchas y huelgas: petroleros, empleados públicos, empleados de Correos, etc. El carnaval va a poner en las calles a la oposición popular a este gobierno y sus ministros. El 8 de Marzo puede ser un puntapié en un proceso de unificación de las luchas, que replantee la necesidad de la huelga general.

En ese sentido, es necesaria la más amplia unidad para luchar y, en la lucha, debatir un programa que defienda de hecho el empleo, la vivienda, la educación, la salud, los servicios públicos, la reforma agraria, las tierras indígenas y quilombolas; el medio ambiente, el fin de la violencia y del preconcepto contra pobres, desempleados, negros, indígenas, mujeres, LGBTs; la soberanía nacional y la Petrobras 100% estatal; las libertades democráticas (derecho de huelga, opinión, manifestación, organización, etc.).

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La oposición parlamentaria e institucional –PT, PCdoB– que gobierna algunos Estados y municipios no tiene como prioridad derrotar a Bolsonaro-Mourão ya. Aplican en sus gobiernos el mismo ajuste que el gobierno federal. Priorizan la actuación en el parlamento y la formación de frentes amplios de colaboración de clases para las elecciones. Sin hablar de Solidariedade, de Paulinho da Força, y de los demás partidos burgueses de oposición. Eso limita la acción de los sindicatos y de las centrales que ellos influencian.

¡Es necesario defender y exigir la más amplia unidad para luchar y para derrotar a Bolsonaro y su proyecto ya!

En las elecciones, la tarea es presentar un proyecto de clase y socialista y no un frente amplio de colaboración de clases como hizo el PT, que nos trajo adonde estamos ahora, o alternativas de la derecha tradicional, como Huck, Doria o Maia.

Es preciso defender una alternativa socialista que haga al 1% de los ricos pagar por la crisis, y no a los pobres, como es hoy. Que pare de pagar la falsa deuda pública a los banqueros en lugar de cortar dinero para la salud, la educación el saneamiento y las jubilaciones. Que acabe con las exenciones a las grandes empresas, cobre impuestos de los ricos y garantice un plan de obras públicas que genere empleos. Que reestatice y nacionalice las empresas privatizadas para impedir desastres como el de la Vale. Que revoque la reforma de la previsión y la laboral, y defienda el medio ambiente. Que confisque los bienes de todos los corruptos y corruptores. Un gobierno socialista, que gobierne a través de la movilización y de consejos populares, y no un gobierno que actúe a favor de la ganancia de un puñado de multimillonarios capitalistas.

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Traducción: Natalia Estrada.