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La crisis de la inmigración en Europa ya tomó proporciones de una verdadera tragedia humanitaria, a tal punto de ser considerada la mayor ola migratoria desde la Segunda Guerra Mundial en el continente.

Por Toninho Ferreira, presidente del PSTU de Sao José dos Campos y suplente de diputado federal.

Apenas este año, más de 300 mil refugiados de guerras y de la miseria, llegaron a los países europeos en busca de un hilo de esperanza que toque sus vidas.

En la travesía del Mediterráneo, más de tres mil personas ya perdieron la vida este año. Las escenas de cuerpos llegando a las playas de Grecia e Italia muestran, de forma chocante, el drama de la situación. No se puede olvidar el camión frigorífico abandonado en Austria, con más de 70 cuerpos de inmigrantes sirios, muertos por asfixia. Tampoco, podemos olvidar al pequeño Aylan, encontrado muerto después de ahogarse, en una playa de Turquía, ni a los otros 188 mil, rescatados por la guardia costera y luego deportados.

Lo que vemos hoy no son inmigrantes buscando un trabajo, o una “vida mejor”, como ocurrió en otros momentos en la historia. Son hombres, mujeres y niños –muchos/as niños/as-, que entregan la propia suerte a los traficantes de personas, que realizan la travesía hasta Europa. Que se apretujan en los navíos “negreros” (esclavos) de la actualidad, en estaciones de tren y atraviesan largas distancias para llegar a las fronteras, para huir de la muerte.

Lo que vemos es un drama que revela hasta donde puede llevarnos el capitalismo y la rapiña imperialista, sobre los pueblos del mundo. Se trata de refugiados, víctimas de guerras civiles, del terrorismo, de las persecuciones y de la miseria, cuyos responsables son la propia Unión Europea y Estados Unidos.

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Del total de refugiados, un tercio (o 122.800 personas) está conformado por hombres, mujeres y niños huyendo de la guerra civil en Siria y del horror protagonizado por el Estado Islámico. En el caso de los refugiados africanos, la mayoría viene de países como Senegal, Mali, Guinea y Gambia, huyendo de guerras civiles y de la miseria dejada como herencia de los años de colonización europea.

Poco se habla sobre los responsables por esta tragedia: el imperialismo europeo, norteamericano y sus gobiernos, que intervienen en Siria, Afganistán e Irak, creando grupos terroristas para masacrar a las revoluciones populares, que no consiguen vencer, como el Estado Islámico, y saquearon el continente africano y su población todo lo que pudieron.

Mientras Angela Merkel, François Hollande, David Cameron y otros gobernantes europeos se reúnen en castillos para debatir “soluciones” a la crisis, millares mueren.

Pero, si las escenas de tristeza y tragedia nos conmueven, la solidaridad de los trabajadoresypueblos europeos también. Ver trabajadores llevar alimentos a los refugiados en las estaciones, las marchas que vienen realizando miles en las calles, contra sus propios gobiernos, como en Viena (Austria) o Dresden (Alemania), los estadios de fútbol, con mensajes “refugees welcome” (bienvenidos refugiados), familias europeas que están ofreciendo abrigo en sus casas a los inmigrantes, nos llenan de esperanza y muestran el camino: el de la solidaridad internacional entre los trabajadoresy los pueblos.

La solución no es construir más muros y cercas para dejar afuera el problema, que los gobiernos europeos crearon. No podemos aceptar las reglas absurdas, como las cuotas irrisorias para la entrada de inmigrantes.

Es necesario tratar a todos como refugiados, dando asilo, vivienda -a partir de medidas como expropiaciones de predios vacíos, para albergar a los inmigrantes-; poner fin a la represión en las fronteras y suspender el pago de las deudas públicas, para garantizar derechos básicos a las familias y acabar con esta catástrofe humanitaria.

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Por encima de todo tenemos que tener claro: esta barbarie que estamos presenciando es el síntoma de este sistema capitalista en decadencia. El capitalismo mata. Por lo tanto, muerte al capitalismo. Nuestro horizonte es la lucha por una nueva sociedad, una sociedad socialista mundial.

¡No a la xenofobia! ¡Ningún ser humano es ilegal! ¡Toda la solidaridad a los refugiados!

Traducción Laura Sánchez