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El 23 de octubre, el presidente turco Recep Erdogan habló a la banca del gobierno en el parlamento sobre el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi en el interior del consulado saudita en Estambul, el último 2 de octubre.

Por: Fábio Bosco

Erdogan reunió las informaciones que ya habían sido providenciadas por la prensa turca. Afirmó que el asesinato fue premeditado y exigió una investigación independiente y el juicio de los 18 sospechosos en Estambul. Todavía reclamó de las autoridades sauditas informaciones sobre el destino del cuerpo del periodista así como la identidad de los turcos que colaboraron en ocultar el cuerpo.

Jamal Khashoggi era un periodista con buenas relaciones con la familia real saudita. Apoyaba el proyecto de modernización impulsado por el príncipe Mohammad Bin Salman, pero hacía críticas moderadas a la falta de libertades democráticas en el reino saudita. Por cuenta de la persecución a disidentes, él se autoexilió en los Estados Unidos y escribía regularmente para el Washington Post.

Él fue al consulado saudita para buscar un certificado de divorcio para casarse con su novia turca. La prensa turca informó que el periodista fue torturado, asfixiado y desmembrado en quince partes por un equipo de quince personas del servicio de inteligencia saudita, dentro del consulado.

Hay una versión de que Khashoggi llevaba un reloj habilitado para grabar y transmitir imágenes y sonidos que hoy están bajo el control de la inteligencia turca. Este sería el origen de las informaciones sobre diálogos y sobre el tiempo de siete minutos para desmembrar al periodista.

Este asesinato bárbaro alcanza de lleno al príncipe saudita Mohammad Bien Salman, que en la práctica gobierna el país de forma autocrática. Un integrante de su guardia personal estaba en el equipo de los quince sauditas que viajaron a Estambul a fin de ejecutar a Khashoggi.

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Desde que asumió el poder apartando al sucesor del rey Salman, el príncipe inició una agresión militar contra Yemen, un conflicto diplomático contra Qatar, y arrestó disidentes (activistas por los derechos de las mujeres, religiosos, e incluso hasta algunos millonarios).

Ahora, los Estados Unidos, las potencias europeas y Turquía reclaman una posición del gobierno saudita, que se resistió pero reconoció que Khashoggi murió dentro del consulado saudita luego de un conflicto.

La verdad es que por encima de cualquier defensa de derechos humanos están los intereses económicos y geopolíticos. El propio presidente Trump, luego de idas y vueltas, afirmó que el asesinato de Khashoggi no puede afectar la venta de U$S 110.000 millones de armas americanas a los sauditas. Este también es el dilema de las potencias europeas. Turquía disputa la influencia regional contra Arabia Saudita e Irán. Aún no es posible prever cuál será el resultado final, pero el príncipe saudita saldrá debilitado de este proceso.

Traducción: Natalia Estrada.