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El comunicado del martes 7 de julio sobre que Bolsonaro habría contraído el Covid-19 fue acompañado de una justificable desconfianza. Al final de cuentas, luego de meses escondiendo sus exámenes, después de un viaje a los Estados Unidos en marzo, que infectó a casi toda la comitiva presidencial (y presentando un examen inconcluso solo después de una decisión judicial), ¿por qué Bolsonaro, justo ahora, resolvería abrir públicamente su real estado de salud?

Por: PSTU Brasil

Bolsonaro no solo escondió sus exámenes como intentó censurar la divulgación de muertos y contaminados realizado por el Ministerio de Salud. Es una política consciente de desinformación y mentiras que corona una política genocida de imponer la vuelta de la economía, de sabotaje de las parcas medidas de aislamiento social en los Estados, y de restricción y amenaza al auxilio de emergencia, que ya es insuficiente para garantizar las mínimas condiciones de vida a los pobres. Sin hablar de la forma cómo su gobierno se aprovecha de la pandemia para “pasar por encima” en los empleos, en los derechos, en el medio ambiente, por encima de los pueblos indígenas, etc.

Frente a tantas mentiras, no fue sorpresa, por lo tanto, que muchos creyesen que era una fake news más de este gobierno. El momento sería más que apropiado: el gobierno se ve disminuido frente a las denuncias envolviendo a Queiroz (incluso Flávio Bolsonaro prestó su primer testimonio en el Ministerio Público este martes, hecho que quedó ofuscado por el comunicado de Bolsonaro). Los procesos de las fake news y del financiamiento de los actos pro dictadura por grandes empresarios también son piedras en el zapato que dejaron a Bolsonaro calladito en los últimos días. ¿Qué mejor disculpa para eximirse de dar explicaciones que una enfermedad?

Otros creen que eso no pasa de una estrategia para promover la cloroquina, medicamento sin eficacia comprobada, al contrario, con graves efectos colaterales, y cuyos insumos Bolsonaro mandó a importar a precio sobrefacturado determinando que el ejército produzca en escala industrial y dejando un stock equivalente a 18 años de demanda del producto (que tiene plazo de validez de dos años). De hecho, el mismo día el presidente divulgó un video tomando un comprimido de cloroquina y diciendo que el remedio lo había hecho mejorar.

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De este gobierno que promueve la mentira y las fake news de forma sistemática, nada es confiable. Puede ser que simplemente sea una mentira más, o puede ser que de hecho Bolsonaro esté contaminado, o puede ser incluso que ya se hubiese contaminado antes y que ahora se haya reinfectado, ya que hay comprobación de que los anticuerpos generados por el Covid-19 pierden efecto de forma muy rápida. Lo que es incontestable es que Bolsonaro es un genocida, promueve la muerte en masa de forma criminal, no solo en relación con su política que manda al pueblo al matadero sino personalmente, promoviendo aglomeraciones, andando e interactuando con las personas sin usar máscara, y haciendo propaganda de su remedio milagroso. Y, frente a esta posible contaminación, ya mostró que no va a cambiar.

En las últimas dos semanas, Bolsonaro interactuó con centenas de personas, viajó a seis Estados diferentes, y participó de varias ceremonias. Es incalculable el número de personas que pudo haber contaminado. En el propio anuncio de que estaría infectado, Bolsonaro se quitó la máscara frente a los reporteros, exponiéndolos a todos al riesgo. Solo esos crímenes sucesivos contra la salud pública serían ya motivo más que suficiente para un proceso de impeachment.

La falta de preocupación personal de Bolsonaro es perfectamente explicable. Sacando el oscurantismo, él sabe que cuenta con toda la infraestructura médica de punta a disposición, llegando a tener una unidad de terapia intensiva (UTI) particular en el propio Palacio del Planalto [casa de gobierno]. O sea, tiene conciencia de que, si se enferma gravemente, no es la cloroquina lo que va a salvarlo (eso él lo distribuye a los indígenas), sino toda la estructura médica a disposición, algo que las más de 66.000 personas que en el país murieron por el Covid-19 no tuvieron. Estas solo pudieron contar con el cinismo y la burla del presidente.

Estructura que, dígase de paso, no solo él tiene a disposición sino los ricos y los políticos que, en pleno pico de la pandemia, promueven la abertura indiscriminada en sus regiones, mandan al pueblo al matadero y, caso precisen, tienen hospital de primera línea. Como el alcalde de Manaus, Arthur Virgílio (PSDB), ciudad que fue epicentro de la pandemia en el país y que protagonizó escenas de barbarie con entierros colectivos a cielo abierto. Diagnosticado con Covid-19, Virgílio se tomó un avión y se fue a tratar al hospital Sirio Libanés, en San Pablo.

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Bolsonaro no va a cambiar

Gran parte de la prensa, por su parte, se apuró a desear pronta recuperación a Bolsonaro, hinchando para que el presidente cambie su actitud negacionista ante la pandemia. Representantes de la oposición burguesa, como el gobernador paulista João Doria (PSDB), fue portavoz de esa misma posición, lo que no deja de ser una tremenda hipocresía ya que el “tucano” está al frente de una verdadera libertad-general en el Estado, en un momento en que el coronavirus no disminuyó en la capital y se extiende de forma dramática hacia el interior.

Se trata de la política de sectores mayoritarios de la burguesía de “disciplinar” y encuadrar a Bolsonaro, buscando trabar las ofensivas y amenazas a las libertades democráticas (ya que no quieren impeachment y están plenamente de acuerdo con la actual política económica, pero son contrarios a la dictadura). Ahora, tienen la esperanza de que el negacionismo exacerbado de Bolsonaro pueda ser contenido, como ocurrió con el primer ministro inglés Boris Johnson.

Pero Bolsonaro es Bolsonaro. Así como no va a cambiar su predisposición a la dictadura y el autoritarismo, no va a dejar su negacionismo. Por el contrario, ya dio muestras de que va a usar del Covid-19 para profundizarlo. En la misma entrevista en que anunció que estaría infectado, no solo se quitó la máscara frente a la presencia de varios periodistas como repitió burradas como que los jóvenes están inmunes a la enfermedad y que la economía no podía parar.

El día siguiente, en el confort lujoso del Planalto, Bolsonaro vetó el abastecimiento de agua potable, máscaras y cestas básicas a indígenas y comunidades quilombolas. También vetó, entre otros puntos, la obligatoriedad de que el gobierno garantice lechos y UTI en las aldeas y quilombos. Bolsonaro ya había vetado la obligatoriedad del uso de máscaras en el comercio y en los templos, así como el suministro de máscaras en los presidios. Incluso con Covid, la apuesta del presidente es la muerte de los más pobres, vulnerables y oprimidos.

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La posible contaminación de Bolsonaro no servirá para que este sea menos malo. Pero, frente a eso, se reafirma la necesidad urgente de sacarlo. Por eso el 10 de julio, día nacional de lucha, será un momento decisivo para que podamos comenzar a erradicar ese mal que mata a pobres y que está acabando con la vida de millares todos los días. Sacar no solo el virus Bolsonaro sino todas sus cepas, como Mourão y todo este gobierno, que se transformaron en el mayor foco de transmisión de este país, extendiendo no solo el Covid sino el desempleo, la pobreza y la miseria.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 8/7/2020.-
Traducción: Natalia Estrada.