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Brasil se aproxima rápidamente a 60.000 muertos por el Covid-19 en solo tres meses, y suma más de 1,4 millones de personas infectadas. Solo para tener una idea, con menos de 3% de la población mundial, el Brasil responde hoy por 10% de las nuevas muertes causadas por el nuevo coronavirus en el mundo. El índice es semejante al de Asia, que respondió por 19% de las nuevas muertes. Y el número de víctimas por aquí no para de crecer.

Por: Redacción PSTU Brasil

Integrantes de la Organización Panamericana de la Salud (Opas), brazo regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en las Américas, presentaron una estimación de que el pico de la epidemia en el Brasil será en agosto, y que el país podrá tener más de 80.000 muertes hasta allá. Con todo, considerando que mueren, en media, más de 7.000 personas por semana, sobrepasaremos tranquilamente ese número en las próximas tres semanas.

De cualquier manera, todos esos datos están hechos sobre la base de subnotificaciones. El Brasil es el que menos testes realiza entre los veinte países con mayor tasa de óbitos.

La subnotificación es producida por los propios gobiernos y de forma consciente, como veremos. Estos se niegan a invertir en testes en masa, aun cuando muchas universidades tienen condiciones técnicas para procesar los resultados de los testes. No obstante, faltan insumos que nunca llegan a esos laboratorios.

Según la OMS, para saber si un país realiza testes suficientes basta analizar la tasa de resultados positivos. Del total realizado, 5% o menos deben presentar confirmación. En el Brasil, esa media es mucho mayor, llegando a 36,6% según la Universidad Johns Hopkins. Los números en el Brasil son altos justamente porque el país realiza testes apenas en pacientes que ya están en situación avanzada. En España y en Italia, por ejemplo, los índices son de 3,59% y 3,61 respectivamente, por cuenta de medidas de testeo en masa.

Estimaciones apuntan que, hasta la primera semana de junio, 2,28 personas por cada 100.000 habitantes fueron testados en el país. En Estados Unidos, ese número es mucho mayor, llegando a 61,59 individuos testados por cada 100.000 habitantes. La OMS recomienda que el número de testes sea de 10 a 30 veces el total de infectados.

Sin test para el nuevo coronavirus, el número de muertes divulgados por la prensa, basados en las Secretarías de Salud de los Estados, puede hasta estancarse, no sobrepasando las medias actuales diarias. La verdad es que el número real de víctimas del Covid-19 son mucho mayores que los anunciados por la prensa. Sin embargo, Bolsonaro ya mandó a censurar las informaciones, y los gobernadores presentan datos subestimados. Todos ellos tienen un acuerdo: barrer esta tragedia para debajo de la alfombra.

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Al no hacerse los testes, no garantizar una cuarentena seria, y defender el retorno de las actividades de forma criminal, el gobierno arroja los efectos del Covid-19 también hacia el Sistema Único de Salud (SUS) y hacia los profesionales de la salud. Un informe del Ministerio de Salud apunta que 169 profesionales de la salud murieron con Covid-19 y por lo menos 83.118 fueron infectados.

Mientras tanto, Bolsonaro reafirma su desprecio por la vida del pueblo, dice que pandemia es exageración y manda a todos a volver a las calles. En los Estados, los gobernadores mandan reabrir el comercio y la economía y hablan de “una nueva normalidad”. La “nueva normalidad” de ellos se llama genocidio, que lleva al pueblo trabajador al matadero en nombre de las ganancias de grandes empresas y banqueros. Mientras tanto, ellos intentan esconder los números de la tragedia para generar una alienación de la población frente a la real tragedia que el país enfrenta.

Conduciendo al pueblo pobre hacia el matadero

Presionados por los capitalistas, los gobiernos estaduales y municipales ya implementan políticas de reapertura, mientras el país registra récord de víctimas de la pandemia. Son abiertos comercios, bares y restaurantes, y quieren reabrir también las escuelas como si todo estuviese bien. La tal “normalización” es dejar morir, en especial al pueblo pobre y trabajador que es obligado a tomar transportes súper llenos y exponerse a la letalidad del virus.

Rio de Janeiro se hunde en el caos con falta de médicos, salarios y equipamiento para los pacientes. El Estado vio la tasa de infectados superar los 100.000 después de flexibilizar la cuarentena.

El Estado de San Pablo cierra el mes de junio con un balance de 281.380 casos confirmados del nuevo coronavirus y 14.763 óbitos notificados. Incluso así, el gobernador João Doria anuncia la reapertura del comercio en varias ciudades, mientras el Estado aún registra una curva ascendente de casos y de muertes. Una estimación hecha por la Red de Pesquisa Solidaria apunta que la flexibilización de la cuarentena en el Estado puede elevar en hasta tres veces el número de óbitos en los próximos treinta días.

Vuelta a las aulas

En medio del absurdo, Doria ya fijó la reapertura de las escuela para el 8 de setiembre. Otros Estados también anunciaron planes de retorno a las aulas en las escuelas públicas estaduales. Entre ellos, el gobierno de Flávio Dino (PCdoB), en el Maranhão, que anunció la vuelta a clases para agosto.

La vuelta a clases no tienen ninguna base científica. Además, la reapertura del comercio y la “nueva normalidad” van a hacer estallar los casos de contaminación, inevitablemente. Y quieren reabrir sin hacer testes en masas para medir y monitorear la contaminación. Eso, sin hablar de la actual condición de penuria de las escuelas públicas, en las cuales lo normal es amontonar más de 40 o 50 alumnos dentro de cada aula. La reapertura de escuelas es una acción que pone en riesgo a estudiantes, sus familias, y a los trabajadores de las escuelas.

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Capitalismo es un matadero

La “nueva normalidad” muestra que toda la supuesta diferenciación hecha por los gobernadores con Bolsonaro, en el comienzo de la pandemia, no pasaba de un juego de escena con el objetivo de capitalizar votos en las próximas elecciones. Sin embargo, también revela toda la crueldad del sistema capitalista. Arrojan millones al matadero porque “la economía no puede parar”. Al final, ¿quién va a producir las mercaderías para que los capitalistas lucren?

Es por eso que en el mundo entero los gobiernos ya comenzaron a mandar reabrir el comercio, como en Estados Unidos y en la mayor parte de Europa. En los Estados Unidos Trump actúa como un “garoto propaganda” [como modelo propagandista] de la reapertura, presionando a los Estados a retomar sus actividades económicas. Dio en tragedia. Hay Estados, como el de Arizona, en que 90% de los lechos de terapia intensiva están ocupados. Bolsonaro y los gobernadores copian, de forma grotesca, los pasos de Trump. A ellos no les importa la cantidad de muertes que esas medidas pueden causar. Usan a los trabajadores como carne de cañón, como piezas descartables que pueden ser sustituidas cuando son aniquiladas en el inmenso engranaje de un sistema que pone la ganancia por encima de la vida.

En el Brasil, por ser el epicentro de la pandemia mundial, la situación en dramática. La política genocida de Bolsonaro y la reapertura implementada por los gobernadores será una catástrofe sanitaria. No tendremos una segunda ola de contaminación, como algunos dicen, por el simple hecho de que el Brasil ni siquiera habrá salido de la primera. Lo que tendremos es un tsunami con sucesivas olas, grandes y aterrorizantes, que harán estallar los casos de contaminación del Brasil y que, según proyecciones, pueden llevarnos al tope del ranking de víctimas del Covid-19.

Mientras tanto… pasan por encima de nuestros derechos

El gobierno Bolsonaro y los grandes empresarios se aprovechan de la pandemia para bajar salarios, promover despidos en masa y hacer pasar en el Congreso Nacional el completo quite de lo que nos resta de derechos laborales. Es el caso de las Medidas Provisorias 936 y 927, que reducen la jornada y el salario, suspenden contratos de trabajo e incluso hasta exigencias de seguridad y salud de los trabajadores. Era hora de hacer lo contrario: garantizar estabilidad en el empleo, ninguna reducción de salario, y parar todos los sectores no esenciales para salvar vidas.

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Programa: garantizar cuarentena en serio con empleo y renta

A pesar de las mentiras propagadas por Bolsonaro y por los gobiernos estaduales y municipales, la situación del país va de mal en peor. Bolsonaro ya dijo que no pagará más el auxilio de emergencia a partir de setiembre. Dice que no hay dinero, pero dio más de 222.000 millones de dólares a los bancos.

La única solución posible para contener la crisis es la cuarentena general, parando todo el servicio no esencial y garantizando los empleos y la renta de trabajadores, desempleados e informales, con todas las condiciones para que las personas puedan quedarse en casa y para que la población, sobre todo los más pobres, tengan derecho y pleno acceso a los servicios de salud.

  • Parar todo lo que no sea esencial, con garantía de empleo y renta.
  • Pagar los R$ 600 para todos hasta el surgimiento de la vacuna y aumentar ese valor a 2,5 salarios mínimos.
  • Hacer testes masivos para todos e implementar fila única de lechos, centralizada por el SUS.
  • Ofrecer crédito para el pequeño negocio, eximir de impuestos, y garantizar el pago de los salarios de los empleados de los negocios con hasta 20 trabajadores.
  • Eximir a desempleados e informales del pago de luz, agua y alquiler.

De dónde sacar recursos para el plan de emergencia

  • Suspender el pago de la falsa deuda a los bancos.
  • Requisar la ganancia de un año de los cinco mayores bancos: solo en 2019 fue de 19.000 millones de dólares.
  • Usar los 350.000 millones de dólares de la reserva internacional que hoy sirve a la especulación.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.