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Este 13 de mayo se cumplen 132 años de cuando la princesa Isabel decretó el fin de la esclavitud en el Brasil. Esta fecha es usada para esconder la historia de lucha y resistencia del pueblo negro por más de 380 años en el país. También sirve para intentar apagar el hecho de que las clases dominantes abolieron la esclavitud sin promover ninguna política de reparaciones al pueblo negro. A la supuesta “piedad” de esta princesa blanca se le rinden dádivas hasta hoy, por ejemplo, un pedido de beatificación al arzobispado de Rio de Janeiro en 2012.

Por: Secretaría Nacional de Negras y Negros del PSTU, Brasil

La lucha por la libertad y la dignidad de los negros arrancados del continente africano y esclavizados en el Brasil ocurría desde su captura, comercialización y venta de sus vidas aún en sus aldeas, poblados, villas y Estados de origen. Resistían dentro de los navíos negreros a los tratamientos inhumanos, en los cuales muchos no sobrevivían y otros se negaban a llegar vivos aquí para convertirse en esclavos. Y con el desembarque de los sobrevivientes, nuestros antepasados superaban rivalidades tribales y barreras de idiomas para organizarse contra la esclavitud en una tierra extraña.

Sin duda, los quilombos fueron las mayores formas de enfrentamiento a la esclavitud. El Quilombo de Palmares fue nuestra principal referencia. Resistió por casi un siglo, alcanzando una población de cerca de 30.000 habitantes. Tuvo como principales dirigentes a Aqualtune, Ganga Zumba, Zumbi, Acotirene y Dandara. Los quilombos se contraponían al mundo de los ingenios de azúcar y al sistema esclavista. Palmares resistió 27 guerras, impuestas al dominio portugués y holandés, hasta ser diezmado en 1695.

EL RACISMO NO ACABÓ
Una abolición sin reparaciones

Un quilombo, lugar donde se refugiaban los esclavos que huían o eran liberados. Aún hoy viven en muchos de ellos descendientes de esclavos de aquella época.

Imagine la siguiente situación: trabajar por 40, 50 y hasta 60 o 70 años, de sol a sol, en zafras de caña, en las profundidades de una mina y en las casas grandes. Trabajar bajo los latigazos y todo tipo de castigos físicos y psicológicos que muchas veces terminaban en muerte. En este trabajo, usted es considerado una cosa, inferior a un animal. Las mujeres eran víctimas de violaciones y de todo tipo de violencia.

Luego de cuatro siglos de esclavitud, no hubo ningún tipo de indemnización a esos trabajadores y a sus descendientes por todo ese sufrimiento. Fue eso que la clase dominante hizo con la abolición de la esclavitud en 1888.

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La ley 3.353, redactada por la princesa Isabel, tenía apenas dos artículos: “Art. 1°: es declarada extinta desde la fecha de esta ley la esclavitud en el Brasil; Art. 2°: Se revocan las disposiciones en contrario”. Fue una ley que no garantizó absolutamente nada a los negros.

La abolición de la esclavitud no puso fin al racismo. Al contrario, al no venir acompañada de ninguna reparación, determinó que los negros continuasen teniendo una vida de miseria y racismo incluso después de extinta la esclavitud.

Exclusión

Negros e indígenas no tuvieron acceso a los medios de producción, mucho menos a la tierra. En 1850, con la Ley de Tierras, la clase dominante garantizó que las tierras quedasen en las manos de los grandes propietarios, impidiendo a los negros poseer tierras propias para vivir y trabajar.

Dos años después, Rui Barbosa, entonces ministro de Hacienda, mandó quemar toda la documentación de compra y venta de esclavos que estaba en el Archivo Nacional para impedir cualquier reparación al pueblo negro. Contra ese crimen del capitalismo, luchamos por reparaciones históricas al pueblo negro.

Entendiendo el pasado y el presente

Es imposible comprender el presente de pobreza y miseria que vivimos sin mirar hacia ese pasado. Como no hubo una política de reparaciones que garantizase tierra y trabajo, nuestros antepasados fueron obligados a construir barracas en los morros de las grandes ciudades y palafitos en áreas de mangues. Como la clase dominante intentó “emblanquecer” el país trayendo inmigrantes europeos, dejaron a nuestros antepasados al margen del trabajo asalariado en el campo y en las fábricas, obligándolos a vivir haciendo “changas” y trabajos domésticos, con bajos ingresos.

Las prácticas religiosas y culturales de nuestro pueblo fueron criminalizadas, y las escuelas públicas y facultades se cerraron para los negros.

Es por eso que aún hoy, pasados 132 años, los negros se encuentran en las peores condiciones sociales y económicas si lo comparamos con los blancos. Es por eso que el Brasil es un terreno propicio para que la pandemia de Covid-19 haga un estrago mayor que en otros países. La falta de trabajo y salario decentes impide que muchos trabajadores negros puedan quedarse en cuarentena. Las viviendas precarias, sin saneamiento básico, impiden que negros y pobres adopten medidas de higiene capaces de impedir la contaminación por coronavirus.

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No por casualidad, las primas víctimas del Covid-19, en Bahia y en Rio de Janeiro, fueron dos empleadas domésticas que contrajeron el virus de sus patronas que retornaron de Europa. Las empleadas domésticas murieron, y las patronas recibieron el alta y están bien. Hay innumerables relatos, incluso, de confinamiento de empleadas domésticas en casas de familias burguesas y de clase media, mostrando cuán enraizado está el racismo y el machismo en el capitalismo del siglo XXI.

EL CAPITALISMO ES RACISTA
La lucha por reparaciones y por el socialismo

Zumbi dos Palmares

El capitalismo fue el sistema que se alimentó de la esclavitud de millones de negros y negras en todo el mundo. Como decía Marx, sin el algodón plantado y recogido por manos negras no habría industria textil en Europa y el sistema no habría avanzado para el control de la economía mundial.

Incluso después del fin de la esclavitud negra, la burguesía y todos sus gobiernos trataron de alimentar el racismo para dividir a los trabajadores y pagar menores salarios a negras y negros.

Medidas

La burguesía no va a ofrecer reparación a los negros por este crimen histórico del cual aún hoy sentimos los efectos. Reparaciones históricas significan, entre otras cosas: acabar con la concentración de tierras en manos de un puñado de latifundistas y agroempresarios, tierras que fueron donadas por el Estado y/o tomadas directamente de los indígenas; garantizar trabajo decente con salario igual para negros y blancos, acabando con el racismo en el mercado de trabajo y con las tercerizaciones; garantizar educación pública y gratuita para todo el pueblo negro; suspender el pago de la deuda pública a los banqueros, parásitos que lucraron en el pasado con el tráfico negrero y ahora lucran con la explotación de los trabajadores.

Por eso exigimos reforma agraria, salario igual para trabajo igual, salud pública, viviendas decentes, educación pública gratuita, y políticas afirmativas.

No vendrán de la burguesía

La burguesía brasileña jamás atenderá nuestras necesidades. No dará tierras, porque es del grillaje y del latifundio que viene su riqueza. No acabará con la tercerización ni combatirá el racismo porque esas son sus fuentes de ganancia. No garantizará educación pública y de calidad para todo el pueblo negro y para los trabajadores, porque lucra al mantenernos en la miseria y en la ignorancia y gana con la enseñanza privada.

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La reparación plena a los negros no vino con la abolición y no vendrá de las manos de la burguesía. Tendrá que ser conquistada en la lucha por una revolución socialista. Una revolución que arranque la tierra de las manos de los latifundistas y las fábricas de las manos de la burguesía.

Hermanados en la lucha

Nosotros del PSTU estamos entre los que consideran el “13 de mayo” como una fecha de denuncia de una abolición que no abolió nada. Ni el racismo ni las desigualdades sociales, económicas y políticas. Para nosotros, es un día más de lucha.

Nuestro repudio a la idea de una “libertad concedida” comienza por recordar que, aún en los “tumbeiros” [navíos negreros], nuestros ancestrales se hicieron “malungos” [amigos]. Sobrepasaron sus diferencias étnicas y las barreras lingüísticas y pasaron a adoptar un término originario de la cultura kikongo (del sur de África, que significaba originalmente “en el barco”, “en el navío”) para identificarse entre sí como “compañeros de travesía”.

Gente hermanada por el mismo deseo de libertad, igualdad y justicia que aquí, en la lucha, se hizo quilombola. Una lucha que no se cerró el “13 de mayo” ni será cerrada hasta que hayamos conquistado reparaciones históricas para el pueblo negro.

Artículo publicado en www.pstu.org.br
Traducción: Natalia Estrada.