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Las elecciones parlamentarias de enero de 2020 y su ajustado cronograma, han dado partida a una carrera desesperada de parte de los más diversos partidos políticos del régimen, incluida la «izquierda».
Unos, como Nuevo Perú, el Partido Comunista y Patria Roja, han definido aliarse «con el diablo y su abuela» con tal de tentar un asiento en el Congreso. Por eso, sin taparse la nariz, han conformado una alianza con Yehude Simon, el ex primer ministro del corrupto y hoy muerto Alan García, y Vladimir Cerrón, ex gobernador de Junín, sentenciado por corrupción y enemigo de los derechos democráticos de las mujeres.

Por: Víctor Montes

Otros, como el Frente Amplio, intentan capitalizar algunas de las luchas más importantes libradas por la clase obrera y el pueblo, ofreciendo cupos en su lista a las organizaciones que han estado al frente de esas luchas (Valle de Tambo, mineros, estudiantes…), a fin de sumar votos como sea.
¿Qué debemos hacer las y los trabajadores que venimos luchando contra los ceses colectivos, la privatización del agua y demás servicios públicos, o contra la voracidad de las grandes mineras en este contexto?

¿Votar o luchar?

La pregunta planteada puede ser tildada de extrema. Responderá la «izquierda» que se pueden hacer las dos cosas a la vez… ¡y tienen razón! Pero para que la fórmula «votar y luchar» funcione, es preciso que la participación electoral esté completamente subordinada a la movilización contra Vizcarra y sus medidas.
Es decir, utilizar la tribuna electoral para organizar y llamar a la lucha en las calles, y a echar abajo al propio gobierno, levantando un programa de medidas que garanticen el derecho al trabajo y una vida digna para todos los trabajadores y trabajadoras del país.
¿Esta es la propuesta que hacen los agrupamientos electorales de la «izquierda»? No. Lo que quieren es convertir a nuestros dirigentes en candidatos y candidatas que recorran las calles haciendo campaña para sumar votos… y en los hechos, que dejen la lucha en un segundo plano.

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Defender la independencia de nuestras organizaciones para luchar

Es derecho de cada quien, en esta democracia de los ricos, definir si postula o no a las elecciones. En tal sentido, no nos oponemos a que cualquier dirigente del movimiento de masas que evalúe necesario postular, lo haga.
Lo que sí ponemos en cuestión es la forma en que lo hace. Desde nuestra mirada, comprometer a las organizaciones del movimiento obrero y popular con una u otra candidatura, equivale a cortarle las alas a la lucha en curso, por más pequeña que esta sea. Así, se le facilita al gobierno la imposición del Plan nacional de competitividad y productividad. Más aún cuando ha vuelto a quedar claro que el gobierno y la Confiep siguen caminando de la mano, con la última reunión entre ambas entidades y la entrega, de parte de la patronal, de la «Agenda país 2.0» al primer ministro Vicente Zeballos, entre sonrisas y fotos.
La clase obrera, en este contexto tiene un solo camino: retomar su movilización y poner todos sus esfuerzos en enfrentar al gobierno. Todo lo que nos distraiga de ese camino, terminará siendo perjudicial.

¿Unidad para qué?

Una vez más las voces que claman “unidad de la izquierda y el pueblo” resuenan cuando se acercan las elecciones.
Desde la tradición de la clase obrera, la unidad es precisa para luchar. Sin embargo, en las luchas que se han venido desarrollando en el último tiempo, unidad es lo que menos se ha percibido.
Prueba de esto fue la reciente huelga minera, donde la dirigencia de la CGTP brilló por su ausencia, del mismo modo que Patria Roja, Nuevo Perú, o el Partido Comunista, quienes ni se acercaron a las convocatorias de la Federación minera.
Por eso hablar de unidad hoy, muestra el interés de utilizar el justo anhelo de quienes luchan, para llevarlo a un terreno extraño, donde los únicos que tienen posibilidad de ganar, son los partidos de los patrones.