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¡Defendemos las libertades democráticas de los pueblos para luchar contra los planes del imperialismo y los gobiernos serviles!

Por: Secciones Centroamericanas de la LIT CI:

PT-Costa Rica – UST-El Salvador – PST-Honduras

Los hechos

Se ha desatado una nueva crisis política en Nicaragua. El viernes 29 de julio, la Asamblea Nacional de Nicaragua, controlada por el sandinismo (62 de 91 diputados) votó acatar una decisión del Consejo Supremo Electoral (también controlado por el sandinismo) de suspender a 28 diputados (16 principales y 12 suplentes) que pertenecían al partido burgués de oposición, el Partido Liberal Independiente.

En mayo, la Corte Suprema de Justicia (también controlada por el sandinismo) había quitado la representación del PLI a Eduardo Montealegre para otorgársela a Pedro Reyes, un político desconocido, pero amplio colaborador del sandinismo.

Según las leyes nicaragüenses, las bancas parlamentarias pertenecen al partido político, no al diputado individual; esta ley, más el control absoluto del FSLN de todas las instituciones nicaragüenses y el colaboracionismo de Pedro Reyes han dado como resultado el control casi monopólico del parlamento por parte del FSLN.

Toda esta podrida maniobra parlamentaria ha despejado el camino para que Daniel Ortega y Rosario Murillo puedan vencer por amplio margen en las próximas elecciones del 6 de noviembre. En los hechos correrán sin oposición electoral.

Hipocresía imperialista y de derecha

Los gritos de los liberales y de la oposición del Movimiento de Renovación Sandinista ligada a ellos no se han hecho esperar, la denuncia de “una dictadura familiar”, del “irrespeto al Estado de Derecho” y el llamado a los “organismos internacionales” del imperialismo (OEA, ONU, etc. ) a intervenir para salvar la democracia,  han sido el tono de las denuncias de la oposición burguesa nicaragüense.

Una gran hipocresía y cinismo son el contenido de los discursos liberales y renovadores. Pues cuando ellos fueron gobierno bajo Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños Geyer, no se preocuparon gran cosa por el “Estado de Derecho”. Arnoldo Alemán fue uno de los gobiernos más corruptos de América Latina y sobre él y su familia pesaron múltiples cargos por enriquecimiento ilícito; la negociación de Alemán con el mismo frente sandinista permitió “doblar la ley” para aliviar la sentencia judicial y la cárcel que pesaba sobre él; en ese momento “el imperio de la ley” no parecía muy importante para los liberales y los renovadores.

En los hechos, hay muchas figuras políticas que antes fueron liberales y hoy cooperan activa o pasivamente con el gobierno de Ortega. Y la verdad sea dicha, muchas de las características que hoy se le atribuyen al grupo Ortega-Murillo son cualidades que tiene absolutamente todo el personal político burgués nicaragüense: el nepotismo, las “dinastías” familiares, el doble discurso, las maniobras de pasillo, etc.

Más hipócrita aún que los lamentos de la oposición liberal son los llamados de países como España o Estados Unidos a “respetar el Estado de Derecho”. Nuestra opinión es que lo que pasa en Nicaragua no es más que un reflejo de un fenómeno mundial: la decadencia de la democracia burguesa, en el marco de la decadencia del capitalismo contemporáneo.

Nuestras actuales “democracias”, inclusive las “avanzadas”, son cada vez más autoritarias, antidemocráticas y cargadas de poderes especiales para el ejecutivo y para las fuerzas represivas.

Basta solo pensar en los poderes especiales que tiene el ejecutivo norteamericano, a través de “patriot act” o las draconianas leyes antiinmigrantes de la Unión Europea, para mostrar la hipocresía del imperialismo y de sus “organismos de derechos humanos”.

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Este carácter decadente de la democracia burguesa no desaparece cuando suben al poder gobiernos supuestamente “de izquierda” como el FSLN, el FMLN o el PT brasileño. La misma historia se repite: el personal político gobierna para facilitar los “buenos negocios” de la burguesía y el imperialismo; como un favor pagado la burguesía “les deja gobernar” y les permite enriquecerse, construyendo una nueva burguesía de quienes hasta hace unas décadas eran dirigentes “de izquierda”, guerrilleros o sindicalistas.

Los únicos que pierden son los sectores populares que ven cómo los que hasta hace poco era sus referentes políticos ejecutan activamente los planes de hambre y colonización de las cámaras empresariales y el imperialismo.

El gobierno sandinista un gobierno empresarial y autoritario

Nuestro repudio a la hipocresía de los liberales y del imperialismo no evita decir que las secciones de la LIT en Centroamérica estamos radicalmente en contra del gobierno de Daniel Ortega; lo consideramos un gobierno autoritario, neoliberal, empresarial, agente del imperialismo, fundamentalista y enemigo de las más básicas libertades democráticas. Los militantes de la LIT en Centroamérica estamos a favor de derrocarlo por la vía revolucionaria, igual que a los otros gobiernos del área, igual que como hace 37 años se hizo con la dictadura de Somoza.

La impresionante concentración de poder político de la familia Ortega no es producto de su “personalidad despótica”. Es producto de ser un régimen político funcional a un proyecto empresarial; el gobierno de Daniel Ortega es apoyado por los grandes capitalistas, desde hace muchos años.

Así, por ejemplo, Carlos Pellas, uno de los hombres más ricos de Centroamérica ha dicho: “Claro, si no es nada secreto que yo me reúno una o dos veces al año con Daniel Ortega y su gente. (…) El hecho de tener diferentes maneras de pensar es todavía mayor razón para juntarse. En sí tenemos diferencias, pero también tenemos enormes coincidencias”.

¿Qué opinaba el magnate nicaragüense-miamense sobre la “dictadura” de Daniel Ortega? Al preguntarle si creía que Nicaragua era una democracia, dijo: “¿Qué si yo creo que hay una democracia? Bueno, hay unas elecciones, las elecciones determinan claramente quién es el ganador. Hasta la fecha se ha manejado de esa forma y yo creo que obviamente los nicaragüenses van a la votación y se elige el ganador. Los procesos siguen manteniéndose, por lo tanto yo considero que sí, que estamos viviendo en un país abierto. Aquí todo el mundo es libre de moverse, la prensa es libre de opinar”.

El periódico mexicano El Financiero, sostiene que: “El empresario dice tener una buena relación con el presidente Daniel Ortega (…) Pellas dice que Ortega respalda su desarrollo inmobiliario Mukul y otros esfuerzos para incrementar el turismo. Yuri Kasahara, investigador del Norwegian Institute for Urban and Regional Research, dice que Pellas adoptó una postura más favorable hacia Ortega cuando el líder del partido sandinista ayudó a bloquear un proyecto de ley de 2002 de los aliados del expresidente Arnoldo Alemán que habría derogado los aranceles sobre el azúcar importado”.

Podemos citar muchos ejemplos donde lo más granado de los empresarios centroamericanos e imperialistas alaban la política pro empresarial del gobierno de Daniel Ortega.

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Por ejemplo, Gregory Smith, presidente de Mining Corp, un prominente grupo minero canadiense ha dicho que: “Nicaragua es actualmente la luz brillante de Centroamérica en términos de seguridad, un marco legal estable para la minería y avanza en su infraestructura”.

Samuel Yankelewitz, expresidente de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones de la Empresa Privada (Uccaep) de Costa Rica, intentó en el año 2014, mover su fábrica de plásticos Yanber a Nicaragua, señalando las facilidades que este país da para explotar el trabajo obrero. Dijo Yankelewitz: “Costa Rica se ha vuelto un país carísimo para competir. Por ejemplo, a un empleado se le paga con cargas sociales de $250 a $275 en Nicaragua, mientras que aquí ronda los $1.000”.

El otro grupo empresarial clave que apoya al gobierno de Daniel Ortega es la nueva burguesía sandinista, cuyo corazón es su propia familia, un grupo empresarial vinculado a la distribución de petróleo y gasolina, a los medios de comunicación, a las empresas de modas y a la exportación de granos.

Y así como le va bien a la burguesía y al imperialismo, le va mal a los sectores populares. Detrás del crecimiento económico del que se vanagloria el gobierno sandinista, se esconden los duros números: 80% de  economía informal, millones de trabajadores sin seguridad social, 6,8% de desempleo y 39% de pobres. A la dureza de las condiciones económicas hay que sumarle la opresión política: el deliro de la construcción del Canal interoceánico ha llevado a la posibilidad de expropiación de miles de campesinos; la justa lucha de las comunidades rurales nicaragüenses ha sido rudamente perseguida, la persecución y la represión  a los opositores políticos y a los movimientos reivindicativos es moneda usual; es importante recordar las represiones contra los ambientalistas y campesinos, contra los obreros de la Mina El Limón, contra el movimiento de mujeres, contra los migrantes cubanos y africanos en la frontera sur. El gobierno sandinista es un gobierno represivo; represión que busca llevar adelante “a sangre y fuego” un proyecto de colonización de la economía nicaragüense al servicio de los capitalistas estadounidenses, canadienses, europeos, chinos y centroamericanos.

La farsa del Foro de San Pablo

Toda la izquierda reformista centroamericana ha entrado en crisis por los sucesos de Nicaragua. Algunos han capitulado al gobierno del FSLN con el vergonzoso argumento de que “todo es legal”, esa actitud tomó por ejemplo Patricia Mora, del Frente Amplio. (Actitud que es notablemente contradictoria con la misma posición del Frente Amplio en Brasil, donde defienden la idea de que el impeachment es un “golpe de estado”).

En la declaración que el Foro de São Paulo emitió en su XXII Encuentro (22 de julio 2016) dice: “Es de destacar en el caso de Nicaragua, el contundente y sostenido respaldo popular al FSLN y a su líder, el Comandante Daniel Ortega, candidato presidencial para las elecciones de noviembre en ese país, en las cuales el pueblo nicaragüense, seguro de su triunfo, ha dado una lección de soberanía al no permitir la tradicional intervención de las potencias imperialistas en los procesos democráticos de nuestros países bajo el disfraz de la observación electoral, la cual será ejercida por organismos legítimamente constituidos a nivel de nuestra gran nación latinoamericana y caribeña”, es decir para los partidos agrupados en el Foro de São Paulo, el FSLN, el FMLN, el Frente Amplio y Libre, el gobierno de Daniel Ortega es un gobierno progresista y antiimperialista, por eso se niegan a denunciar su carácter autoritario y proimperialista.

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Pero, producto de la crisis que vive el reformismo latinoamericano, se produjo una división y una crisis interna, algunas facciones de los partidos del Foro de San Pablo, salieron a demarcarse de Daniel Ortega; así, el jefe de la fracción parlamentaria del Frente Amplio costarricense, dijo: “Desde nuestros principios Frenteamplistas rechazamos la concentración de poder en donde se dé y abogamos por la expresión libre de todos los sectores y todas las voces. Si aquí en Costa Rica criticamos la concentración de poder y sufrimos persecución por nuestro pensamiento, no las vamos a justificar ni en Nicaragua ni en ninguna parte del mundo”.

Así, la izquierda reformista se dividió en dos capitulaciones de distinto signo, algunos capitularon a Daniel Ortega, embelleciéndolo como si fuera un gobierno progresista y legalista, otros capitularon a la democracia burguesa en sí misma, pues como hemos dicho, las maniobras jurídicas y parlamentarias del orteguismo son solo una muestra de la decadencia y la podredumbre del parlamentarismo y la justicia burguesa en la época de la decadencia imperialista, son esas mismas maniobras las que hacen Temer en Brasil, Macri en Argentina, los demócratas en USA y el PP en España.

Construir una sección de la LIT en Nicaragua

Nuestra posición como secciones de la LIT es que rechazamos las reformas antidemocráticas del gobierno sandinista, las denunciamos como medidas al servicio del saqueo y de la economía de enclave, hacemos un llamado a defender las libertades democráticas y a defender las justas luchas de los campesinos, los obreros y las mujeres nicaragüenses, tanto en Nicaragua, como en Costa Rica.

Hacemos un llamado a todos los pueblos de Centroamérica, especialmente al pueblo nicaragüense, a sus sindicatos y organizaciones estudiantiles, campesinas y populares, a unificar sus luchas y construir una coordinación nacional para enfrentar el plan antiobrero y antipopular de Daniel Ortega

También creemos que es necesario construir el instrumento fundamental para la victoria, un nuevo partido revolucionario, obrero y socialista en Nicaragua, para lo cual la Liga Internacional de los Trabajadores y sus secciones centroamericanas, se ponen a disposición.