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El culpable es el Estado Islámico, una organización militar ultra reaccionaria con los métodos fascistas del terror contra la población de los territorios controlados y que organiza los ataques contra la gente común en otros países.

Por: I.Razin

El culpable es Assad que bombardeando –hasta borrar de la tierra ciudades enteras sirias– al pueblo que se rebeló contra él creó un espacio para el crecimiento del EI. Assad complace al EI porque se beneficia de la guerra que hace este contra los rebeldes, y al mismo tiempo obtiene oportunidades de convencer el imperialismo “para luchar contra el terrorismo”, devolviéndole así el apoyo político retirado después de la explosión de la revolución. La coexistencia de Assad con el EI llega hasta los acuerdos en el terreno energético, que le permiten obtener los hidrocarburos de los yacimientos controlados por el EI en el Este para las centrales eléctricas controladas por el régimen en el Oeste.

El culpable es Putin, cuyos aviones bombardean antes de todo a los rebeldes que militan contra el EI y contra Assad. Con el mismo objetivo, Putin siempre armó al régimen sirio. En caso de que Putin no consiguiese salvar a Assad, lo más probable es que los sirios levantados contra la dictadura ya hubieran acabado con ella y con el EI, que tendría pocas posibilidades para desarrollarse hasta su situación actual, lo que fue posible solo gracias al debilitamiento de la revolución bajo los golpes de Assad. De la misma manera, el culpable es el régimen iraní que también apoya a Assad.

Las culpables son las dictaduras de Arabia Saudita y de los países del Golfo Pérsico para quien la existencia “razonable” del EI da una oportunidad para disputar sus intereses geopolíticos regionales y negociar con el imperialismo.

El culpable es el gobierno turco que aterroriza a los kurdos que combaten al EI pero reciben en la espalda las balas de Erdogan, que no tiene ninguna posibilidad de que el genocidio efectuado por EI le ayude a “resolver” el “problema kurdo”.

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Los más responsables son los Estados imperialistas occidentales, incluido Francia, que devastan económicamente y oprimen a los pueblos de África y Medio Oriente a través de sus multinacionales, la deuda externa, las intervenciones militares y el apoyo a las dictaduras que garantizan la “estabilidad” del control imperialista –como lo hicieron con Ben Ali en Túnez, con Mubarak en Egipto, y con Gadafi en Libia y Assad en Siria, hasta que los pueblos de estos países no dejasen de rebelarse contra ellos. Con todo esto los gobiernos imperialistas forman la base para que esta política vuelva como un bumerang a sus propios países, golpeando como de costumbre a la gente común.

Los culpables son los gobiernos de todos los países que hablan hoy sobre la “guerra contra el EI” pero que nunca tuvieron prisa por entregar las armas necesarias para la gente que en verdad combate al EI y la dictadura de Assad en el terreno: los rebeldes sirios y kurdos. Caso Hollande no vendiese armas a Arabia Saudita, apoyando este régimen ultra reaccionario y los lucros de los productores de armas franceses, y en cambio las entregara a los rebeldes sirios y kurdos, lo más probable sería que ya no existiese el EI ni la dictadura de Assad. Pero los gobiernos imperialistas no lo hacen porque ven el peligro principal no en el EI o en Assad sino en el pueblo sirio levantado, que si hubiese acabado con el EI y la dictadura no querría aguantar el control imperialista de nuevo y comenzaría con las mismas armas a defender su país, lo que no conviene para nada al imperialismo. La revolución armada es la cosa menos deseada por Obama y por Merkel, por Hollande y por Putin. Incluso los bombardeos al EI, por la aviación norteamericana y francesa, no solo no pueden vencerlo sino que no tienen esta tarea como principal, porque en la situación de la ausencia de un aparato burgués alternativo fuerte eso solo fortalecería la revolución. Estos bombardeos, de hecho, solo contienen al EI. Negándose a dar armas a los rebeldes contra el EI y Assad que están bien armados, los gobiernos de los grandes países son de hecho los cómplices de los crímenes de Assad y del EI.

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Como resultado, en los atentados parisinos los franceses comunes pagan por la política externa e interna de su gobierno (y la de los gobiernos anteriores), llevada por los intereses de capital financiero francés. Hollande y toda la elite burguesa francesa tienen una responsabilidad directa por la trágica muerte de la gente en las calles de la capital francesa.

Hoy, todas estas personas “responsables” en todos los sentidos llaman a la lucha contra el EI, de cuyo desarrollo son culpables. Y lo van a hacer a través… de la intensificación y de la profundización de su política, la que siempre aplicaron y que llevó a la situación actual: las intervenciones militares aún mayores en la región, la discriminación aún más fuerte de los musulmanes y de los inmigrantes (que en gran parte huyeron precisamente del EI), el control policial aún más estricto que grosso modo puede ser eficaz solo contra la gente común y contra la lucha social de los trabajadores, y sirve mantener la dominación sobre ellos por parte del capital financiero y de la burocracia. Esta política de la “seguridad” asegura solo a la oligarquía financiera frente el pueblo que tiene un solo privilegio: morir en los atentados. Con esta política, los gobiernos de los EEUU, la EU, y Rusia fertilizan el suelo para nuevos atentados y nuevos sufrimientos de la gente humilde en África, en Medio Oriente, así como en sus propios países.

Hoy el gobierno francés, como otros gobiernos, intenta utilizar el choque y el miedo de la población para unificar bajo la consigna de la “unidad nacional” a la gente común alrededor de la política antiobrera y antidemocrática dirigida precisamente contra ellos mismos. La ultraderecha se precipita en utilizar lo ocurrido para hacer chocar a los trabajadores de orígenes diferentes entre ellos. Y mucho depende de que los trabajadores y la gente humilde no caigan en esta trampa y puedan intervenir contra esta política de sus gobiernos y contra la propaganda xenófoba de la ultraderecha.

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Hay que estar:

– contra de la aplicación de nuevas medidas policiales y contra los ataques a los inmigrantes;

– por el fin de las intervenciones de Francia y de todas las potencias en el Medio Oriente y en África, incluso por el fin de los bombardeos a Siria;

– por el suministro a los rebeldes sirios y kurdos de las armas pesadas necesarias para la victoria sobre el EI y el régimen criminal de Assad;

– por la ruptura de todas las relaciones con la dictadura siria y contra los posibles acuerdos “de transición política” con ella.