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El rublo se desmoronó, acompañando la caída del precio del barril de petróleo. Y fueron Putin y Sechin[1] que lo derribaron, al romper el acuerdo con la OPEP (Organización de los Países Exportadores de Petróleo).

Por: Partido Obrero Internacional (POI), Rusia

La OPEP es una organización de la burguesía de los países exportadores de petróleo creada (alrededor de Arabia Saudita) para influenciar el mercado del petróleo y garantizar precios más altos, principalmente a través de la regulación coordinada de su oferta. Su creación en 1960 llevó a un salto de varias veces en los precios internacionales del petróleo. Las principales potencias capitalistas se benefician de los bajos precios del petróleo, mientras las dependientes y semicoloniales producen petróleo. Con la ayuda de la OPEP, la burguesía de los países productores de petróleo defiende del imperialismo a sus socios de la renta petrolera. No para impedir el saqueo imperialista de los recursos energéticos de sus países sino para ganar más dinero con este.

La OPEP no incluye a todos los países productores de petróleo. La burguesía de algunos países, como Rusia, no quiere limitar la venta de sus recursos energéticos al imperialismo a la disciplina de la OPEP. Pero, en algunas situaciones, Rusia negocia con la OPEP, cuando ve en eso algún beneficio. Así fue con el último acuerdo, vigente hasta inicios de marzo.

El coronavirus alteró el equilibrio. El impacto de la crisis en la actividad económica llevó a un primera caída en los precios del petróleo. Para mantener los precios, la OPEP propuso reducir la producción. Pero Rusia, con miedo de perder mercados, se recusó, actuando como una especie de “rompehuelgas” en el campo de los exportadores de petróleo. Eso por sí solo ya derrumbó el mercado y empujó el rublo para abajo. En respuesta, los jeques sauditas también movieron sus piezas, anunciando un aumento en la producción para inundar el mundo con su petróleo barato (ellos pueden), incluso desplazando el petróleo caro hacia afuera de los mercados, puniendo a la burguesía rusa por su “traición”. Este anuncio del aumento en la producción en medio de la caída de los precios finalmente terminó por derrumbar los precios del petróleo, y en la secuencia, el rublo.

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La caída en los precios del petróleo significa, principalmente en el caso de Rusia, la venta más barata de sus recursos. Por la misma cantidad de dólares ahora será necesario extraer más petróleo.

Para los países imperialistas, la desestabilización del mercado del petróleo fue también, obviamente, un choque, derribando las bolsas en todo el mundo. Pero al final de cuentas, los países imperialistas tendrán acceso a petróleo más barato, lo que les vendrá bien para aliviar la crisis económica.

Por su parte, los trabajadores de Rusia y los pequeños productores que actúan en el mercado interno son los que más perderán con la caída del rublo. Primero, debido al aumento de los precios, toda vez que todo en Rusia depende de importación de mercaderías, equipamiento y materias primas (incluso, por ejemplo, leche en polvo), todo en dólares. En segundo lugar, debido al crecimiento de la deuda externa, atada al dólar, tanto la pública como la de las empresas, y que, en última instancia, será descargado sobre los trabajadores y el presupuesto del país. Además, el crecimiento de las enormes deudas externas en dólares de las principales empresas “rusas” (especialmente Gazprom, Rosneft, Sberbank, Russian Railways, etc.), inevitablemente impulsará su absorción aún más rápida por el capital extranjero.

Por otro lado, todos los oligarcas rusos de sectores no ligados al petróleo (exportadores de gas, metales, madera, commodities agrícolas), que reciben sus ingresos de exportación en dólares pero pagan salarios y otros gastos en rublos, se beneficiarán de la depreciación de la moneda nacional. Por el mismo mecanismo, los exportadores de petróleo amigos de Putin, como Sechin, compensarán parcialmente la caída en los precios del petróleo y las posibles consecuencias de su guerra con los jeques.

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En cuanto a la cuestión de si por lo menos los precios domésticos de combustibles disminuirían debido a la caída de los precios internacionales, las propias empresas respondieron rápidamente, aumentando los precios dentro del país, a fin de compensar la pérdida de ingresos de exportación a costas de la población local. Enseguida, fue la vez de Putin. Recordemos cómo él gusta de justificar el aumento de los precios de la gasolina apelando a los aumentos en el precio internacional del petróleo. Pues ahora que el precio del petróleo cayó, el presidente declaró que lógicamente el precio de la gasolina también… “debe permanecer en el mismo nivel”.

Toda la situación envolviendo la desvalorización del rubro en la secuencia de la caída del petróleo demuestra, una vez más y de forma concentrada, en qué el régimen de la FSB[2] y de los oligarcas, encabezado por Putin, transformaron el país: en un abastecedor de materias primas dependiente de capital occidental. Y el hecho de que, tras la guerra contra Ucrania, los bombardeos contra Siria, la casi guerra con Turquía, Putin ahora haya conseguido aún una guerra económica con los jeques árabes (que nosotros tendremos que pagar), comprueba el nefasto papel de Putin para Rusia. Y comprueba también que ya basta de este gobierno.

Notas:

[1] Presidente de a Rosneft, la mayor compañía de petróleo de Rusia.

[2] Policía política, ex KGB.

Artículo publicado en el periódico del POI de Rusia, sección de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (LIT-CI).

Traducción del portugués: Natalia Estrada.