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En todo el mundo, incluso en la Europa Oriental ocupada, la Segunda Guerra Mundial es llamada Segunda Guerra Mundial. No obstante, el nombre “Gran Guerra Patriótica” se enraizó firmemente en la historiografía soviética, sustituyendo y sepultando el nombre de Guerra Mundial. Al mismo tiempo, en muchos países de Europa Oriental, ese término provoca aversión, muchas veces incomprensible para los rusos, que erróneamente ven en eso un cuestionamiento sobre el significado de la derrota del nazismo, “ingratitud”, “pérdida de memoria histórica”, etc. Al mismo tiempo, hay todo un debate alrededor del papel de la URSS en la Segunda Guerra. A seguir, queremos tratar un poco estas cuestiones y los debates que surgen en torno a ese que fue, probablemente, el mayor acontecimiento del siglo XX. Pero, para tal, es importante saber ponerse en el lugar de otra persona e intentar entender sus pensamientos y sentimientos.

Por: POI, Rusia

La “Gran Guerra Patriótica” y los pueblos de Europa Oriental

Berlín es considerada el lugar de la conclusión de la “Gran Guerra Patriótica” en la historiografía “nacional” rusa. Pero entre Moscú y Berlín viven muchos pueblos, que se vieron bajo la ocupación nazi y que la enfrentaron. ¿Cómo encaran ellos “nuestra” guerra “patriótica” hasta Berlín? Un polaco, un checo, o un eslovaco podría decir: “Somos gratos a los soldados soviéticos; sin ellos no hubiéramos tenido fuerzas para derrotar la ocupación nazi. Por eso, recibimos el ejército soviético con flores. Pero no éramos solo una multitud con flores, también organizamos una resistencia, también luchamos por la liberación de nuestros países, y no nos quedamos solo esperando que alguien viniese a liberarnos. En algunos lugares, ante la falta de apoyo a tiempo del ejército soviético, enfrentamos solos la ocupación, como en el caso de la Revuelta de Varsovia. ¿Por qué ustedes atribuyen la derrota del nazismo exclusivamente a su guerra “patriótica”, ignorando nuestro papel? Además, ¿por qué ustedes creen que en el territorio de nuestros países ustedes entablaron su guerra “patriótica”, como si nos hubiesen incorporado a su “patria”? Y algo más: ¿por qué ustedes llaman de forma tan asertiva de “libertador” al ejército soviético si luego de la guerra él se mantuvo en nuestros países, nos mantuvo bajo control y reprimió repetidamente la lucha de los trabajadores por sus derechos? ¿Si el ejército que recibimos con flores se transformó en opresor y pasó a disparar directamente contra nosotros, como en Praga en 1968 o en Hungría en 1956?”.

¿Es de admirarse que los pueblos de los países de Europa Oriental, cuando celebran la victoria sobre el nazismo y prestan homenaje a los soldados del ejército soviético, no queden al mismo tiempo entusiasmados con nuestra “Guerra Patriótica”? ¿O que la expresión “ejército libertador”, tan familiar a los rusos, pueda causar irritación en la República Checa o en Polonia, y que los monumentos a los soldados soviéticos provoquen sentimientos ambivalentes, especialmente entre las generaciones que no vieron 1945, pero vieron 1968? Especialmente entre los polacos, ¿es de admirarse que, cuando preguntados sobre el papel de la URSS en la Segunda Guerra Mundial, el polaco recuerde en primer lugar cómo en setiembre de 1939 Hitler y Stalin ocuparon y dividieron su tierra natal entre sí, habiendo incluso organizado un desfile conjunto de tropas soviéticas y nazis en esa ocasión?

La “Gran Guerra Patriótica” y los pueblos de la URSS

Esa pregunta es aún más aguda para los pueblos que hacían parte de la URSS bajo Stalin, con el derecho a la autodeterminación negado, y que sufrieron en toda su dimensión la política nacional estalinista con la represión venida del Kremlin de Moscú y por la colectivización que llevó al hambre. Ellos preguntan: “¿Guerra Patriótica”? ¿Y por cuál “patria”? ¿La mía, la ucraniana (bielorrusa, estonia…)? ¿O por la gran-rusa que la pisoteaba, privándonos del derecho a la autodeterminación nacional, fusilando a los combatían por ella, reprimiendo la lengua y negando en general mi patria ucraniana (bielorrusa, estonia…)? Y si esa era una guerra “patriótica” por la liberación de mi patria, entonces ella no terminó con la derrota del nazismo, porque mi patria, Ucrania…, permanece bajo el control férreo del Kremlin de Moscú”.

¿Es de admirarse que el término “Guerra Patriótica”, aún más acompañado por los carteles de Stalin, no cause un estruendosa y explícita alegría entre esos pueblos? ¿Especialmente en Ucrania, donde las tropas soviéticas destruyeron el movimiento nacional ucraniano antes y después de la guerra? ¿E incluso ahora, cuando la guerra de Putin contra Ucrania y la anexión de Crimea con el Donbass fueron realizadas directamente con la imagen[1] de San Jorge como símbolo (que ahora está prohibida en Ucrania justamente por eso, y no por “fascismo”)?

La “Gran Guerra Patriótica” y los pueblos de Europa Occidental

Una persona de Europa Occidental, un francés, por ejemplo, podría razonar así: “Francia fue esclavizada por el fascismo. La URSS, claro, debilitó a Hitler, y prestamos el debido homenaje a los soldados soviéticos. Pero la URSS no daba la mínima para nuestros problemas: al final, ustedes estaban conduciendo su “Guerra [puramente] “Patriótica”, solo queriendo proteger su “Patria”, estaban luchando por sí mismos. Sin mencionar el hecho de que, con el Pacto Molotov-Ribbentrop, Stalin garantizó recursos a Hitler, facilitando la ocupación de mi país. Por su parte, Estados Unidos, liberando a Francia, aunque también persiguiese sus propios intereses, no concluyó pactos con Hitler y estableció como meta su derrota. Y, al mismo tiempo, tuvo el tacto de no llamar todo aquello de “Gran Guerra Patriótica” americana. Más que eso, se preocupó en garantizar que las tropas francesas fuesen las primeras en entrar a París”.

¿Es de admirarse, por lo tanto, que, por ejemplo, un francés pueda valorar más el papel de Estados Unidos que el de Rusia en la guerra?

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De la misma forma, un alemán podría razonar así: “Nosotros luchamos contra Hitler entre finales de la década de 1920 e inicios de 1930. Pero las huelgas de nuestros trabajadores fueron derrotadas por sus tropas de asalto, incluso por causa de las políticas catastróficas del funcionario estalinista Thaelmann[2]. Entonces, nosotros, oprimidos por las garras de las fuerzas de seguridad hitlerianas, su vertical de poder[3] y control total, simplemente no sabíamos qué hacer y muchos nos resignamos a la situación, tanto más cuando trajo un poco de estabilidad. Sí, algunos, por la falta de esperanza y la humillación de la Paz de Versalles, realmente quedaron embriagados con el engaño del “Líder Nacional”. Algunos realmente, por equivocación, creyeron que Alemania estaba “reirguiéndose” y gritaron triunfalmente “¡Los Sudetes son nuestros!”[4], o por incomprensión sobre lo que ocurría, o simplemente temiendo por sus lugares de trabajo y su libertad. Y la única información que teníamos eran las excrecencias de Goebbels. Ningún pueblo está inmune a la esclavitud por “líderes fuertes”, ni de su propia arrogancia nacional. Nosotros también sufrimos con Hitler. Y su concepto de guerra “patriótica”, que terminó en Berlín, significa que su “Patria”, por así decir, derrotó a la nuestra. Pero el Tercer Reich y el pueblo alemán no eran lo mismo. La victoria sobre el nazismo fue también nuestra victoria sobre ese horror. Los políticos occidentales, a pesar de ser grandes mentirosos, de todas formas dicen que esa fue la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. En cambio, la medalla de ustedes dice: «Por la victoria sobre Alemania en la Gran Guerra Patriótica». Los políticos occidentales están mucho más próximos de la verdad y nos respetan como pueblo”.

¿Es de admirarse que los alemanes no aprecien el abordaje “patriótico”? ¿Incluso hoy, cuando en su continuación, los choferes rusos el 9 de mayo pegan patrióticos adhesivos «¡Hasta Berlín!» en sus Volkswagen y Mercedes? ¿O cuando se da un aura de “Guerra Patriótica” a encuentros deportivos entre equipos alemanes y rusos?

La “Gran Guerra Patriótica” y la Guerra Mundial

No es secreto que los políticos occidentales tienden a exagerar el papel de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y a subestimar el papel de los pueblos de la URSS. Pero ellos hacen eso, precisamente, sobre la base de la idea de “Gran Guerra Patriótica”. Ellos medio que dicen: Ustedes lucharon en la Gran Guerra Patriótica y conmemoran el 9 de mayo su victoria en la Gran Guerra Patriótica. Nosotros luchamos en la Segunda Guerra Mundial y conmemoramos el 8 de mayo y el 2 de setiembre nuestras victorias en la Segunda Guerra Mundial. Sí, su gran victoria en su Gran Guerra Patriótica dio una contribución fundamental… para nuestra gran victoria en la Segunda Guerra Mundial. Creemos que su batalla de Stalingrado fue un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial, y, por eso, nombramos calles y plazas de nuestras ciudades en homenaje a ella. Ya ustedes, creen que la batalla de Stalingrado fue un punto de inflexión en su Grande, pero estrechamente nacional, Guerra Patriótica. Para nosotros, veteranos son veteranos de la Segunda Guerra Mundial, mientras ustedes tienen «veteranos de la Gran Guerra Patriótica» que, por así decir, no participaron de la Segunda Guerra Mundial, a menos que hayan sido enviados para luchar con Japón después del 9 de mayo. Todo su país está repleto de memoriales de la Guerra Patriótica, pero no de la Segunda Guerra Mundial, como si ustedes no hubiesen tomado parte. Fueron ustedes quienes inventaron la tal guerra “Patriótica”, menospreciando su propia contribución para el resultado de la Guerra Mundial. Es su derecho. Tal vez ustedes quisiesen juntar la lucha de muchos pueblos de Europa obligatoriamente bajo “su” guerra “patriótica”. Pero al hacerlo, ustedes les provocaron legítima irritación y vistieron en el significado internacional de su victoria una mordaza estrechamente nacional-patriótica. Pero nosotros los entendemos: si ustedes cambiasen de Guerra Patriótica para Guerra Mundial, entonces tendrán que recordar, antes que todo, que ella no comenzó en 1941 con el ataque de Hitler contra la URSS, sino en 1939 con la partición de Polonia por la calurosa alianza de Hitler y Stalin, y que en el inicio de la guerra la URSS no estaba de aquel lado del frente en el que se encontraría al final. Y aquellas historias sobre los “Banderistas”[5] en ese contexto ya no impresionarían a nadie. Realmente, muy desagradable. Obviamente, nosotros, de nuestra parte, usamos eso a favor de nuestra narrativa. Pero los reclamos diríjanlos a sí mismos”.

Y, en principio, es difícil contraponer algo. La “contribución decisiva” para la disminución del papel también decisivo de los pueblos de la URSS para la victoria en la Segunda Guerra Mundial, fue hecha por aquel que firmó el pacto con Hitler y después inventó la idea de la “Gran Guerra Patriótica”, contraponiéndola a la Segunda Guerra Mundial. O sea, Stalin. El caso se continuó con sus sucesores de la KGB y del PCUS, y hoy, por el gobierno oligárquico-FSB de Putin.

Pero, ¿para qué todo eso?

La guerra “patriótica” fue inventada por la burocracia estalinista (de Stalin a Gorvachov), y se mantiene hoy bajo el gobierno oligárquico-FSB de Putin.

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Pero, ¿por qué precisan de eso? ¿Por qué no pueden simplemente hablar sobre la Segunda Guerra Mundial y la contribución de los pueblos de la URSS en ella? ¿O por qué no llamarla “Gran Guerra Antifascista”, lo que ella de hecho fue, y por qué no hablar de la victoria sobre el nazismo por los esfuerzos conjuntos de los pueblos de Europa con la contribución fundamental de los pueblos de la URSS? ¿Por qué crear el concepto “Gran Guerra Patriótica”, que de hecho ayuda a Estados Unidos a registrar como suya la victoria en la Guerra Mundial, ofender a tantos pueblos, sin tener siquiera como fondo ninguna realidad histórica que lo justifique? ¿Por qué fue necesario vestir esa mordaza estrechamente “nacional-patriótica” en esta guerra? Y, ¿por qué esforzarse tanto, con tanta historiografía, monumentos, literatura, cine, por todos los medios?

El hecho es que la caída del nazismo fue el resultado de la lucha armada y desarmada internacional de los “proletarios de todos los países” y de los pueblos ocupados: ucranianos, bielorrusos, pueblos de los Balcanes, franceses, y muchos otros. Y esa lucha podría volverse contra el poder de la burocracia estalinista, que parasitaba a los trabajadores y oprimía a los pueblos de la URSS y de Europa Oriental, como ya había ocurrido luego de la Primera Guerra Mundial. Y esa verdadera memoria de guerra estaba bien fresca para la burocracia soviética, cuyo único interés residía en sentarse confortablemente en su pedazo de territorio, con sus privilegios (eso era llamado “socialismo en un solo país”).

Y, para tales fines, la guerra “patriótica” era una idea perfecta. Apagaba el carácter internacional de la lucha: solo una “Patria” habría luchado, para lo cual hasta la fecha de la victoria sobre el nazismo fue especialmente alterada para el 9 de mayo, en lugar del 8 de mayo como para los otros pueblos que lucharon, de modo que fuese un festejo separado, propio, “nacional” y no internacional. Ella “anulaba” la lucha de los pueblos de Europa Oriental (que habrían sido simplemente “liberados” por el ejército soviético). Imponía a los pueblos no rusos (Ucrania, los Países Bálticos, etc.) la Gran Patria Rusa, negando su derecho a la autodeterminación nacional. Y, al mismo tiempo, demostraba a las principales potencias occidentales los límites de las reivindicaciones de la burocracia estalinista: para mejor destruir a los pueblos con la Gran “Patria” rusa, se podía entregar a Occidente el control sobre el mundo. Como se acostumbra decir, al imperialismo lo que es del imperialismo (el mundo), y para la “gran patria rusa”, aquello que está dentro de sus fronteras. Una clara política de Imperio de segunda clase.

Eso no era novedad para la burocracia estalinista. El acuerdo con Hitler tenía el mismo significado: “Sr. Hitler, reconocemos su grandeza, por favor no nos incomode en nuestro territorio, con nuestros privilegios, y le entregaremos los recursos para la guerra mundial contra Inglaterra y Francia. Paz, amistad, recursos, y Polonia mitad y mitad, como un “Estado inviable”[6]. Desde el punto de vista del alineamiento de fuerzas en la Segunda Guerra Mundial, el acuerdo significó la participación de la URSS en una alianza con Hitler. Y esa alianza con el fascismo no terminó porque alguien “pensó mejor” y percibió que de alguna forma no era bueno estar del lado de Hitler, sino porque el propio Hitler habría sido “traicionero” y “desleal”[7] (¡qué tipo!, ¿quién podría imaginarlo?) y rompió el acuerdo.

La “Gran Guerra Patriótica” y Putin

En términos generales, Putin sigue hoy la misma política, ajustada para la existencia de oligarcas en el país y la dependencia del capital extranjero. Putin tiene miedo de las mismas cosas: la lucha de los pueblos oprimidos por Rusia y la entrada de los trabajadores de la Federación Rusa en la lucha del proletariado europeo (y Ucrania es un eslabón fundamental aquí). De ahí la pompa cada vez más melosa de la “Gran Guerra Patriótica” y las conmemoraciones exaltadas que la acompañan. Por eso es que Putin continúa con la guerra “patriótica” para imponer la “patria” rusa sobre Ucrania, los Países Bálticos y otros pueblos de Europa Oriental, entregando así a Occidente todo el mérito por la victoria mundial sobre el fascismo, en nombre de su esfera de influencia. Los conflictos en torno a los monumentos soviéticos en Europa Oriental y las acusaciones iradas del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, de “profanación”, “sacrilegio” y “complicidad con el fascismo”, tampoco pasan de un teatro hipócrita para el público, principalmente para el ruso.

Es también extremadamente inconveniente para Putin la cuestión de la ocupación de Polonia por Hitler-Stalin: al final, admitir la vergüenza del pacto significa reconocer que Hitler desencadenó la Guerra Mundial en alianza con “nuestra Patria” y basándose en sus recursos y con su complicidad directa, y que después de Polonia, ya en alianza con Hitler, tomó parte de Finlandia y de los Países Bálticos. Y aquí toda la leyenda “nacional-patriótica” y “libertadora”, todo el “código genético”[8], como gusta de decir Putin, se cae. Polonia es verdaderamente el Talón de Aquiles de toda esta invención.

Es verdad que Putin, obviamente, viendo la naturaleza problemática de la “Guerra Patriótica” como instrumento, creó recientemente una nueva celebración de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, pero también “a la manera nacional-patriótica”: realizándola no el 2 de setiembre como todo el mundo, sino el 3 de setiembre. Porque ese día no puede ser un día común de victoria de los pueblos en la lucha por la libertad, sino que debe ser solo un complemento o una extensión de “nuestra” guerra “patriótica” y un día de sujeción de los pueblos ante Rusia.

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El estalinismo es responsable por esa masa de falsificaciones históricas. La “Gran Guerra Patriótica”, que sustituyó a la Guerra Mundial, es una de las falsificaciones más globales. Un engaño chovinista de gran potencia, que menosprecia el papel de los pueblos de Europa Oriental, incluyendo los que hacían parte de la URSS, en la guerra contra el nazismo, en nombre del control del Estado ruso sobre los pueblos vecinos. Una construcción que encubre con el nombre de “patria” los crímenes de la dirección estalinista y su cooperación con Hitler hasta el 22 de junio de 1941. Una mistificación con la cual la burocracia estalinista “nacional-patriótica” intentó apropiarse de la victoria sobre el nazismo, alcanzada, a pesar de ella, por los esfuerzos de los combatientes y de la población.

Esa falsificación aún hoy está al servicio de dividir a los trabajadores entre diferentes pueblos, y es usada por el Estado “nacional-patriótico” para santificarse a sí mismo en su dominio. Pero se desmorona fácilmente allí donde los trabajadores y los pueblos levantan la cabeza y se movilizan. La revolución en la URSS y en Europa Oriental contra el régimen de la KGB y de la burocracia del PCUS hacia finales de los años ’80 fue acompañada por la revelación de los archivos oscuros del estalinismo, por la verdad que salía a la luz, abriéndose camino a través de las crecientes rajaduras en sus monumentos de concreto. Así, el régimen estalinista, exterminador de revolucionarios, que concluyó un pacto con Hitler y que restauró el capitalismo en el país, acabó siendo derribado por los hijos de los vencedores del nazismo y los nietos de los vencedores del zarismo y de la guerra civil de 1917-1921. El régimen de la FSB-oligárquico “nacional-patriótico” de Putin teme un destino semejante a manos de una nueva generación de trabajadores y jóvenes de diferentes nacionalidades. Por eso, él está extremadamente preocupado con la revolución en Ucrania, posible inicio de este movimiento, donde, entre otras cosas, se entiende perfectamente que la lucha de los ucranianos contra el nazismo hacía parte de la lucha común de diferentes pueblos, y no de la lucha de la “Gran Patria” sola, y donde el cuento de hadas de que el pacto de Stalin con Hitler fue necesario para la “Patria” ya no envenena más el cerebro de nadie. Las personas comunes, independientemente de su nacionalidad, no precisan mentir para sí ni para nadie sobre la guerra, y no precisan proteger a los villanos, cuyo último refugio y cobertura de todos los crímenes permanece siendo invariablemente el “patriotismo”. Todo eso es necesario solo a los opresores.

Notas:

[1] La Imagen [Fita] de San Jorge era originalmente el símbolo de los patriotas del zar. Con la Revolución de Octubre desapareció de la sociedad soviética junto con los demás símbolos del zarismo. Fue restablecida por Stalin como símbolo de la victoria en la Guerra “Patriótica”, y fue utilizada por Putin en su agresión a Ucrania, para darle un carácter de supuesta “lucha contra el fascismo”.

[2] Thaelmann, dirigente del Partido Comunista Alemán estalinista, implementó la política de igualar a los socialdemócratas con el fascismo, imposibilitando así la necesaria unidad entre los obreros comunistas y socialdemócratas para enfrentar a Hitler, que se aprovechó de la división de la clase trabajadora para derrotarla.

[3] Alusión a la estructura de poder centralizadora de Putin, llamada “vertical de poder”.

[4] Alusión también a eslóganes patrióticos de Putin, «Rusia se vuelve a erguir» y ‘¡Crimea es nuestra!».

[5] Banderistas, o seguidores de Bandera, líder de una parte del movimiento nacional ucraniano, que llegó a colaborar con los nazis. El gobierno de Putin, así como la burocracia estalinista, hace una amalgama: “movimiento nacional ucraniano”-“banderistas”-“Hitler” para justificar su agresión contra los derechos nacionales ucranianos.

[6] Estado inviable, definición frecuentemente usada en Rusia para “naturalizar” la pérdida de los derechos nacionales de Ucrania, Polonia, etc.

[7] “Explicaciones” comúnmente dadas en los libros de historia rusos e incluso hasta en los manuales escolares sobre el porqué de Hitler haber roto el pacto con Stalin.

[8] Putin acostumbra incluir este elemento “biológico” como fundamento de la “patria” y la “civilización” rusa.

Traducción: Natalia Estrada.