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El verano del régimen de Putin no pasó muy bien. Todo comenzó con una jubilada de Crimea que preguntó a Medvedev sobre la indexación de las remuneraciones para los jubilados. Después, la comunidad científica se electrizó con los planes de despidos masivos de los científicos. Un maestro de Daguestan preguntó a Medvedev sobre la cifra indignante del salario de los profesores. Una obrera de una fábrica ligada a Avtovaz [la mayor planta de automóviles en Rusia] preguntó cuándo los obreros recibirían sus salarios no pagados por la empresa durante casi dos años. En la región de Rostov unas decenas de mineros declararon la huelga de hambre contra el no pago del salario durante un año y medio. Y unas decenas de pequeños agricultores del sur ruso declararon la marcha en tractores a Moscú para hablar con Putin sobre las expropiaciones de sus tierras por el agronegocio.

Por: I.Razin

Antes, también se habían dado unas pequeñas protestas, pero no al mismo tiempo; sin participación de los mineros (con los que no se bromea en nuestro país), con viejitas; sin acusaciones directas a los poderes, aunque sea a los regionales; sin declaraciones de las marchas de las provincias a Moscú; en la forma autohumillante de los pedidos al “zar” y no en la forma de las exigencias y cuestiones directas; y sin imágenes del “Juzgamiento de Cambises” (“Le arrancaron la piel a un juez vendido”), cuya reproducción fue tomada por los agricultores como la demostración de su descontento.

Además, antes, la respuesta del régimen fue engatusar a la gente con la cuestión del dinero. Y hoy, con las reservas monetarias en camino de fuga, la respuesta es “no hay dinero pero ustedes aguanten”, según dijo Medvedev a la dirección de la jubilada de Crimea, y, después, un promesa ridícula de darles por una vez 80 dólares. Al maestro de Daguestan le fue explicado de manera didáctica y ofensiva que el maestro lo es por vocación y no por el salario, que los maestros no tienen que esperar un salario normal, y a quien no le gusta esto tiene que hace un business o procurar un trabajo complementario fuera de la escuela. A la obrera de la región de Samara, el gobernador la amenazó directa y públicamente diciendo que si iba a preguntar sobre la deuda del salario, ella no lo recibiría nunca, que esta su pregunta estaba alimentada por la embajada norteamericana, y que los obreros deberían estar agradecidos de que hasta ahora no hubieran sido despedidos. La marcha de los agricultores en principio paraba en cada puesto de la policía caminera, pero, después, sus participantes fueron directamente detenidos, uno fue golpeado, y los retratos de Putin puestos por los agricultores sobre sus tractores para mejor éxito de su idea no los salvaron de nada. Al mismo tiempo, el régimen de Putin, con su discurso sobre “el Estado Gran Ruso”, vende los últimos restos de la propiedad estatal, y con el discurso patriótico está procurando un comprador extranjero para “Rosneft” [mayor empresa petrolera controlada por el Estado], para tapar los agujeros en el presupuesto de una economía desgarrada.

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La estructura de la economía rusa bajo Putin siguió degenerándose permanentemente, continuando la lógica de la época de Yeltsin. Pero en los últimos 15 años este proceso fue cubierto por el aluvión de los petrodólares, que ahora retrocede desnudando la realidad lamentable. Hoy, cuando la deuda externa se hizo aún mayor, cuando el país se hizo aún más dependiente del capital y de tecnologías extranjeras, cuando la privatización devoró los nuevos pedazos de la propiedad estatal y erosionó la esfera social, cuando la ciencia, la educación y los sectores económicos más tecnológicos están en una decadencia aún mayor que antes, el régimen de Putin ya tiene poco para proponer a la gente, salvo su desdén abierto, las propuestas de “aguantar”, las amenazas de los ayudantes de Putin y las acciones del aparato de represión bien alimentado contra las posibles protestas.

¿Si es posible la extensión de las protestas? La mejor respuesta fue dada por el gobernador de la región de Kemerovo, Tuleev, que exigió urgentemente parar los despidos en la mayor mina de Rusia “Raspadskaya” (1). Antes, la dirección de la mina despedía a los mineros bajo la indiferencia de Tuleev y ahora, con la huelga de hambre de los mineros de Rostov –distante unos miles de kilómetros–, este gobernador de la mayor región minera del país se agitó de repente y se preocupó con el destino de los obreros!

Tuleev, como todo el régimen burgués de Putin, tiene miedo de la posible rebelión obrera y popular, que por ahora no está planteada pero que nadie sabe cómo se va a desarrollar la situación. Y solo los trabajadores mismos pueden dar la respuesta real sobre las perspectivas de la lucha contra la degradación de la situación, de sus monederos y en el país. Hay que ser totalmente solidarios con los mineros en huelga de hambre, con los agricultores que se lanzaron a la marcha, con los obreros que exigen sus salarios, con los jubilados que preguntan sobre la indexación de sus remuneraciones, con los científicos permanentemente aterrorizados por el gobierno, y con los maestros, que en Rusia son, juntos con los científicos, un símbolo de la miseria. Todos nosotros tenemos mucho para estar en contra del poder burgués de Putin.

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¡Trabajadores y obreros de Rusia, no confíen en Putin! El déspota Putin gobierna para los burgueses, “nativos” y extranjeros. Él engaña al pueblo con los discursos gran-rusos, pero lleva al país al abismo y a nosotros a la miseria. ¡No tengan esperanzas el él y sus ayudantes! ¡Putin es el enemigo de toda la clase trabajadora!

¡Por Rusia obrera, sin Putin y sin burgueses!