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A finales de febrero la alianza Putin-Assad inició un ataque largamente preparado y que se pretendía “decisivo” contra la provincia de Idlib, que sigue en manos de la Revolución Siria. Aunque en los últimos años el curso de la guerra en Siria se haya desarrollado a su favor, el régimen de Assad y Putin entienden que mientras Idlib no sea tomada, la Revolución Siria seguirá viva, lo que es intolerable para ellos. Y es eso lo que explica su violencia.

Por: POI, Rusia

Pero el ataque de la alianza Putin-Assad a Idlib, que pretendía reservarle el mismo destino de Aleppo, fue interrumpido por la unidad de acción de hecho entre la Revolución Siria y el ejército turco. Es una seria derrota de la contrarrevolución en Siria. Y que comprueba que la alianza Putin-Assad puede ser derrotada, indicando incluso el camino para que eso ocurra: a través de la unidad de acción y del suministro de armas para la revolución.

Una barbarie más de Putin y Assad

El bombardeo a Idlib por aviones rusos y el ataque del ejército de Assad nuevamente demostraron al mundo entero la barbarie de Putin y de Assad en Siria: centenas de millares de personas abandonaron sus casas en pocos días de ataque. Lo que no sorprende, pues como admitió hasta un “especialista” militar ruso, fervoroso defensor de las guerras de Putin, Khodarenok: “Una parte significativa de la población de Idlib no nutre ningún sentimiento de simpatía por las autoridades sirias legítimas. Lamentablemente, la memora de la experiencia negativa de pacificar los territorios rebeldes por los dirigentes sirios aún está viva; por esa razón, cuando el ejército de Assad avanza, la población de la provincia masivamente se retira de sus casas y lugares de residencia temporaria”. Es fácil entender la realidad que se oculta por detrás de esa formulación evasiva. De los 22 millones de habitantes de Siria antes de la guerra, 13,5 millones (según la ONU) fueron forzados a abandonar sus casas por el terror contrarrevolucionario de Putin y de Assad, de los cuales la mitad son refugiados internos y la otra mitad salió del país.

Putin, Lavrov, Shoigu[1] hablan de “lucha contra terroristas”. En realidad, juntamente con Assad, el régimen de Putin, con tácticas de tierra arrasada, intenta destruir la revolución del pueblo sirio, y es por eso que el número de muertos alcanza centenas de millares, y el de refugiados, millones. Por eso es que ciudades rebeles como Aleppo fueron barridas de la faz de la Tierra. Y, de forma más amplia, Putin está intentando derrotar toda la revolución popular que barre el mundo árabe y musulmán desde Medio Oriente y el Norte de África, que quedó conocida como la Primavera Árabe. Allí, como en Ucrania, el régimen de Putin revela todo su papel de bastión de la contrarrevolución en nivel internacional.

El potencial internacional de la Revolución Siria

No obstante, la ofensiva de Assad-Putin en Idlib entró en colisión con los intereses del gobierno turco de Erdogan. Obviamente, el presidente turco no pretende proteger de Assad al pueblo sirio. Permitió que Assad-Putin tomasen Aleppo en 2016 y no proveyó el apoyo necesario a los rebeldes. Por la misma lógica, incluso cuando el ejército de Assad capturaba aldeas tras aldeas alrededor de Idlib, en febrero, él se limitó por un largo tiempo a sonoras declaraciones, intentando convencer a Assad y a Putin de interrumpir la ofensiva. De la misma forma, el reprime a los kurdos que luchaban contra el Ejército Islámico y Assad. Porque Erdogan está preocupado con la creación de una “zona de seguridad” a lo largo de la frontera, con el retorno de Turquía a Siria de los casi cuatro millones de refugiados sirios (que no aceptan retornar bajo el gobierno de Assad). Y estando ya metido seriamente en la situación siria, presentándose a la población turca como un “líder fuerte”, Erdogan no puede retirarse de Idlib con una derrota explícita, lo que probablemente llevaría a la caída de su gobierno.

Independientemente de su voluntad, Erdogan se vio forzado a enfrentar la ofensiva de Putin-Assad, encontrándose de hecho en el mismo campo militar de la Revolución Siria. Y esas contradicciones entre Erdogan y Putin abrieron una oportunidad de imponer una derrota a la contrarrevolución de Putin-Assad. Incluso con el uso limitado de armamento estratégico de Turquía y una participación aún más limitada de su ejército en la guerra, la ofensiva de Assad fue detenida. Es claro que la “fuerza” del agotado ejército de Assad reside solo en el poco armamento de la población rebelde de Siria, sobre la cual el “glorioso ejército ruso” lanza “heroicamente” sus bombas, con total impunidad.

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La fuerza objetiva del ejército turco y (al contrario de Rusia) su proximidad con el teatro de operaciones, mostraron que Assad-Putin pueden ser militarmente derrotados, lo que podría tener enormes consecuencias políticas. Una clara derrota de Putin en Siria significaría probablemente el inicio del fin de su régimen. Un régimen que reprime las revueltas populares no solo en Siria. En las manos de Putin está la sangre de los pueblos del Cáucaso, Ucrania, Libia y Sudán. El régimen de Putin es uno de los bastiones de la contrarrevolución en el mundo. Y, es claro, liberaría a los propios trabajadores rusos y pueblos oprimidos de Rusia del autoritarismo, la miseria y la corrupción.

De esta forma, las contradicciones burguesas entre Putin y Erdogan demostraron que se mantienen el potencial y el significado internacional de la Revolución Siria.

El acuerdo entre Putin y Erdogan

Ni Erdogan ni Putin querían un conflicto armado directo, incluso cuando este de hecho ya ocurría. La cuestión no está tanto en los estrechos lazos entre ellos sino en que una guerra entre Rusia y Turquía no se parecería en nada a un paseo para nadie, y ni el régimen de Putin ni el gobierno de Erdogan probablemente sobrevivirían a eso. Sin mencionar el hecho de que una tal guerra conduciría el orden político mundial para un nuevo nivel de crisis. Exactamente eso, y no la notoria barbarie de Putin-Assad es lo que llevó a todos los gobiernos de los llamados países “democráticos” a presionar a Putin y a Erdogan para alguna forma entrar en un acuerdo, incluso concordando con una mediación.

Ambos intentaron vender como un “éxito” el acuerdo firmado el 5 de marzo (previendo la interrupción de las hostilidades militares, la creación de una zona de seguridad a lo largo de la carretera M4 Latakia-Serakib con patrullas conjuntas rusas y turcas, y el mantenimiento del control de Assad sobre las áreas capturadas durante la última ofensiva). Ese fue realmente un éxito, en el sentido de que por lo menos algún acuerdo fue de alguna forma alcanzado, aunque forzado y con grandes pérdidas para ambos.

Putin y Assad podrían alegar como un éxito suyo que Erdogan haya reconocido la expansión del control de Assad sobre parte de Idlib. No obstante, esos pedazos de territorio difícilmente contrabalanceen el hecho principal: la derrota de su tentativa de finalmente derrotar la revolución. Y eso implica una complicación de la situación y una consecuente complicación para la presencia del Ejército Ruso en Siria, que se prolonga con perspectivas poco claras.

De esta manera, con su intervención en Siria en defensa de la dictadura de Assad, Putin de hecho colocó a Rusia a la vera de una guerra con Turquía. Eso debe ser tomado en cuenta por los rusos, para quien la intervención de Putin en Siria hoy ya no causa simpatía. ¡¿Y qué deben pensar trabajadores musulmanes en Rusia cuando un Putin “cristiano”, con la bendición del Patriarca de la Iglesia Ortodoxa, manda su ejército a un país islámico para reprimir y asesinar ciudadanos musulmanes?! Como el ya mencionado analista militar pro Putin diplomáticamente observó: “la formulación aparentemente noble ‘combatimos terroristas internacionales para que ellos no lleguen hasta nosotros’ no parece… suficientemente coherente y funcional” (es decir, se parece, y así es, una mentira, y no muy inteligente).

Por su parte, Erdogan puede alegar que detuvo la ofensiva de Assad. Pero no es fácil para él justificar la “entrega” a Assad de varios territorios de Idlib, incluyendo la ciudad de Serakib (y con ella el control de la carretera M4 Latakia-Aleppo) y el acuerdo con los mayores verdugos de la revolución, en un marco en que la resistencia, sin dudas, se ve con ímpetu renovado por la derrota de la ofensiva Putin-Assad, y por las oportunidades que se abren.

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Lo peor de todo para Putin y Erdogan es el hecho de que su nuevo acuerdo no pasa de una copia del anterior (firmado en Astana en 2017). Las causas profundas del impasse actual no fueron eliminadas. Por lo tanto, el nuevo acuerdo difiere del anterior solo por ser una repetición, políticamente más inconveniente para sus firmantes y menos estable, especialmente en un marco en que Erdogan no controla totalmente a los rebeldes en Idlib. Ya fueron notificados casos de insubordinación de los rebeldes al acuerdo, bloqueos de rutas, y críticas de Putin a las autoridades turcas por el “no cumplimiento” por Erdogan de su obligación de contener a los rebeldes.

Unidad de acción contra Putin-Assad, armamento, solidaridad internacional

La causa subyacente del impasse entre Erdogan y Putin es la Revolución Siria. Más allá del hecho de que la resistencia esté en situación difícil pero se mantenga, está también el hecho de que aun cuando Assad controle la mayor parte del territorio de Siria, no controla a la mayoría de su población, que se mudó para Idlib, Turquía, Líbano, etc., porque no aceptaba vivir bajo Assad. Esta población refugiada está contra el dictador y lo odia aún más que al inicio de la guerra. Y esa es una de las razones de la interferencia de Erdogan en Idlib.

Más que nunca, la situación mostró la necesidad primordial de unidad de acción, incluso con el ejército turco, contra la alianza Putin-Assad, y en apoyo a los rebeldes, con todo el armamento posible. Los acontecimientos del fines de febrero e inicios de marzo mostraron que la alianza Putin-Assad puede ser derrotada militarmente. Las acciones conjuntas de los sirios de todas las etnias y confesiones religiosas, de los kurdos, utilizando las contradicciones entre los diferentes gobiernos y con apoyo logístico y de armamento estratégico (como sistemas antiaéreos) no dejarían a Assad muchas chances, aun con la cobertura de las bombas aéreas rusas.

Algunas aeronaves rusas abatidas podrían cambiar ya la situación completamente, incluso porque podrían repercutir en Rusia y podrían tornarse el comienzo del fin del régimen de Putin. En ese sentido, la responsabilidad por la barbarie de Putin-Assad también recae sobre los gobiernos occidentales “democráticos”, que critican verbalmente sus acciones, pero hace años se recusan a apoyar la revolución con armas, a fin de interrumpir esa barbarie. Y recae también sobre el gobierno Erdogan, que solo en función del riesgo para él de la ofensiva de Assad-Putin, se vio forzado a entregar a los rebeldes una cierta cantidad de armas esenciales. Hay que exigir de esos gobiernos armamento para la revolución contra la dictadura de Assad-Putin.

Las noticias de la derrota de la tentativa de contrarrevolución de Assad-Putin en Idlib deben correr por todo el mundo, llegar a todos los combatientes por la libertad. Debe tornarse una ocasión para intensificar la solidaridad con la Revolución Siria y toda la revolución árabe, que muchos ya se habían apresurado a enterrar, pero que sigue viva. ¡Se encuentra en una posición difícil y, como nunca, necesita de apoyo activo!¡Todo nuestro apoyo a la Revolución Siria! ¡Poe la derrota de la alianza contrarrevolucionaria Putin-Assad en Siria!

¡Exigir que los gobiernos suministren armas al pueblo rebelde sirio, para poner fin a la sangrienta dictadura de Assad, apoyado con bombas por Putin!

¡Fuera Putin de Siria, con sus bombas y mercenarios!

Nota 1

La derrota local de Putin-Assad en Idlib es significativa para toda la revolución árabe. Otra de sus batallas ocurrió ahora en Libia. En ese país, el general Hufftar consiguió consolidar a su alrededor pedazos del ejército del dictador depuesto Khadafi y sofocar la revolución en el Este del país. Hoy, con el apoyo de las dictaduras de Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, del gobierno francés de Macron y del régimen de Putin, Hufftar está intentando retomar Trípoli y destruir la revolución también en la parte occidental del país, donde aún se mantiene el armamento del pueblo, conquistado con la revolución, y las libertades democráticas, bajo el débil gobierno de Sarraj. Este último es apoyado por la mayoría de los gobiernos europeos, que temen una desestabilización aún mayor y un flujo de refugiados para sus países en caso de un desenlace militar del enfrentamiento. Sarraj también recibe apoyo político y militar de Erdogan, a cambio de una demarcación de la plataforma mediterránea, rica en petróleo y gas, favorable a Turquía, que facilita su lucha por la plataforma mediterránea oriental (fuente de conflictos con Grecia, Chipre y la Unión Europea como un todo). Erdogan tampoco está interesado en la consolidación de un “líder fuerte” en la figura de Hufftar en la región. De esta forma, el ejército turco en Libia también se vio en oposición a los mercenarios rusos de la Compañía Militar Privada Wagner[2], en una situación análoga a la de Siria. Así como en Siria, en este enfrentamiento Turquía se vio en la misma línea del frente con la revolución y enfrentada a la contrarrevolución de Hufftar, apoyada por Putin. Y hay evidencias de que, luego del fracaso de Assad-Putin en Idlib y el acuerdo con Erdogan, mercenarios rusos en Libia han abandonado la línea del frente, lo que podría ser un retroceso de Putin, para quien Siria es más importante. Después de eso, Hufttar sufrió una serie de ataques militares.

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Nota 2

Responsabilidad aparte por las dificultades de la revolución siria recae sobre la dirección kurda, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), liderado por Ocalán. El pueblo kurdo, que no tiene su propio Estado y está dividido entre Turquía, Siria, Irak e Irán, tomó parte activa y heroica en la revolución Siria, en la lucha contra el régimen de Assad, y contra el Estado Islámico (EI). Pero el PKK, desde el inicio, por un lado confió políticamente en una alianza con Estados Unidos y, por otro, luchando contra el EI y Assad realizaba una limpieza étnica de los árabes en las regiones que controlaba, obstaculizando la construcción de la unidad de lucha de los kurdos y árabes contra Assad, tan necesaria para la victoria de la revolución. Después del retiro americano, el PKK concluyó un “pacto de no agresión” cobarde, vergonzoso y, en perspectiva, suicida, con Assad. Esta posición amenaza conducir a una matanza del pueblo kurdo por parte de Assad y Erdogan, así que estos tengan una oportunidad. El propio Erdogan ya mostró cómo eso puede ocurrir, con su reciente operación militar contra los kurdos.

Para Turquía, el Kurdistán desempeña el mismo papel que el Cáucaso para Rusia: cuanto más fuerte sea reprimido el pueblo kurdo, más los trabajadores turcos son infectados por el chovinismo turco y antikurdo, y más fácil es para la burguesía turca oprimir al conjunto. Por eso, la justa lucha kurda por su autodeterminación amenaza derrumbar toda la pirámide de opresión de la heredera del antiguo Imperio Otomano.

Notas:

[1] Lavrov es ministro de Relaciones Exteriores de Putin, y Shoigu, su ministro de Defensa.

[2] Empresa privada rusa de mercenarios, usada por Putin en conflictos en que no puede o no quiere hace actuar a sus tropas regulares.

Traducción: Natalia Estrada.