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Recién se cumplieron 80 años del Pacto Ribbentrop-Molotov[1], más conocido como el Pacto Hitler-Stalin. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial, con más de cincuenta millones de muertos, el holocausto judío, la destrucción de Europa y demás crímenes del nazismo, debería ser más que suficiente para repudiar hoy y condenar cualquier pacto con Hitler. Sin embargo el carácter del pacto, sus objetivos y resultados, fueron y siguen siendo motivo de extensa polémica, ahora renovada con su defensa pública por Putin y los demás miembros de su gobierno, que declaran que el Pacto Hitler-Stalin fue no solamente correcto como el “punto alto de la diplomacia soviética” y “motivo de orgullo” para todos los ciudadanos de Rusia. Corrientes estalinistas aprovechan para intentar justificar una vez más los injustificables crímenes del estalinismo, o por lo menos ocultarlos bajo las glorias de la victoria soviética en la guerra.

Por: POI, Rusia

Las declaraciones de Putin no son casuales, así como no es casual su polémica con el gobierno polaco sobre el pacto. La victoria de la Segunda Guerra Mundial es uno de los elementos centrales de la propaganda del estalinismo y también de Putin. No por nada la Segunda Guerra Mundial en Rusia es llamada Gran Guerra Patriótica. “Tenemos de qué enorgullecernos”, es su eslogan. Putin usa el 9 de mayo, el Día de la Victoria, como pieza de propaganda de su política militarista, con grandes desfiles en la Plaza Roja, mezclando intencionalmente las glorias de la victoria contra Hitler con las recientes infamias de las agresiones contra Ucrania, Siria y el Cáucaso, en una única amalgama militarista-patriótica.

Llama la atención que, incluso entre los que se oponen a Putin y los reconocen los crímenes del estalinismo, el papel de Stalin en la victoria de la URSS en la Segunda Guerra Mundial sea casi unánimemente reivindicado. Como si a pesar de todos sus crímenes (los estalinistas vergonzantes hablan de “equívocos”), su figura histórica estuviese justificada por conducir la guerra y derrotar a Hitler. Sería el “lado bueno” de Stalin… Pues, el cocinero de los platos picantes, el gran organizador de derrotas y sepulturero de la revolución[2], no merece tal indulgencia. En el papel cumplido por Stalin en la guerra no hay ningún “heroísmo” que supuestamente opaque sus demás crímenes.

La Segunda Guerra Mundial fue justamente el momento en que se expresó con mayor intensidad y claridad el carácter nefasto del estalinismo. La URSS no venció la guerra gracias a Stalin, bien por el contrario. Fue justamente el pacto firmado por él lo que posibilitó a Hitler dar inicio a la Segunda Guerra Mundial.

En las vísperas de la guerra, en 1938-1939, Francia e Inglaterra entregaron a Hitler Austria y parte de Checoslovaquia, en el llamado Acuerdo de Múnich. Un poco después Hitler termina de ocupar el resto de Checoslovaquia, ante la falta de reacción de las llamadas “democracias occidentales”, que también hacen silencio cuando Mussolini ocupa Albania. Las potencias “democráticas¸” de hecho se acobardaban ante Hitler, al mismo tiempo que se impresionaban con su capacidad de destruir al movimiento obrero y sindical. Con estos primeros pasos “pacíficos”, Hitler incorpora a más de diez millones de germanos al Tercer Reich y amplía considerablemente su capacidad de producción de armamento, acelerando la preparación para la guerra.

El paso siguiente de Hitler para ocupar el “espacio vital alemán” era Polonia. Inglaterra y Francia, asustadas con el avance alemán, proponen una alianza militar de defensa mutua con la URSS para enfrentar a la Alemania nazi, que se extendería aún a los Estados Unidos. Un frente así formado podría haber sido suficientemente fuerte para frenar a Hitler o, por lo menos, para generar división entre su comando militar, lo que pondría en cuestión el inicio de la Segunda Guerra Mundial. El mundo consideraba, por lo tanto, que la incorporación de la URSS a la alianza con Francia e Inglaterra era solo cuestión de tiempo. Al final, en contraste con las vacilaciones de estas últimas en relación con Hitler y su abierta traición en el Acuerdo de Múnich, la URSS aparecía frente a los pueblos de todo el mundo como la mayor esperanza en la lucha contra el nazifascismo.

Stalin, aliado de Hitler

Pero la URSS dirigida por Stalin, al mismo tiempo que trataba con Inglaterra y Francia, negociaba en secreto con la Alemania de Hitler. Cuando llegó, la noticia tomó prácticamente a todo el planeta de sorpresa[3]: ¡Stalin había firmado con Hitler un “pacto de no agresión”! El pacto venía acompañado por un tratado de cooperación económica entre los dos países, con créditos alemanes a la URSS y amplia exportación de materias primas a Alemania. Gracias al pacto, Hitler se vio libre de cualquier preocupación con el frente soviético, además de tener garantizada la provisión de materias primas para su máquina militar, punto flaco de Alemania y que había sido motivo de su derrota en la Primera Guerra Mundial. Hitler puede entonces concentrar todas sus fuerzas contra Polonia, que fue ocupada el 1 de setiembre, pocos días después de la firma del pacto con Stalin.

El pacto era “indivisiblemente integrado” incluso por un protocolo secreto[4] de división de Polonia entre los dos países y de demarcación de una línea de “intereses de las dos naciones”, que iba del mar Báltico al mar Negro. Por esta línea, luego de algunos ajustes, hechos posteriormente, la mitad de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, regiones de la Galicia, Bucovina y Besarabia (regiones entre Ucrania, Polonia, Rumania y Moldavia), pasaban a ser ‘zonas de interés’ soviéticas, mientras Hitler quedaba libre para avanzar hacia el occidente.

Al mismo tiempo que Alemania, la URSS estacionó tropas en su frontera con Polonia, obligando así al gobierno polaco a dividir sus soldados entre las fronteras con Alemania y con la URSS, debilitando su resistencia contra la ocupación alemana. La desproporción de fuerzas era brutal. En una semana, las tropas nazistas tomaron Varsovia. Stalin prohibió a los partidos comunistas del mundo organizar cualquier actividad de solidaridad[5] con Polonia contra la agresión nazi, argumentando que el gobierno polaco era… fascista (¿no escuchamos a Putin decir lo mismo sobre el gobierno ucraniano en los últimos años?) y culpado (!) por la invasión de su propio país. Putin repitió ahora esos dos argumentos canallas en Jerusalén, en su discurso de abertura de la ceremonia en alusión a los 75 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz. Tres días después de la toma de Varsovia, Molotov felicitó al gobierno alemán por la rápida victoria.

Dos semanas después, la URSS ocupó “su” mitad de Polonia, que dejó entonces de existir como Estado independiente. El 22 de setiembre, exactamente un mes después de la firma del Pacto Hitler-Stalin y ya consumada la división de Polonia, en las ciudades de Brest-Litovsk y Grodno, en la frontera entre las dos áreas ocupadas, la Wehrmacht y el Ejército Rojo conmemoraron la victoria con desfiles militares conjuntos…

El gobierno polaco, las fuerzas armadas polacas y el propio pueblo polaco, fustigados por los nazis, prácticamente no ofrecieron resistencia contra las tropas soviéticas. Formalmente, ni siquiera fue declarada la guerra entre los dos países. Incluso así, hubo casi 400.000 prisioneros “de guerra” polacos del lado ocupado por la URSS. De ellos, casi 22.000 fueron sumariamente fusilados[6], sin siquiera ser acusados formalmente de algo. Cuatrocientos mil polacos, según datos oficiales de la NKDV[7] soviética, casi un millón según el gobierno polaco, fueron deportados a Siberia, Altái y las estepas de Kazajistán.

En el acuerdo de demarcación de frontera entre los lados alemán y soviético, firmado por los comandos militares de los dos países, estaba previsto el apoyo de las tropas nazis a las tropas soviéticas para “liquidar a los enemigos”. ¿De qué enemigos se trataba? De los polacos, que resistían contra la doble ocupación de su país…

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De esta forma, Hitler tomó Austria y Checoslovaquia con el pasivo consentimiento polaco, francés e inglés, y tomó Polonia con la activa complicidad soviética. Con la anexión de parte del territorio polaco, la URSS de Stalin entró en la guerra, incluso hasta desde el punto de vista formal, como aliada de la Alemania nazista. Inglaterra y Francia declararon entonces la guerra a Alemania (pero no contra la URSS, con la esperanza de atraerla más adelante para su lado). Así se inició la Segunda Guerra Mundial, el conflicto más sangriento de la historia de la humanidad. Como escribió entonces Trotsky: “Las razones generales de la guerra se encuentran en las insuperables contradicciones del imperialismo mundial; sin embargo, el impulso concreto a la abertura de las acciones militares fue la firma del pacto germano-soviético”[8].

Al día siguiente de la firma del pacto, Pravda[9], en su editorial, lo llamó de “instrumento de paz”, “acto pacifista”, “que garantizará un alivio de la tensión en la situación internacional”, al servicio “del fortalecimiento de la paz general”. Incluso decía: “La enemistad entre Alemania y la URSS llegó al fin… la amistad entre los pueblos de la URSS y Alemania, que había sido empujada a un callejón sin salida por los esfuerzos de los enemigos de Alemania y de la URSS, a partir de ahora deberá recibir las condiciones necesarias para su desarrollo y florecimiento” (Pravda, 24 de agosto de 1939).

El 31 de agosto, un día antes de que las tropas alemanes ocupasen Polonia, Molotov discursó en la sesión extraordinaria del Soviet Supremo de la URSS, convocada para ratificar el pacto: “Este acuerdo… nos aleja del peligro de guerra con Alemania, restringe el espacio para posibles conflictos armados en Europa y sirve así a la causa de la paz general”. En caso de que “no sea posible evitar conflictos armados en Europa”, por lo menos su escalada “será ahora limitada”.

Incluso un año más tarde, cuando ya Francia había sido ocupada por las tropas nazis, un editorial del Izvestia[10] dedicado al primer aniversario del pacto, decía: “la existencia de este acuerdo, así como de los demás acuerdos políticos y económicos posteriores entre la URSS y Alemania, garantizó a Alemania una tranquila confianza en su flanco oriental. De la misma forma, le garantizó significativo auxilio en la solución de sus tareas económicas. En lo que respecta a la URSS, la existencia de firmes relaciones de amistad con Alemania le permitió cumplir sus tareas estatales en las regiones de sus fronteras occidentales (eufemismo para referirse a la anexión soviética de una parte de Polonia) y posibilitó a la URSS llevar adelante su línea política externa, la línea de practicar la neutralidad en la guerra en curso” (Izvestia, 23 de agosto de 1940).

Hoy Putin intenta justificar ese pacto vergonzoso diciendo que la URSS fue el último país en firmar un acuerdo de no agresión con la Alemania nazista. Es verdad que Francia, Inglaterra y Polonia habían, en determinado momento, firmado acuerdos de no agresión militar con Alemania. Pero el Pacto Hitler-Stalin fue mucho más que un pacto de no agresión. De hecho, fue un acuerdo de ayuda mutua que le permitió a la Alemania nazi llevar adelante una guerra de agresión no solamente contra Inglaterra y Francia sino además contra otros nueve países de Europa. No había de hecho ninguna neutralidad de la URSS, así como el pacto no tenía nada de “pacifista”. Fue verdaderamente una alianza militar, ya que estaba al servicio de la ofensiva militar imperialista nazista. La cruda verdad, que Putin y los estalinistas intentan de todas las formas esconder, es que durante los primeros veintidós meses de la Segunda Guerra Mundial la URSS participó en ella como aliada de los nazis, dividiendo con Hitler el continente europeo.

El pacto benefició solo a Hitler

El pacto para Hitler no tenía nada de estratégico, no correspondía a ninguna “simpatía” por la URSS (por más que pudiese nutrir simpatías por la siniestra figura de Stalin). Era solo el pe-a-pá de la táctica militar, de concentrar las fuerzas en un enemigo por vez, en lugar de enfrentar a todos al mismo tiempo. Por eso, era obvio que el pacto para él tendría un utilidad provisoria y que la máquina de guerra nazista se volvería, más tarde o más temprano, fortalecida, contra la URSS. Al final, desde el Mein Kampf, Hitler había definido como su objetivo central la destrucción de la URSS y la restauración del capitalismo en toda su extensión, transformándola en una colonia proveedora de materias primas para el Reich.

Si las razones de Hitler eran claras, más difícil es comprender la lógica de Stalin. En su defensa, Putin argumenta que el pacto garantizó a la URSS el tiempo necesario para prepararse para la guerra, iniciándola en mejores condiciones, lo que le permitió después invertir el rumbo de la guerra y vencer, al final, al nazismo.

Los estalinistas más fervorosos llegan incluso a presentar a Stalin como un estratega “genial” y sostienen que habría sido gracias al pacto que el nazismo fue derrotado. No inventaron ningún nuevo argumento, repiten lo que ya había sido dicho por Stalin en un discurso publicado por Pravda el 3 de julio de 1941, pocos días después del ataque alemán a la URSS: “Nosotros garantizamos la paz a nuestro país a lo largo de un año y medio, así como la posibilidad de preparar nuestras fuerzas para una respuesta, en el caso de que la Alemania fascista, a pesar del pacto, se atreviese a atacar nuestro país. Representa una justificada ventaja para nosotros y una desventaja para la Alemania fascista”. Esta explicación fue repetida en todos los manuales escolares soviéticos, publicaciones de carácter estalinista por todo el mundo, y hoy es nuevamente repetida por Putin: con la negociación del pacto, Stalin habría, supuestamente, ganado tiempo para preparar el país para responder a una agresión de Hitler y garantizar que, en este caso, las potencias occidentales estarían ya envueltas en la guerra contra Alemania, y que por eso la URSS no necesitaría enfrentar sola a la potencia militar alemana. No pasan de mentiras de Stalin y sus seguidores, repetidas por Putin y los suyos. Mentiras descaradas, que hacen aún más dolorosas las siguientes afirmaciones:

  • En el momento del ataque de Alemania contra la URSS, en 1941, Hitler ya no combatía ningún otro frente, dado que los ejércitos francés y polaco estaban ya destruidos, los cuerpos expedicionarios ingleses ya habían sido evacuados del continente y los Estados Unidos no se atrevían a entrar en la guerra. Y la Alemania nazi tenía a su disposición todos los recursos de la Europa continental. Es por esta razón que Stalin, de 1941 a 1943 imploró a los gobernantes ingleses y americanos por la abertura de un segundo frente contra Alemania. En estos años, la URSS tuvo que combatir prácticamente sola al ejército alemán. Al contrario, en 1939-1940 había un frente occidental combatiendo contra las fuerzas alemanas.
  • En el momento del ataque contra la URSS, Alemania ya había subyugado diez países europeos y una población de 130 millones de personas, además de conquistar como aliados a Italia, Hungría, Rumania, Bulgaria y Finlandia. Como resultado, Alemania había pasado a controlar, en relación con 1939, un territorio casi seis veces mayor, su capacidad de producción de armamento había aumentado 75%, su población había aumentado 3,7 veces, la producción de minerales de hierro había subido 7,7 veces, de petróleo 20 (!) veces, la cantidad de cabezas de ganado 3,7 veces, y la de cereales 4 veces[11].
  • En setiembre de 1939 el ejército alemán contaba con 3.195 tanques y 3.646 aviones. En el mismo período, el ejército soviético tenía a su disposición en la línea del frente entre 5.000 y 5.500 aviones y entre 9.000 y 10.000 tanques. La Wehrmacht en 1939 contaba con 102 divisiones de infantería, motorizada, etc. La URSS, en ese momento, disponía de 136 divisiones de infantería y de caballería. Así, el Ejército Rojo, a pesar de terriblemente debilitado por la represión estalinista, se mantenía como una fuerza comparable a la de la Wehrmacht, y por la cantidad de armamento, incluso la superaba. Ya en junio de 1941, el Ejército Rojo quedaba atrás en todos los indicadores…
  • En las primeras tres semanas de combate fueron destruidos 3.500 aviones de la URSS, 6.000 tanques, más de 20.000 piezas de artillería. A lo largo del verano y el otoño de 1941, fueron destruidas más de 300 divisiones soviéticas, con un total de cinco millones de soldados. Casi ¾ cayeron prisioneros de los alemanes, más que toda la población de Finlandia, hecho hasta hoy único en la historia militar. Casi la mitad de las pérdidas en vidas soviéticas en la guerra se dieron en los primeros seis meses de combate[12]. En estos primeros seis meses de guerra, las tropas alemanas llegaron hasta las puertas de Moscú y de Leningrado, y en el semestre siguiente hasta el Volga y el Cáucaso.
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Los hechos hablan por sí solos. No se puede hablar de ninguna “estrategia genial” de Stalin. El pacto dio a Hitler todas las condiciones para acumular fuerzas e iniciar la guerra. Y la política de Stalin debilitó a la URSS, militar y moralmente, dejándola absolutamente sin preparación para la guerra contra el nazismo y a la vera de la derrota total.

El carácter derrotista del estalinismo

Algunos intentan explicar la firma del tratado por la URSS como resultado de la ceguera de Stalin, que de hecho habría creído que Hitler no lo atacaría. Otros, incluso intentan “teorizar” que el pacto habría sido resultado de la “proximidad” entre dos regímenes “totalitarios”, siendo, por lo tanto, lógica su unión contra las “democracias”. Es la base, además, para aquellos que intentan hoy igualar el comunismo con el fascismo, o decir que el nazismo es de izquierda…

Esas posiciones no se sostienen. La ceguera de Stalin es un hecho, pero también exige ser explicada. Por otro lado, Inglaterra y Francia “democráticas” buscaron un acuerdo con la Alemania “totalitaria” antes de la guerra, y cuando esta se mostró ya inevitable buscaron una alianza con la “totalitaria” URSS. La Alemania “totalitaria” entró en guerra contra la URSS “totalitaria”, que por su parte se alió entonces a la Inglaterra y a los Estados Unidos “democráticos”.

Aún más absurda es la versión que intenta explicar la política de Stalin como una tentativa de incendiar Europa, incentivando el inicio de la guerra para “expandir la revolución mundial”. Aliarse al nazifascismo, desmoralizar a la URSS y al movimiento comunista por todo el mundo, entregar Europa en las manos de Hitler para masacrar a la clase trabajadora de esos países, manchar indeleblemente el nombre del socialismo ante los trabajadores de todo el mundo… ¿sería una política para favorecer la revolución? No, Stalin no tenía nada en común con la idea de la revolución mundial, Stalin fue su antítesis y su sepulturero.

La razón de fondo para que Stalin firmara el pacto con Hitler no está en ninguna de estas “explicaciones” sino sí en el carácter de la burocracia estalinista. Como camada privilegiada dentro de la URSS, y debiendo sus privilegios exclusivamente a su posición de mando en el Estado, la burocracia estalinista se guiaba solamente por su interés material en mantener sus privilegios, o sea, mantener el status quo. Una alianza militar con Francia y con Inglaterra en 1939 probablemente vencería a Hitler. Pero obligaría a la URSS a combatir, y la burocracia estalinista quería alejar de sí la perspectiva de la guerra para no arriesgar sus privilegios. Stalin temía combatir en principio, prefiriendo negociar con cualquiera (incluido Hitler).

Y temía aún más el combate porque tenía conciencia de cuánto había debilitado al Ejército Rojo con la represión interna. El pacto con Alemania, por otro lado, le garantizaba quedar por fuera de la guerra que se iniciaría entre Inglaterra, Francia y Alemania. Al mismo tiempo, el acuerdo económico con Alemania le permitiría a la burocracia soviética ingresos extras de recursos, lo que posibilitaría estabilizar su dominio y, consecuentemente, sus privilegios. Y, obviamente, el acuerdo le daba aún la mitad de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, etc.

No fue, por lo tanto, la política leninista de “revolución mundial” que empujó al estalinismo hacia el pacto con Hitler sino, por el contrario, su política puramente estalinista, antileninista, de “socialismo en un solo país” y de “coexistencia pacífica con el imperialismo”. Esta es la fuente de la “ceguera” del estalinismo, que en nombre de sus privilegios arriesgó el destino del país y de todo el planeta. Quien conoce de cerca una burocracia sindical sabe bien cómo ella no confía en la fuerza de los trabajadores, al contrario, teme esta fuerza. Al mismo tiempo, confía profundamente que con la burguesía “siempre es posible negociar”. Pues, a partir de 1941 ya no fue posible negociar con el nazismo porque Hitler, fortalecido por el pacto de 1939, ya no se satisfacía con nuevas concesiones o retrocesos de parte de Stalin. El estalinismo podía sacrificar Polonia, desmoralizar el movimiento comunista, manchar la bandera del socialismo, entregar Europa para Hitler. Pero Hitler, ya señor del continente europeo gracias a la política de Stalin, exigía más. Exigía la fuente misma de los privilegios de la burocracia estalinista: la URSS…

Y es esta política de Stalin, cómplice del nazismo, cobarde, chovinista en relación con los pueblos más débiles, derrotista, que por poco no condujo a la total esclavización de la URSS y de toda Europa por el nazismo, la que hoy Putin (y las viudas del estalinismo) no solamente defiende como todavía convoca al pueblo ruso a “enorgullecerse”.

En otra escala y otra situación, Putin y los oligarcas rusos que él representa repiten hoy una política análoga, abriendo Rusia a los capitales occidentales, que poco a poco va colonizando y transformando más y más una economía atrasada y dependiente, exportadora de materias primas, al mismo tiempo que cumple un papel auxiliar en la colonización de países más débiles, como Ucrania y otros. La política de Stalin de ocupar parte de Polonia se diferencia de la política de Putin en el este de Ucrania solamente por la escala. La historia se repite… como farsa. Así como la burocracia estalinista/soviética del PCUS terminó en los años 1980 por restaurar el capitalismo y lucrar con la colonización de Rusia y de otras ex repúblicas soviéticas, Putin da continuidad a este proceso, convirtiendo el país en un proveedor de materias primas para las grandes potencias. Así como la burocracia estalinista/soviética no tenía ningún compromiso con el futuro del país, interesada solamente en el mantenimiento de sus privilegios, la burguesía oligárquica putinista solo se interesa por sus ganancias. Como decía Trotsky: “Su lema es el de todos los regímenes condenados: ‘después de nosotros, el diluvio’”[13].

La represión estalinista contra el bolchevismo abrió las puertas a Hitler

Existe un elemento más que explica el Pacto Hitler-Stalin: la violenta represión estalinista dentro de la URSS, dirigida contra cualquiera que cuestionase la política de Stalin.

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Aún en 1937 era clara la ventaja del Ejército Rojo sobre el ejército alemán, que había comenzado a rearmarse solamente en 1935. Es a mediados de 1937, con la masiva depuración de sus cuadros militares por el estalinismo, que la URSS comienza a perder su superioridad militar. La purga liquidó a diez vicecomisarios del Pueblo para la Defensa, dos comisarios del Pueblo de la Marina, cuatro comandantes de la Aeronáutica, tres de los cinco mariscales, trece de los quince generales del ejército, ocho de los nueve almirantes, cincuenta de los cincuenta y siete comandantes del cuerpo del Ejército y ciento cincuenta y cuatro de los ciento ochenta y seis comandantes de la División. El Consejo Militar del Comisariado de Defensa estaba compuesto por ochenta y cinco oficiales en 1935, con experiencia adquirida en la Primera Guerra Mundial, durante la intervención extranjera y la Guerra Civil. De ellos, sesenta y ocho fueron fusilados, dos se suicidaron, dos murieron en campos de prisioneros, cuatro fueron condenados a largas penas de prisión. En dos años, 45.000 oficiales y comisarios políticos militares fueron presos, y quince mil de ellos ejecutados[14]. La mayoría, acusados de trotskismo o de colaboración con el nazismo, generalmente de las dos cosas al mismo tiempo… En 1938, el Jefe del Alto Comando de la Wehrmacht, L. Beck, afirmó: “Ya no es necesario tomar en cuenta el ejército ruso como una fuerza militar, ya que la sangrienta represión quebró su fuerza moral, transformándolo en una máquina inerte”[15]. En octubre de ese mismo año, Ribbentrop dijo a Mussolini: “como la potencia de Rusia quedará comprometida por muchos años todavía, nosotros podemos concentrar toda nuestra energía contra los Estados democráticos occidentales”[16].

Aún más violenta fue la represión estalinista dentro del partido bolchevique, que llevó a que en las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el partido de Lenin ya no existiese más. De los trece miembros que formaron parte del Politburó del Comité Central en el momento de la Revolución de Octubre hasta la muerte de Lenin en 1924, al inicio de la guerra seguía vivo solamente Stalin, todos los demás habían sido ejecutados por órdenes suyas. Fueron más de 1,2 millones de militantes comunistas presos solamente en la inmediata preguerra, de 1936 a 1939, de los cuales solo cincuenta mil retornaron a la libertad, los demás fueron ejecutados (600.000) o murieron en los campos de concentración estalinistas[17].

Dejemos que los propios nazis expliquen las consecuencias de la represión estalinista contra el bolchevismo: Ribbentrop: “en la URSS, en los últimos años se fortalecieron los principios nacionalistas en detrimento de los internacionalistas y… eso, obviamente, facilita la aproximación entre la URSS y Alemania. El principio rigurosamente nacionalista, que es la base de la política del Fuhrer, deja de ser en este caso diametralmente opuesto a la política de la URSS. Esta es la cuestión que más interesa al Fuhrer”[18]. En el diario alemán Frankfurter Zeitung, el 29 de setiembre de 1939 fue publicado un artículo de su corresponsal en Moscú: “Sobre la prehistoria del pacto germano-soviético”. En ese artículo se explicaba la aproximación entre Alemania y la URSS argumentando que en las URSS “en los últimos tiempos se dieron cambios organizativos y de cuadros esenciales… El alejamiento de la vida política de aquella camada dirigente que se llamaba de “trotskista” y que fue removida exactamente por ese motivo, fue, sin duda, el factor esencial para que se alcanzase la comprensión mutua entre la URSS y Alemania”[19].

Fusilando a los camaradas de Lenin y a la cúpula del Ejército Rojo, acusándolos de ser agentes de Hitler, Stalin “lanza entonces abiertamente su candidatura al papel de… principal agente de Hitler” (Trotsky).

La derrota de Hitler fue una victoria de todos los pueblos y los oprimidos del planeta

Costaría aún tiempo, veintiséis millones de vidas soviéticas y terrible destrucción para que la URSS se recuperase y pudiese pasar a la ofensiva contra Hitler. Para eso, sería necesaria la tardía alianza militar de la URSS con Inglaterra y los Estados Unidos, pero no solo eso. El más importante de los factores para la derrota de Hitler nunca había entrado en la contabilidad miope de Stalin: es que los pueblos de Europa se levantaron en una inmensa revolución continental contra el nazismo.

La disposición de lucha de los soldados soviéticos, americanos e ingleses, el apoyo a esta lucha por parte de los pueblos de la URSS, que luchaban tanto en el frente como soldados como en la retaguardia y en las zonas ocupadas como “partisanos”, la resistencia antinazi en los diferentes países, la total falta de apoyo popular a los nazis y su aislamiento en los países ocupados, fueron los aspectos fundamentales para la derrota de Hitler. La derrota de Hitler es mérito de los pueblos que lo enfrentaron, de los soldados aliados, a pesar del papel de sus gobiernos, que o vacilaron hasta el último momento en combatir, o capitularon, o directamente se aliaron con Hitler. A los verdaderos héroes, los que literalmente salvaron el mundo, dejamos aquí nuestro homenaje.

[1] Ribbentrop y Molotov eran, respectivamente, el ministro de Relaciones Exteriores de la Alemania nazi y el Comisario del Pueblo para las Relaciones Exteriores de la URSS.

[2] Epítetos dados por Lenin y por Trotsky a Stalin.

[3] Trotsky ya desde 1933 alertaba que Stalin buscaba un acuerdo con Hitler.

[4] La existencia de este protocolo secreto de división de Polonia y reparto de las “zonas de interés” entre la Alemania nazi y la URSS fue negada por el gobierno soviético hasta 1989.

[5] Había voluntarios que querían ir a combatir en Polonia contra los nazis, a ejemplo de lo que habían sido las brigadas internacionales en la Guerra Civil Española.

[6] Conocida como Masacre de Katyn, fue negada por el gobierno soviético hasta 1990, cuando finalmente fue admitida.

[7] Precursora de la KGB, la policía política del estalinismo.

[8] “Stalin, intendente de Hitler”.

[9] Periódico del Partido Comunista de la URSS.

[10] Periódico del gobierno soviético.

[11] Historia de la Segunda Guerra Mundial, 1939-1945. Moscú: tomo 3, 1981, p. 285.

[12] ROGOVIN, V. Revolución mundial y guerra mundial, Moscú: 1998.

[13] Ídem nota 8.

[14] Ídem nota 12.

[15] Periódico histórico-militar. 1989, n.° 3, p. 44.

[16] BULLOCK, A. Hitler y Stalin, Tomo 2, p. 216.

[17] SAKHAROV, A. D. Reflexiones sobre el progreso, coexistencia pacífica y libertad intelectual.

[18] Historia Nueva y Reciente, 1993, n.° 4, p. 31.

[19] Citado en: Barmin, A. Los halcones de Trotsky, pp. 154-165.

Traducción: Natalia Estrada.