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El juez Sérgio Moro, que investiga los casos de corrupción que involucran a Lula y a la dirección del PT, declaró que se inspiró en la investigación italiana “Manos Limpias”. Por eso, es interesante examinar qué fue, en realidad, aquella investigación.

Por: Francesco Ricci (*)

“Tangentopoli”

En abril de 1992, las elecciones italianas fueron vencidas por los partidos que ya gobernaban hacía años: la Democracia Cristiana (DC), tradicional partido de centro de la burguesía, y el PSI, partido que se originó de la Segunda Internacional y que se había transformado hacía tiempo en un partido completamente burgués, manteniendo de “socialista” solo el nombre.

Pero, un mes después de las elecciones, un sector de la justicia, dirigido por el juez Di Pietro, acusó a Andreotti y a Craxi, esto es, a los principales dirigentes de la DC y del PSI, y, en pocas semanas, también centenas de dirigentes y parlamentarios de esos partidos fueron acusados de corrupción. La investigación se amplió hasta involucrar a cerca de la mitad de los miembros del Parlamento. Fue por eso que la prensa comenzó a llamar “Tangentopoli”, la fusión de la palabra griega “polis” (Estado) y del neologismo “coimas”, usada para indicar el porcentaje de dinero dado por los dueños de las empresas a los políticos, a cambio de contratos en obras públicas (que son también pagados con valores superiores a los del mercado), o en negocios de privatización de empresas públicas: un río de dinero depositado en cuentas bancarias en el exterior o entregado directamente en bolsas llenas de dinero. Fue muy evidente que todo el sistema de los partidos burgueses era sostenido no solo por el financiamiento público y por las “donaciones” oficiales de las industrias y de los bancos, sino también, y principalmente, por las “coimas”. Dinero que era (y es) usado tanto para las campañas electorales y para el mantenimiento de los aparatos burocráticos, como para garantizar a los dirigentes y parlamentarios de esos partidos, casas, vacaciones de lujo, riquezas.

El choque entre facciones burguesas

El grupo de jueces que comenzó “Manos Limpias” era dirigido por el juez Antonio Di Pietro. Di Pietro gozaba de apoyo explícito de uno de los sectores de la gran burguesía, que sostuvo la investigación con sus diarios [publicaciones]. Este sector de la burguesía estaba interesado en liberarse de los costos excesivos del aparato político del DC-PSI que había gobernado por muchos años.

Como decía Marx, el gobierno es en el capitalismo “un comité de negocios de la burguesía”, y este sector burgués quería sustituir un “comité” por otro. O, mejor dicho, quería facilitar la alternancia entre “comités”, entre facciones políticas iguales en sustancia, según el modelo norteamericano, donde el Partido Demócrata y el Partido Republicano se alternan con programas idénticos. Este mecanismo limita el papel de los políticos que administran los intereses de los capitalistas y tornan los gobiernos más fácilmente controlables por la burguesía (nacional e internacional) que posee las industrias y los bancos.

El sector de la gran burguesía italiana, formado por el grupo de Benedetti (produce componentes para automóviles y publica el diario italiano más vendido, Repubblica), por el grupo Agnelli (Fiat) y por algunos grandes bancos, pretendía llevar al gobierno al PDS.

El PDS era el partido nacido del Partido Comunista italiano (el mayor partido estalinista de Europa) que había completado su mutación: de partido ligado a la burocracia de Moscú, pasando por una fase intermedia de Partido Socialdemócrata basado en intereses de una burocracia propia inserta en el Estado, llegando por fin a tornarse un partido totalmente burgués, liberal. Aquel partido ahora se llama Partido Democrático y hoy esta en el gobierno de Italia. Pero en 1994, la tentativa del sector de la burguesía que sostenía a este partido fue derrotada porque Berlusconi venció las elecciones, representante de otro sector de la grande y mediana burguesía, entrelazado con la burguesía mafiosa del Sur, basado en la gran distribución comercial y dueño de todas las televisiones privadas.

En los años siguientes, los dos lados, apoyados por dos facciones en competencia de la gran burguesía, se alternan en el gobierno.

Refundación Comunista (un partido con posiciones semejantes a las del PSOL brasileño) apoyó de afuera o internamente a varios gobiernos de centro-izquierda con la disculpa de “bloquear a la derecha” de Berlusconi, presentada como una derecha “bonapartista” o “golpista”. En realidad, de esta forma, Refundación, en lugar de promover el crecimiento de las luchas obreras y de masas, tornó posible la alternancia entre las dos facciones burguesas que gobernaron con programas casi idénticos contra la clase obrera y las masas proletarias. Es también por este motivo que hoy Refundación prácticamente desapareció.

El mito de un capitalismo “con las manos limpias”

El juez Di Pietro fue transformado por la prensa burguesa en un mito para las masas. Él se presentaba como el defensor de un capitalismo con las “manos limpias”. En su investigación, los propietarios de industrias y los banqueros fueron presentados como “víctimas” a las cuales los políticos corruptos les sustraían una parte (las “coimas”) de su “ganancia legítima”, es decir, aquellos dividendos que la burguesía obtiene legalmente de la explotación de los trabajadores.

Berlusconi fue uno de los pocos grandes burgueses contra el cual fueron dirigidas las investigaciones, porque impedía el ascenso al gobierno del PD (ex PCI). Pero como las leyes las hace y las administra la burguesía, Berlusconi nunca pasó un único día en la prisión. Varios jueces fueron comprados, o entonces Berlusconi directamente cambió o eliminó las leyes que lo perjudicaban.

Algunos sectores del movimiento obrero comenzaron a ver con simpatía a Di Pietro. Sobre la base de ese consenso, Di Pietro construyó un partido en 1998: La Italia de los Valores (es decir, de los “valores morales”, como la honestidad) que se alió con la centro-izquierda, transformando a Di Pietro en ministro.

Pero visto que no existe un capitalismo con las “manos limpias”, los escándalos de corrupción continuaron surgiendo periódicamente, aún después de la conclusión de la investigación. Y, ironía de la historia, acabaron involucrando también al partido del juez Di Pietro: después de algunos años, una parte de sus diputados fue comprada por Berlusconi y abandonó el partido. Otros dirigentes se envolvieron en escándalos que tocaron directamente también a Di Pietro, porque se descubrió que el ex juez y su familia acumularon una fortuna económica y poseen decenas de casas.

Mientras tanto, continúan los escándalos de corrupción ligados al embate entre diversos sectores del capitalismo que buscan, por todos los medios (legales e ilegales), aumentar sus ganancias. Estos escándalos se refieren hoy tanto al partido de Berlusconi (que está en la oposición) como al PD, que gobierna. Justamente hace algunos meses, por ejemplo, se descubrió una organización de criminales comunes, mafiosos y ex fascistas que durante años administró en las sombras las empresas públicas de la ciudad de Roma y la mayoría de los contratos de obras públicas, acumulando millones tanto cuando la alcaldía estaba con la centro-derecha como cuando en el gobierno de Roma estaba el PD (ex PCI), un partido que en su evolución se asemeja mucho al PT de Lula y Dilma.

Marchionne (Fiat) tiene miedo…

No hay en esta historia nada de nuevo. Marx escribía, a mediados de 1800 (en La Miseria de la Filosofía), que “el tiempo del capitalismo es el tiempo de la corrupción general”, un tiempo en que cualquier valor “es llevado para el mercado”. Y esta “corrupción general”, inevitable en un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre, envuelve, hoy como ayer, también a estos “partidos de los trabajadores” que concordaron en participar del gobierno en la sociedad capitalista. Pero la tarea de los partidos realmente obreros es otra: construir un gobierno de los obreros para los obreros.

Este es una tarea que, en la próxima fase, tendremos mayores posibilidades de realizar en el Brasil. Y eso, indirectamente, es confirmado por la preocupación manifestada aquí en Italia por Sergio Marchionne, presidente de la FCA-Fiat (que tiene en el Brasil una parte importante de su producción de automóviles). Marchionne dijo a los diarios que “la situación social y política en el Brasil alcanzó un nivel peligroso de inestabilidad”.

Si la situación es peligrosa para las multinacionales del imperialismo, significa que es favorable para los trabajadores, con la condición de que consigan organizarse de forma independiente y opuesta a todos los partidos burgueses, al gobierno Dilma, y a los partidos de izquierda que, con la disculpa de un “golpe” inexistente, quieren defender este gobierno de corruptos, instrumento de un sistema que ya nace con “las manos sucias”.

(*) PdAC, sección italiana de la LIT-CI.

Traducción del italiano: Alberto Albiero.

Traducción del portugués: Natalia Estrada.