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El 28 de setiembre es el día dedicado, desde hace años y en algunos países, a iniciativas y manifestaciones a favor del aborto legal o despenalizado, seguro y gratuito, garantizado para las mujeres de todo el mundo. El derecho de las mujeres a acceder a un aborto libre, seguro y gratuito cambia, en efecto, de país a país: en algunos, la interrupción voluntaria de embarazo (IVG) es completamente ilegal, en otros solo es permitida en casos excepcionales, en otros, si bien es legal las mujeres encuentran muchas dificultades para acceder a él.

Por: Laura Squazzabia

La anomalía de Italia

En Italia parecería no servir esta solemnidad: la interrupción voluntaria de embarazo es tutelada por la Ley 194/78, con la que la IVG es reconocida como una práctica legal, libre, gratuita y asistida. A pesar de eso, el derecho de las mujeres a acceder libremente al aborto es atacado duramente: aunque transversalmente nadie opina que quiere cambiar o abolir la 194, es evidente la tentativa de hacerla ineficaz, sea desde el punto de vista normativo o a través de reformas, reglamentos, etcétera, pero sobre todo desde el punto de vista de su aplicación.

En efecto, el aborto, incluso estando sobre el papel como una práctica legal, libre, gratuita y asistida, en los hechos es hoy inaccesible en Italia. Ese está verificando una real inaplicabilidad de la ley 194 por el alto porcentual de médicos y personal paramédico que se vale de la objeción de conciencia, o sea, de la facultad de abstenerse de la práctica abortiva en virtud de convicciones ideológicas o religiosas. Se habla de una media nacional de 70%, pero con regiones que llegan a 80-90%: por ejemplo, 82% en Campania, 86% en Apulia, 87,6% en Sicilia, 80% en Lacio, 90% en Basilicata, 93,3% en Molisa. En pocas palabras, más de siete hospitales sobre diez el total del personal deja en la puerta a las mujeres que quieren interrumpir el embarazo. Las razones de esta elección no tienen a menudo que ver con las opiniones personales o de fe del médico individual sino con las notables ventajas que el “objetor” consigue en su carrera.

El aspecto más alarmante es que además de estratificarse en la jerarquía hospitalaria con un rayo de cobertura que va desde la cumbre de médicos y anestesistas, pasando por el personal de enfermería hasta la base del personal auxiliar, la objeción de conciencia está también extendiéndose como campo de aplicación: la elección no implica más solamente la práctica de la IVG, sino hasta la prescripción de fármacos anticonceptivos o de técnicas abortivas alternativas.

Esta situación contribuye a alimentar el mercado de los abortos ilegales. Muchas mujeres eligen ir al extranjero o dirigirse a las así llamadas “cucharas de oro”, ginecólogos que privadamente efectúan IVG: según los últimos datos disponibles del Instituto Superior de la Salud han sido cerca de 15.000 los abortos clandestinos. Pero esta cifra podría ser mayor, porque aquí no se tienen en cuenta los abortos de mujeres inmigrantes que no se acercan a la salud pública, sobre todo si son indocumentadas.

Las mujeres que abortan clandestinamente consumen fármacos impropios, comprados bajo cuerda o vía internet, con consecuencias a veces mortales, o se encomiendan a las “mammane” [“parteras”], tan peligrosas como los fármacos impropios. La objeción de conciencia ha llegado a niveles tan altos como para impedirles a las mujeres el ejercicio de un derecho que ya debería estar más que consolidado. Para demostración de que en Italia, en cambio, la objeción de conciencia es el derecho consolidado y no el aborto, llegan las nuevas multas previstas por la ley sobre las despenalizaciones que, en lugar de enfrentar el problema, castigan de manera aún más amarga a aquellas mujeres que se encuentran frente a una de las dificultades más grandes de su vida.

Hoy, en Italia, abortar siguiendo siendo a menudo casi imposible dentro de la ley. El porcentaje de adhesión a la objeción de conciencia y el consiguiente cierre de numerosos consultorios ginecológicos, comporta trámites de pesadilla entre puertas batidas en la cara, romerías en busca de médicos no objetores, números que hay que aprovechar, reservas, días perdidos, semanas que pasan con su cuerpo que va cambiando y el embarazo que avanza inexorable, con consecuencias fácilmente imaginables. Esto significa que practicar la interrupción de embarazo se ha vuelto para las mujeres italianas una carrera de obstáculos y contra el tiempo. Su posibilidad de autodeterminar la propia sexualidad, sea en la contracepción o en la maternidad, es sometida al chantaje de otra elección, aquel de la objeción de conciencia, fruto de una cultura machista que las prefiere sometidas y relegadas entre los muros domésticos para cuidar la fuerza de trabajo por el capital.

La utopía de la maternidad consciente

La posibilidad de autodeterminación sexual oscila entre dos extremos: la maternidad y el aborto: sacar u obstaculizar a uno de los dos produce un desequilibrio e impide una elección real. En Italia, sin embargo, también el extremo de la maternidad es fuertemente obstaculizado. Para muchas personas los obstáculos son legislativos y limitan dramáticamente la libertad de elección, como en las parejas sujetas a infertilidad con la rígida ley 40 sobre la procreación asistida, o para las parejas homosexuales la imposibilidad de adoptar hijos.

En este escenario kafkiano se introduce el “Día de la Fertilidad”, es decir, el así llamado día nacional dedicado a la información y la formación sobre la fertilidad humana, es instituida en julio por el gobierno. El primer “Fertility day” se ha desarrollado el pasado 22 setiembre, lanzado por la ministro de la Salud, Lorenzin, la misma que niega que hay en Italia un problema sobre la objeción de conciencia y sobre a aplicabilidad de la ley 194, que se expresa a favor de las restricciones de la ley 40 y contra el decreto de la adopción de parte de parejas homosexuales. Detrás de esta iniciativa, la necesidad de llamar la atención de la opinión pública sobre el tema de la fertilidad y su protección, más en general sobre la maternidad consciente: con base en los últimos datos ISTAT, que se remontan a 2014, la tasa de fecundidad, vale decir, el número medio de hijos por mujer está en Italia entre los más bajos en Europa, en el orden de 1,37%. Las ciudades de Roma, Padua y Catania, con todos los otros municipios italianos que han adherido, han organizado mesas redondas con expertos en la materia, trabajadores de la salud, representantes de colegios, profesionales y asociaciones para discutir tema. Además de la realización en un sitio adecuado y de la producción de material promocional en formado descargable, para lanzar el día de sensibilización han sido activadas dos campañas de comunicación, ambas con los resultados catastróficos: la primera ha provocado encendidas polémicas sobre lo social, con intervenciones indignadas de personajes de la cultura, del espectáculo y de la política, al punto de obligar a la ministro Lorenzin a retirarla; la segunda, juzgada racista, ha llevado a la destitución del agregado a la Secretaría de Comunicaciones del Ministerio.

A pesar de esta tormenta de polémicas el día se ha desarrollado según los programas y, al mismo tiempo, a las iniciativas institucionales, en las plazas ha estado en escena el “Fertility fake”, movimiento nato y crecido en red para protestar contra la idea transmitida por la iniciativa sobre que sean admisibles solamente la familia tradicional y el hijo biológico, y contra una ministro que se preocupa con la escasa fertilidad de la población italiana, pero no por las razones por las cuales en Italia no se tienen hijos.

De más partos ha sido requerida la dimisión de Lorenzin. Sería fácil unirse a ese coro. Sería fácil pero inútil porque, en todo caso, no cambiaría nada. Incluso embarazoso o “imposible de ver” (para decirlo con las palabras de Renzi), lo obrado por Lorenzin no es mínimamente desconocido por el gobierno, porque se trata de un actuar perfectamente alineado con las acciones del actual gobierno en otros ámbitos de intervención: el Jobs Act con la pesada acentuación de precarización (como las estadísticas demuestran, más fácilmente las mujeres entran y quedan en el mercado de trabajo con formas precarias y mal pagas por iguales tareas que los hombres), la “Buena Escuela”, con la “deportación” de millares de maestros, situación que ha afectado principalmente a las mujeres puesto que es mayor el porcentaje de estas en el profesorado italiano, el alargamiento de la edad jubilatoria (meta fatigosamente alcanzada por las mujeres a causa de su prematura salida del mercado del trabajo, a menudo por la maternidad, y en todo caso trágicamente por debajo del umbral de pobreza a causa de la disparidad salarial), los continuos cortes a la salud y la educación, con el consiguiente empobrecimiento de los servicios (que son las mujeres a pagar el precio más alto por las reformas en estos sectores: de un lado, como usuarios, son perjudicadas porque la falta de servicios recae completamente sobre sus hombros, del otro porque son los sectores en que son principalmente empleadas: paradójicamente, una vez despedidas y expulsadas por el mundo del trabajo, vuelven a casa para dedicarse al cuidado de niños, ancianos y enfermos, para satisfacer de este modo las faltas del Estado).

Estas reformas se han cargado principalmente sobre los hombros de las mujeres, empeorando así una ya comprometida situación de inserción y permanencia en el mundo del trabajo, a menudo obligándolas a salidas forzadas para quedarse entre las paredes del hogar para administrar gastos por cuidados a los parientes, atención y tratamiento, siempre objeto de una violencia de la que es casi imposible sustraerse sin autonomía económica y sin puntos de referencia, donde también se observan los cortes de fondos o financiamiento de los centros antiviolencia.

Contra el ataque a la autodeterminación de las mujeres

Esta campaña constituye el enésimo ataque a la autodeterminación de las mujeres, en la medida en que las invita abiertamente a recobrar de propia voluntad el papel de “ángel” del hogar. Y es una invitación que no puede ser desatendida: en efecto, el camino a recorrer si se decide a hacer otras elecciones, está tan accidentado y lleno de obstáculos que resulta impracticable.

Hoy asistimos a un ataque contra la autodeterminación de las mujeres más destapado y feroz. En este período de crisis económica, del que no se ve el fin, el sistema capitalista trata de imponer las mismas lógicas utilitarias a nivel local y global para mantener en equilibrio el control social y el dominio de una clase sobre la otra; trata de empujar a las mujeres fuera del mercado del trabajo para hacer lugar a los hombres, y de relegarla entre las paredes de la casa para que desarrolle su “natural” función reproductiva, de cuidado y de atención de niños, enfermos y ancianos, en sustitución de aquellos servicios que los continuos cortes al gasto público están limitando drásticamente.

El derecho a una procreación y a una sexualidad libre y responsable para las mujeres tiene que ser defendido por la lucha por una educación sexual secular y libre de prejuicios, por el acceso gratuito a las medidas anticonceptivas, por el fomento de consultorios públicos para un aborto libre, gratuito y seguro. Además, para permitirles a las mujeres conseguir independencia y autonomía, reivindicamos el pleno empleo, contra la flexibilización y la precarización, iguales sueldos por trabajos iguales, y servicios públicos bajo el control de las mujeres y los operadores, como guarderías infantiles, lavanderías y comedores sociales comunitarios, centros por ancianos y minusválidos o discapacitados. Estas luchas son una parte integral de la guerra al sistema capitalista, una guerra que es necesario llevar adelante para poder abrir un futuro de progreso y construir una sociedad libre de toda forma de opresión.

Nota:

1) http://dati.istat.it/Index. aspx?DataSetCode=DCIS_ FECONDITA1

Traducción: Natalia Estrada