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(Con la bendición de la gran burguesía, de la Unión Europea, de los obispos y… de Refundación Comunista).

Por: Francesco Ricci

Nace el gobierno Conte bis (salvo sorpresas en los próximos días), sostenido por el PD, el Movimiento 5 Estrellas, Leu di Grasso y Bersani, Si di Fratoianni (y, sin votos en el parlamento, por la Refundación Comunista).

Es un gobierno que tiene la aprobación de los sectores centrales de la gran burguesía italiana, con todos sus medios de comunicación; de la Unión Europea y del imperialismo europeo; e incluso de Trump. Un gobierno que ya antes de nacer fue bautizado por las bolsas de valores y bendecido por el Papa, los obispos y los cardenales.

En otras palabras, no es solo un nuevo gobierno burgués (como todos los gobiernos en el capitalismo, independientemente de los partidos que lo componen) sino un gobierno fuertemente deseado por las clases dominantes.

Las causas superficiales de la crisis del gobierno

Todo los medios de comunicación burgueses –pero también el análisis de ciertos presuntos “comunistas” e incluso de aquellos presuntamente “revolucionarios”– nos han dado en estos días una explicación superficial de la crisis del anterior gobierno Conte-Salvini-Di Maio, ignorando los aspectos profundos y reales.

Esos razones superficiales son: 1) la tentativa de Salvini (dada a inicios de agosto, de un vertiginoso crecimiento en las encuestas) para aprovechar los tiempos necesariamente breves de la crisis (para que se aprueben las Finanzas) para tratar de entrar rápidamente en la recolección [de votos] en nuevas elecciones, conquistando (en alianza con otros partidos de la derecha) una mayoría absoluta de escaños; 2) la seguridad inicialmente dada a Salvini por el secretario del PD, Zingaretti, de querer nuevas elecciones, para recuperar el control de los grupos parlamentarios del PD (ahora en manos de la minoría de la dirección, dirigida por el ex primer ministro Renzi); 3) el movimiento sorpresa de Renzi que, para no perder el control de los grupos parlamentarios en medio de la gestación de uno de sus nuevos partidos, se ha abierto a un gobierno del PD con 5 Estrellas; 4) la apertura de Grillo y de otros sectores del 5 Estrellas a esta hipótesis de un nuevo gobierno, para no perder los actuales números parlamentarios, destinados según las encuestas a reducirse a la mitad en caso de nuevas elecciones; 5) la conveniencia, transversal [común] a varios partidos, de muchos parlamentarios que en caso de elecciones perderían su escaño; 6) el interés convergente de los sectores dirigidos por Renzi (y en este punto también de otros sectores del PD, incluida la actual mayoría) para retrasar la división del PD, cada uno convencido de que sería mejor jugarse las cartas si sucede más tarde: en caso de elecciones anticipadas, de hecho, la ruptura habría sido inmediata, y el nuevo partido de Renzi se acredita al momento con números muy bajos (6-7%), mientras el PD de Zingaretti se habría reducido a números un poco superiores; 7) el interés del PD para determinar, junto con el 5 Estrellas, la elección del próximo Presidente de la República (2022).

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Las causas profundas de las crisis y el nacimiento del nuevo gobierno

Todas las causas superficiales que resumimos, en el complicado entrelazamiento de los enfrentamientos internos de cada partido (y en particular el PD y el 5 Estrellas), sin duda han contribuido a producir los continuos giros, a una distancia de pocas horas uno del otro, que han caracterizado esta crisis y concluido con un rotundo autogol de Salvini (cuyas torpes tentativas de revertir, con la oferta a Di Maio de la presidencia en un renovado gobierno juntos, han resultado tardías). Pero limitarse a este análisis superficial, “politicista”, impide comprender qué se mueve más en profundidad, a nivel de clases sociales y a nivel de la lucha entre las clases y al interior de las clases (entre sectores de clase).

En primer lugar, necesita quedar claro que los sectores principales de la gran burguesía italiana, competidora y socia menor de las principales burguesías de la Unión Europea (Alemania y Francia), tienen como su principal referencia política el PD (un partido completamente burgués que solo quien no usa el parámetro de clase del marxismo puede definirlo como partido “de izquierda”). Es en los gobiernos dirigidos por el PD que la gran burguesía se ha centrado en las últimas décadas, tolerando mal los paréntesis de gobiernos dirigidos por la centro-derecha (los gobiernos Berlusconi, o ahora el gobierno hegemonizado por la nueva Liga de Salvini). La gran burguesía domina la economía del país, pero lo hace en una situación de “democracia” parlamentaria; no siempre puede elegir el gobierno que prefiere. A veces se ve obligado a aceptar un gobierno que, mientras protege sus intereses de fondo, lo considera menos confiable, menos controlable en determinadas elecciones.

Así como Berlusconi fue considerado poco confiable por los sectores mayoritarios de la gran burguesía (que finalmente logró deshacerse de él), porque tutelaba en particular los intereses de su grupo económico, y a veces en contraste con los intereses de los principales sectores representados de las grandes familias del capitalismo italiano; asimismo, el gobierno del Movimiento 5 Estrellas y la Liga, expresión de un bloque social reaccionario en su constitución, formado por sectores de la media y la pequeña burguesía, ha sido mal soportado desde el inicio por la gran burguesía, que no por casualidad, sino buscando dirigirlo (haciendo cambiar por ejemplo el “notario” de las grandes familias, Matarella, el ministro de Economía con uno más afín), se ha opuesto a él. Las investigaciones sobre “Rusia-gate” y los otros escándalos detonados por la prensa burguesa tuvieron la tarea de mantener bajo presión al gobierno y de preparar un recambio que incluyese ese que, repitámoslo, continúa siendo el principal partido fiduciario de la gran burguesía, es decir, el PD.

Por las razones accidentales y superficiales descritas anteriormente, el intento fallido de Salvini abrió el espacio para cambiar el gobierno y reemplazar a los advenedizos pequeñoburgueses, su incapacidad, su intento de representar los intereses de la media y de la pequeña burguesía, un personal político mejor seleccionado que pueda enfrentar la inminente nueva recesión mundial garantizando mejor las políticas económicas que desean la gran burguesía italiana y la europea.

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Que pasará ahora

El nuevo gobierno Conte bis, de probada fidelidad a la UE y al euro (lealtad garantizada por Conte en su discurso), de emanación burguesa más directa, repleta de un personal político menos imprudente que el de la Liga, intentará imponer, a partir del otoño, nuevas políticas de sacrificio que respondan mejor a las necesidades de las clases dominantes. No está dicho que pueda terminar la legislatura, incluso si esta es la misión que la burguesía le confía. Para obstaculizarlo (en ausencia de un desarrollo de la lucha de clase) está la crisis económica que inevitablemente arrastra consigo, en toda esta fase histórica, una gran inestabilidad de los gobiernos e incluso de los regímenes institucionales burgueses que, incapaces de hacer concesiones a las masas (tanto para el proletario como para la pequeña burguesía), duran poco, sea cual fuere su color político.

Los intereses irreconciliables de los trabajadores

La derrota momentánea de Salvini, enemigo jurado de la clase obrera y de las luchas, aspirante a Bonaparte en el siglo XXI, y la caída del gobierno amarillo-verde, no son hechos negativos: al contrario, la turbulencia que imprimen al régimen burgués y a su estabilidad son hechos positivos. Pero el nuevo gobierno que llega no es por cierto un gobierno amigo de los trabajadores: es, antes, como hemos visto, lo mejor que puede ser hoy, en la situación de dificultad, deseo y obtención la gran burguesía. Así, nos movemos de un gobierno reaccionario a otro, de un bandido al otro, quizá mejor enmascarado. Un gobierno que estará sostenido por la gran burocracia sindical, comenzando por la de la Cgil (explícito ha sido el apoyo ofrecido por Landini) y que por esto puede tratar de contener la oposición de los trabajadores no solo con el palo de la represión (que utilizará a tal evento) sino también con la zanahoria de la “concertación” con las burocracias sindicales y políticas.

No es casualidad que lo que resta del reformismo o el semirreformismo (de Fratoianni de la Izquierda Italiana, a Ferrero de la Refundación Comunista) se haya unido rápidamente al nuevo carro [tren]: esperando un cambio de las leyes electorales que reabra la puerta (hoy cerradas, al menos para Refundación) del parlamento para poder usar (como ya lo ha hecho en el pasado) estas posiciones para alimentar los apetitos de las pequeñas burocracias a cambio de un apoyo a las políticas patronales; y esperando también poder formar alianzas para las inminentes elecciones regionales y locales, donde hay una rica torta para repartirse.

La idea de que podría ser un frente con la gran burguesía la que frene a la derecha reaccionaria pequeñoburguesa, detenga al aspirante a Bonaparte, Salvini, en un frente con Prodi, el Papa, los grandes grupos financieros, los banqueros, los obispos y los cardenales, es una idea que los reformistas (Refundación a la cabeza) intentan pasar una vez más a los trabajadores: como si las experiencias no solo de toda la historia del siglo XX (los desastres provocados por los “frentes populares”) sino también las experiencias más recientes (los gobiernos Prodi, con el apoyo de Refundación) no hubieran ya demostrado definitivamente que la gran burguesía no tiene ningún interés en eliminar las derechas porque prefiere tenerlas de reserva para cuando no pueda usar otros medios. Mientras tanto, con la ayuda de las burocracias “de izquierda”, la burguesía utiliza gobiernos que cuentan con el apoyo de los sindicatos y de los reformistas para implementar las peores políticas antiobreras (fueron gobiernos de centro-izquierda lo que hicieron el registro de privatizaciones, avanzaron las leyes de precarización salvaje del trabajo, abolieron el artículo 18, y abrieron los primeros campos de trabajo para los inmigrantes, etc.).

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En cuanto a Salvini, es posible que el resultado no deseado de la crisis y la reubicación forzada en la oposición, opaquen un poco la visibilidad mediática sobre la cual ha construido principalmente su fortuna, y puedan hacerlo retroceder momentáneamente; es posible que también en la Liga (ya se ven algunas señales) surjan enfrentamientos internos. Pero es posible también, por el contrario, que pueda acusar demagógicamente las políticas antipopulares que hará el gobierno Conte bis, para avanzar posteriormente en la construcción de un bloque social de la pequeña y media burguesía sobre la cual quiere construir sus objetivos de bonapartista de playa.

Si hay una enseñanza que viene de toda la historia es que solo el frente de lucha del proletariado y los jóvenes, dirigido por la clase obrera organizada con su propio partido revolucionario, puede detener a la derecha, combatiendo frontalmente las políticas burguesas, tomando el único camino de alternativa real: el de un gobierno de los obreros para los obreros, un gobierno que puede nacer solo sobre las ruinas de la sociedad burguesa, conquistado con las luchas en las fábricas y en las calles [plazas].

Es con esta perspectiva que es necesario avanzar, desarrollando en esta dirección cada lucha de los trabajadores y de los jóvenes en los próximos meses.

Artículo publicado originalmente en www.alternativacomunista.it

Traducción: Natalia Estrada.