Compartir

Estamos frente a la más impresionante crisis humanitaria de la posguerra. Esta, en nuestra opinión, es concomitante con la peor crisis que el capitalismo atraviesa después de la del ’29.

Por: Conny Fasciana

Estos son algunos datos de la OCDE, en un informe presentado en París: en 2015 en la Unión Europea va a darse «un nivel sin precedentes de solicitantes de asilo y refugiados» en número creciente de hasta un millón.

Solo a Austria, por ejemplo, han llegado miles de inmigrantes por día en la segunda mitad de setiembre. La mayoría de ellos tiene como destino Alemania.

Unicef informa que en el primer semestre de 2015 ya 133.000 niños han solicitado asilo en la UE, un aumento de casi 80% en comparación con 2014. Los niños y adolescentes representan una cuarta parte de los solicitantes de asilo en Europa. La organización de las Naciones Unidas para la Infancia centra su atención en la situación de Croacia que, puesto que Hungría ha cerrado la frontera con Serbia, constituye una ruta alternativa para la entrada en Europa, y donde se estima que, por ejemplo, en una sola semana entraron 10.000 mujeres y niños.

En la República de Macedonia, desde junio de este año casi 90.000 personas –que incluye cerca de un tercio de mujeres y niños– se registraron en la frontera en Gevgelija.

En Serbia, durante el mismo período, se registraron alrededor de 108.000 personas que cruzan la frontera para Presevo. Pero se estima, según la Unicef, que las cifras reales pueden ser mayores que el doble, con un alto número de personas que transitan por ambos países sin haber sido registradas.

A pesar de la aparición de nuevas rutas en el Mediterráneo oriental, el «camino central», que «llega en Italia» sigue siendo severamente golpeado por los que huyen a Europa.

En términos más generales, la OCDE señala que «el impacto se concentra en unos pocos países», tales como «Turquía, que actualmente alberga 1,9 millones de sirios y un gran número de iraquíes. Y para muchos gobiernos, como Hungría y, en menor medida Polonia y Bulgaria, la afluencia masiva de solicitantes de asilo es una experiencia totalmente nueva. Vieja es la respuesta: ¡ejércitos y alambre de púas! 

Contramedidas: reglamentos, cumbres europeas, marcas y recepción de caridad

El vergonzoso espectáculo organizado por Europa en las últimas semanas, en el que los actores son miles de personas desesperadas que huyen, tiene dos guiones: el Convenio de Dublín y el Tratado de Schengen. El Reglamento de Aplicación de Schengen permite a los países signatarios reforzar los controles «para las necesidades de orden público o la seguridad nacional» y también requiere que los que cruzan la frontera como «migrantes económicos» deben tener, entre otras cosas, medios para sustentarse, haciendo, por lo tanto, que un país firmante no pueda rechazar a un individuo considerado capaz de sostenerse económicamente.

Los solicitantes de asilo en territorio europeo, sin embargo, deben cumplir el Convenio de Dublín. Este, firmado en 1990, revisado y corregido en 2003 y luego en 2013, con su versión en vigencia en 2014, establece que la solicitud es examinada en el país de arribo: visto que la mayoría de los inmigrantes viaja por el mar Mediterráneo y aterriza en la costa italiana, permite a Europa enviar barcos al Mediterráneo, lavarse la conciencia rescatando barcos y balsas, y entregarlos en los puertos italianos alegando que los solicitantes de asilo deben residir en el país de ingreso a la UE.

Lea también  FCA y Renault: la fusión entre burgueses la pagaremos los obreros

La suspensión de Schengen es viable en la práctica durante las cumbres internacionales, lo que permite a signatarios del Tratado suspender la libre circulación y restaurar los controles internos en las fronteras de sus países. Es por eso que nadie ha encontrado cuestionable que la Comisión Europea haya autorizado a Angela Merkel, con motivo del G-7 en Alemania, a suspender Schengen y restablecer los controles fronterizos por motivos de seguridad, asociado con el progreso de la Cumbre Internacional en Garmisch.

Muerto «Mare Nostrum» nace «Triton», operación de la que participan 29 países, financiados por la Unión Europea con 2,9 millones de euros al mes: cerca de dos tercios menos que los destinados a Mare Nostrum, y que prevé el control de las aguas internacionales solo hasta 30 millas de la costa italiana; su propósito principal es el control de la frontera y no el rescate.

Una muestra más de que todos los gobiernos participan en el aumento de la represión y en la regulación de flujos con el fin de aprovechar a estos cientos de miles de inmigrantes como mano de obra barata funcional a los intereses del capital, verdadera máquina de guerra contra los pueblos.

El 23 de setiembre de 2015, los líderes de la UE se reunieron en Bruselas con el fin de decidir sobre la «prioridad concreta de aplicación inmediata; discutir sobre cómo afrontar los retos de la migración en el largo plazo, y sobre la protección de las fronteras exteriores de la UE y la asistencia externa a los refugiados de los países vecinos”.

Líderes de la UE han acordado una serie de prioridades: “ayudar a Líbano, Jordania, Turquía y otros países a hacer frente a la crisis de los refugiados sirios; movilizar al menos mil millones de fondos adicionales para el Alto Comisionado para los Refugiados y el Programa Alimentario Mundial; reforzar la cooperación y el diálogo con Turquía en todos los niveles; ayudar a los países de los Balcanes occidentales en la gestión de los flujos de refugiados; aumentar los fondos para combatir las causas de la migración irregular profunda (como insisten en definirla, con total impunidad y en silencio, una vez más ¡en interés del capital! – ndr) y a las personas desplazadas en África; hacer frente a la dramática situación en las fronteras exteriores de la UE y reforzar su control; asistir a los Estados miembros –a la vanguardia en el establecimiento de puntos de crisis–, para asegurar una correcta identificación de los migrantes y garantizarles al mismo tiempo la reubicación y el regreso».

Los líderes también pidieron que se «renueven los esfuerzos diplomáticos para resolver la crisis en Siria y asegurar la formación de un gobierno de unidad nacional en Libia».

Los líderes europeos discuten sobre la «cuota de inmigrantes» como si fuesen acciones, y sobre el financiamiento de la represión en las fronteras. Lo hacen para imponer criterios más duros para conceder permisos de residencia, intentando reportarlos para sus propios países con el argumento de que no tienen los «requisitos» requeridos para quedarse.

Lea también  La crisis gubernamental y los intereses de la clase obrera: ¡Construyamos la oposición en las plazas!

Utilizan instrumentalmente la “lucha contra el terrorismo” para hecerles más difícil la entrada a los refugiados en Europa. En la Hungría de Orban y en la República Checa los inmigrantes van marchando como prisioneros del régimen nazista. Un contexto deshumano que ve a las organizaciones de extrema derecha aprovecharse para fomentar la guerra entre pobres y el racismo, avalados por un aparato mediático que tiene todo el interés en utilizar al inmigrante como chivo expiatorio de una crisis económica y social sistémica. Este es el caso de Salvini y del crecimiento de La Liga Norte en Italia, pero también de LePen en Francia, Pegida [patriotas] en Alemania, Aurora Dorada en Grecia.

Y mientras los sirios abandonaban las estaciones del ferrocarril húngaro decidiendo recorrer a pie los 240 kilómetros que los separaban de la frontera con Austria, la izquierda reformista de Tsipras les impedía llegar a las costas de las islas del Egeo. Pero el Papa, al menos, les dará acogida: con dos (!) habitaciones en el Vaticano será el anfitrión de ¡dos familias de refugiados! Agencias de viajes y complejos para los refugiados son migajas para los miles de mujeres, niños y hombres que cada día huyen de sus países de origen para buscar una nueva tierra en la cual reconstruir su existencia.

¡Ellos están huyendo, no en viaje de placer! Huyen de la guerra y la dictadura connivente con el imperialismo, y huyen en condiciones que definir de precarias sabe a eufemismo. Pero lo que es incluso peor es que lo que les espera a los que sobreviven son muros, barreras de alambre, estaciones de ferrocarril donde no sale ningún tren; incluso si tienen entradas regulares, identificaciones y huellas dactilares, ejércitos, policías, balas de goma, porras, gases lacrimógenos, y hacinamiento en campos de concentración reales donde se les priva de sus derechos más básicos.

Cotidianamente, los medios de comunicación nos bombardean con el número de casos humanos, la mayoría de ellos verdaderos boletines del horror.

Oímos hablar de vidas que se extinguen trágicamente en las bodegas de los barcos de la muerte, allí donde el billete de la esperanza cuesta la mitad y hasta el aire que se respira es la mitad o menos. Uno se muere matado por las emisiones de gases del diésel que alimenta los barcos, como ratas en una trampera, tal vez sin darse cuenta de que, mientras tanto, los que viajan “en primera clase” son arrojados por la borda por los mercaderes de la muerte, los contrabandistas, a la vista de la costa de destino.

O viajan como carga, en el interior de los contenedores navales sobre cuatro ruedas. A veces, si tienen suerte, ¡pueden comprar un billete para viajar con una capucha, arrollados dentro de las ruedas de la camioneta!

Si viajan a pie, pueden “disfrutar” de la mejor vista de la represión en las fronteras, las noches bajo las estrellas de países hostiles, la puesta de sol en las rocas de Ventimiglia o el amanecer en la costa turca, que es más para niños como Aylan.

Lea también  En el Líbano, palestinos van a las calles contra leyes racistas

Es de la propia Siria que proviene un gran número de inmigrantes, huyendo de los bombardeos de la dictadura de Al-Assad, del avance militar del Estado Islámico y de las potencias imperialistas que bombardean la región, todo en nombre de las masas populares.

La prensa burguesa nos muestra con avidez las imágenes de socorro y rescates, nos muestra a los recién nacidos con ternura, envueltos en el cálido abrazo de «salvación», nos muestra el espíritu humanitario y la dedicación de los voluntarios y socorristas. Endulza ingeniosamente cualquier mención a los medios de control y represión, y difícilmente nos muestra el horror de las represiones en masa. Nunca habla de la violencia del capitalismo y de su responsabilidad en todo esto.

La Revolución es la única solución

El desolador panorama descrito nos lleva a una sola conclusión: es necesario rebelarse contra el sistema capitalista, único responsable de la miseria y de las guerras de las cuales se huye en busca de libertad y dignidad.

Eni, Telecom, Anas, Impregilo, Finmeccanica, Alitalia, Edison, Grimaldi, Visa, Unicredit, solo por nombrar algunas de las multinacionales, sus señores, los grandes intereses del capital y de los mercaderes de la guerra, traficantes legalizados de la muerte, se concentran en las áreas devastadas por el hambre, la pobreza, la guerra, la enfermedad, y la opresión. Y, mientras las fronteras de la esperanza se transforman en cárceles, los tratados se convierten en escenarios de enfrentamientos políticos que solo tienen intereses económicos básicos y nacionalistas y los señores del mundo sugieren quizás el más abominable de los diseños del capital para salvarse a sí mismo: la construcción de centros de refugiados en las mismas tierras de las cuales se huye, para hacer del hombre un refugiado en su propia tierra.

¡Luchar; es este el único camino!

Traducción: Natalia Estrada.