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El 21 de julio pasado la asamblea nacional francesa aprobó la Ley laboral, la reforma del trabajo presentada por el ministro El Khomri, una ley que reduce los derechos, ataca la contratación colectiva y el papel de los sindicados, facilita los despidos, impone la flexibilidad y corta las indemnizaciones por desempleo. Se trata de una reforma parecida a aquellas ya aprobadas en España, Portugal, Grecia e Italia: una reforma que en Francia ha sido aprobada “manu militari” [por la fuerza] por el gobierno socialista Hollande-Valls, con la utilización del instrumento de la renovación del mandato, saltando el parlamento y recurriendo al artículo 49.3 de la Constitución que dice: “El Primer Ministro puede, sobre deliberación del Consejo de Ministros, empeñar la responsabilidad del Gobierno delante de la Asamblea Nacional sobre la votación de un texto. En tal caso, el texto es considerado adoptado, salvo que una moción en contra de la renovación del mandato, presentada en el plazo de 24 horas, sea votada en los modos previstos por el inciso anterior”.

Por: Patrizia Cammarata

La izquierda parlamentaria no ha logrado recoger el número de firmas necesarias para presentar delante de la Asamblea nacional una moción en contra a la renovación del mandato sobre lo operado por el Ejecutivo, no han votado los disidentes socialistas que se declararon contrarios a la reforma pero que rápidamente han retrocedido después de las amenazas de expulsión del partido.

El Front de Gauche (con dos ecologistas y dos ex PS) ha unido sus votos a la derecha y a los dos diputados FN [Frente Nacional de Marine Le Pen] en una moción de “censura” que no pasó. Situación esta que es la comprobación de la distancia entre la así llamada izquierda de oposición, la izquierda de gobierno (que los sondeos electorales indican en plena crisis) y el “pueblo de izquierda” que se ha movilizado en las plazas, con sacrificio, por muchos meses.

Una desencoladura entre la política palaciega y la dura realidad de la clase trabajadora que también encuentra una confirmación en el número de los miembros del Partido Socialista, que desde que se anunció la reforma ha seguido disminuyendo, mientras el gobierno ha perdido el apoyo de diversas organizaciones que lo sostuvieron, como es el caso del UNEF, la principal asociación estudiantil francesa, que a pesar de su unión con el Partido Socialista ha participado activamente de las jornadas de movilización contra la Ley del Trabajo.

El gobierno ha aprobado la reforma y mientras tanto los sondeos han revelado los índices de aprobación del Presidente Hollande, cuyos niveles eran históricamente bajos en febrero, aún más bajos después.

La respuesta del gobierno a las movilizaciones

La Ley del Trabajo ha encontrado una determinada oposición de parte de la clase trabajadora francesa, que ha realizado adecuadas demostraciones y huelgas prolongadas, ocupaciones, bloques de refinerías y centrales nucleares por meses, encontrando en la protesta la solidaridad de parados y estudiantes con los que ha organizado imponentes manifestaciones y puesto en práctica el movimiento “Nuit debout.”[1]

Aún después de la aprobación de la ley, la protesta no fue dejada y a las iniciales contestaciones de los trabajadores y los jóvenes, de las organizaciones sindicales, políticas y de los movimientos que han rechazado la reforma, denunciando su carácter reaccionario, se han sumado, en consecuencia a la aprobación con el recurso de parte del gobierno al artículo 49.3, críticas y contestaciones de aquella parte de la sociedad francesa que no se alineó inicialmente pero qué ahora pica el dedo sobre el “método” de aprobación, creído fuertemente autoritario.

Es útil evidenciar cómo las medidas autoritarias del gobierno francés no son, desgraciadamente, limitadas a la tramitación burocrática de la aprobación de la ley sino que se han despachado de modo dramático en las calles y en las plazas durante los grandes días de las manifestaciones, cuando la policía ha reprimido a los manifestantes con gases lacrimógenos y granadas, han sido arrestados activistas y requisadas las sedes de los sindicados, como les ha sucedido a los compañeros de Solidaires, el sindicado de base que está entre los promovedores de las huelgas y las manifestaciones de estos meses.

Las medidas gubernamentales antidemocráticas tratan de encontrar justificación en los dramáticos atentados ocurridos en Francia, como aquel de noviembre pasado o aquel más reciente de Niza. Se es tratado por actos terroristas que provocan víctimas inocentes que ninguna responsabilidad tienen con los dramas causados por guerras, pobreza y marginación social. Estos innobles atentados son utilizados por los gobiernos para controlar y reprimir aún más a la población, son utilizados para justificar el miedo y la marginalización de inmigrantes, musulmanes y refugiados, con intervenciones represivas en los “banlieue” [suburbios] o para desalojar los campos de refugiados.

En suma, los actos terroristas tienen como resultado aquel de ofrecer fácil justificación por leyes autoritarias y de restricción de las libertades y hacen aún más difíciles las luchas de los trabajadores por la defensa de los propios derechos; el gobierno francés, en efecto, ha puesto las ciudades bajo “vigilancia absoluta”, y ha llevado adelante una política interna de limitación de las libertades formales, asociada con una política extranjera de renovado ataque imperialista en Irak y Siria, en nombre de la “lucha” contra el terrorismo.

Los gobiernos de la burguesía ejecutores de las solicitudes de las instituciones europeas

Es necesario evidenciar cómo la Ley del Trabajo, de cuya aprobación es formalmente responsable el gobierno, es consecuencia de la influencia ejercida por las instituciones europeas de la así llamada “gobernanza económica”. La Comisión Europea, en efecto, ha ejercido sobre el gobierno francés fuertes presiones, amenazando con sanciones si en Francia no fueran cambiadas las leyes en materia de derecho laboral, para garantizar más beneficios a las empresas vía una reducción de los los derechos y los sueldos de los trabajadores. Sobre todo a partir de 2013, las recomendaciones de la Comisión y del Consejo europeos no son simples consejos sino chantajes en cuanto, por el “two-pack” [doble paquete], a los Estados les pueden ser también aplicadas multas del orden de varios millones de euros en caso de que no logren hacer aprobar las reformas requeridas.

También el procedimiento por los desequilibrios macroeconómicos (Macroeconomic Imbalance Procedimientos-MIP), adoptado en la primera fase de crisis del euro, permite a la Comisión europea monitorear el desarrollo de las economías de los Estados miembros sobre la base de una serie de indicadores, entre los cuales, uno de los más importantes, mide el desarrollo de los costos unitarios del trabajo con una lógica férrea: bajar los sueldos de los trabajadores en beneficio de la competitividad de las empresas.

Si el Consejo, con base en las recomendaciones de la Comisión, evalúa que un Estado miembro presenta desequilibrios excesivos puede abrir un procedimiento solicitando al Estado adoptar medidas de baja de los sueldos y eventualmente obligándolo a pagar una sanción financiera. En muchas ocasiones, el derecho laboral francés ha estado bajo acusación por haberlo creído responsable de “limitar la capacidad de las empresas de negociar hacia abajo” la adecuación de los sueldos.

En julio de 2015, en el ámbito del Semestre europeo, las instituciones europeas han intimado al gobierno francés la necesidad de reformar el derecho laboral y favorecer la difusión de derogaciones a las disposiciones de leyes generales a nivel de empresa o sector, en particular en lo que concierne al horario de trabajo. Recomendaciones que han sido respetadas en las reformas contenidas en la Ley de Trabajo.

Las instituciones europeas, por lo tanto, han desempeñado un papel determinante en convencer al gobierno francés para sustraer sueldos y derechos a la clase trabajadora, un papel que se ha sumado a aquel otro tan importante en el país, de los empresarios franceses deseosos entre otros de poner en el rincón a los sindicados.

El referendo (llamado “Brexit”), del 23 de junio pasado, con el que el pueblo de Gran Bretaña se ha declarado, por el voto, favorable a la salida de Gran Bretaña de la UE, ha debilitado el proyecto de la Unión Europea, cuyo abandono ha dejado de ser un tabú. Incluso tratándose de un instrumento ambiguo y distorsionado, todo dentro de la legalidad capitalista, el resultado del referendo ha sido importante porque ha desvelado el desengaño y el miedo de las masas populares, que son golpeadas pesadamente en sus condiciones de vida, respecto de las políticas europeas.

Otro hecho para tener en cuenta es la situación de la pequeña burguesía y de algunos sectores de la pequeña empresa que, golpeados por la crisis y aterrorizados por el continuo empobrecimiento que los arrastra hacia las condiciones del proletariado, se dirigen hacia distintos populismos y nacionalismos que están reforzándose en diversos países.

Ocurre así que este miedo puede ser capitalizado por la derecha racista y xenófoba de partidos como el Front National en Francia, o de la Lega de Matteo Salvini en Italia, que usan este miedo para dividir a la clase trabajadora, o bien de movimientos populistas que se declaran interclasistas y que, presentándose como alternativa, en contraposición a los partidos tradicionales, asumen el papel de salvar el capitalismo del estallido social y, sobre todo, del riesgo de una guerra de clase (como es el caso del Movimiento 5 Estrellas fundado en Italia por el cómico millonario Beppe Grillo, y el empresario recientemente fallecido, Gianroberto Casaleggio).

Si las políticas de la UE son atacadas instrumentalmente por la extrema derecha para recoger votos y consentimientos, la izquierda reformista y neorreformista, en muchos Países, continúan defendiendo y colaborando con el proyecto de la UE, y el problema de una oposición política desde el punto de vista de clase es el problema a la orden del día en todos los países, como en Italia, o en Francia, donde el Nuevo Partido Anticapitalista vuelve a proponer el revisionismo, tratando de conciliar los inconciliables intereses de los revolucionarios con los de los reformistas, como ocurrió en Grecia, donde el reformismo de Syriza condujo las potentes movilizaciones hacia el abismo de la colaboración de clase.

La importancia de la lucha de la clase trabajadora francesa para todos nosotros

La clase obrera francesa ha mostrado su capacidad, se ha organizado para paralizar el país, pero las burocracias sindicales de la CGT, la organización con mayor peso entre los trabajadores, ha tenido siempre una actitud vacilante, todo dentro de la compatibilidad capitalista. Con el derrumbe del aparato estalinista ligado al Partido comunista francés, el aparato burocrático de la CGT ha sufrido una reorganización y, en las recientes movilizaciones, la CGT ha tenido que relacionarse con un sindicalismo de base y con movimientos sociales combativos que proponen análisis, consignas y modalidades de protesta radicales y que ofrecen una perspectiva más general a la lucha.

Es claro que en Francia se está jugando una lucha de clase cuya importancia cruza los confines nacionales, justo en un período como este actual, en el cual las varias recetas que han permitido al capitalismo recobrarse al menos por un período de la crisis económica en los Estados de la Unión Europea y del punto muerto del euro, sosteniendo los beneficios de los grandes empresarios y banqueros, se están agotando.

La aprobación de la Ley del Trabajo en Francia es relacionada con el ataque al derecho de huelga en Italia, que solo fue posible por la complicidad de los sindicados negociadores: en primer lugar la Cgil, que ha imitado una oposición aparente sin informar de modo minucioso y organizar a la clase trabajadora italiana hasta el retiro del “Jobs Act” y de todas las medidas gubernamentales que atacan los sueldos y las jubilaciones, y que tiene a que ver tambien con las políticas de desmantelamiento y privatización de los servicios públicos en todos los países de Europa.

Si el gobierno de un Estado importante de la Unión Europea, como es Francia, con una historia de luchas y conquistas de los derechos sociales, logra imponer un retroceso en los principios fundamentales del trabajo, el riesgo de un retroceso general cada vez más dramático en sectores enteros de la sociedad francesa y europea es un escenario a la orden del día.

La clase trabajadora francesa, que ha demostrado determinación y coherencia en estos meses de luchas, está tratando de defenderse de un ataque que concierne a los trabajadores de la Europa entera, y es útil recordar que estas políticas de austeridad, en esta crisis mundial estructural del capitalismo, también se están actuando fuera de los confines europeos, por ejemplo en Brasil, llamado país emergente, donde, mientras escribimos, la clase trabajadora está luchando contra el gobierno y contra los mil millones gastados por las Olimpíadas en un país donde la pobreza de la población es dramática.

Si bien la Ley del Trabajo ya ha sido aprobada, el juego no está terminado todavía en la sociedad francesa. En todo caso, los sindicados han anunciado un nuevo día nacional de lucha el 15 de setiembre. Si esta nueva movilización será una suerte de “canto” del cisne, si será un ritual más, útil a las organizaciones sindicales para conseguir una nueva fase de concertaciones con el gobierno, en lugar del retiro de la ley, la derrota de la clase trabajadora francesa podría señalar desgraciadamente una ulterior fase de desmoralización y derrota para el conjunto del proletariado europeo.

Pero si la clase trabajadora francesa supiera enfrentar al gobierno, si pudiera imponer a sus organizaciones sindicales y políticas radicalización y coherencia, si “el canto del gallo francés”[2] llamara una vez más, será posible que una nueva oleada de luchas cruce los confines franceses y llame al proletariado de los otros países a la justa lucha por la emancipación de las injusticias y de la explotación.

[1] Consulte nuestros artículos sobre las manifestaciones de los meses anteriores: http://www.alternativacomunista.it/content/view/2319/1 /

http://www.alternativacomunista.it/content/view/2326/1 /

[2] El poeta Heinrich Heine saludó la revolución de julio de 1830 con un célebre texto en el que aludió al gallo francés: “He aquí que el gallo francés ha cantado (gekräht) por la segunda vez, y también en Alemania el día surge…”. Marx subrayó el papel de vanguardia del proletariado francés de 1789 y luego, reutilizando la metáfora del canto del gallo francés contenida en el texto de Heine, escribió que habría sido el canto del gallo francés (alusión al símbolo de Francia) a anunciar la llegada de una nueva oleada de luchas y revoluciones por la emancipación del proletariado de todos los países.

Traducción: Natalia Estrada.