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En los días que siguieron a la redacción de este artículo, los rumores sobre una eventual fusión entre FCA [Fiat Chrysler Automóviles] y Renault continúan evolucionando rápidamente. De inmediato, queremos dejar claro una cosa: poco interesa aquí informar datos y noticias que se encontrarán en los medios burgueses con diferentes matices.

Por: Diego Bossi (obrero de la Pirelli, Italia)

Lo que nos interesa es desenmascarar la televisión y la prensa, en las que se transmite la comunicación engañosa creada a instancia de los patrones y siempre dispuesta a contarnos sobre las fusiones históricas, las agotadoras negociaciones secretamente consumadas durante noches insomnes, las sinergias entre multinacionales que crearon colosales industriales entre los más poderosos del mundo. Una narrativa agotada que ya no fascina más, que ya no tiene ninguna fuerza atractiva; una trama entre la farsa y el chisme que está a años luz de los intereses de los trabajadores, tanto de los de la FCA como de los de Renault, así como de cualquier otra industria automovilística.

La única verdad, obvia y clara, tan obvia y tan clara que corremos el riesgo de imprimir en estas páginas un artículo banal, es que en el sistema económico capitalista, cualquier acuerdo, decisión, acción que los capitalistas tomen, será en su propio interés, un interés que viajará obstinadamente en dirección contraria a los intereses de los trabajadores.

A esta regla que debemos repetirnos como oración en la mañana, tan pronto como nos levantamos, y por la noche antes de irnos a la cama, no escapan las llamadas «fusiones», que no son más que las propias operaciones de carnicería social, donde recortes drásticos de miles de puestos de trabajo directos o indirectos se financian con cantidades exorbitantes de dinero público.

Mentiras gubernamentales y patronales

En este contexto, es útil como cómico (tragicómico) resumir algunas de las primeras declaraciones públicas hechas sobre la fusión FCA-Renault.

Comencemos con Di Maio: «Si FCA ha retirado la propuesta es porque no ha visto conveniencia». Tal vez sea esta su única declaración correcta, incluso si no lo sabe. Porque el ministro grillista, para agraciarse con su base, ciertamente ha querido dar a su afirmación un disfraz patriótico y gallofóbico [antifrancés], sin darse cuenta de que dijo una verdad desnuda y cruda, porque de lo que habla es de la propia conveniencia de la FCA y no de la de los trabajadores.

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Prosigamos este “tour” con los gerentes franceses de la Renault, que dijeron que esa de la FCA es una «propuesta amigable que seguiremos con interés» (sic!). ¿Amigable?, ¿qué tiene que ver la amistad con la fusión entre dos multinacionales? Exactamente, nada. El único faro que la burguesía seguirá será la ganancia y la acumulación de capitales, todo el resto –incluidas las vidas de los trabajadores– deberán moldearse por ese faro.

Es el turno de Conte: «Es una historia que sigo con gran atención (…) le corresponde al gobierno cuidar los niveles ocupacionales (…) pero no orientar la operación»; traducido: los patrones también están de acuerdo con lo que consideran adecuado para sus intereses, luego los despidos directos e indirectos los asumirá la comunidad.

Concluimos con un “bombón”, siempre del ministro Di Maio: «Mi deseo es que pueda crear más trabajo» (…) «las negociaciones están en curso. Damos por sentado que salvaguardamos en primer lugar a los trabajadores y que, más bien, a través del mantenimiento y fortalecimiento del plan de inversiones en las plantas italianas, estos aumentarán en un futuro próximo». Por lo que, para el ministro de Trabajo, la salvaguarda de los trabajadores no es más una preocupación, si se tiene un alto estatus: ¡se da por sentado! No contento con eso, reanuda auspiciando el fortalecimiento de las inversiones en fábricas italianas y el crecimiento del empleo. Pero como bien saben los trabajadores, la historia de las fusiones y adquisiciones es una historia de crisis del capitalismo y de especulaciones que siempre ha producido miles de despidos.

Los exponentes del gobierno mienten sabiendo que mienten, sería suficiente recordarles los años de la gestión Marchionne [1] donde de 2004 a 2013 se presentaron 8 (¡ocho!) planes industriales sistemáticamente incumplidos y descartados, que dejaron a miles de trabajadores despedidos.

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En la aritmética de los despidos, los obreros pagan el precio más alto

Dos sociedades no se fusionan para sumarse aritméticamente, de lo contrario, una fusión no tendría sentido. Dos compañías se fusionan para formar una compañía más grande y más fuerte que puede permanecer en el mercado, dominando una porción más importante.

La resultante práctica de la sinergia entre dos o más multinacionales siempre va en la dirección de la ganancia, revelándose siempre un hacha que amenaza los salarios, derechos y puestos de trabajo.

La fusión genera despidos y los despidos reflejan, cuantitativamente, el esquema piramidal del organigrama de las empresas: un gran número de obreros, un número importante de empleados, pocos gerentes. Pero la verdadera injusticia radica en el aspecto cualitativo, donde –especialmente en el proletariado industrial– las posibilidades de reubicación en el mundo del trabajo están representadas por un esquema piramidal al contrario: los gerentes y los empleados pueden hacer su trabajo en otro lugar, obteniendo una experiencia que, como se suele decir, hace currículo, mientras que los obreros dejan una fábrica como simple mano de obra donde durante años han sido –para decirlo con Marx– apéndices y accesorios de una máquina, una máquina que existe solo en esa fábrica para producir ese tipo de mercancía para el patrón. El obrero industrial, sin importar que tan capacitado esté para conducir su maquinaria, nunca tendrá a mano un trabajo que desempeñar fuera de la fábrica. El capitalismo limita el valor de su experiencia solo al perímetro interno de la empresa.

Si un obrero industrial pierde su trabajo, automáticamente pierde años de su experiencia laboral, encontrándose compitiendo por una ocupación con jóvenes que son más eficientes y explotables desde el punto de visto del capital.

El internacionalismo nos muestra el camino revolucionario

Nosotros, de Alternativa Comunista, no cometeremos los errores que, lamentablemente, cometen a menudo muchas fuerzas políticas y sindicales reformistas y estalinistas, de contraponer los intereses de los trabajadores italianos a los de los otros trabajadores del mundo. No solo porque siendo internacionalistas y nuestro partido sección italiana de la Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional, terminaríamos inevitablemente contraponiéndonos a otras secciones de nuestra Internacional; no solo porque, de conformidad con esta política hipócrita y absurda, respaldaríamos el cierre de fábricas italianas de propiedad extranjera; sino, sobre todo, porque una verdadera política de clase sin internacionalismo no existe y nunca podrá existir; el concepto mismo de clase es internacionalista, el proletariado no puede ser circunscrito a las fronteras de los Estados burgueses, la burguesía contra la que luchamos es internacional y centralizada.

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Por lo tanto, el internacionalismo es inherente a la lucha de clases y nos muestra el único camino posible que los trabajadores pueden asumir sin correr el riesgo de chocarse entre sí en beneficio de los patrones: la revolución socialista, a través de la expropiación de los medios de producción de la burguesía, la toma del poder y la conformación de un Estado obrero, libre del beneficio de una minoría de multimillonarios que está destruyendo el planeta y matando de hambre a los pueblos.

Obreros de FCA y Renault, ¡únanse!

[1] https://www.alternativacomunista.it/politica/sergio-marchionne-un-uomo-contro-la-classe-operaia

Traducción: Natalia Estrada.