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Entrevista a Daniele Cofani, dirigente obrero de la dura lucha de los trabajadores de Alitalia.

Entrevista de Fabiana Stefanoni

Daniele Cofani es un trabajador de los transportes, entre los compañeros que han dirigido la dura lucha de los trabajadores y trabajadoras de Alitalia. Una lucha que, como recuerda Daniele en esta entrevista, gracias a las huelgas y a la movilización a ultranza, ha logrado rechazar el plan de liquidación [venta rebajada] y los despidos orquestados por la empresa, el gobierno y las grandes burocracias sindicales. La decisión de Daniele –así como de otras importantes vanguardias obreras– de adherir a nuestro Partido y a nuestra Internacional nos enorgullece y nos confirma que este que estamos recorriendo es el camino justo: el de la construcción de una dirección revolucionaria internacional de las luchas, que pueda derribar al capitalismo. Ese capitalismo que cada día muestra más su rostro bárbaro y deshumano: explotación salvaje, racismo, represión violenta de las luchas, violencia machista, esclavismo, guerras.

—Daniel, tú eres uno de los compañeros que han organizado la extraordinaria lucha en Alitalia. Una lucha donde un sindicato de base combativo, el Cub Transportes, ha doblegado al gobierno, la empresa y a los grandes burócratas sindicales. ¿Nos resumes los momentos principales de esa lucha?

—Sin duda, el buen resultado del camino de la lucha de los trabajadores de Alitalia se debe a la suma de más factores, entre los cuales ha prevalecido, en primer lugar, la gran participación y el compromiso de colegas como nunca había sucedido antes, que ha cambiado completamente el control, por parte de las grandes burocracias sindicales, de su propia base. Todo se inició en el momento en que la dirección de Alitalia, en diciembre de 2016, decidió hacer pagar por enésima vez a los trabajadores el costo del fracaso de la privatización de Alitalia, como ya había sucedido en 2008 y en 2014, donde fueron miles los compañeros despedidos, y los cortes a los salarios y a los derechos para los que continuamos trabajando. En aquel preciso momento, la mayoría de los trabajadores, liberándose de las cadenas del clientelismo, decidió “afiliarse” a la única organización sindical que en los años pasados no había nunca firmado, oponiéndose, a los acuerdos que habían permitido la privatización y los cortes. Es por eso que logramos conducir una cabalgata vencedora, hasta y más allá del referendo, con huelgas, bloqueos y manifestaciones, un verdadero tsunami para la empresa, el gobierno y las burocracias sindicales.

Fueron cuatro huelgas imponentes (de febrero a abril de 2017), con centenares de vuelos cancelados y un río pleno de trabajadores en cortejo por las calles del aeropuerto de Roma Fiumicino, como las muchas guardias frente a los Ministerios de Transportes y de Desarrollo Económico. Fueron momentos de lucha en los que los trabajadores tomaron conciencia de la propia fuerza y de las propias razones: incluso gracias a la lucha han madurado la decisión de votar NO en el referendo y al enésimo plan de cortes. Claramente, el referendo ha sido el ápice de todo: nosotros, como Cub Transportes, y los compañeros de AirCrew Comité (comité de equipajes) instituimos el comité del NO yendo contra todos, a partir del gobierno y siguiendo por las otras organizaciones sindicales y de los medios. Asistimos por cinco días consecutivos las mesas electorales hasta el escrutinio del 24 de abril, que sentenció la victoria del NO con 68% de los votos. A continuación del referendo hubo otras dos grandes iniciativas de lucha, importantes por el valor no solo simbólico de la solidaridad y por su gran éxito: la manifestación a Roma del 27 de mayo –en la cual junto con los trabajadores de Alitalia salieron a las calles millares de trabajadores de otras empresas y sectores– y el 16 de junio, día en el que, siempre en solidaridad, entraron en huelga todos los sectores del transporte, cada uno con sus propias reivindicaciones: fue una jornada memorable, pararon el país y hubo duras reacciones de parte del gobierno y de las burocracias sindicales.

—Justamente durante la movilización se avanzó la consigna de la nacionalización como única respuesta posible a la crisis de la compañía. Hoy, con el nuevo gobierno, ¿cuál es la perspectiva que ven los trabajadores de Alitalia?

—Nuestra lucha por la nacionalización parte de lejos, de los primeros años de 2000: mientras todas las otras organizaciones sindicales avalaban, además de los planes de la empresa también el arreglo social, hasta prever la total privatización de la ex compañía en 2009, nosotros ya reivindicábamos la nacionalización como única solución. Y hoy, con el nuevo gobierno, la perspectiva para los trabajadores han cambiado pero continúan sin ser alentadoras. Los dos ministros que tienen en manos el dossier de Alitalia son del partido Cinco Estrellas (en el MISE y el MIT): ni cuando el M5S [Movimiento 5 Estrellas] estaba en campaña electoral, ni mucho menos ahora que es gobierno, tuvo nunca en su campo un propuesta real y concreta de reactivación de la compañía. El ministro de Desarrollo Económico, Di Maio, repite continuamente que una participación estatal en Alitalia no es un tabú, sin poder explicar cuál sería la entidad de esta participación y sobre todo qué papel de decisión y de control estratégico tendría el Estado sobre la futura compañía. Tengo la impresión de que detrás de los eslóganes de Cinco Estrellas no hay ninguna propuesta buena, sino la amenaza de heredar aquello del pésimo ex ministro Calenda o, en todo caso, la misma propuesta con pocas modificaciones, que amenaza concluirse, en todo caso, con la venta de Alitalia (o de gran parte de esta) a un partner (socio) internacional: por enésima vez se pasaría la compañía de bandera y el control estratégico del transporte aéreo italiano a un comprador extranjero. Mi sospecha encuentra confirmación en el hecho de que De Maio, a pesar de la “batalla” preelectoral del M5S contra el nombramiento de los tres comisionados por parte del gobierno anterior, ha decidido, junto con la Liga, dejarlos en sus puestos, aun cuando tengan el mandato preciso de redimensionar y vender Alitalia (todavía son 1.500 los trabajadores injustamente suspendidos del trabajo por la “cassa integrazione” es decir, una suspensión del trabajo con apoyo económico del Estado), tarea que hasta ahora llevan adelante paso a paso.

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Si así están las cosas, contará poco la eventual participación pública, que servirá solamente como pasaje funcional a la reestructuración de la compañía y/o para garantizar las inversiones de los futuros compradores. Dicho esto, creo vivamente que la única perspectiva para los trabajadores de Alitalia es la reanudación lo más pronto posible de la lucha en larga escala, intentando desequilibrar esto teniendo en cuenta las relaciones de fuerza: a esto estamos apuntando, poniendo ya en calendario iniciativas de movilización y preparándonos para cualquier eventualidad.

—¿Ves analogías entre vuestro conflicto y el de Ilva?

—El caso Ilva es, en mi opinión, la prueba de fuego: hubo promesas de nacionalización, saneamientos, desarrollo, emisiones cero y, en cambio, nos encontramos con la reorganización del más grande polo siderúrgico italiano, con 3.000 despidos, la venta a una alianza franco-china, una ciudad como Taranto condenada todavía a la contaminación, la muerte y el riesgo de acaparamiento de la producción por parte de los mismos compradores privados. Lo que me preocupa es que hay organizaciones sindicales de base que, después de haber firmado el acuerdo en Ilva, ahora están ensalzándolo y también reclamando por el conflicto de Alitalia. Estoy hablando de los representantes de Usb, que continúan reivindicando nacionalizaciones en todas partes, pero luego, en una suerte de bipolarismo sindical, avalan arreglos empresariales y privatizaciones en todas partes donde están presentes. Es aquí que encuentro la analogía más grande entre el conflicto Ilva y la atormentada historia de Alitalia: en la firma de los acuerdos de parte de quien, hasta el último minuto, se proclama paladín de la justicia social, pero que al final capitula para garantizar funciones y pequeños privilegios para la propia organización. La analogía continúa en los contenidos de los acuerdos: los contenidos de los acuerdos en Ilva son justo la fotocopia de los utilizados para la privatización de la ex compañía de bandera en 2009, en que, a través de una ley ad hoc (ley Marzano) de memoria Berlusconi (a la cara del cambio…), fueron “driblados” todas las tutelas para los trabajadores en el pasaje de una empresa a la otra, obligándolos a dimitirse (despedirse) para ser después recontratados (quizás) en la nueva sociedad. La única diferencia entre Alitalia 2009 e Ilva 2018 está en la gestión de los despidos: en Alitalia, a quien no fue recontratado, le dieron siete años de suspensión del trabajo con ayuda de parte del Estado, en Ilva se darán incentivos cercanos a 100.000 euros brutos (70.000 euros netos).

—Tú siempre has estado empeñado también en la construcción de una coordinación nacional e internacional de las luchas de tu sector de trabajo. Empeño que se ha traducido en la colaboración activa con el Frente de Lucha No Austerity en Italia y con la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas [RSISL] en nivel internacional. ¿Nos cuentas alguna experiencia?

—A decir verdad, siempre he querido dedicarme más allá del ámbito nacional, también en el internacional, a intentar construir coordinaciones junto con otros compañeros de distintas realidades, no solo del sector aéreo, con el objetivo de crear un frente más amplio y fuerte posible de trabajadores. Esto también para tratar de superar las diferencias entre las organizaciones sindicales que a menudo están distantes de sus trabajadores de base: de eso son un ejemplo las gestiones de las huelgas generales del sindicalismo de base. El estallido del último conflicto de Alitalia me ha dado la posibilidad de poner en práctica concretamente, esta mi propensión a reforzar la coordinación de las luchas.

Como dije antes, fueron muy emocionantes la manifestación del 27 de mayo y la huelga del 16 de junio, en las cuales hemos conseguido conectar en momentos unitarios, sobre la base de la solidaridad, luchas de trabajadores de otras empresas y sectores, cada uno con las propias reivindicaciones. Sin embargo, en todo esto sentí que faltaba algo que diera cuerpo y continuación a mi convicción y a la necesidad de tratar de hacer dialogar y confrontar entre los trabajadores de empresas y sectores diferentes. La respuesta a estas exigencias la encontré en el Frente de Lucha No Austerity, la primera verdadera coordinación que, con respeto por las diferencias y pertenencias sindicales, pone como su principal objetivo unir a la clase contra los patrones. En nivel internacional, la misma respuesta he encontrado en la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas.

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En particular, con respecto a la experiencia internacional, la primera fue en Roma con los compañeros de AirFrance del sindicato Sud Arién, con los que nos encontramos luego en julio, después del referendo. Fue una reunión muy interesante, que acabó con un texto público y con el compromiso de seguir manteniendo vivo el contacto. Importantísima, sin duda, y una de las experiencias más bellas de mi vida, fue la invitación y mi participación, en octubre de 2017, al Congreso de la CSP-Conlutas en Brasil, donde, frente a millares de delegados procedentes de todo el país, me fue dada la posibilidad de contar la luchar que estaba llevando a cabo Alitalia. A seguir, ha sido muy interesante participar también del Primer Encuentro de las Américas, de la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas, ocurrida en San Pablo; como fue inolvidable haber hecho después un tour por las tierras ocupadas y las fábricas en huelga, donde hemos podido llevar nuestra solidaridad. Otras importantes iniciativas internacionales en las que he tenido el placer de participar fueron el III Encuentro de la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas que se llevó a cabo en Madrid, en enero de 2018 y en el cual, a través de un documento sobre la situación global del sector aéreo, hemos logrado hacer “despegar” una coordinación internacional de realidades combativas del sector. Para terminar, una experiencia a la que doy mucho valor es haber sido invitado por parte de los obreros de la Embraer (empresa de construcción aeronáutica brasileña) a su congreso, en São José dos Campos (Brasil), sobre la defensa de la nacionalización de su empresa: he contado las consecuencias que hemos padecido con la privatización de Alitalia y la consiguiente pérdida del carácter público de un sector estratégico de nuestro país.

—¡Y ahora vamos a nosotros! Tu decisión de adherir al PdAC y a la LIT nos llena de orgullo. ¿Puedes decirnos cuáles han sido los motivos principales que te han convencido a unirte a nosotros?

—Antepongo que, en 40 años de vida y 15 de activismo sindical, es la primera vez que decido adherir a un partido, pero no porque hasta ahora viviese desinteresado por los hechos políticos o porque pensara que la política no recaía directamente sobre nuestras vidas, ¡más bien, todo lo contrario! Mi decisión de no adherir a ninguna organización política se asentaba en el hecho de que, hasta aquí, a lo largo de mi camino, no había encontrado nada que pudiese acercarse mínimamente a la visión de cómo yo entiendo la militancia política. Esto también porque, hasta hoy, pagamos caro los horrores heredados del estalinismo, que todavía viven y vegetan en muchas organizaciones, cosa que me ha alejado por largo tiempo de la posibilidad de adherir a un partido definido “comunista”. Para no hablar del oportunismo electoral que surge en cada convocatoria, incansablemente, alianzas a izquierda en las que solo cambian los nombres de las coaliciones pero nunca las individualidades y las organizaciones adherentes: todo con el solo objetivo de ganar algún escaño en el parlamento ilusionando a los electores con que se puede cambiar el sistema desde adentro.

Hace cerca de 15 años que soy activista y representante sindical de Cub Transportes en Alitalia, pero han sido muchos otros, en estos años, los conflictos que nos han visto protagonistas en el aeropuerto de Fiumicino, sea entre las sociedades de handling [maleteros] (Groundcare) como en general en la Argol (limpieza, comedores…) y la principal aptitud, que nos ha caracterizado siempre en nuestro camino, ha sido siempre el total rechazo a anteponer eventuales privilegios, que habríamos podido alcanzar con la firma de acuerdos y contratos, frente a las reales necesidades de los trabajadores.

Esto porque creemos, y estoy plenamente convencido de esto, que el único camino que realmente puede cambiar el estado de las cosas debe pasar por una agitación general de los trabajadores que los una en la lucha, superando incluso las fronteras nacionales: los patrones están bien organizados globalmente para atacar a los trabajadores y la respuesta no puede más que ser internacional, no hay alternativas ni mucho menos atajos. Todo esto para decir que desde el primer día que he empezado a frecuentar las actividades del partido, en el que he podido descubrir y profundizar trayectorias y posiciones, he tenido enseguida la impresión de encontrarme en un ámbito familiar, en el cual hallé las consignas sobre temas principales (estalinismo, opresiones, explotación, etc.) que desde siempre hacen parte de mi propio ADN. Incluso sí, para ser sincero, la chispa que ha hecho explotar en mí la decisión de adherir al PdAC y en consecuencia a la LIT, es la propia actividad internacional y el sueño de ver un día una Cuarta Internacional fuerte y capaz de combatir globalmente la barbarie del capitalismo.

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—Tú eres un compañero que siempre ha estado muy atento a las dobles opresiones como el racismo y la violencia contra la mujer. ¿Qué piensas del empeño del PdAC y de la LIT en este terreno?

—Absolutamente sí, las opresiones son uno de los principales instrumentos en manos del capitalismo para reprimir y dividir a la clase trabajadora a fin de explotarla y controlarla: tenemos amplios ejemplos de ello con el gobierno de la Liga, que ataca y reprime al son de declaraciones, decretos y propuestas de leyes contra los inmigrantes, las mujeres y las LGBT. Respecto a la dedicación del PdAC (y de la LIT) en este terreno, me animo a decir que está entre las pocas organizaciones, encontradas hasta ahora, que desarrolla la problemática de las opresiones desde el punto de vista de la clase trabajadora y sobre todo del proletariado: el racismo y las opresiones de cada género son una batalla de clase y no pueden enfrentarse desde un punto de vista interclasista, el socialismo no admite ningún tipo de divisiones sino la que nos distingue de la burguesía.

A través de los textos que he leído, producidos por el PdAC y por otras secciones de la LIT, indudablemente he podido mejorar mi conciencia y en consecuencia también mis actitudes respecto de los inmigrantes y sobre todo de las mujeres: es absolutamente justo y necesario un análisis y una eventual autocrítica a partir de las propias vanguardias que no son inmune a posibles derivas. Con seguridad el empeño en este terreno no deberá cesar y no deberíamos nunca poner límites de balance y avance: en este sentido me hace feliz que en el próximo congreso de la LIT las opresiones serán un tema central.

—¿Próximos empeños de la lucha nacional e internacional?

—El conflicto de Alitalia será, todavía, indudablemente, el campo de batalla de los próximos meses y justo en estos días en que respondo a esta entrevista, con las otras compañeras y compañeros de Cub Transportes hemos organizado dos guardias frente al Ministerio de Desarrollo Económico, el 5 y el 12 de octubre. La segunda guardia ha sido organizada en concomitancia con una convocatoria del Ministro a todas las organizaciones sindicales, encuentro en el que De Maio, en plenario, explicó qué tenía en mente para el futuro de Alitalia y sus trabajadores. Declaraciones que aparecen en contradicción respecto del pasado gobierno, pero que quedan iguales (empresa única con participación pública, cero despidos, inversiones y desarrollo) en tanto no se sepa su factibilidad y concreción. No obstante, son declaraciones que en todo caso han alimentado las ilusiones de los trabajadores justo en las vísperas de la ya difícil huelga general que deberíamos afrontar el 26 de octubre. Importante, siempre en la jornada del 12 de octubre, ha sido compartir la plaza del Ministerio con los compañeros del transporte público romano (Atac) en huelga para solidarizarse con una activista suya que padeció una fuerte represión, hasta su despido, por haber denunciado problemas de seguridad en los medios de transporte.

En lo que concierne a las próximas iniciativas internacionales, me encuentro justo en vísperas del Primer Encuentro internacional del sindicalismo combativo del sector aéreo, que tendrá lugar en Madrid los días 15 y 16 de octubre (1), donde seremos huéspedes de trabajadores de Iberia del sindicato CGT. Del encuentro participarán compañeros del sector aéreo provenientes de Francia, Italia y Portugal, que durante este año y medio han tomado contacto a través de intercambios de solidaridad e informaciones, también gracias a la Red Sindical Internacional, y que han decidido compartir posiciones y experiencias para hacer nacer una coordinación que sea capaz de agregar más realidades combativas posibles, con el objetivo de conseguir organizar momentos de lucha unitaria. Los saludo con la promesa de que los pondré al día con los resultados de esta increíble experiencia.

(1) El Encuentro se ha desarrollado de modo provechoso y, entre otras cosas, se ha aprobado una moción para reclamar la libertad inmediata de Daniel Ruiz.

Artículo original publicado en Progetto Comunista. Disponible en: https://www.alternativacomunista.it/politica/perch%C3%A9-ho-deciso-di-aderire-al-pdac-e-alla-lit-quarta-internazionale

Traducción: Natalia Estrada.