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Mirando las fotos de la manifestación en Roma, organizada por los sindicatos confederados el 9 de febrero, me sorprendió la imagen de un pensionado del SPI (una categoría de jefes jubilados de la CGIL-nda) que enojado expuso un cartel con la inscripción: «Manos fuera de nuestras pensiones».

Por Diego Bossi (obrero de la Pirelli, Italia)

Una imagen que provoca enojo y tristeza, porque es la imagen de millones de mujeres y hombres que han trabajado toda una vida para enriquecer a sus amos o para servir a las instituciones del Estado burgués y hoy están presenciando otro ataque a sus pensiones: frutos para exprimir cuando eran asalariados, cáscaras para ser descartadas cuando se jubilan.

Pero para agregar rabia a la rabia está el hecho de que ese jubilado, inconsciente de la estafa de la que es víctima y de los estafadores que la están organizando, debería haber dirigido ese cartel a la manada de vendedores de Folletto[1] (con el debido respeto a la categoría, también víctima de este robo legalizado) que estaban en el escenario murmurando sobre trabajo y derechos. Porque del gran bluff, según la tradición, participan a pleno las burocracias de CGIL, CISL y UIL [centrales sindicales], que a través del bilateralismo en los CCNL [contratos colectivos nacionales del trabajo] habitualmente hacen negocios “dorados”.

Si me das 50 euros te ofrezco una cena de pescado

Este subtítulo puede parecer absurdo, pero explica muy bien cuál es la dinámica que está por detrás del bienestar corporativo. El sistema, introducido por la ley de estabilidad de 2016 y confirmado posteriormente, brinda la posibilidad de convertir, incluso parcialmente, el premio de productividad en uno o más servicios Welfare [de bienestar, compensatorios, asistenciales]. Estos servicios pueden ser de lo más variados, desde cupones de combustible o cupones para almuerzos escolares hasta inscripciones en gimnasios, desde cupones de comida utilizables en una cadena de supermercados hasta servicios de atención domiciliaria para familiares discapacitados. La oferta tiene su propia capacidad de atracción porque a menudo se refiere a gastos importantes que los trabajadores deben soportar en su vida cotidiana y, por su parte, las empresas, con la colaboración inevitable y fiel de los sindicatos confederados, de hecho, principalmente a través de ellos, la presentan con trompetas y golpes de tambor, anunciando también un beneficio compensatorio mayor que el premio en dinero.

La pregunta que surge espontáneamente, que es la pregunta que se hace un trabajador a lo largo de su vida laboral cada vez que introducen alguna novedad que se presenta como positiva para los trabajadores, es: ¿dónde está la trampa? Y la respuesta está, de hecho, bien resumida en nuestro subtítulo, porque la ley establece un subsidio y una exención de impuestos sobre la prima o sobre partes de ella convertidas en asistencia social; y de aquí parten una serie de consideraciones importantes, pero el significado principal que debemos expresar claramente es uno: los patrones están ahorrando dinero que podrían destinar a nuestra jubilación, a nuestra TFR [indemnización por despido o liquidación], y al estado de bienestar universal y público (que es de lo que se benefician los trabajadores, porque los capitalistas se lo pueden permitir en privado). Ahora llegamos a las consideraciones: 1) la parte de la prima excedente respecto del importe convertido es un «regalo» que las empresas hacen a los trabajadores pagando con el dinero de los propios trabajadores; 2) los trabajadores están obligados a gastar su prima solo en un rango limitado de opciones ofrecidas por los patrones, estando también subordinados a las reglas y a la documentación que deben proporcionar; 3) los patrones aumentan la relación de lealtad con los empleados que, en consecuencia, serán más vulnerables, porque todos los servicios asistenciales que usarán estarán vinculados a la relación de trabajo, vale decir que quien pierda su trabajo también perderá el derecho de acceso a la compensación; 4) el bienestar público, que por derecho debería corresponder a todos, será aún más pobre porque el dinero libre de impuestos no ingresará ni se destinará a los trabajadores. Simplemente permanecerá en los bolsillos de los patrones. Nos ofrecieron la cena de pescado con nuestro dinero, sin siquiera preguntarnos si la queríamos; quizás si nos hubieran dejado 50 euros en los bolsillos, lo habríamos gastado de manera diferente.

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Comprender el origen del mal

Hay una frase muy recurrente que en los lugares de trabajo sindicalizados los distintos delegados y sindicalistas no pierden la oportunidad de repetir: «hay una ley del Estado, no podemos hacer nada»; este es un clásico enfoque reformista que las burocracias sindicales confederadas siempre han mantenido, un mensaje que contiene más mensajes, todos dirigidos a un solo propósito: desalentar a los trabajadores, evitar el conflicto, y crear las condiciones para sus negociaciones exclusivas con la burguesía. Además, es erróneo pensar que los problemas de nuestra clase tienen origen en el Estado: si no conocemos la enfermedad, no podemos buscar la cura. Y la enfermedad es el capitalismo, esto significa que el poder político está subordinado al poder económico, por lo que el Estado no es la causa de la injusticia social sino la mejor herramienta para legitimarla y aplicarla en nombre de los capitalistas. Y el bienestar corporativo es un ejemplo entre muchos, y ni siquiera el más importante.

Aprender a conocer al enemigo de clase para defenderse

La técnica conocida como «técnica de la rana hervida» es peculiar de los regímenes democráticos burgueses, y toma el nombre de una investigación universitaria realizada en el siglo XIX, en la que los investigadores notaron que al arrojar una rana en una olla de agua hirviendo, esta saltaba afuera, en cambio, poniéndola en una olla de agua fría y calentando el agua gradualmente y de manera constante, la rana terminaba hervida.

La burguesía también utiliza esta técnica para elevar el nivel de explotación del proletariado; para crear nuevos instrumentos para proteger sus ganancias; para introducir normas liberticidas que dañan la democracia obrera, a fin de controlar mejor a los trabajadores. Operaciones todas, que hechas de modo brusco y repentino crearían un shock social difícil de manejar y perjudicial para la riqueza de los capitalistas.

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Por eso es importante que el proletariado sepa analizar las dinámicas de la lucha de clases y captar la trama que conecta todos los ataques patronales en un arco temporal de mediano a largo plazo: solo de esta manera tendrá las herramientas para defenderse y prepararse para futuros ataques.

Por todo lo escrito hasta aquí, podemos deducir que la introducción del bienestar corporativo no es una oportunidad de elección más para los trabajadores, sino una forma para los patrones de beneficiarse también con sus premios de productividad. La introducción del bienestar corporativo tiene, ante todo, un valor político, porque introduce el concepto de que el dinero de los trabajadores puede ser convertido en servicios. Estamos hablando de un concepto fuerte, importante, donde la técnica de la rana hervida es necesaria, y para implementarla a regla de arte se necesita la colaboración del Estado burgués, de los partidos reformistas, y de las burocracias sindicales concertadoras. Se necesita poner a los trabajadores en la olla de agua fría, presentando seductores todos los nuevos servicios que el patrón pone a su disposición, y para mantener calmados los ánimos más agitados será necesario que el bienestar empresarial sea de carácter voluntario; luego llegará el momento de encender la llama al mínimo, diciendo que hay una ley del Estado que introduce el asistencialismo, por lo que los sindicatos a nivel local no pueden hacer nada: “son luchas más grandes que nosotros”, “no podemos cambiar el mundo desde la fábrica”; será entonces el momento de girar la perilla y elevar la llama, introduciendo primero el silencio que asiente; luego, la asistencia obligatoria para todos. ¿Cuál será la ebullición definitiva? Hemos utilizado la asistencia solo en premios de productividad con excelentes resultados, ¿por qué no extenderlo también a partes del salario?

¿Crees que todo esto es exagerado? ¿Qué hubieras pensado hace veinte años si te hubieran dicho que en algunos años, para ingresar a la RSU, sería necesario limitar el derecho de huelga y permanecer fieles a la línea de las secretarías? O, ¿qué habrías pensado si hace veinte años te hubieran dicho que en el futuro en las renovaciones de contratos serían los patrones quienes exigirían la devolución del dinero?

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Siempre habrá un «excelente» acuerdo entre confederaciones, listo para alardear fuertes palabras como comisión paritaria, organismos bilaterales, bienestar corporativo, representación; y frases de efecto listas para explicarnos que es de interés común para las partes combinar las exigencias de los trabajadores y las empresas a fin de hacer avanzar el sistema nacional.

¿Y los trabajadores? ¿Cuánto han perdido los trabajadores por décadas detrás de estas palabras?

Al comienzo de este artículo escribí que el jubilado tendría que dirigir sus quejas a los vendedores Folleto en el escenario, en alusión a los dirigentes de las burocracias sindicales negociadoras. Me equivoqué y pido disculpas: los vendedores Folletto son trabajadores explotados por una empresa multinacional, que para ganarse la vida intentan vender escobas eléctricas que aspiran el polvo de los pisos. No deben asociarse con aquellos que han aspirado salarios y derechos de los trabajadores, y el polvo, una espesa capa de polvo, los hizo acumularse sobre conflictos sociales, en un país con una de las más bellas e importantes historias del movimiento obrero en el mundo.

[1] Evento conocido con ese nombre, que en abril de este año otorgó el premio agente italiano Folleto 2018 a Alberto Lasia, un joven de 24 años que obtuvo el reconocimiento de la empresa Vorwerk Italia por su récord en ventas de aspiradores de polvo, ndt.

Artículo publicado por el PdAC, Italia, en Progetto Comunista, 24 de junio de 2019. Original disponible en: https://www.partitodialternativacomunista.org/

Traducción: Natalia Estrada.