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La precaria situación económica y su crisis a nivel internacional provocada por la misma clase dominante y patronal, ha generado que los distintos gobiernos apliquen cada vez más ajustes contra los bolsillos de las y los trabajadores.

Por: Camila R. y Natalia Torres

En Latinoamérica, podemos ver claramente esta situación en Venezuela, en Argentina y Brasil. Pero también hay casos de países que viven en una permanente y grave situación de sobreexplotación pero además invasión, como es el caso de Haití.

Toda esta realidad ha generado una ola de migraciones en todo el mundo, trabajadoras/es, y pobres viajan a otros países en busca de mejores oportunidades, empleos que no roben ni los despojen tanto como lo han vivido hasta ahora, teniendo que dejar familias, seres queridos y sus hogares atrás.

Esta situación se ve drásticamente aumentada luego de la masacre que está viviendo el pueblo sirio por parte de Bashar Al Assad, masacre que lo obliga a defenderse mediante la lucha armada, pero que también obliga a muchas familias a escaparse, generando así una de las olas migratorias más importantes del último tiempo.

Es en este contexto que vemos en Chile un importante aumento de inmigrantes y, las razones para migrar pueden ser variadas, pero en Chile predomina el interés laboral. En su mayoría con trabajos precarios, o directamente sin contratos o en condiciones de semiesclavitud.

Dentro de esa situación de la clase trabajadora, las mujeres somos las más afectadas, pues los patrones se escudan en “la inferioridad o debilidad” de la mujer para sobreexplotarnos. Por poner unas cifras, en esta inmigración predominan las mujeres: en 2014, 52,6% fueron mujeres y 47,4% hombres, según datos del Departamento Extranjería y Migración. Es decir en estos trabajos más precarios hay más mujeres que hombres inmigrantes.

La mayor tasa de inmigración femenina se debe a la “feminización de la pobreza”, esto quiere decir que las mujeres al ser relegadas en sus países a tareas no remuneradas como ser jefa de hogar o trabajos aún más precarios, buscan poden emigrar a países donde tengan acceso a mejores oportunidades laborales.

Sobre su distribución en los distintos campos laborales, investigaciones realizadas por Pavez permiten indican que: por ejemplo, desde los 90, las mujeres peruanas han ocupado el nicho de servicio doméstico, fenómeno que hoy, con las mujeres ecuatorianas y bolivianas, dice, está cambiando[¹].

El trabajo doméstico ha sido conocido por sus situaciones de flexibilidad y precarización laboral, en ocasiones incluso se trabaja “puertas adentro”, teniendo las mujeres que dejar atrás incluso sus seres cercanos dentro de Chile para poder ganar un “mejor” sueldo.

Otra área donde se ve en aumento mujeres inmigrantes son en trabajos subcontratados como en empresas de aseo, también sometidas a condiciones precarias e incluso en ilegalidad, pasando a llevar derechos tan básicos como el prenatal.

Con respecto a la prostitución, se estima que aproximadamente 50% de las mujeres que la ejercen son extranjeras, de diversas nacionalidades; cuando se les pregunta por qué la ejercen, indican que debido a la falta de oportunidades laborales en Chile o a los bajos sueldos que reciben, sin embargo, estas mujeres quedan absolutamente desprotegidas tanto en lo que respecta a la seguridad personal como en el acceso a salud.

Por su parte, las mujeres y trabajadores de Haití vienen del país más pobre de América, la mitad de su población vive sin acceso al agua potable, la pobreza bordea el 80%. Sumado a lo anterior, las mujeres son víctimas de casos de abusos sexuales cometidos por los “cascos azules” de la ONU, abusos que han sido totalmente naturalizados; muchas de esas mujeres llegan a Chile y luego siguen siendo acosadas acá tanto por chilenos como también por los mismos haitianos.

De toda esta nefasta realidad se vienen escapando las y los inmigrantes que llegan a Chile, y si bien en muchos casos son bien recibidos por sus pares trabajadores chilenos, también han encontrado fuertes rasgos xenofóbicos, de discriminación, por ejemplo la falsa idea criminalizadora de que vienen a robar o cometer delitos (impulsada por la derecha tradicional), la misma situación que han vivido algunos haitianos en el metro, donde son presionados u obligados a “dar el asiento” con una serie de descalificaciones solo por el hecho de no ser chilenos.

Las y los trabajadores inmigrantes y chilenas/os somos de la misma clase: la trabajadora. Las y los inmigrantes no nos vienen a “robar el empleo”, todo lo contrario, buscan salir de la situación de injusticias y abusos a las cuales han sido sometidas/os, pero llegan a Chile y si bien aparentemente puede ser “mejor” que en su país de origen, la precarización, abuso y sobreexplotación se mantienen igual.

Por eso, para emancipar a las mujeres inmigrantes, a las trabajadoras de todos los países, a nuestra clase trabajadora de conjunto debemos luchar solidariamente y en unidad con los inmigrantes, por el fin del abuso, el fin de la opresión que en caso de las mujeres inmigrantes es doble: por ser inmigrantes y mujeres. Por el fin de la explotación, por una sociedad opuesta al capitalismo: por un gobierno de las y los trabajadores, por una sociedad socialista. (1) http://www.latercera.com/noticia/en-quetrabajan- los-inmigrantes-en-chile/

Artículo publicado en Alternativa Comunista n.° 38, Chile, marzo de 2017.-