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En el primer informe que escribí, expliqué un poco sobre los orígenes del descontento social en Chile, que llevó a la explosión social que estalló el último viernes. También relaté cómo fueron los primeros días de esa verdadera rebelión. El “oasis” de modernidad y estabilidad de América de Sur explotó. El mensaje de la población trabajadora es claro: el tan celebrado modelo chileno neoliberal fracasó.

Por: David Espinoza

En este segundo texto, quiero contar cómo sigue la rebelión entre el domingo (10/10) y el lunes (21). Después escribiré otro sobre los eventos de este martes.

Durante los procesos revolucionarios, o rebeliones sociales, el tiempo pasa muy rápido. Las cosas avanzan de forma veloz, todos los sectores sociales se mueven, las contradicciones acumuladas saltan. El tiempo de las cosas ya no se contabiliza en el calendario electoral, los años se transforman en días, horas. En el Brasil vivimos un poco de eso en junio de 2013.

La explosión social que comenzó el viernes por la noche (18/10), en Santiago, se extendió luego a decenas de otras ciudades. El domingo por la noche ya tomaba casi todas las ciudades del país, el gobierno ya había anunciado el Estado de Emergencia y ocupado las principales ciudades con más de 10.000 militares. En la noche del domingo, Andrés Chadwick, ministro del Interior, responsable por la represión, anunció medidas aún más duras para combatir “a los delincuentes” que estaban destruyendo el país. El presidente Sebastián Piñera, también en su discurso, dijo que “estamos [supongo que el gobierno y los empresarios] en guerra contra un enemigo poderoso, que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite”. Acertó. El enemigo es peligroso, es el pueblo encolerizado.

También en la televisión, una importante representante del gobierno anunciaba el aumento del número de muertos para 7 (según ella, todos ligados a incendios en supermercados y otros comercios). La noche-madrugada del domingo fue de conflictos, el número de muertos aumentó. Hay innumerables videos de militares y policías golpeando a personas en las calles durante el toque de queda. En uno o dos videos, los policías aparecen literalmente secuestrando personas, poniéndolas dentro de automóviles particulares y desapareciendo. La rabia en las periferias aumenta. Durante el toque de queda –no hay testigos– es hora de cometer atrocidades.

También el domingo por la noche, un importante comunicado comenzó a circular por internet. Las federaciones y los sindicatos mineros de las principales minas del país anunciaban la intención de entrar en huelga.

Como dije en el otro texto, Chile es un país minero, es el mayor productor de cobre del mundo. Sin cobre, no hay Chile. Sin cobre, gran parte de la economía no se mueve, las exportaciones disminuyen drásticamente, no hay dinero para el gobierno ni para las Fuerzas Armadas, ya que la mayor parte de los recursos de los militares vienen de la empresa estatal Codelco. La entrada de los mineros puede cambiar el escenario. La rebelión social urbana puede ser combatida con policía y ejército… pero, ¿cómo obligar a los mineros, que producen la mayor riqueza del país, a trabajar? Y las huelgas mineras en general son un poco complicadas para la policía, ya que los mineros utilizan enormes máquinas (como tanques de guerra) para la extracción de los minerales, administran explosivos, etc.

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Santiago, el lunes 21/10 amaneció relativamente pacífico. La línea 1 del metro estaba funcionando, con problemas en algunas estaciones puntuales. Algunos pocos ómnibus recorrían las calles. El clima era de feriado, las escuelas y universidades están sin clases. Muchos comercios tenían filas en sus puertas. La entrada de las personas era controlada por la policía –en algunos de ellos entraban de 20 en 20–. Nada de multitudes dentro de los comercios. Las estaciones de servicio [puestos de gasolina] amanecieron con filas de más de una hora.

Las protestas comenzaron a partir del mediodía. Millares de personas comenzaron a aglomerarse en las estaciones de metro de las periferias para dirigirse al centro. Alrededor de las 15 horas, la multitud comenzó a concentrarse en la emblemática Plaza Italia y también en la Plaza Ñuñoa, centro de una comuna importante donde vive la clase media. Los pocos ómnibus que pasaban por la Alameda (principal avenida de Santiago) estaban repletos de gente. Muchos con las manos fuera de las ventanillas mostrando carteles. A las 16 horas ya se concentraban centenas de millares de personas en las dos plazas. En las calles de alrededor de la Plaza Italia, en las márgenes, más pegados a la multitud, varios grupos se enfrentaban con la policía. En el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) algunos manifestantes se enfrentaban con los militares. Un video exhibido en la televisión mostraba cómo uno de los manifestantes casi llegó a tomar la ametralladora de un militar. En esas enormes manifestaciones, las banderas de organizaciones políticas son ultramarginales. Hay muchas personas con carteles. El “Fuera Piñera” ya es de masas. Otro cántico muy divertido y que agita enormemente a la multitud es el “¡El que no salta es paco!” (Quien no salta es policía).

Durante la enorme manifestación de Plaza Italia, un grupo de más de 2.000 manifestantes se dirigió a la parte rica de la ciudad. Caminaron, cercados por militares, hasta el metro Escuela Militar, donde se concentraron hasta poco después del toque de queda. El clima de las manifestaciones fue, en general, pacífico, comparado con la violencia de los días anteriores. Muchas batucadas, grupos musicales, familias, niños. Eso no significa que no hubo bombas de gas lacrimógeno, chorros de agua, etc. El toque de queda llegó a las 20 horas. Luego de las 20 h, los militares comenzaron la represión en todos los lugares donde había concentraciones, mandando a las personas para la casa. Los conflictos duraron algunas horas, pero la multitud se dispersó.

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En el resto del país, los conflictos continuaron. Millares de jóvenes se enfrentaron durante todo el día contra la policía y, en algunas ciudades, contra el ejército. Los restos de barricadas y piedras son visibles por todas partes. Hay comercios, agencias de AFP y bancos completamente destruidos. Muchos supermercados fueron quemados y saqueados en todo el país, principalmente los de las grandes cadenas. En Valparaíso y otras veinte ciudades, los portuarios entraron en huelga contra el Estado de Emergencia. El año pasado, los portuarios de Valparaíso protagonizaron una de las más importantes huelgas del país, con grandes enfrentamientos con la policía y mucha simpatía de la población de la ciudad-puerto. Algunos sectores de camioneros también paralizaron.

En algunas ciudades, la rabia se volvió contra los principales canales de televisión y los diarios. “La Tele Miente”, decían muchos carteles en las marchas. Algunas protestas se realizaron frente a las sedes de esos medios de comunicación, en Valparaíso, y la sede de El Mercurio, principal diario impreso de Chile, fue incendiada. El Mercurio pertenece a la familia Edwards, una de las familias más ricas del país y también una de las principales articuladoras del golpe militar de 1973.

El cansancio de la policía ya es visible. En algún lugar de la Plaza Italia, los camarógrafos de Chilevisión filmaron un policía llorando y conversando con una joven. En Concepción, una bomba de gas lacrimógeno explotó dentro de un furgón policial. La imagen de los policías saliendo rápidamente del furgón, casi vomitando y sin poder ver, recorrió el país. Probaron un poco del propio veneno que arrojan, sin escrúpulos, en los manifestantes.

Una de las peores sensaciones que ya sentí fue la de ser sofocado por el gas lacrimógeno. No poder respirar, estar ciego, con la nariz chorreando, casi vomitando. Aquí, el gas lacrimógeno no viene solo de las bombas, sino que también es mezclado con el agua que sale de los Guanacos, como son llamados popularmente los tanques lanza-aguas. Uno de los cánticos comunes en las manifestaciones de los estudiantes es: “Uh, uh, qué calor, el guanaco por favor”. (Guanaco es el nombre de una especie de llama que vive en los Andes y escupe en las personas cuando estas se aproximan. De ahí el nombre).

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La noche del lunes fue violenta, principalmente en las periferias. La imagen de “tranquilidad” y alegría de la Plaza Italia o de la Plaza Ñuñoa cambia de noche y en las periferias. Lejos de la multitud, la policía y los militares matan, atropellan y golpean a las personas que andan por las calles. El odio contra los pobres, los “delincuentes”, siempre les fue estimulado por la oficialidad privilegiada. El lunes ya eran 15 muertos, 4 oficialmente reconocidos como asesinados por la policía o los militares. Son 2.643 presos. Ya hay varias denuncias de abusos sexuales. Centenas de heridos. Para las personas que no creen en estos datos, basta buscar informaciones en los propios medios de comunicación chilenos (biobio.cl; instagram piensa prensa (alternativo); latercera.com).

En su declaración, este lunes, el gobierno tuvo que cambiar su discurso. Ya no habló más de “guerra”, sino sí de ser duro contra los delincuentes. Aún no entendieron que todos somos delincuentes. El enemigo peligroso de Piñera es el pueblo en la calle. El gobierno llama a todos los partidos a hacer un gran pacto nacional. El parlamento aprobó, en régimen de urgencia, la disminución del precio del pasaje. Mientras los parlamentarios aprobaban la reducción del precio del pasaje, nadie conmemoraba. Las personas ni se acordaban que el parlamento existía y que la lucha se había iniciado por el precio del pasaje. Como dije en el otro texto, la lucha es por dignidad.

Texto escrito por David, un activista en medio de la rebelión.

Traducción: Natalia Estrada.