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«No acepto ni la menor disminución de los gastos sociales. No cuento con aceptar ningún sacrificio para Maastricht. Hay que dejar de reembolsar los intereses de la deuda.»

LCT – Bélgica

Estas fueron las palabras, en setiembre de 1996, de Michel Nollet que era en aquel entonces presidente de la FGTB (Federación General del Trabajo de Bélgica). El periódico Le Soir juzgaba que “tales declaraciones las podríamos aceptar de un militante de base de la FGTB, en una fábrica en liquidación, pero no de la boca de un dirigente.” [1] Este dirigente no tardó en explicar que no quería decir esto, que él “estuvo bajo una inmensa presión de la base”. [2]

Este episodio ilustra el clima social que reinaba en el país a finales de siglo 20. Es en ese clima que se desarrolla una gran experiencia de construcción de una oposición a la dirección burocrática, en el seno de la FGTB y de la CSC (Confederación de Sindicatos Cristianos): el Movimiento de renovación sindical, el MRS.

Aquí presentamos un informe de esta iniciativa de febrero 1999.

Este movimiento todavía tuvo otro punto alto en las elecciones europeas de 1999 con la lista Debout (De pie) encabezada por el dirigente del MRS con más repercusión mediática, Roberto D’Orazio (30.301 votos de preferencia). Sin embargo, el MRS ya no existe y esto amerita por lo menos una reflexión. Volveremos sobre esto en un epílogo.

Un Movimiento de Renovación Sindical en Bélgica

Después de la derrota de la huelga general de noviembre 1993, los trabajadores belgas tuvieron que aceptar la aplicación de los «Criterios de Maastricht», y vieron sus conquistas sociales seriamente atacadas, al igual que en otros países vecinos. Pero no por eso la lucha dejo de existir. Al contrario, al calor de esas luchas empezó una reorganización en el movimiento obrero con un programa anticapitalista y antiburocrático: el Movimiento por la Renovación Sindical.

El origen, y hasta ahora el motor principal de esta renovación se sitúa en la Delegación Sindical de la empresa siderúrgica Forges de Clabecq (cerca de Tubize, a 20 km de Bruselas), una empresa con casi un siglo de tradición de lucha y donde en los años 80 empezó a desarrollarse un sindicalismo con nuevas características. En las elecciones sindicales de 1983, Roberto D’Orazio y Silvio Marra integran la Lista 2 de la FGTB, con un programa centrado en la unión de las luchas en todo el país, y ganan. Pocos años después logran unas importantes victorias, como la contratación de temporarios y medidas contra la discriminación racista, que refuerzan la unidad dentro de la fábrica. En 1993 participan activamente en la lucha contra «el plan global», que será seguida de las jornadas históricas de huelga general de noviembre. Pero las direcciones de los dos sindicatos (FGTB y CSC)»desbordados por su base, tratan ahora de canalizar el curso de las huelgas para que las mismas no tiren el gobierno» (Le Soir, 24/11/93). La base logra imponer la huelga general de un día, el 29/11/93, pero la burocracia sindical logra contener el movimiento y llevarlo finalmente a la derrota y abrir el camino para la aplicación de las medidas de austeridad. Es contra esta dirección sindical que, al calor de luchas dispersas, la Delegación Sindical de las Forges de Clabecq empieza a aglutinar una oposición.

El 3 de enero de 1997, un tribunal pronuncia la falencia de las Forges de Clabecq. Para los 1 803 trabajadores (habían 5 453 en 1975) no era una sorpresa. Durante todo el año 1996 se habían multiplicado las manifestaciones (febrero 10 000 en las calles de Tubize, junio un enfrentamiento violento con la policía, el 10 de junio una huelga “salvaje”, etc.) contra el previsible cierre de la empresa. Para los trabajadores es el desempleo a partir del 13 de enero 97 (unos 6 dólares por hora).

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La Delegación Sindical de las Forges, con su dirigente indiscutido, Roberto D’Orazio, convoca a una Marcha Multicolor para el 2 de febrero en Tubize, la “Marcha por empleo”. En la Asamblea de las Forges del 11 de enero, donde se preparaba esta marcha, estaban las delegaciones de Caterpillar, de VW, de Monsanto, de Sidmar, de Côte d’Or, etc., y cualquiera podía acceder a la palabra en este hall glacial de la siderúrgica. En la marcha se reúnen 70 000 manifestantes, mesclando banderas verdes y rojas (de los respectivos sindicatos), y con una plataforma clara: Unidad de todos los trabajadores de Bélgica: contra los cierres de empresa y los despidos; contra la exclusión, la miseria y el desempleo; por la justicia social. Juntos debemos ir a buscar la riqueza producida por los trabajadores y acumulada en los bancos para invertirlas en las empresas y salvar el empleo. Y agrega, recordando históricas luchas del proletariado en Bélgica: El movimiento obrero ha sacado a los chicos de las minas. Hoy tenemos que protegerlos del desempleo y de toda forma de explotación.

A partir de esta marcha, y acompañando la lucha contra el cierre de las Forges, surge entonces lo que meses después tomará forma bajo el nombre de Movimiento de Renovación Sindical. Activistas de distintas fábricas y de distintas tendencias políticas de izquierda se reúnen regularmente y discuten democráticamente una plataforma, que será aprobada en junio del 97.

Entretanto, el 27 de febrero de 1997 se anuncia el cierre de otra fábrica importante, esta vez en Flandria, y no una «vieja» siderúrgica sino una automotriz: la Renault – Vilvorde. La conducción de la lucha contra el cierre de la Renault pasará a ser el ejemplo de la conducción burocrática, en contraste con la lucha de Clabecq. En julio 97 se cierra efectivamente la Renault como previsto, y tres meses después, se reabren las Forges, con un nuevo dueño.

A partir de entonces la burocracia y la burguesía unirán sus esfuerzos para tratar de borrar esa imagen que quedó en una importante vanguardia de los trabajadores: hay que luchar como en Clabecq: ahí se reabrió la fábrica.

Es verdad, la victoria de la reapertura de la fábrica estaba acompañada de una importante derrota: solo la mitad de los trabajadores han sido retomados, en condiciones bastante perores que antes, con una «paz social» impuesta por la patronal y aceptada sin resistencia por la cúpula sindical, y principalmente, con toda la dirección sindical despedida (o «no retomada»).

Pero la lucha de décadas de esa Delegación Sindical, las reuniones en la fábrica abandonada por los patrones durante meses de toda una vanguardia obrera donde se empezó a forjar el MRS, todo eso ha elevado la lucha a un plano superior, más amplio, abarcando una vanguardia diseminada en todo el país. Y esa bandera del MRS es retomada por otras empresas, entre las que se destaca la multinacional Caterpillar, donde se siguen fabricando 20 bulldozers por día, y donde una delegación igualmente combativa sigue peleando con los métodos de Clabecq.

En su lucha tenaz contra ese «nuevo sindicalismo», la burocracia de la FGTB (por decisión unánime del Comité Ejecutivo de la Central Metalúrgica del Brabante) ha finalmente expulsado de sus filas a seis de los dirigentes más importantes de la Delegación, entre ellos, Roberto D’Orazio y Silvio Marra. Y es lo que abrió la puerta para que la burguesía pudiera luego abrir un juicio penal contra los dirigentes. La burguesía apela para esto a una ley del siglo XIX (1887), votada por un parlamento donde no estaban los trabajadores, y que reprime «los dirigentes» de movilizaciones de masas.

La burguesía, con su aliado, la burocracia sindical, pensaban poder atacar tranquilamente a los dirigentes de las Forges, una vez que ellos quedaron cortados de sus bases en la fábrica. Pero el desarrollo del MRS permitió organizar la defensa de esos dirigentes mucho más ampliamente. El 25/10/98 se logró una movilización en Charleroi, organizada por el MRS y en particular los camaradas de Caterpillar – contrariando las órdenes de la FGTB de Charleroi – donde 5000 trabajadores manifestaron su decisión de defender los camaradas perseguidos. Desde distintos lugares del planeta llegaron faxes al tribunal de Nivelles que juzga los camaradas, lo que ha sido considerado ya por los jueces como «presiones inadmisibles»! En la primera sesión del juicio, se reunieron más de mil camaradas, un día laboral, para manifestar la solidaridad con los camaradas. En cada sesión del tribular, una importante concurrencia mantiene «la presión sobre los jueces». A tal punto que los jueces terminaron decidiendo que las sesiones serán a puertas cerradas en adelante. Pero la movilización sigue igual, y se está ampliando una solidaridad creciente en la base de los sindicatos, manifestada en presencias concretas frente al tribunal los días de las sesiones del juicio.

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Para el 7 de marzo 1999, se prepara una nueva manifestación, ahora en Clabecq, en el mismo lugar que en febrero 1997. Por supuesto que no habrán 70 000 trabajadores. La burguesía y la burocracia sindical ponen todos los medios a su alcance, inclusive la gran prensa, parta desacreditar a los camaradas y obstruir la movilización. Pero ya sabemos que será una nueva expresión de que en Bélgica algo está cambiando, que está surgiendo una nueva dirección en el movimiento obrero.

Estamos en un proceso incipiente. Hace falta que mucho más fábricas asumen el desafío de Clabecq, como hacen en Caterpillar. Hace falta que el «nuevo sindicalismo», no obsecuente y cuestionando el sistema mismo de la lógica del lucro capitalista, se extienda. Y hace falta también que esa dinámica adquiera una perspectiva internacionalista clara, uniéndose a otras dinámicas similares en el planeta. Pero la tradición de lucha del movimiento obrero belga ayudará para que su consciencia avance, bajo este impulso de «los de Clabecq».

Una nueva práctica sindical

No tiene sentido querer por un lado combatir el sistema patronal y por otro aceptar métodos patronales en el sindicato.

Es necesario empezar por estudiar la historia del movimiento obrero (la verdadera) y desde allí llegar a ser adulto y participativo.

Es necesario tomarse el derecho a decidir y no aceptar más la subordinación.

La organización sindical debe ser el lugar donde el debate contradictorio sea el motor de la búsqueda de soluciones a los problemas planteados.

Es necesario reforzar las decisiones interprofesionales y reducir al máximo los temas específicos de las centrales profesionales, con el fin de llegar a la unidad de los trabajadores.

En el caso de un conflicto importante en una fábrica o sector, hay que convocar a un congreso extraordinario para organizar la solidaridad.

Para democratizar los congresos es necesario desarrollar un lenguaje simple, comprensible para el mundo del trabajo y dar contenido a los textos y resoluciones. Hay que terminar con eso de hablar sin decir nada.

Para que el sindicato no sea solo asunto de especialistas y profesores de universidad, se necesita la participación de un 80% de representantes de la base en el congreso y en las estructuras (comités ejecutivos…).

Los responsables sindicales a todos los niveles, desde la base a las esferas más altas, deben ser elegidos por los trabajadores.

Los trabajadores que defienden la lucha de clases no pueden ser excluidos de las listas.

Hay que terminar con la práctica del candidato único, que impide todo debate y evolución del pensamiento sindical.

Para hacer participar un mayor número de trabajadores, la delegación sindical debe crear comités de fábrica y de militantes.

Los trabajadores no representados (en el paro…) deben tener delegaciones sindicales con derecho a tener representación en los congresos y a todos los niveles de la organización sindical.

Extracto del Manifiesto del MRS, 1997

Epílogo

La victoria de la reanudación de las Forges el 6 de agosto de 1997, seis meses después del cierre, fue acompañada por una derrota no menos importante, la “no readmisión” de los miembros de la delegación sindical y de todos los inscritos en las listas de las elecciones sociales de 1995, y sobre todo, la exclusión burocrática y arbitraria de los principales dirigentes de las filas de la FGTB. Esto abrió el camino para las persecuciones judiciales contra «los 13 de Clabecq”, acusados bajo los pretextos más diversos.

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Con justa razón, el MRS se movilizó resueltamente en defensa de los militantes perseguidos. Un mes antes de la apertura formal del proceso (el 26 de noviembre de 1998), una movilización reunió 5000 trabajadores en las calles de Charleroi, y luego, millares de compañeros continuaron “haciendo presión sobre los jueces”. No obstante, rápidamente esta movilización dejó de lado la apuesta esencial del MRS y se fue orientando gradualmente únicamente hacia la confrontación en los tribunales. Es más, esta confrontación fue dejada cada vez más en manos de “un buen equipo de abogados”. Cuando el proceso se acabó en el 2002 con un sobreseimiento para ocho de los acusados y la suspensión del pronunciamiento para los otros (inclusive Roberto D’Orazio y Silvio Marra), el MRS ya sólo existía en la memoria de una vanguardia.

Por mientras, el “espíritu de Clabecq” también se manifestó en el ámbito electoral, con la lista Debout en las elecciones europeas de 1999. Sin embargo, la campaña se concentró casi exclusivamente en D’Orazio, en detrimento de la defensa de un programa para nuestra clase. La supuesta posibilidad de un “referente político” en el parlamento europeo dominaba toda la propaganda.

Varios sectores de la izquierda – entre ellos nuestros compañeros – propusieron difundir y defender el Manifiesto del MRS como el programa. Pero para el PTB: «es ridículo, por parte de nuestros adversarios, preguntarnos dónde está nuestro programa. Lo que cuenta para nosotros, es el espíritu de Clabecq, el espíritu de no dejarse hacer.”[3]

El dirigente con más proyección mediática de las Forges fue candidato en las listas del Comité voor een Andere Politiek (CAP) en las elecciones del 2009, y después se recicló a sí mismo como actor.[4]

Traducción: Alejandra Ramírez.

[1]    Le Soir, 7.9.1996

[2]    L’épisode est rapporté dans le premier numéro du journal qui célèbre maintenant son 100e. [El episodio se narra en el primer número de Presse Internationale, que cumple ahora su edición n.° 100].

[3]    Solidaire n°18 – 5.5.1999

[4]    En 2011, Roberto D’Orazio tient l’un des rôles principaux dans Au cul du loup, film écrit et réalisé par Pierre Duculot. [En 2011, Roberto D’Orazio tiene uno de los papeles principales en el filme Au cul du loup –en español: Una casa en Córcega– escrito y dirigido por Pierre Duculot].