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El gobierno sigue su línea general de ataques a los derechos democráticos y a las condiciones de vida de los trabajadores.

Por: LCT – Bélgica

Hace ya más de un año que Bélgica atraviesa una nueva coyuntura, de la cual la asunción de la coalición gubernamental, dicha “la sueca”, en junio 2014 es un elemento: la burguesía belga hace más profundo su ataque contra la clase obrera. Este gobierno avanza en reformas en el terreno social y democrático, y todo esto es acompañado por una ofensiva ideológica que combate a “la izquierda” y “el socialismo”.

Por otra parte, la movilización de millares de trabajadores se expresó en manifestaciones importantes, con huelgas generales y regionales. Esta predisposición a la lucha es constante, aunque estas no tienen una amplitud nacional o mediatizada. Algunas de estas acciones hasta sobrepasan las “previsiones” de las direcciones sindicales.

Una atención importante ha sido consagrada estos últimos meses a la cuestión del terrorismo y el flujo de refugiados; las informaciones en la prensa y las declaraciones del gobierno han contribuido, en gran parte, a crear un clima de tensiones. Con respecto al terrorismo, las redadas y las detenciones se multiplican, expresiones de una política de seguridad pública que, hasta ahora, no dio resultados; y ninguna propuesta coherente ha sido hecha en lo que respecta a la manera de hacer frente a la influencia del yihadismo entre la juventud y la población en general. La única propuesta del gobierno es dedicar 400 millones de euros al fortalecimiento del aparato militar y policiaco, y reforzar la represión con 2 500 policías en la calle.

La cuestión de los refugiados es tratada del mismo modo: las declaraciones agresivas por parte de Jambon, ministro del Interior, muestran solamente la voluntad de “expulsar” a los solicitantes de asilo. La operación policiaca en la costa lo ilustra bien. Esencialmente procura criminalizar a los solicitantes de asilo y romper toda solidaridad por parte de la población.

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El gobierno profundiza así los ataques contra nuestros derechos democráticos mediante la criminalización y la represión, a los cuales se añade la tentativa de desmantelar el derecho de huelga y de acción colectiva, como lo vimos con la intervención de la policía federal y de los aguaciles judiciales en las huelgas de la Compañía Nacional de Ferrocarriles Belgas (SNCB). Y, entre tanto, continúa aplicando una serie de reformas importantes en el terreno socioeconómico. Pero estas son menos mediatizadas.

A inicios de 2016, el gobierno tiene como prioridad aplicar los acuerdos del Grupo de los Diez, que prevén, entre otras cosas, la reinserción en el trabajo de las personas en baja laboral por enfermedad o en período de incapacidad, y el ataque a los subsidios de que gozan los trabajadores de tiempo parcial.[1]

Como de costumbre, este gobierno no deja de darle regalos a los patrones: una exoneración de impuestos para las PYME y los independientes que enganchan un trabajador entre 2016 y 2020, y una reducción progresiva de impuestos para los años siguientes, mientras la prensa anuncia que 75 % de las PYME gozan de buena salud en Bélgica. Este es solo un ejemplo de una lista que puede ser larga…

Que el empresariado y su gobierno ataquen a los trabajadores, sus condiciones de vida y de trabajo, es normal: la explotación de los trabajadores es su razón de ser. Lo que debería asombrarnos, es el silencio y la complicidad de nuestras direcciones sindicales. Los dirigentes federales firman acuerdos discretamente y, para colmo, ningún sector se pronuncia contra estos acuerdos.

Somos muy conscientes de la importancia de la lucha y de las acciones en la SNCB, en las cuales participamos activamente, pero no debemos olvidar que hay que organizar una respuesta al conjunto de los ataques del gobierno.

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Debemos unificar las luchas, sean grandes o pequeñas, como la de B-Post [Correos], de guardianes de prisión, o más recientemente, de los trabajadores de GSK [GlaxoSmithKlein, industria farmacéutica]. Debemos exigir un plan de lucha que pueda unificar nuestras reivindicaciones. Las elecciones sociales en el ámbito privado y los congresos y las elecciones en el sector público son la oportunidad para organizarnos y para crear en la base un sindicalismo unitario y de lucha para hacer frente al empresariado y al gobierno.

[1] En Le Soir del 23.10.2015, ya podíamos leer que el gobierno declaraba que iba a aplicar el conjunto de los acuerdos.

Traducción: Natalia Estrada.

Artículo publicado en En Lutte n.° 102, febrero de 2016

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