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Publicamos aquí un artículo de Bill Hunter, originalmente escrito para Labour Review en febrero de 1982, sobre la historia del Partido Laborista. Este material es muy útil para entender la realidad actual del laborismo.

De: Bill Hunter

Las historias del Partido Laborista y los relatos sobre los héroes laboristas pueden desempeñar una función muy específica. Pueden ‘legitimar’ la ambigüedad, la falta de teoría, la colaboración de clases y el oportunismo como un producto natural y beneficioso de las condiciones británicas, en consonancia con la “superioridad” de las instituciones británicas sobre las de otros países. El argumento surgió a partir de ventajas exclusivas de Gran Bretaña, ventajas que no poseen las “razas menores sin ley”.

Un ejemplo muy claro es el de Francis Williams en sus Fifty Years’ March (Marcha de los Cincuenta Años), publicado al celebrarse el 50 aniversario del Partido Laborista, con un prólogo de Clement Attlee, líder partidario en esa época. Williams describe a Fred Rogers, el primer presidente del Comité Representativo Laborista, que en 1908 adoptó el nombre de Partido Laborista. Él cuenta que Rogers “era ciertamente un cristiano practicante, un tipo que ha sido, afortunadamente, muy frecuente en el movimiento laborista británico. Quizás, ninguno de ellos podría haber representado mejor las cualidades que han dado al laborismo británico su carácter especial”.

Él también informa que “Keir Hardie y los delegados a la conferencia mostraron su sabiduría práctica y su comprensión del carácter político británico”. Esta florida descripción del carácter político británico puede traducirse en dos palabras: oportunismo político.

Este carácter prospera mejor en un marco constitutivo que no imponga las rigideces de una doctrina filosófica o incluso un programa definido de acción, sino que deje la suficiente libertad de interpretación de los hechos y las necesidades, y la aplicación del sentido común de los fundamentos filosóficos de acuerdo con las circunstancias del momento.

El movimiento laborista en general y el Partido Laborista en particular son, así, “peculiarmente británicos”. Una cita final de Williams: “La Sociedad Fabiana[1] da al socialismo británico mucho más de los contenidos intelectuales más enraizados en la realidad británica y la actitud natural del pensamiento del pueblo británico que el marxismo”.

Aquí, por supuesto, estamos en presencia de uno de los mitos más difundidos: que el marxismo es algo ajeno al “inimitable desarrollo británico”. Es cierto que hoy hay líderes del laborismo que dicen que el marxismo ha hecho una ‘contribución’. Incluso están preparados, como Tony Benn, a citar al marxismo como uno de los factores que constituyeron el partido. Michael Foot mismo, recientemente ha reconocido (The Observer, 10/1/1982) no solo la contribución de Marx al socialismo sino también de Trotsky (mientras, naturalmente, se declara contra todos los trotskistas actuales). Pero esta clase del reconocimiento del marxismo está inserta dentro de la doctrina de la “excepcionalidad” británica. La importancia de “nuestro” movimiento es “nuestro britanismo” y el movimiento laborismo se ha desarrollado intentando resolver los problemas de “nuestra” nación.

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Marxismo y metodismo[2]

Mr. Morgan Phillips, cuando fue secretario general del partido, dijo una vez que el laborismo debe más al metodismo que al marxismo. Mr. G.D.H. Cole, en A Short History of the British Working Class Movement, nos dice que el Partido Laborista Independiente (ILP) fue el “alma” del movimiento que originó el Partido Laborista mientras la Sociedad Fabiana fue su “cerebro”. Al ILP lo describe como “radicalismo humanitario que adopta una política socialista entendida como una distribución más equitativa de la riqueza y la felicidad”.

Francis Williams, Morgan Phillips, G.D.H. Cole y Tony Benn (quienes nos indican ver la Biblia como una parte de la coalición de fuerzas sobre la que fue construido el Partido Laborista), de derecha a izquierda, nos dicen que los cristianos practicantes, el evolucionismo fabiano o el ambiguo radicalismo del ILP se combinaron para formar el laborismo. Tenemos que admitir que, en un sentido, ellos tienen plena razón. Es la suma de estas ideas (que solo pueden ser llamadas “atrasadas”), mucho más que el punto de vista del socialismo, las que han formado la ideología oficial de los dirigentes laboristas.

“El punto de vista de los líderes laboristas es una especie de amalgama de conservadurismo y liberalismo, parcialmente adaptado a los requerimientos de los sindicatos o, más bien, a sus capas superiores. Todo ello está montado con la religión del ‘gradualismo’, sumado a su reconocimiento de la religión del Viejo y del Nuevo Testamento. Aunque ellos se consideran a sí mismos como ‘personas altamente civilizadas’, aún creen que el Padre Celestial creó la humanidad, en su abundante amor y su subsecuentemente intento, a través de la crucifixión de su propio hijo, de enderezar un poco este enredo. Además del espíritu de cristianismo, ellos han dado instituciones nacionales como la burocracia de los sindicatos, el primer ministro MacDonald y Mrs. Snowden[3] (Where is Britain Going, León Trotsky, pp. 36-37).

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Cuando nos dicen que esta ‘coalición de fuerzas’ es la fortaleza del partido laborista como un instrumento para el socialismo, están diciendo un sinsentido absoluto y anti-obrero. De hecho, nos están diciendo que el oportunismo es la principal fortaleza del movimiento británico y que esto les da el derecho de continuar como oportunistas.

La historia real del Partido Laborista y sus lecciones son vitales para los trabajadores hoy. Para nosotros, nuestros padres y abuelos han pagado el precio por el socialismo cristiano, el pacifismo ambiguo, el radicalismo de palabra y el reformismo fabiano que entró en el laborismo por la clase capitalista y lo dominó.

La historia así contada nos lleva en esa dirección. En realidad, no es el marxismo el que puso al laborismo fuera de la línea del desarrollo de la mayor fuerza histórica de Gran Bretaña (la clase trabajadora). Aquellos que defienden el “britanismo” contra el marxismo encubren la verdad: que Marx y Engels (y el grupo alrededor de Engels en los 1880s y 1890s) jugaron un rol central en la ruptura de la clase obrera con los partidos capitalistas.

Quienes lucharon por un movimiento de independencia política de la clase obrera en los finales del siglo XIX fueron Marx y Engels y los hombres y mujeres que ellos influenciaban. Los marxistas representaron la esencia del movimiento de los trabajadores británicos; fueron los oportunistas, las varias ramas de burgueses radicales los que se metieron en esa línea.

Ningún historiador que no estudie el desarrollo del marxismo como teoría y como movimiento en siglo XIX puede entender el desarrollo de la clase obrera británica o, de hecho, el de la clase obrera mundial. Lo que estamos diciendo aquí no es solo que el marxismo provee un método de desarrollo analítico sino que el marxismo, en ese período, desarrolló sus principios básicos en íntima asociación con el movimiento de los trabajadores y a través de su intervención práctica en él.

Mirar la segunda mitad del siglo XIX en particular, y no entenderla, para decirlo en palabras de Marx y Engels, es solo ver una inexplicable secuencia de eventos. Es incontrovertible que solo Marx y Engels pronosticaron los principales desarrollos en la clase obrera, y solo Marx y Engels se prepararon para ello. Su fortaleza fue que ellos vieron la decadencia del capitalismo dentro de su mayor grande expansión. Ellos vieron la centralización y concentración del capital en medio de la gran fortaleza del libre comercio, la competencia y el laissez faire [dejad hacer]. Y, sobre todo, después del colapso del cartismo[4], ellos pensaron y lucharon por el avance de la independencia política de clase.

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Ellos representaron el ‘futuro en el presente’. Esto vino de su compresión de los fundamentos del capitalismo y de las leyes de la historia. Y cualquier explicación del desarrollo de la clase trabajadora en este período tiene validez en la proporción en que se nutre de Marx y Engels.

[1] La Sociedad Fabiana fue fundada el 4 de enero de 1884 en Londres. Era un movimiento socialista  cuyo propósito era avanzar mediante reformas graduales. Sus fundadores provenían de la pequeña burguesía “progresista”, como el matrimonio de Sidney y Beatrice Webb [N. de T.].

[2] El metodismo fue un movimiento cristiano reformista surgido en Inglaterra en el siglo XVIII y que originó la Iglesia Metodista [N. de T.].

[3] Ramsay MacDonald, líder laborista que fue dos veces primer ministro de Gran Bretaña.

[4] El cartismo fue un movimiento político reformista desarrollado en Gran Bretaña entre 1837 y 1848. Su nombre proviene de la “Carta del Pueblo” redactada por sus fundadores en 1838. Contenía una serie de reivindicaciones que apuntaban a la integración de la clase obrera en el Parlamento [N. de T.].

Traducción: Marcelo Korman.