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Por el Mediterráneo, por el desierto de Sáhara, en rutas terrestres por Turquía y Grecia, sea como fuere, centenas de miles de personas huyen de sus países, en África o en Medio Oriente, en busca de paz y pan en Europa. Muchos de ellos, millares, se quedan en el camino. Solo en estos primeros seis meses de 2018, más de mil migrantes murieron en el Mediterráneo; en el desierto de Sáhara perdieron la vida casi 30.000 desde 2014. Mientras esto ocurre, los gobiernos europeos intentan pasarse la responsabilidad unos a otros y confinar a los refugiados e inmigrantes bien lejos del continente europeo.

Por: Cristina Portela

La deriva por el Mediterráneo

Los acontecimientos de junio pasado fueron ejemplares de la actitud de los gobiernos europeos frente a la situación de los migrantes. Los más de 300 refugiados rescatados por un barco de la organización no gubernamental alemana Mission Lifeline y un navío de la empresa de transporte marítimo Maersk quedaron si tener para dónde ir después de que el gobierno italiano de extrema derecha, liderado por el primer ministro Giuseppe Conte (coalición entre el Movimiento 5 Estrellas y la Liga) se negó a recibirlos.

Días antes, ocurrió lo mismo con los más de 600 refugiados transportados por el navío Aquarius, de la organización no gubernamental SOS Mediterranée, que acabaron siendo recibidos en Valencia.

Mientras esto ocurría, 28 jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea se reunían para decidir qué hacer con los migrantes que llegaban a Europa. Mateo Salvini, ministro del Interior de Italia, llamó “carga humana” a los migrantes rescatados por la Mission Lifeline, y Angela Merkel dijo que Europa no podía acoger toda la miseria del mundo. Al final, ¿será Europa el destino de esos hombres, mujeres y niños desesperados? ¿De quién es la responsabilidad por esa huida en masa de las guerras, de la miseria, y de la persecución política?

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Una falsa crisis en Europa

En primer lugar, estamos distantes del auge de la crisis de migración forzada, cuyo epicentro fue 2015, cuando el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR) registró 53 millones de personas refugiadas, el mayor número de los últimos cincuenta años. Este número fue causado por el agravamiento de las guerras en Siria, Irak y Afganistán. Desde entonces, la entrada de migrantes sin papeles en Europa cayó 95%, de acuerdo con los datos del propio Consejo Europeo.

En segundo lugar, incluso en 2015, en el auge de los desplazamientos poblaciones, llegaron a la Unión Europa un millón de migrantes, lo que representa un migrante por cada 500 europeos, apenas 1,5% a 2% de los desplazados forzados de aquel año. Los países que más reciben refugiados no forman parte de la Unión Europea; son Turquía (3,5 millones), Uganda (1,4 millones), Pakistán (1,4 millones), Líbano (1 millón) e Irán (900.000).[1]

En tercer lugar, y respondiendo a la segunda pregunta, es responsabilidad, sí, de los países ricos, es decir de Estados Unidos y de aquellos que componen la elite de la Unión Europea, la situación de ruptura por la que pasan muchos de los principales países de donde huyen sus ciudadanos.

Países bajo ocupación

Los países de origen de los inmigrantes que cruzaron el Mediterráneo en 2018 fueron Siria, Irak, Túnez, Eritrea, Afganistán, Guinea y Costa de Marfil. Algunos de ellos sufrieron intervención reciente de los países imperialistas. Los Estados Unidos, con Barack Obama en la presidencia, y sus aliados de Francia a Inglaterra, iniciaron la intervención militar en Siria en 2014, con la justificativa de derrotar a los terroristas del Estado Islámico. La consecuencia fue el agravamiento de la guerra y el éxodo de la población. Irak sufre hasta hoy las consecuencias de la invasión militar de los Estados Unidos en 2003, ordenada por George Bush. Entre 100.000 y 600.000 personas fueron muertas, y en 2007 se estimaba que más de dos millones habrían abandonado el país, miles de ellas para Siria y Jordania.

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Afganistán, después del retiro de los soviéticos en 1989, fue invadido por los Estados Unidos en 2001. El año pasado, más de 10.000 civiles fueron muertos o heridos en ataques terroristas, mientras los talibanes, dados como derrotados poco después de la invasión norteamericana, continúan presentes en 70% del territorio afgano. De la Fuerza Internacional que controla militarmente Afganistán, liderada por Estados Unidos, forman parte casi todos los países de la Unión Europea, entre ellos el Reino Unido, Francia, Alemania y Portugal, además de otros como Australia y Canadá.

Costa de Marfil es una ex colonia francesa; Guinea, una ex colonia de Portugal; y Eritrea, ex colonia de Italia. No es difícil percibir la responsabilidad de los países imperialistas por la situación por la que pasan los países de los refugiados.

La respuesta de la Unión Europea

Pero la solución apuntada por el imperialismo es la de endurecer todavía más la respuesta a los inmigrantes que intentan entrar en la fortaleza europea. En la cumbre realizada en junio, se decidió la creación de plataformas de desembarque de migrantes fuera de la Unión Europea, más precisamente en la costa mediterránea del África de donde parten, y la instalación de nuevos centros de control, donde se hará el triaje de refugiados y migrantes. Además, se decidió mantener los pagos a Turquía y Marruecos para que continúen reteniendo migrantes en sus fronteras y fortalecer las fronteras de Europa. El primer ministro portugués estuvo de acuerdo con esas decisiones.

La Unión Europea revela, una vez más, su verdadera cara: xenófoba, no solidaria, imperialista. No es solo el gobierno de los Estados Unidos el que comete el crimen contra la humanidad de separar a los niños de sus padres luego de ser detenidos al intentar entrar en el país. Francia también arresta a menores que intentan inmigrar para allá. En los centros de retención administrativa –las prisiones de los sin papeles en vía de ser expulsados– había 305 niños en 2017 y más de 117 fueron encarcelados este año.

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Esta es la lógica de las fronteras cerradas [contra las] que, junto con los refugiados y todos los migrantes, debemos luchar para abrir y no cerrarlas nunca más.

Notas:

[1] Datos referentes al año 2017. Fuente: ONU.

Traducción: Natalia Estrada.