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Las bolsas de basura se multiplican y se apilan en las calles de Beirut desde hace semanas (de las más calurosas del año) tras el cierre del desbordado vertedero Naameh el pasado 17 de julio, destino de los residuos de la capital. La empresa recolectora Sukleen detuvo los camiones de la basura hasta que el parlamento acordase un nuevo vertedero.

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Ante la acumulación de bolsas de plástico, la ola de calor que sufría la ciudad y la inacción del gobierno, los residentes intentaron apaciguar la insalubridad vertiendo polvos de cal con veneno para ratas sobre los escombros o directamente quemando las bolsas a medida que crecía el hartazgo social en las calles y las redes sociales.

La crisis de los residuos: la gota que colmó el vaso

La mala gestión de los residuos es solo la punta del iceberg de la crisis que asola el pequeño país árabe localizado entre Siria, Israel y el Mar Mediterráneo. El desacuerdo en el gobierno sobre a qué empresa recolectora otorgar el nuevo contrato ha vuelto a exponer los intereses clientelares de los grupos dirigentes. La recolecta de basura ha sido privatizada recientemente como parte de un plan muy ambicioso de privatizaciones en los últimos años que incluye el suministro de agua, electricidad y las empresas de telecomunicaciones.

La recurrente ineficiencia y corrupción del gobierno compuesto por los líderes políticos de las principales facciones religiosas del país, presidido por Tammam Salam, empujó a miles de libaneses el pasado sábado 22 a protestar, convocados por el movimiento #YouStink (Tú apestas, en referencia a la opinión pública sobre el gobierno).

La putrefacción de las calles ha puesto de acuerdo a miles de libaneses de distintas sectas religiosas y localidades en que el origen de los problemas de infraestructura, la escasez de agua, los cortes de electricidad o la falta de empleo se debe a la putrefacción del gobierno. Las consignas coreadas giraban en torno a la dimisión del gobierno en su conjunto e incluso algunos sectores de activistas cantaban la conocida consigna de la primavera árabe “el pueblo quiere la caída del régimen”. La policía no tardó en reprimir al movimiento disparando gases lacrimógenos, golpeando a los manifestantes y usando cañones de agua.

Elia El Khazen, activista del movimiento Fórum Socialista, afirma que más de 75 personas han sido hospitalizadas el sábado por la represión de la policía y el ejército. El domingo se convocó una segunda manifestación donde la exigencia de derrocar el gobierno cobró más fuerza tras la represión de la jornada anterior. Se volvieron a dar enfrentamientos entre la policía y los manifestantes cobrándose un muerto y más de 200 heridos según la Cruz Roja. Nuevas jornadas de movilización están previstas para esta semana.

Los manifestantes eran en su mayoría jóvenes de origen social distinto. Una parte venían de los barrios de clase media de Beirut, pero había una importante presencia de jóvenes de la periferia de la capital libanesa, de los barrios de Chiah, Ghbeiri, y Khanda al-Ghami, que se convirtieron en los objetivos prioritarios de la policía, nos explica El Khazen.

La solución temporal encontrada por el gobierno y la empresa recolectora no es del agrado de nadie: los camiones descargan ahora las toneladas de desperdicios en las laderas de las montañas cercanas a la capital y en los barrios pobres de la ciudad solo para calmar los ánimos en los barrios de clase media.

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Una economía en crisis, dependiente del comercio y del capital extranjero

La economía de Líbano está casi totalmente centrada en los servicios (75%), dejando a la agricultura y la industria solo un cuarto del total del PIB. Las remesas de los expatriados alcanzan un 20% del total de ingresos y el 35% de la fuerza de trabajo está empleada en el sector de servicios. El turismo, el sector bancario y el comercio en general son los principales motores económicos del país.

Antes del inicio de la revolución y la posterior guerra civil en Siria, el país estaba creciendo al ritmo alucinante de 9%-10% al año, gracias al crecimiento de los bancos, dado que Líbano es uno de los principales centros financieros del Oriente Medio. El inicio de las convulsiones en el país vecino resultó en la drástica reducción de la economía, que entre 2011 y 2014 creció en promedio apenas un 1,5%.

El nivel de endeudamiento del país es altísimo, la deuda externa llega a casi 140% del PIB y el déficit presupuestario al 10%. Por otro lado, el déficit comercial supera los 4 mil millones de dólares, haciendo que la economía sea demasiado dependiente de capitales externos para funcionar. El secreto bancario es una institución muy poderosa en el Líbano.

El desempleo ha crecido de forma importante en los últimos años y el gobierno ha puesto en marcha un plan de privatizaciones de las empresas públicas, como se ha mencionado anteriormente. El número de personas que vive por debajo de la línea de la pobreza establecida por la ONU ronda el 30% de la población. Algunas de estas cifras son anteriores a 2011 y desde entonces la situación solo ha empeorado. Las protestas de los últimos días no son nada más que el inicio de la reacción popular al caos económico y político instalado en el país.

La crisis de los refugiados sirios

La guerra civil en la vecina Siria ha provocado un gran influjo de refugiados al Líbano. Según las estimativas más reducidas hay cerca de 1,1 millón de sirios en el país, lo que significaría aproximadamente un cuarto de la población total. Una de cada cuatro personas residentes en el Líbano es siria.

Las autoridades han impedido la construcción de campos “oficiales” para los refugiados, que están dispersos por más de 1.700 comunidades, y esta semana ha ordenado a la UNCHR (Agencia de la ONU para los refugiados) que paralice el registro de nuevas personas.

El estado libanés y sus innúmeras milicias han utilizado la misma represión contra los libaneses que protestan estos días y los sirios. Se ha negado a reconocer el status legal a los refugiados y les ha privado el acceso a los servicios básicos más esenciales, forzándoles a vivir en las peores condiciones. La clase dominante justifica sus prácticas con discursos racistas en los medios de comunicación, buscando canalizar el descontento de la población contra los más desfavorecidos.

El discurso xenófobo del gobierno y de sectores de la extrema derecha se basa en que los sirios estarían quitando puestos de trabajo a los libaneses y saturando las escuelas y hospitales. La ayuda a los refugiados viene principalmente de las organizaciones humanitarias vinculadas a ONG’s y a las Naciones Unidas y son totalmente insuficientes. De hecho, la mayor parte de ellas se pierde en el camino, antes de llegar a las personas, a causa de la corrupción existente y los infinitos trámites burocráticos.

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Muchos refugiados se alimentan día sí día no, viven en chabolas hechas de cartón y vallas publicitarias, y no se pueden abrigar del frío y la lluvia. Encima, tienen que pagar cerca de 500 dólares anualmente a los propietarios de las tierras donde viven.

Un sistema político sectario y poco democrático

El sistema político de Líbano fue creado para acomodar a los líderes de las distintas facciones religiosas existentes en el país y no al conjunto de la población. Potencializa las disputas sectarias para mantener un equilibrio falso entre los distintos grupos de poder. Las movilizaciones de los últimos días han roto la lógica impuesta por el imperialismo y la burguesía libanesa, ya que sus raíces más profundas tienen que ver con las desigualdades sociales y no con la pertenencia a una secta u otra.

El parlamento de Líbano está dividido por ley entre musulmanes y cristianos, cada una de las comunidades con derecho a 50% de los escaños. Dentro de cada comunidad, hay una segunda subdivisión entre las distintas sectas. Como dicho antes, se trata de un sistema que da por sentada la división de la sociedad en grupos religiosos y que obliga a que cada ciudadano se adscriba a uno de los grupos oficialmente reconocidos (18 en total) para que pueda ejercer el derecho a votar y a participar en las elecciones. Los acuerdos constitucionales que crearon este sistema fueron firmados en 1990 en la ciudad saudita de Taifa tras el fin de la guerra civil. Se trata de la vieja lógica del imperialismo de dividir para dominar.

Las heridas de la guerra civil siguen abiertas

Líbano vivió una terrible guerra civil que duró cerca de 15 años, de 1975 a 1990. Se trata de uno de los conflictos más complejos del Medio Oriente, enmarcándose en el contexto de la guerra fría, de la decadencia del nacionalismo árabe y de la actuación de las fuerzas sionistas mediante su proyecto colonialista y racista de expulsión y represión a los palestinos y su movimiento de liberación nacional. También está relacionada con la división colonial de Siria promovida por los franceses (con la creación del Líbano en 1943) y la intervención del imperialismo norteamericano con su apoyo a la burguesía cristiana maronita, que se convirtió en socia de la burguesía árabe del golfo y del gran capital ligado a la producción y venta del petróleo.

Más de 150.000 personas perdieron la vida, otros 100.000 heridos tienen secuelas permanentes y más de 900.000 personas fueron desplazadas permanentemente por la guerra. Los conflictos involucraron a distintos grupos, partidos políticos y milicias. Estaban las milicias fascistas cristianas de la falange (Frente Libanés), armadas por EEUU e Israel; los grupos palestinos, que habían sido expulsados de Jordania en 1970 y estaban operando desde el Líbano; las brigadas laicas vinculadas a la izquierda pro URSS; las milicias chiíes (como el Hezbollah), ligadas a Irán; el Movimiento Libanés de Liberación Nacional, de ideología pan-arabista que apoyaba a los grupos palestinos; entre otros.

Siria e Israel intervinieron directamente en el conflicto. Siria en 1976, en apoyo a los grupos maronitas (que también eran apoyados por el sionismo), e Israel en 1982, contra la Autoridad Nacional Palestina tras un atentado contra el embajador de Israel en Londres. Durante la guerra civil ocurrieron las conocidas masacres de Sabra y Shatila, en las cuales más de 3000 civiles, palestinos y libaneses, fueron asesinados por las milicias falangistas a mando de las Fuerzas de Defensa de Israel, comandadas por Ariel Sharon. Siria siguió ocupando militarmente el país después de la guerra hasta 2005 cuando fue obligada a retirarse después de grandes movilizaciones populares conocidas como la Revolución de los Cedros, desencadenadas tras el asesinato del primer ministro Hariri, y que pedían ante todo el fin de la ocupación. Todo lleva a creer que el gobierno sirio estaba implicado en la muerte de Hariri.

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En 1990 se firman los acuerdos de paz y se crea el sistema parlamentario vigente hasta hoy. Como se trató de un acuerdo político realizado en las alturas sin participación popular y con el único objetivo de dividir el poder entre los distintos grupos burgueses, las heridas de la guerra civil siguen abiertas, sobre todo la extrema desigualdad social que vigora en el país.

Las movilizaciones en el Líbano son parte de las luchas en todo el Medio Oriente

Lo que estamos acompañando estos días en el Líbano debe ser analizado dentro de la realidad política de todo el mundo árabe. En las últimas semanas hemos visto masivas movilizaciones en Iraq contra el gobierno que tenían demandas muy parecidas a las de las protestas en Beirut: mejores servicios básicos, fin de la corrupción y dimisión de los políticos corruptos.

En Siria la población civil sigue resistiendo a los ataques con barriles explosivos y armas químicas realizados por el dictador asesino Bashar al-Assad. Pese el silencio y la total falta de apoyo, los sirios no se rinden y continúan movilizándose contra el régimen y los grupos extremistas islámicos.

En Yemen hay un proceso de luchas muy importantes que derrocó al presidente Hadi, sucesor del ex dictador Saleh. En Palestina la resistencia del pueblo contra la ocupación y los crímenes diarios del ejército sionista permanece viva.

¡Viva las luchas en todo el mundo árabe contra las dictaduras, el sionismo y el imperialismo!

¡Todo apoyo a las justas movilizaciones en el Líbano!

¡Por el restablecimiento de la recolecta de residuos y la nacionalización del servicio!

¡Por la inmediata liberación de todos los detenidos durante las protestas!

¡Dimisión de Nuhad Al-Mashnouk, Ministro de Interior, por la actuación cobarde de las fuerzas de seguridad, y Mohammed Al-Mashnouk, Ministro de Medio Ambiente, por la desastrosa gestión de los residuos!

¡Abajo el gobierno represor y corrupto!