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Las trabajadoras en la época de ascenso del capitalismo industrial

Para remitirnos al 8 de Marzo y su origen, es importante ubicar la época en que las mujeres desarrollaron un ascenso importante de sus luchas, y por lo tanto un paso decisivo en sus derechos en todo el mundo. Nos ubicaremos brevemente en la época de ascenso del capitalismo industrial, que ingresó en masa a la mano de obra femenina.

Por Ingrid Alfaro

Para el siglo XVIII y la segunda mitad del siglo XIX se observó un crecimiento paralelo entre el desarrollo de las empresas manufactureras (con la invención de la máquina) y el ingreso de las mujeres a las fábricas. Época en que la humanidad comenzó a conocer las leyes que rigen el desarrollo económico del capitalismo, y en el caso particular de las mujeres la relación dialéctica entre opresión y explotación. Desde entonces el Estado reducía el trabajo duro de la mujer al de una esclava del hogar y sin derechos, la familia como unidad económica indivisible vio en el salario femenino un salario complementario al del hombre, considerando aquel como principal sustento del hogar.

Fue en las mujeres y los niños, que los dueños de las fábricas encontraron un gran beneficio para sus bolsillos, es decir mayor acumulación de capital. Las trabajadoras tenían que pasar hasta doce horas de trabajo, por salarios bajos, sin oportunidad de seguridad social, vivienda digna, y a parte la obrera debía lidiar con enfermedades profesionales. Las mujeres que no podían vender su fuerza de trabajo al fabril, fueron arrojadas a la prostitución.

Este gran paso, el de la incorporación de la mujer al trabajo, aunque de forma contradictoria, cargó a la mujer en una doble explotación, como asalariada, y como trabajadora en el hogar, pero fue un paso decisivo para su participación en las luchas sindicales y políticas. Y también una prueba enorme para todos aquellos sectores de trabajadores que se reivindicaban socialistas, ya que en la práctica debían combatir el machismo y sus falsas teorías sobre la inferioridad de la mujer, incorporando la filiación femenina a los sindicatos, y adoptando en su programa que la filiación se realizara en las mismas condiciones que sus colegas hombres, y por lo tanto, la lucha sindical tomara sus demandas.

Las mujeres socialistas y el origen del 8 de Marzo

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora sólo pudo nacer a partir de la acumulación de fuerza por parte del movimiento de mujeres. Un fenómeno mundial nuevo y extraordinario, como producto del papel progresivo, pero contradictorio, que las mujeres vivieron en el desarrollo capitalista industrial, al volverse parte de la producción en carencia de derechos. Las mujeres en todo el mundo exigían derechos políticos, mejores condiciones de trabajo, acceso a la educación y las profesiones.

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El primer antecedente del 8 de Marzo se encuentra en la primera ola feminista, el movimiento sufragista, una lucha de carácter internacional que incorporó los métodos de lucha de la clase obrera, paralelamente hubo un auge del sindicalismo femenino. En esta lucha destaca el papel de las mujeres socialistas, quienes salieron a exigir el voto, sin distinción de clase, frente al feminismo burgués que exigía el voto soló para las mujeres de la burguesía, demostrando que la unidad antes del género, estaba cruzada por un carácter de clase.

En 1908, las mujeres socialistas en el Partido Socialista norteamericano realizan acciones nacionales por el sufragio femenino y derechos laborales para las mujeres. Estos ‘Women Days’ ya lograban reunir a miles de mujeres trabajadoras un año después. Esta iniciativa se torna con un carácter internacional cuando en 1910, Clara Zetkin ante el II Congreso Internacional de las Mujeres Socialistas, propone la organización de un Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como una táctica para conseguir el voto para las mujeres trabajadoras. Así en Alemania, Dinamarca, Suecia y Austria el 19 de marzo de 1911 se realiza la primera celebración internacional. En 1913 en medio de la  represión del Zarismo, en la ilegalidad las trabajadoras convocaron a un foro público que terminó con intervención policial y detenciones.

Para esos días la Primera Guerra Mundial sacudió a las mujeres y las puso en los frentes de lucha. Sorprendentemente en 1917 sucedió lo inesperado: las obreras textiles se lanzaron a una huelga por ‘Pan, Paz y Tierra’, exigencia central contra la guerra, dando inicio así a la Revolución Rusa de Octubre, que instauró la legislación más avanzada en el mundo sobre el tema de derechos a las mujeres. Este acontecimiento sirve de inspiración para que en 1921 se oficialice en Moscú el 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer trabajadora en la Conferencia de Mujeres Comunistas.

El Stalinismo por su parte, jugó un papel contrarrevolucionario no sólo burocratizando a la URSS, sino que además hizo retroceder los derechos de las mujeres alcanzados con la Revolución. Ilegalizó el aborto, puso obstáculos jurídicos ante el divorcio, revalorizó el viejo concepto de familia llamando a las mujeres a “retornar al hogar”.

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Más tarde la ONU, en los años 70 cumple un papel reaccionario en torno al 8 de Marzo. Se encarga de institucionalizar el Día Internacional de la Mujer desmarcándose de un origen en las mujeres socialistas y su influencia soviética para desaparecer los límites de clase en los que tanto insistieron las dirigentes revolucionarias de la época. La ONU actuó de esta forma frente a un movimiento de mujeres que se combinó con la lucha contra el racismo, el acceso a la enseñanza, el Mayo Francés, la revolución en Portugal y las luchas anticoloniales como la de Vietnam, en la segunda ola feminista.

Vigencia del 8 de Marzo por las trabajadoras

En la actualidad la mujer trabajadora enfrenta con mayor fuerza la crisis económica abierta en la última década. Hay un retroceso general en las conquistas de los trabajadores, tanto así que las reformas laborales del imperialismo precarizan las condiciones de trabajo, retornándolas a condiciones parecidas a las anteriores al siglo XX. La organización del proletario femenino también retrocedió. El fenómeno migratorio coloca también en el blanco prioritario a las mujeres y sus hijos.

Los derechos sociales ligados a su condición de madre están siendo recortados. Sus familias están en el centro de la pobreza, la violencia intrafamiliar, la violencia sexual y los femicidios se alzaron exponencialmente. También se ha incorporado las luchas de las mujeres lesbianas y trans. El movimiento de mujeres ha tenido como centro los países semicoloniales pero, han sabido  contagiar de lucha también a los países imperialistas. Así la última década tiene referentes  importantes de las luchas de las mujeres en varias regiones y países.

En 2015 nace el movimiento ‘Ni una Menos’ en Argentina contra los femicidios. En 2016 en Polonia se convoca a un Paro Nacional de Mujeres. En 2017 miles de mujeres protestan contra la toma de posesión de Donald Trump y sus políticas misóginas. En 2018 unos 70 países se sumaron a la convocatoria de “Nosotras Paramos”. En España hubo una paralización histórica que logró paros en unas 120 ciudades, a la huelga se sumaron centrales obreras y los actos se mantuvieron por 24 horas. En Argentina ‘¡Qué sea ley!’, la lucha por el aborto fue una de las luchas y debates públicos más importantes, la lucha de los pañuelos verdes duró meses y recibió el respaldo de cientos de organizaciones. En Brasil la lucha giró en torno a la denuncia contra Jair Bolsonaro, por entonces candidato presidencial, por machista, xenófobo y racista.

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Es decir, que aunque formalmente las mujeres conquistaron derechos civiles y políticos en casi todo el mundo, no todas los pueden ejercer por igual, volviendo más claras las contradicciones de clase existentes. Las mujeres de la burguesía hoy, llevan una ventaja incuestionable en los derechos democráticos a las mujeres trabajadoras, han llegado a compartir el poder con sus colegas hombres, las hay presidentas, empresarias, parlamentarias, senadoras, incluso unas explotando a otras mujeres, las tareas domésticas las realizan sus empleadas y no ellas, etc.

Las socialistas del Siglo XIX e inicios del Siglo XX colocaron una polémica que es necesario retomar, la explotación y la opresión no pueden estar al mismo nivel, los oprimidos no son una categoría de clase, ellos están ubicados a lo largo de toda la pirámide social. Aunque ambas, proletarias y burguesas, son oprimidas, la explotación capitalista las coloca en bandos opuestos. Por lo tanto no podemos situar la situación de la mujer sólo en el terreno de los sexos o del género. En el Partido Socialista de los Trabajadores estamos convencidos de que el 8 de Marzo debe recuperar su perspectiva socialista, un 8 de Marzo por y para las trabajadoras, ya que hasta el triunfo del socialismo la explotación dividirá a los oprimidos.