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Hay una vasta literatura sobre la relación entre la juventud y el marxismo revolucionario, comenzando por los bolcheviques. Como el peso de la juventud crece en el curso del siglo XX, la reflexión sobre este tema gana cada vez más importancia en las elaboraciones de la IV Internacional, del propio Trotsky y de dirigentes trotskistas como Nahuel Moreno, Ernest Mandel, y otros. No obstante, en este artículo, trataremos exclusivamente de los escritos de Lenin y Kruspkaya.

Por: Júlio Anselmo, para Teoria & Revolução

Contextualización de la Juventud y la educación en la Rusia de inicios del siglo XX

Desde el final del siglo XIX hay un endurecimiento del zarismo en relación con el movimiento estudiantil ruso. Entre 1881 y 1890, de acuerdo con Victor Serge, “Los derechos de los nobles crecen, la enseñanza superior es reservada, por ley, a las clases dirigentes; los estudiantes, obligados a usar uniforme, son sometidos a una estrecha vigilancia policial”[1]. En esa época, los estudiantes son un punto de apoyo importante para las acciones terroristas contra el zarismo, desarrolladas por organizaciones pequeñoburguesas.

Hacia finales de ese siglo, en función del ascenso de huelgas obreras, la situación se altera. Entra en escena el proletariado y el marxismo gana espacio en Rusia, como testifica el surgimiento del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata Ruso). Hay gran agitación entre los estudiantes, con luchas estudiantiles expresivas en 1901-1902, seguida por otro levante de menor peso en 1908. Los estudiantes también participan de la revolución de 1905. Hay huelgas estudiantiles donde participan más de 30.000 estudiantes y las tácticas varían entre huelgas, manifestaciones, etc.

En todo este período, el movimiento estudiantil era blanco de gran represión por parte del gobierno zarista. En 1901, por ejemplo, el gobierno envió alrededor de 183 estudiantes al ejército como castigo por haber “organizado desórdenes colectivos”[2] en la universidad de Kiev. En el verano de ese mismo año arrestó y confiscó los documentos de todos los participantes de un congreso estudiantil realizado en Odessa.

Las reivindicaciones estudiantiles, en general, eran por libertades democráticas y autonomía universitaria. Combinaba, por ejemplo, la lucha contra el servicio militar en función de la guerra con el Japón en 1905, así como la lucha contra la injerencia de la policía en la universidad, o incluso contra profesores zaristas, etc. Así, el tema de la educación, las pésimas condiciones de vida y el antimilitarismo son las cuestiones centrales en que se asientan todas las organizaciones de juventud surgidas en Europa hacia finales del siglo XIX e inicios del XX, de acuerdo con Dainis Karepovs[3].

Hay también una lucha general en torno a la educación pública, que involucra a profesores y estudiantes secundarios. En 1913, de acuerdo con Lenin, Rusia contaba con “22% de niños en edad escolar y 4,7% que asisten a escuelas, lo que representa solo un poco más de la quinta parte. Esto significa que alrededor de cuatro quintos de los niños y adolescentes de Rusia están privados de educación. En Rusia solo 21% de la población sabe leer y escribir”[4]. Sobre el presupuesto se gastaba “1 rublo y 20 kopeks por habitante. En Bélgica, Inglaterra y Alemania se gasta en instrucción pública de 2 a 3 rublos y hasta 3,5 rublos por habitante. En 1910 Estados Unidos gastó (…) a razón de 9 rublos y 24 kopeks por habitante”[5].

Lenin nos da una caracterización precisa de la política educacional del gobierno zarista: “En ese sentido, todo el trabajo del ministerio de instrucción pública es una pura burla sobre los derechos de los ciudadanos, burla para el pueblo. Vigilancia policial, violencia política, interferencia policial en la educación del pueblo en general y de los obreros en particular, destrucción de todo lo que hace el propio pueblo para su cultura: a esto se reduce todo el trabajo del ministerio, cuyo presupuesto será aprobado por los señores latifundistas, desde los derechistas hasta los octubristas”[6].

Las luchas de la juventud y el movimiento obrero

La lucha contra el zarismo, por ser una tarea democrática y contra la autocracia, aglutinaba a diversos grupos políticos. Incluso hasta grupos burgueses, como era el caso de los liberales. La burguesía “liberal” se ubicaba en oposición al zarismo y en el campo de la “revolución”, en este caso entendida como revolución estrictamente burguesa, liberal y democrática como la tarea para derrotar el zarismo y construir una democracia formal. Ponemos este término entre comillas pues tales grupos burgueses nunca fueron    consecuentes en su lucha contra el zarismo. La burguesía cumplía muy bien el papel de consejera del zar, aliándose, incluso, con elementos del antiguo régimen siempre que la revolución proletaria aparecía en el horizonte. Como era el caso en todas partes luego de 1848: donde aún no se había completado la revolución burguesa estrechos lazos unían a la burguesía con la aristocracia.

En este contexto, la política de los bolcheviques se rigió por el principio de independencia política del proletariado en relación con la burguesía, además de no limitar la revolución a su aspecto democrático burgués. Siendo así, la lucha por la juventud se daba en esos marcos, ocasionando diferentes papeles en distintos momentos y dependiendo de cuál clase social estemos hablando y de la coyuntura planteada.

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En el ascenso de 1900-1902, los estudiantes cumplieron un papel de vanguardia y de alianza con la clase obrera. Lenin, en el número 2 de la Iskra, en el artículo “Incorporación de 183 estudiantes al ejército”, incluso exalta a los obreros a apoyar las luchas de la juventud estudiantil: “El obrero que contemple con indiferencia cómo el gobierno envía las tropas contra la juventud estudiantil, es indigno del nombre de socialista. El estudiante ha acudido en ayuda del obrero; el obrero debe acudir en ayuda del estudiante”[7].

Pero es bueno notar que para Lenin hay jerarquía en esta unidad entre estudiantes y proletariado. En el texto “El comienzo de las manifestaciones”, lanzado en el número 13 de la Iskra, en diciembre de 1901, afirma: “En Jarkov, la manifestación, originada por asuntos estudiantiles, se transformó en una verdadera pelea de calle, en la cual no solo los estudiantes tomaron parte. La experiencia del año anterior no había sido inútil para los estudiantes. Ya habían comprendido que solo el apoyo del pueblo, y principalmente de los obreros, podía garantizar el éxito y que, para ganar ese apoyo, debían salir a la lucha no solo por la libertad académica sino por la libertad para todo el pueblo, por la libertad política.

También los estudiantes de Petersburgo, Moscú, Kiev, Riga y Odessa, tal como se puede ver a través de sus planfletos y proclamas, comenzaron a comprender lo absurdo de sus sueños de libertad académica, mientras el pueblo se encuentra en la más completa esclavitud”[8].

Y en otro artículo de 1902, llamado “Signos de la bancarrota”, en el número 17 de la Iskra, el balance que hace después de la derrota es categórico: “¿Por qué nuestra sociedad no apoya a los estudiantes, aunque solo sea de la manera en que los han apoyado ya los obreros? Después de todo, no son los hijos y hermanos de los obreros los que estudian en los centros superiores de enseñanza, y sin embargo en Kiev, en Jarkov y en Ekaterinoslav, los obreros manifestaron ya abiertamente su solidaridad con lo que protestan, a despecho de todas las ‘medidas preventivas’ adoptadas por las autoridades policiales y a pesar de sus amenazas de usar fuerza armada contra los manifestantes”[9].

Aquí, Lenin recuerda el carácter de clase predominante de la juventud estudiantil y plantea la contradicción de los propios liberales y otros sectores democráticos al no salir en defensa de la lucha de los estudiantes. Al mismo tiempo, resalta la importancia de que el proletariado apoye estas luchas democráticas de los estudiantes y de que la acaudille pese a su base social predominantemente pequeñoburguesa.

No sin razón, en la revolución de 1905, tenemos un salto de calidad. El papel de los estudiantes, junto al proletariado es fundamental. Veamos cómo Lenin, en el artículo llamado “La Huelga Política y la Lucha de Calle en Moscú” retrata ese escenario:

“Según nos informan, la huelga de los gráficos de Moscú fue iniciada por obreros no conscientes. Pero el movimiento se les escapa rápidamente de las manos, transformándose en un amplio movimiento profesional. Adhieren a él obreros de otros oficios. La acción inevitable de los obreros en las calles, aunque solo para informar a sus camaradas y todavía no a la par de la huelga, se convierte en una manifestación política con canciones y discursos revolucionarios. Viene al caso la indignación, mucho tiempo contenida, contra la vil comedia de las elecciones ‘populares’ a la Duma del Estado. La huelga de masas crece hasta convertirse en una movilización masiva de luchadores por la verdadera libertad. Surge en escena el estudiantado radical, que también en Moscú aprobó, no hace mucho tiempo, una resolución enteramente análoga a la de San Petersburgo; (…)

Por la tarde se realizaron grandes manifestaciones, en las cuales, además de los obreros y estudiantes, tomó parte la masa ‘neutra’ (los obreros revolucionarios y los estudiantes radicales ya dejaron de considerarse extraños entre sí en las acciones populares abiertas). (…)

Se va haciendo un hecho la unión del proletariado con la democracia revolucionaria, unión de la cual hablamos más de una vez. Los estudiantes radicales, que, tanto en Petersburgo como en Moscú, aceptaron las consignas de la socialdemocracia revolucionaria, son la vanguardia de todas las fuerzas democráticas que desprecian la vileza de los reformistas ‘constitucional-democráticos’, vacilantes frente a la Duma del Estado, y tienden hacia la verdadera lucha decidida contra el enemigo jurado del pueblo ruso, y no hacia composiciones con la autocracia”[10].

Y en otro texto denominado “Las Jornadas Sangrientas de Moscú”, concluye de la siguiente forma: “Sin duda, los estudiantes revolucionarios de Moscú, que acaban de adoptar una resolución análoga a la aprobada por los estudiantes de Petersburgo, que condena a la duma del Estado y llama a la lucha por la república, por la instauración de un gobierno provisorio revolucionario, contribuyeron a fortalecer la explosión. La agitación entre los estudiantes va aumentando, las reuniones públicas son cada vez más concurridas y adquieren un carácter más revolucionario”[11].

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No obstante, el papel jugado por los estudiantes a lo largo del proceso revolucionario ruso no siempre se dio de la misma manera. En 1917, Lenin expone en el Pravda, en un artículo titulado “Las enseñanzas de la crisis” que los estudiantes jugaron un papel reaccionario luego de la revolución de febrero, o incluso contrarrevolucionario, al demostrar una posición hostil ante el proletariado: “La burguesía toma la avenida Nevsky y los barrios adyacentes de la Petersburgo rica, de la Petersburgo de los capitalistas y de los funcionarios gubernamentales. Oficiales, estudiantes y ‘clases medias’ participan en las demostraciones a favor del gobierno provisorio y entre las consignas aparece frecuentemente en las banderas: ‘Abajo Lenin’”[12].

Este hecho es corroborado aún por un pasaje presente en el libro clásico de John Reed:

“La multitud estaba de buen humor. ‘¿Esos bolcheviques intentarán dictar lo que los intelectuales deben hacer? ¡Vamos a mostrarles!’. Nada podría ser más impresionante que el contraste entre esa asamblea y el Congreso de los Soviets. Allá, grandes masas de soldados despreciables, trabajadores sucios, campesinos –hombres pobres, curvados y marcados en la lucha bruta por la existencia–; aquí los mencheviques y los dirigentes social-revolucionarios –Avksentievs, Dans, Liebers–, los ex ministros socialistas –Skobelievs, Tchernovs–, andaban con cadetes como Shatsky oleoso, Vinaver lustroso; con periodistas, estudiantes, intelectuales de casi todos los campos. Esta multitud de la Duma estaba bien alimentada, bien vestida; yo no vi más de tres proletarios entre ellos todos.

(…)

De un lado un puñado de obreros y soldados comunes, con las armas en sus manos, representando una insurrección victoriosa… y miserable; de otro, una multitud frenética compuesta del tipo de personas que agitan en las calzadas de la Quinta Avenida al mediodía, burlándose, abusando, gritando: ‘¡Traidores¡ ¡Provocadores! ¡Opritchniki!’ Las puertas eran cuidadas por estudiantes y oficiales con brazaletes blancos marcados con rojo: ‘Milicia del Comité de Seguridad Pública’, y media docena de escuderos entraban y salían”[13].

Mientras tanto, la juventud proletaria cumplía un papel destacado en la Revolución Rusa de 1917, incluso dentro del Partido Bolchevique, siendo vanguardia en los principales eventos de la lucha de clases.

Los debates sobre el porqué la pequeña burguesía fue hostil a los bolcheviques en este período es complejo. Serge plantea que “De hecho, la actitud contrarrevolucionaria de las clases medias no era rígidamente predeterminada por sus intereses de clase”[14]. Sea como fuere, pensamos que la clase media y la pequeña burguesía de modo alguno juegan un papel predeterminado. Al contrario, están en disputa. El punto central es: ¿cómo se da la disputa? ¿Con qué base y en qué marcos? ¿Apoyándose en cuál clase o sector social? En fin, ¿cómo se disputa la juventud, que es un sector social tan diverso socialmente? Esto es lo que abordaremos a partir de aquí.

Sobre juventud y las clases sociales

Cabe resaltar que, tratándose del inicio del siglo XX, los estudiantes universitarios rusos expresan una porción bastante “elitizada” de la sociedad rusa y son en su mayoría casi absoluta pequeñoburgueses o parte de la aristocracia. Incluso hasta la escuela básica era para un sector restricto de la población.

La mayoría de la juventud rusa estaba compuesta de campesinos pobres con difícil acceso a la educación. En las ciudades, por su parte, los jóvenes proletarios tenían también poco acceso a la educación. Tanto en Rusia como en el resto de Europa, las organizaciones socialistas de juventud se construyeron prioritariamente con el proletariado y no necesariamente en las instituciones estudiantiles.

Krupskaya, en un texto de 1917, llamado “La lucha por la juventud obrera” plantea la cuestión de esta manera: “Por quien está la juventud obrera, está el futuro. Sabiendo esto, los socialistas de todos los países se aproximan a la juventud y hacen propaganda entre ella. Se aproximan francamente, sin ocultar sus opiniones ni lo que son. Dicen a los jóvenes obreros: son hijos del proletariado y les espera una lucha dura. Para triunfar en esta lucha tienen que ser conscientes, estar organizados y ver con claridad hasta dónde se va. Cuanto antes comprendan en qué consisten las tareas del proletariado, tanto mejor. Trabajen en las fábricas y talleres y la propia vida los incorpora, quieran o no, a la lucha del proletariado y no pueden apartarse de ella sin traicionar la solidaridad de clase. Las organizaciones juveniles socialistas de Europa Occidental son organizaciones proletarias y sus periódicos y revistas tienen un carácter político bien definido”[15].

Krupskaya trata no solo del corte de clase en la juventud sino que expone la disputa política y ideológica feroz contra la burguesía entre los jóvenes: “La mayoría de las veces, la burguesía trata de influir en la juventud no de una manera franca y abierta, sino imperceptible. Esa influencia es la peor. Todo el que dice: ‘Son todavía jóvenes para ocuparse de política, no permitan que nada influya en ustedes’, en el fondo dice: ‘no permitan que nada influya en ustedes, excepto yo y mi partido”[16].

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Y concreta cómo se da esta disputa:

“Por eso [la burguesía] no se aproxima a la juventud como afiliados a un partido, sino como personas bondadosas que simpatizan con los jóvenes. Procuran ganar la confianza de la juventud, aprovechándose de su credulidad. No dicen francamente que el partido obrero es malo, pero dicen: ‘Camaradas, son todavía jóvenes para ocuparse de política, para colocarse una etiqueta, primero hay que aprender, adquirir conocimientos y solo entonces podrán afiliarse conscientemente a un partido u otro; no permitan que nada influya en ustedes, conserven vuestra individualidad e independencia.

(…) Y les propone que en lugar de ocuparse de política, estudien historia, literatura, etc. Pero todo libro de historia, escrito por un autor burgués, contiene las ideas de este escritor burgués, y estas ideas influyen en los que leen el libro. O sea, con ayuda de libros literarios o de historia se influye en un joven poco instruido”[17].

En el texto del mismo año, llamado “La unión de la juventud”, polemizando con la educación cívica burguesa, afirma que: “Hay otra ‘educación cívica’. Se trata de la educación cívica que da la vida a los jóvenes obreros. La vida les educa en el noble espíritu de solidaridad proletaria de clase, hace que comprendan y amen la consigna: ‘¡Proletarios de todos los países, uní-os!’ y los ubica en las filas de los luchadores ‘por un mundo fraternal y la sagrada libertad’. Los obreros jóvenes de todos los países organizan uniones proletarias agrupadas en la Internacional Juvenil, que marcha hombro a hombro con la clase obrera y se plantea los mismos objetivos que esta. La Internacional Juvenil no se disgregó durante la guerra. Y durante la sangrienta matanza exhorta a los jóvenes obreros del mundo entero a luchar y entrar en sus filas. La sección alemana de la Internacional Juvenil ha sido dirigida durante muchos años por Karl Liebknecht, que tan valientemente se ha alzado contra la actual guerra de rapiña lanzando francas censuras al gobierno de su propio país, por lo que fue condenado a trabajos forzados”[18].

Como se ve, Krupskaya fundamenta con peso la necesidad de la disputa de la juventud obrera. Este es el punto de apoyo fundamental del Partido Bolchevique para la disputa por la organización de la juventud, y también para la disputa política e ideológica de los estudiantes. En síntesis, es en los marcos de la juventud proletaria que los bolcheviques disputan la juventud estudiantil.

Notas:

[1] SERGE, Victor. O ano I da revolução russa. São Paulo: Ensaio, 1993.

[2] LENIN, Vladimir Ilitch. Obras Completas, tomo 4. Madrid: Akal, 1975.

[3] KAREPOVS, Dainis. A nação e a juventude comunista do Brasil. In: SIMPÓSIO NACIONAL DE HISTÓRIA – ANPUH, XXVI, 2011, São Paulo.

[4] LENIN, Vladimir Ilitch. Obras Completas, tomo 19. Madrid: Akal, 1977.

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

[7] LENIN, Vladimir Ilitch. Obras Completas, tomo 4. Madrid: Akal, 1975.

[8] LENIN, Vladimir Ilitch. Obras Completas, tomo 5. Madrid: Akal, 1976.

[9] LENIN, Vladimir Ilitch. Obras Completas, tomo 6. Madrid: Akal, 1976.

[10] LENIN, Vladimir Ilich. A greve política e a luta de rua em Moscou. In: Sobre os sindicatos. Rio de Janeiro: Editorial Vitória Ltda, 1961. Disponible en: https://www.marxists.org/portugues/lenin/1905/10/17-1.htm

[11] LENIN, Vladimir Ilitch. Obras Completas, tomo 9. Madrid: Akal, 1976.

[12] LENIN, Vladimir Ilitch. Obras Completas, tomo 25. Madrid: Akal, 1977.

[13] REED, John. Dez dias que abalaram o mundo. São Paulo: Companhia das Letras, 2010.

[14] SERGE, Victor. O ano I da revolução russa. São Paulo: Ensaio, 1993.

[15] KRUPSKAIA, Nadezdha. La lucha por la juventud obrera. Lima: La Semilla, no. 25. Disponible em: https://www.marxists.org/espanol/krupskaya/1917/mayo30.htm

[16] Ibídem.

[17] Ibídem.

[18] Ibídem.

Traducción: Natalia Estrada.

Artículo publicado originalmente en portugués, en Teoria & Revolução, sección Historia-Juventud, 15 de setiembre de 2017: http://teoriaerevolucao.pstu.org.br/os-bolcheviques-e-a-juventude/