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Tras siete años sin protagonizar un movimiento de envergadura nacional, los estudiantes universitarios volvieron a sorprender a la sociedad con sus movilizaciones masivas en todo el país, por medio de las cuales le exigieron al gobierno nacional una salida a la crisis estructural de financiación que afecta a las universidades públicas. Después de casi tres meses de paro, el movimiento estudiantil logró un acuerdo con el gobierno. Esto muestra que la lucha y la organización democrática son el método efectivo para hacerle frente a los planes gubernamentales, y marcan la pauta para los demás sectores sociales sobre cuál es el camino para frenar la arremetida del gobierno de Duque contra la mayoría de la población.

Autor: Andrés Felipe

Un balance necesario

Es muy importante que el movimiento, especialmente las bases, tengan plena conciencia de los resultados obtenidos fruto de la lucha, para poder proyectarla según lo que se logró o no. Balances no hechos o balances parciales pueden desembocar en confusiones que se traducen en derrotas o en desmoralización, tal y como ocurrió con el movimiento estudiantil del 2011, en donde se “cantó victoria” con el retiro de la reforma a la Ley 30, pero se olvidó el resto del Programa Mínimo mientras el gobierno continuó con su ofensiva a la par que el movimiento quedó sepultado en mesas de discusión infructuosas, y la MANE destruida.

Un primer logro –y tal vez el más importante– es la conformación de la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior (UNEES), un espacio en donde se organizan para luchar en pro de la educación superior, bajo unos principios con un importante carácter democrático. El proceso de la UNEES es realmente histórico, pues logró superar gran parte de los problemas –especialmente en el terreno democrático– que tuvo la MANE, aquella ultima plataforma de envergadura nacional sin precedentes desde los años setenta.

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También cabe señalar, el hecho de reactivar un movimiento que había quedado prácticamente disperso después de su última aparición, y con esto, poner en la boca de la sociedad en general el tema de la educación, especialmente alrededor de la crisis que actualmente padecen las universidades públicas y de la cual el gobierno es responsable. De este modo, los estudiantes pusieron la correlación de fuerzas a favor de los explotados –abriendo incluso la posibilidad de un Paro Cívico Nacional–, y “metieron un palo en la rueda” del plan del gobierno (Ley de Financiamiento, reforma pensional, salario mínimo, etc.), el cual se vio obligado a incorporar algunos ajustes de última hora.

Por otro lado, si bien es cierto que sentar al gobierno a negociar se puede considerar un logro –en el marco de un régimen que cierra cualquier espacio de participación política–, no hay que olvidar que las mesas de negociación son también una táctica del gobierno para desactivar las luchas: se negocia en su terreno, allí donde tiene “el sartén por el mango” al presionar para que se remplace la movilización por la negociación. No es un secreto que el gobierno temía que el movimiento confluyera con más sectores sociales inconformes, por eso necesitaba desmontarlo cuanto antes, y la negociación –acompañada de represión– suele ser efectiva.

El contenido del acuerdo

Es muy importante analizarlo objetivamente para tener plena claridad de si se trata de “una victoria histórica” o de una maniobra del gobierno para desactivar la lucha. Veamos.

El gobierno se compromete a destinar alrededor de cinco billones de pesos adicionales en educación superior, divididos en varios puntos dentro de los cuales se comprenden principalmente: la inversión (infraestructura), la investigación a través de Colciencias y el pago de pasivos; y con un incremento del presupuesto, con base en el IPC en 3.5% para 2019 hasta 4.65% para 2020, superando lo que ya había acordado con los Rectores. Todo este dinero –cerca de 6 billones de pesos– está supeditado a regalías y reformas tramitadas vía Congreso por una parte, y a la ejecución del PND y la Ley de Financiamiento por otra. Adicionalmente se compromete a garantizar mesas técnicas donde se discute una reforma integral al sistema educativo, lo que comprende una reforma al ICETEX y al Sistema General de Participaciones.

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Es cierto que el dinero adicional pactado es un logro importante pero no soluciona la crisis financiera que sufren las universidades públicas. Durante toda la negociación, el gobierno fue enfático en rechazar cualquier propuesta de reforma estructural del presupuesto de las universidades públicas, porque una medida así va claramente en contravía con su política general, la cual comprende –tal como lo orienta la OCDE– la financiación a la demanda por medio del programa Generación E, la Financiación Contingente al Ingreso y los créditos del ICETEX. Sin derrotar esa política, es muy poco probable superar la crisis. Igualmente, las mesas técnicas pueden sonar prometedoras, pero como ya se mencionó, hacen parte de la táctica del gobierno para dilatar y frenar la movilización.

El camino a seguir

Con base en lo anterior, si el mayor logro es la conformación de la UNEES, la principal tarea para el movimiento estudiantil tras el inminente levantamiento del paro, es fortalecer esta plataforma con la perspectiva de que se convierta en una organización gremial y democrática de los estudiantes para la lucha contra los planes del gobierno, que no se harán esperar. Esto empieza por lo más básico: discutir un balance en profundidad, de manera democrática, de cara a las bases, sobre el proceso de negociación y sus resultados, y el papel jugado por los voceros, especialmente de las implicaciones políticas de haber firmado un acuerdo sin previa consulta con las bases.

Y como la lucha continúa, es pertinente que la UNEES discuta y defina su participación en el Encuentro Nacional de Organizaciones Sociales del próximo 9 y 10 de febrero, y en los diferentes encuentros regionales para la preparación del mismo. Llenar el Encuentro de estudiantes de base, desde los Consejos Estudiantiles conformados durante el Paro, aumenta su carácter democrático y pone en discusión los problemas gremiales que incentivan la lucha, en la perspectiva de organizar un Paro Cívico nacional contra Duque y contra el asesinato de líderes sociales.