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Las intenciones del gobierno son claras, llegar al 28 de julio con la aprobación de un paquete de reformas liberales que le permita renovar sus compromisos con la CONFIEP. El tiempo record en que se aprobó la Ley de Servicio Civil, avizora el destino de la próxima aprobación de la Ley Universitaria (“Ley Mora”) que ratificará la continuidad del modelo universidad/empresa, espacio en donde no existe la organización estudiantil.

Esta iniciativa legislativa planteada por el gobierno deja el camino libre para una  mayor injerencia de la empresa privada y del Estado en resguardo de los intereses de la primera,  con el previsible aumento de la represión del movimiento estudiantil, seguramente bajo la siempre útil acusación de “infiltración terrorista”.

De aprobada la Ley y con una golpe a la organización estudiantes, los claustros universitarios regresarán a la época sombría de la “única idea”, el gobierno con su camiseta de “Marca Perú” avanzará con las banderas del statu quo y del modelo económico del “milagro peruano”; las casas superiores al perder su vocación de libre-pensadoras, pierden su razón de ser, hoy eso está en riesgo y es parte de la defensa de la autonomía universitaria.

En las últimas jornadas de lucha, los estudiantes universitarios de las diferentes regiones del país han demostrado que existe capacidad de respuesta y movilización para enfrentar la imposición de una nueva Ley de Universitaria. Frente a la necesidad inmediata de hacer retroceder esta iniciativa, la actual generación se va encontrar con problemas organizativos y políticos que el movimiento estudiantil ha venido arrastrando desde inicios de su crisis hacia finales de los años 80’s.

Uno de estos aspectos es el tema de la centralidad, la existencia de un espacio organizativo que permita unificar a las universidades del país en torno a una plataforma de reivindicaciones. Estos últimos años los jóvenes universitarios han resistido a diferentes decretos supremos, al régimen disciplinario, a luchar contra la corrupción, sin embargo, estas se han caracterizado por ser dispersas, luchas aisladas, victorias a medias.

La actual coyuntura pone en apuros al movimiento estudiantil y para poder salir fortalecidos de este proceso, las universidades deben tener niveles de coordinación que permita levantar una misma bandera, una plataforma propia de los estudiantes e impulsar una medida de lucha unificada.

En el caso del movimiento estudiantil, no sería la primera vez que se presenta la necesidad de unificar, los intentos de elegir o fortalecer un ente que centralice al movimiento se frustraron en el 2002 – 2005, último proceso de reorganización del movimiento universitario a escala nacional, se logró hacer retroceder la Ley privatista de Toledo (“Ley Ayaipoma”, 2002) y la huelga de la UNI – UNT y UNA-Puno por el voto universal, la no reelección de autoridades y la revocatoria de las mismas (2004). Pero terminados estos procesos, el movimiento estudiantil quedó desarmado, con un saldo de dirigentes denunciados y expulsados, la desaparición de federaciones y gremios, un caso emblemático es la de la Universidad Nacional de Ingeniería.

La generación “democrática”, esa que aprendió a luchar votando a Fujimori, se encontró con su mayor contradicción, la unidad, ya en ese momento los estudiantes de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) se hicieron el harakiri, la coordinadora interuniversitaria no pudo salir más allá de Lima, y las universidades del sur crearon su propio cascaron sin representatividad. Hoy el ambiente universitario, las ideas, sus estamentos son producto de 10 años de dictadura y más de 20 años de continuidad del modelo económico.

Bajo esa carga pesada, lo que hoy necesita el movimiento universitario es unidad, una plataforma conjunta y un plan de lucha, proceso que sólo se puede sostener si existe dinamismo, discusión, eventos, conversatorios… mirar nuevamente a la base y tener una práctica de la más amplia democracia.

Son los gremios estudiantiles quienes deben empujar y tener una visión más amplia, ya que es una realidad que el gobierno pueda aprobar la ley Mora; la vanguardia del movimiento universitario debe aprovechar la coyuntura de resistencia para reorganizar al estudiante, sacudirse del dogmatismo, la corrupción y de los aparatos que se han enquistado en los órganos representativos.

Qué mejor coyuntura que después de luchar y con los ojos más abiertos, se pueda discutir sobre una real Federación Universitaria de San de Marcos, representativa y democrática. También que producto de esta experiencia haya una renovación de dirigencia, de organizaciones y partidos, de aquellos que llevan enquistados muchos años en los gremios y que ya son parte del problema y de la crisis.

El estudiante universitario debe sacudirse y mirar nuevamente a las ideas, la ciencia, el arte; mirar hacia la sociedad con confianza y sensibilidad para cambiar una realidad que es agresiva con la juventud, con las mujeres, con los trabajadores. Vayamos por construir esa Unidad…

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