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Movilizaciones contra el CPE incendian Francia

Un millón y medio de manifestantes contra el Contrato de Primer Empleo (CPE) tomaron las calles de Francia el sábado 18 de marzo: una movilización gigantesca, con por lo menos 160 marchas en distintas ciudades del país. Sólo en París fueron 350 mil. Además del carácter masivo, la radicalidad fue otra marca de las protestas.


En la Plaza de la Sorbona, en París, millares de estudiantes al grito de «¡liberen la Sorbona!» trataron de derribar una barrera metálica de dos metros de altura, erguida por la policía para impedir una nueva ocupación de la universidad y sólo retrocedieron por los chorros de agua y las bombas de gas. Este día hubo 167 detenciones y 52 heridos, de estos, 34 policías. Y lo más grave: un sindicalista de correos, herido por la policía, está hospitalizado y en coma. 

La importancia de estas manifestaciones se da no sólo por su carácter masivo y radicalidad, sino porque participó de las mismas un gran contingente de hijos y nietos de inmigrantes y trabajadores de las generaciones anteriores. Esto demuestra que la conciencia de la lucha contra la precarización de las condiciones laborales, así como la necesidad de extenderla al conjunto de la clase trabajadora, crece con la fuerza de la movilización;
Una oleada creciente de luchas contra el gobierno Chirac-Villepin

A pesar de que el gobierno Chirac-Villepin impuso el CPE al principio de las vacaciones escolares de invierno, el movimiento no dejó de crecer y de radicalizarse. Desde el 7 de febrero, cuando salieron más de 200 mil a la calle, la juventud demostró una gran disposición de lucha: ocupaciones, huelgas y acciones simbólicas (como el bloqueo del Arco del Triunfo) se multiplicaron por todo el país.

El 7 de marzo ya eran un millón de manifestantes, y más de 60 de las 84 universidades públicas estaban en huelga. Los estudiantes secundarios comenzaron a movilizarse: actualmente ya son más de 300 los colegios ocupados o en huelga. Profesores y trabajadores de muchas universidades se solidarizan con el movimiento estudiantil. E incluso algunos rectores temerosos pidieron la suspensión del CPE y que se abrieran negociaciones.
La acción de mayor impacto, antes de las manifestaciones de los días 16 y 18 de marzo, fue la ocupación de las universidades, destacándose la de la Sorbona, el día 8. Tres días después, el gobierno, mediante una megaoperación policial durante la noche, desocupaba violentamente esta importante universidad, encendiendo un reguero de pólvora que provocó una ola de violentos enfrentamientos en el Quartir Latin en París.

El 16, cuando las marchas estudiantiles reunían más de 300 mil, se produjeron innumerables choques con la policía: una librería incendiada, barricadas, autos destruidos. Para resistir a la ofensiva de la policía, los jóvenes tiraban piedras, palos y botellas. Durante el conflicto fueron detenidos 70 estudiantes en París y 202 en toda Francia.

La actual ola de luchas de la juventud francesa se explica por la combinación de varios factores: el alto índice de desempleo (el desempleo entre los jóvenes de hasta 26 años es en media del 22% y en algunos suburbios llega al 40%), el gran contingente de hijos y nietos de inmigrantes que son doblemente discriminados y la memoria del Mayo del 68.

La amplitud de este movimiento se inscribe en la continuidad de las grandes sublevaciones estudiantiles que marcaron la historia reciente del movimiento social francés: las manifestaciones de 1986 contra la reforma Devaquet, que proponía un examen de ingreso en las universidades, y las manifestacioens de 1994 contra el Salario Mínimo para la Juventud del gobierno Balladur, archivado de manera vergonzosa a sólo dos meses de su aprobación en el Parlamento. Esta tradición llevó a los propios medios burgueses a referirse a un «fenómeno francés» y a llegar a la siguiente conclusión: «no se puede gobernar contra la juventud».

De dónde viene y qué es el CPE

Durante las movilizaciones, el CPE fue rápidamente denominado con mucha creatividad «Contrato Precariedad y Exclusión», «Contrato Para Esclavos», Contrato de Precariedad Eterna» y el más instigante «Cócteles, Piedras y Enfrentamiento». El CPE es parte del Proyecto de Ley para la «Igualdad de Oportunidades», impuesto por el gobierno a través de una medida bonapartista, el 9 de febrero, sin votación en la Asamblea Nacional. El proyecto permite bajar la edad legal de aprendizaje profesional de los 16 a los 14 años, legaliza el trabajo nocturno a partir de los 15 años, además de posibilitar la supresión de los beneficios sociales de los padres cuyos hijos faltan a la escuela. Finalmente, su principal medida, agregada a última hora, es el Contrato para el Primer Empleo (CPE). Reservado a los jóvenes de hasta 26 años, el CPE tiene una duración de, como máximo, dos años y va a permitir a los empleadores despedir sin ninguna justificativa o costo, bastando comunicar el despido con 15 días de antelación. Para los patrones todo es alegría: exención de todos los costos sociales durante tres años cuando empleen un joven de hasta 26 años con más de seis meses sin trabajo.

De hecho, el CPE se ha convertido en una medida simbólica de la precarización y se inscribe en una ofensiva general que pretende desmantelar una serie de conquistas del conjunto de la clase trabajadora: imposición de horas extras para los profesores; despidos preventivos a crisis económicas de las empresas; rediscusión de las 35 horas semanales; limitación del seguro de desempleo; endurecimiento de las leyes contra los inmigrantes, como la Ley Sarkozy, que dificulta el acceso la cédula de residente y vuelve imposible la reunión familiar.

La estrategia del gobierno es la institución de un Contrato Único que pondría fin al Contrato de Duración Indeterminada (CDI) y generalizaría la precarización a todos los asalariados. El Contrato Único representaría la consagración de una política aplicada desde principios de los años 70 por todos los gobiernos de derecha y de «izquierda».

Cabe recordar que fue a partir de 1981, año de la elección de Mitterrand, el período en que más se crearon contratos precarios. Fue también el socialista Jospin quien inventó la idea «genial» de un Contrato de Duración Indeterminada con tiempo determinado… En fin, tanto los gobiernos socialistas como los de derecha hicieron de todo para desmontar las viejas conquistas oriundas del fallecido «Estado de bienestar social».
Contrato de Precariedad Eterna: la respuesta de Chirac-Villepin a la insurrección de los suburbios

A fines del año pasado, Francia ya había ocupado las primeras planas de la prensa internacional con una verdadera insurrección juvenil en los suburbios de las grandes ciudades. El mundo entero «descubrió» la verdadera cara de un país famoso por sus pretendidas conquistas sociales: una sociedad donde prospera el racismo y la exclusión social, donde una parte de la juventud obrera marginalizada, en los barrios,  prendió fuego todo para expresar su desesperación. Así, el capitalismo con «rostro humano» de la «Europa Social» fue bastante vapuleado.

La respuesta inmediata del gobierno fue la represión violenta y medidas de excepción para supuestamente restablecer el «orden», todo orquestado por el ministerio del Interior, dirigido por Sarkozy. El gobierno llegó a decrear el Estado de Emergencia y el Toque de Queda en varias ciudades, medidas no aplicadas en Francia desde 1962, durante la guerra de Argelia. Lo que representaba una amarga ironía: la mayoría de los jóvenes rebelados está compuesta de hijos y nietos de inmigrantes de las ex-colonias francesas, incluso de Argelia.

Poco después del fin de los conflictos, los grandes diarios, particularmente el Le Monde, publicaron estudios divulgando el perfil social de los supuestos delincuentes: ninguno de ellos, mayores o menores de edad, tenía pasaje por la policía; al contrario, engrosaban las filas de los trabajadores precarios o hacían cursos profesionales. Entonces, para «incluirlos» en el mercado de trabajo, el gobierno propuso precarizar todavía más los contratos laborales. Esto que fue visto como una verdadera provocación.

Sería un equívoco no hacer un paralelo entre las manifestaciones contra el CPE y la insurrección de los jóvenes de los suburbios a fines del año pasado. Sobre todo, cuando el gobierno presenta cínicamente el CPE como una respuesta que tiene por objetivo atender las reivindicaciones de los jóvenes, en particular, de los hijos y nietos de inmigrantes.

Poco antes de las últimas movilizaciones, durante la Plataforma de Toulouse, que reunió colectivos juveniles de varias ciudades, el pliego de reivindicaciones aprobada incluyó la exigencia de la liberación de todos los presos de la insurrección de noviembre de 2005. Además, para recordar la manera irónica las palabras de Sarkozy que llamó a los jóvenes de los suburbios racaille (ralé/escoria), algunos manifestantes contra el CPE portaban carteles donde se leía: Chiracaille (Chirac ralé/escoria). No se puede negar la convergencia de estos movimientos. En los dos fenómenos encontramos la misma radicalidad, la determinación de ir hasta las últimas consecuencias y el sentimiento de ser excluido de una sociedad que funciona con dos pesos y dos medidas.

Todavía no está dicha la última palabra

Durante toda la noche del mismo día 18, se reunió en Dijon la Coordinación Nacional de Estudiantes, que contó con la participación de 450 activistas, representando delegaciones de 67 de las 84 universidades públicas de Francia y 50 escuelas secundarias. La reunión aprobó el Llamado de Dijon que propone seguir con las ocupaciones de las universidades, le dio 48 horas al gobierno para que retroceda, fijó nuevas manifestaciones nacionales para el martes 21 de marzo y otra para París el 23, además de proponer la organización de una huelga general a los sindicatos de los trabajadores.

El poder de las movilizaciones, más temprano o más tarde puede derribar al primer ministro Villepin. La editorial de Le Monde del 20 de marzo, con el títular de «¡Atención: Peligro!», expresaba de manera contundente la división del gobierno y de la burguesía francesa cuando afirmaba: «Rechazar la anulación del CPE es una apuesta irresponsable, porque sería aumentar más todavía la fractura social y generacional que está minando a Francia».

Cuando cerrábamos esta edición, una reunión de las centrales sindicales – Confederación General del Trabajo (CGT), Fuerza Obrera (FO), Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), Confederación Francesa de los Trabajadores Cristianos (CFTC) y Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (FSU) – con la Coordinación Nacional de Estudiantes, la Unión Nacional de Estudiantes Franceses (UNEF) y la Federación Nacional de Estudiantes Secundarios (FIDL) fijaba una huelga general  de 24 horas para el 28 de marzo.

Los jóvenes y trabajadores todavía no dijeron la última palabra. Chirac y Villepin están aprendiendo en la práctica que no se gobierna contra la juventud. No hay nada más temido por la burguesía y por el gobierno francés que un nuevo Mayo del 68.

En foco

«La rabia y el odio nos unifican. Podría haber sido el CPE o cualquier otra cosa, porque en Francia hay cólera. Por eso explotan los suburbios, votamos «No» por Europa y ahora más de un millón de personas se une contra el CPE. Es un estado de ánimo que se apoderó de las calles y si el gobierno no da una respuesta, no sé cómo terminará todo esto». (Larissa, estudiante de la Sorbona – Clarín 19/03/06).

Mayo de 1968 y Marzo de 2006

Hay mucho en común entre la actual insurrección juvenil y el Mayo del 68. En primer lugar, la juventud se pone a la vanguardia de una lucha contra el gobierno que se arrastra al conjunto de los trabajadores, y tiene como resultado la fecha de una huelga general.

Segundo, la radicalización del movimiento con huelgas, enfrentamientos y ocupaciones choca con la intransigencia del gobierno y una fuerte represión policial. En tercer lugar, ambos movimientos parten de una reivindicación específica de la juventud y después se generalizan contra el gobierno, el régimen y el sistema. Lo que afirmamos es un hecho incuestionable hasta para Le Figaro, uno de los diarios más conservadores de Francia, que salió recientemente con el titular «Espectro del Mayo del 68», en el que se lee: «Ya que Francia siempre prefirió la revolución a la reforma, el riesgo de una ruptura radical no está descartada».

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