Compartir

El ministro de Educación, Abraham Weintraub, anunció un corte de 30% en el monto a algunas universidades. Acusó a las instituciones de promover un supuesto “desorden” y de tener bajo desempeño. El ataque fue dirigido a las universidades federales de Brasilia (UnB), Fluminense (UFF) y de Bahia (UFBA). La primer mentira es que todas ellas tienen un altísimo desempeño académico, como certifican los ránkings internacionales. Y hablar de “desorden” no es más que una tentativa de restricción de la libertad de expresión y de enseñanza.

Por: Júlio Anselmo – Secretaría Nacional de Juventud del PSTU, Brasil

Esas universidades siempre recibieron eventos, debates y actividades (académicos y/o públicos) sobre la situación política del país, los movimientos y luchas sociales, etc., contra el conservadorismo que el gobierno defiende. Se trata, por lo tanto, de un ataque a las libertades democráticas, a la libre expresión de pensamiento, y a la autonomía en la enseñanza.

Y como si eso no bastase, Bolsonaro ya orientó sus comparsas para reprimir y criminalizar la lucha de los estudiantes en caso de que, por ejemplo, ocurran nuevas ocupaciones, lo que obviamente es un ataque al derecho de manifestación.

Foto: Mídia Ninja.

Cortes por todos lados

Justamente, con el ataque a la autonomía universitaria, agregado a un chantaje para intentar silenciar a quien piensa diferente del gobierno, es que el Ministerio de Educación extendió el corte para todas las universidades federales del país. La disculpa sería que el objetivo del gobierno es invertir en la Educación Básica. Otra mentira, ya que el corte de presupuesto alcanzó, de lleno, a los Institutos Federales de Educación Básica y el Colegio Pedro II, en Rio de Janeiro. Solo de la Educación Básica fueron quitados R$ 2.400 millones, de un total de 7.970 millones (de todos los sectores de la educación).

Disminución de inversiones

La última mentira del gobierno es todavía más increíble. Bolsonaro dijo que, en el Brasil, se gasta demás con la enseñanza superior. Dice que la inversión en Educación, en nuestro país, es de 5,55% del PIB (o la suma total de todas las riquezas producidas), mientras la media en los países ricos –los 36 que se agrupan en la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE)– es de 5%.

Pero, lo que ellos no dicen es que, si consideramos el total invertido en educación por estudiante, todavía estamos bien atrás de esos países. El hecho es que países como Alemania, Estados Unidos, Francia e Inglaterra tienen altas inversiones en educación hace muchas décadas. Además, el PIB de esos países es mucho mayor que el brasileño y, al mismo tiempo, ellos tienen muchos menos estudiantes. Por eso, esta distorsión.

En 2017, el Brasil gastó cerca de U$S 11.000 por alumno de la enseñanza superior, contra los U$S 16.000 que son invertidos, en media, en los países más ricos de la OCDE. En la Educación Básica, el Brasil gastó U$S 3.800 por alumno, mientras la media en las naciones más ricas es de U$S 10.000.

Lea también  Es posible derrotar la reforma de la previsión pero las cúpulas de las centrales y partidos de la oposición no pueden roer la cuerda

Esa comparación en relación con las universidades ni siquiera es correcta. Al final, en las cuentas de las universidades brasileñas también entran los gastos con los hospitales universitarios (que atienden a la población en general) y las pesquisas financiadas con recursos públicos, 95% de las cuales están bajo responsabilidad de las universidades federales.

Recolonización: Bolsonaro quiere transformar el Brasil en una colonia

La política educacional brasileña refleja el hecho de que el Brasil cumple el papel de país subordinado al imperialismo y a los intereses de los grandes monopolios que dominan el mercado mundial. El papel, en suma, de un exportador de commodities (materias primas, como soja, mineral, etc.), que sufrió un proceso de desindustrialización y una reversión colonial en las últimas décadas.

Para eso, no es preciso desarrollar la ciencia, la tecnología o una educación con algún nivel de calidad. Es preciso apenas formar mano de obra rápida y barata, para ser explotada por los capitalistas brasileños e internacionales. Y es este modelo de educación que Bolsonaro quiere profundizar.

El plan es desmantelamiento para ampliar la privatización

La verdad es que la enseñanza superior pública brasileña está precarizada y hace mucho sufre con falta de inversiones e infraestructura. No hay siquiera una política de permanencia estudiantil adecuada, que garantice bolsas, restaurantes universitarios y vivienda para los estudiantes. La verdad es que, hoy, la mayor parte (75%) de los estudiantes de esa modalidad de enseñanza ya se encuentra en las facultades privadas.

Y sabemos que, en esas instituciones, todos tienen que hacerse cargo de las altísimas mensualidades y de la deuda a través del Fondo de Financiamiento Estudiantil (FIES), además de someterse a una enseñanza que no tiene la misma calidad que la de las universidades públicas. Todo eso financiado con dinero público; pues, al final, en lugar de garantizar abertura de vacantes en las universidades públicas, los gobiernos del PT prefirieron desviar dinero para que facultades privadas distribuyesen “bolsas de estudio”, a través de programas como el PROUNI.

Esto potencializó el lucro de los tiburones de la enseñanza privada, que transformaron la educación en un gran negocio. Un sector que, incluso, está cada vez más monopolizado y bajo dominio extranjero. Basta ver el caso de la Kroton Educacional (la mayor empresa privada del mundo en el ramo de la educación), que ya tiene más de un millón de matrículas en el Brasil y, en 2013, según el presidente de su consejo administrativo, tuvo 40% de su renta garantizada por el FIES y la relación con el gobierno federal.

El corte de casi dos tercios del presupuesto hecho a las universidades públicas significa el fin de estas. Y este es el objetivo del gobierno, que pretende ampliar la privatización, incluso a través de la introducción de vouchers educacionales. Esa propuesta fue implementada por el dictador chileno Augusto Pinochet y consiste en la distribución de “vales” (por el Estado) para que las familias más pobres escojan instituciones de enseñanza privada para matricular a sus hijos. O sea, lo que se quiere es la transferencia directa de dinero público para la iniciativa privada.

Lea también  Contra los ataques de Piñera y Alessandri: Juventud al frente

En suma, es una medida más que refuerza el carácter elitista de este gobierno en relación con el acceso a las universidades. No en vano el ex ministro de Educación, Ricardo Vélez Rodríguez, dijo que la universidad “no era para todos, sino para una elite”. Esos cortes y toda la política de destrucción de la educación pública afectan principalmente a los hijos de los trabajadores.

A contramano: dinero de la educación va para los banqueros

Reunión y acto en la Universidad Federal de Paraná (UFPR).

De ser implementada, la reforma de la enseñanza media va a empeorar todavía más las condiciones de enseñanza en las escuelas de todo el país. Va a aumentar, todavía más, la privatización y el despido de profesores. No es verdad que la educación básica recibe menos dinero que la superior. La verdad es que la educación de conjunto recibe poco dinero.

En el total de gastos, tomando en cuenta las inversiones de los gobiernos federal, estaduales y municipales, la educación básica recibe 70% del total de las inversiones. Es falso, por lo tanto, el argumento del gobierno de que es preciso escoger cuál debe ser la prioridad: la universidad o la escuela.

En realidad, falta dinero tanto para una como para la otra. La manta es corta, no porque se invierte demás en una u otra modalidad de enseñanza sino porque el gobierno usa la mayor parte de su presupuesto para pagar la deuda pública a los banqueros. Porque nuestro presupuesto es chupado por los ricos y poderosos, mientras de 2014 a 2018 hubo una reducción de inversiones en todos los niveles de la educación: 15% en el enseñanza superior; 19% en la educación básica; y 27% en la educación profesional.

¿Qué hacer? ¿Cómo transformar la educación pública?

Movilización de estudiantes en Rio de Janeiro.

Sería posible aumentar las inversiones si el gobierno parase de pagar la deuda y atacase los intereses de los banqueros. Pero, este es justamente un gobierno que mezcla los intereses de los ricos con una ideología conservadora.

Su proyecto educacional está orientado hacia el adoctrinamiento ideológico, basado en la destilación de preconceptos y tesis pseudo-científicas, proferidas por su lunático gurú, el astrólogo Olavo de Carvalho, que quiere destruir la educación pública.

No es en vano que andan orientando a los estudiantes a filmar a los profesores, y ya promovieron todo tipo de embrollos en el Ministerio de Educación, al mismo tiempo que quieren aprobar una reforma de la previsión que quita derechos de los trabajadores, como los profesores.

Lea también  ¡Manos a la obra! Construir la huelga general del 14 de junio

Chantaje

El gobierno hace un verdadero chantaje diciendo que podrá revertir los cortes en la educación en caso de que la reforma de la previsión sea aprobada. Es mentira que no hay dinero. Tiene dinero para garantizar la previsión de los trabajadores. Pero, para eso, es preciso parar de dar dinero para los banqueros.

Por eso, la lucha contra todo lo que está ocurriendo en la Educación debe combinarse con la construcción de la huelga general en el país. El camino para mejorar la educación pública y la producción científica pasa por la inversión, solo en la Educación, de 10% del PIB. Pero, también, es preciso estatizar las facultades y escuelas privadas, con la garantía de acceso a una enseñanza pública, laica, de calidad y gratuita para todos.

El 15 de mayo vamos a las calles

Defendemos una educación pública, gratuita, de calidad, laica y politécnica. Una educción donde tengamos capacidad de formar no solo trabajadores y trabajadoras capacitados sino también, y sobre todo, seres humanos que no aprendan simplemente a obedecer órdenes y reglas del sistema capitalista, sino que rescaten su integridad y todo su potencial.

La educación pública es un derecho por el cual los pueblos lucharon mucho para arrancarla de las manos de las elites. Pero, hoy, la burguesía la transformó en este infierno que vemos en todo el país. Es preciso destruir el capitalismo para arrancar la educación de este oscurantismo que quiere arrojar al pueblo a la más completa ignorancia y sumisión. Por eso vamos a las calles, ¡la movilización de los estudiantes y profesores ya comenzó! ¡Y el 15 de mayo la educación va a parar!

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.