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En estos días, mientras en Italia el teatro político abarrota la prensa, en Bulgaria una gran protesta inunda las calles de Sofía y de muchas otras ciudades.


En realidad, desde hace cinco meses una serie de manifestaciones llena las calles con una exigencia precisa por parte de los estudiantes, sindicatos y muchos trabajadores: la renuncia del gobierno.

La ocupación de la universidad: estudiantes y profesores unidos en la lucha
 
Son ellos los protagonistas, los “estudiantes madrugadores”, como se definen. Ocuparon en octubre el aula magna del ateneo de Sofía, el más antiguo del país, contestando a la restauración de los derechos parlamentarios, por parte de la Asamblea Nacional, a un político de dudosa fama. La contestación se inició con un carácter democrático para, enseguida, como generalmente ocurre, tomar una dirección de respuesta mucho más radical. Y, de hecho, los estudiantes estaban lado a lado con los empleados de la universidad y los profesores y, con una única voz  reivindicaban el derecho a una vida más digna, sobre la cual recae una crisis internacional que los gobiernos cobran de los trabajadores, de los estudiantes, de los precarizados. En pocas palabras, de los sectores más frágiles de la sociedad. Sofía y otras ciudades fueron inflamadas contra la desenfrenada corrupción del gobierno de Plamen Oresharski, primer ministro desde junio, que defiende con fervor las posiciones de apoyo a las políticas de austeridad de la Unión Europea (UE). Y, en una situación de inestabilidad política y de crisis económica, los estudiantes hicieron una advertencia, demostrando el peso histórico de su acción.

Aunque el movimiento parezca dividido en su interior entre el juego de los partidos (sectarismo de los movimientos estudiantiles autónomos), la protesta parece proseguir firme y crece el número de estudiantes que participan de la ocupación del ateneo. El presidente Rosen Plevneliev explotó el asunto declarándose abiertamente a favor de una “revolución moral”, como la definió, que demostraría un avance de la sensibilidad histórica de los ciudadanos búlgaros.

Una lucha de masas contra las políticas de austeridad
 
Es claro que la protesta no cuestiona el poder, lo que ocurriría si se eligiese una vía anticapitalista que pasando hacia una organización bolchevique del movimiento estudiantil sería capaz de conducir la protesta hacia la victoria, con una óptica de clase. Considerando eso, es nuestro deber destacar el fuerte carácter de esas movilizaciones que avanzan desde hace meses y que alcanzaron la cima en estos días: el 20 de noviembre.

En esa jornada, los estudiantes, portando carteles, cercaron las sedes del poder donde todo es decidido de acuerdo con los cortes sociales de los gobiernos de los banqueros y del capital. Pero en las calles no apareció sólo una desordenada vanguardia estudiantil búlgara. A ella, de hecho, se unieron los profesores precarizados, los trabajadores del sector público, los taxistas. Todos juntos exigieron mejores condiciones de trabajo y denunciaron la falta de transparencia en la gestión de los fondos públicos. También en Bulgaria, como en Italia, creció exponencialmente la tasa de desempleo, que está alrededor de 40%, suscitando diversas preocupaciones, sobre todo en el ámbito juvenil, y eso llevó al pueblo búlgaro a las calles de Sofía, para exigir la inmediata renuncia del gobierno y elecciones anticipadas.
El actual presidente Oresharski es el exponente de los socialistas y adhirió a la línea política de la Unión Europea: corte en los servicios sociales, congelamiento de los gastos públicos, una serie de medidas de austeridad que eliminan el welfare o estado de bienestar social.

Pero, con seguridad, no serán las próximas elecciones las que garanticen un balance positivo del Estado ni resuelvan milagrosamente los problemas vinculados con las políticas de austeridad que el gobierno del país prolonga a través del alineamiento de todos los grupos políticos.

La necesidad del partido revolucionario y la perspectiva socialista
 
Todo eso no está bien para los estudiantes y para los trabajadores que se unieron para llevar adelante una lucha que durará, de acuerdo con sus propios relatos, mientras no hayan obtenido lo que quieren. Es cierto que después de cinco meses de enfrentamiento y de tensión (en Sofía están alineados diez mil policías) la protesta continúa, ¿pero por cuánto tiempo más?

Sabemos que, ante la ausencia de una perspectiva radical anticapitalista, que revele las contradicciones del reformismo y que se decida por una salida de clase a la crisis, las protestas estarán destinadas al reflujo. Y falta en Bulgaria un partido de la revolución socialista que pueda asumir la responsabilidad de derribar el gobierno del capital, haciendo vencer las luchas de los estudiantes y de los trabajadores.

Traducción: Nívia Leão y Natalia Estrada
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