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La Guardia Roja fue construida por la clase obrera en el proceso de la Revolución Rusa. Su origen viene de la revolución de 1905. Ella renace con la revolución de 1917, cae en la semiclandestinidad durante un corto período, después de los levantes de julio; vuelve a escena y se fortalece en la resistencia al golpe de Kornilov, como fuerza de resistencia a los golpistas; y se legaliza en las vísperas de la toma del poder, en el cual cumple un papel decisivo.

Por: Américo Gomes

En la insurrección de Octubre fue ella quien garantizó la toma de los edificios públicos y del Palacio de Invierno, sede del gobierno de Kerensky; aseguró los servicios esenciales; y la seguridad de los dirigentes soviéticos en el Instituto Smolny. Fueron los obreros armados que mostraron iniciativa, resolución y firmeza durante el levante.

Lenin daba mucha importancia a su formación. En “Cartas desde lejos”, del 11 (24) de marzo de 1917 (que no debería tornarse pública), solicitaba a los obreros que montasen sus milicias lo más rápido posible y no dejasen que la policía fuese restablecida. “Impedir la restauración de la fuerza policial”. ¡No deje los órganos del gobierno local escapar de sus manos! ¡Establecer una milicia que abrace realmente a todo el pueblo, sea realmente universal y sea liderada por el proletariado! – esa es la tarea del día, tal es el eslogan del momento que igualmente se conforma con los intereses debidamente entendidos de promover la lucha de clases, el movimiento revolucionario y el instinto democrático de todo trabajador, de cada campesino, de todos los trabajadores explotados que no pueden dejar de odiar a los policías, las patrullas de la policía rural, los consejos de aldea, el poder sobre el pueblo. (…)

Una verdadera milicia popular, esto es, que consiste primero en toda la población de todos los ciudadanos adultos de ambos sexos; y, segundo, una que combina las funciones de un ejército popular con funciones policiales, con las funciones del principal y fundamental órgano de orden y administración pública.[1]

Formación a partir de las fábricas

Las “guardias obreras” resurgen a partir de las fábricas y barrios obreros, para la autodefensa de la clase. Muchas veces con el papel de policía, ya que los aparatos de represión del Estado estaban desintegrándose. Obtenían sus armas a través de robos en los arsenales zaristas (fue denunciada la desaparición de treinta mil revólveres y cuarenta mil fusiles durante la revolución de febrero); el desarme de la policía burguesa, y donaciones de regimientos y fábricas que simpatizaban con la revolución.

En las fábricas, obreros armados destituyeron jefes, encargados e ingenieros, prendiéndolos cuando era necesario. Reprimían el sabotaje hecho por propietarios y administradores que conspiraban contra la revolución. Entrenaban en sus alrededores, aunque con parcos recursos, con un régimen de sustitución [o alternancia] y recibían sus salarios por eso. Hacían vigilancia día y noche en las fábricas y en los barrios. Todos sus miembros eran voluntarios, centenas de ellos jóvenes.

Después de la constitución formal de las Guardias Rojas, para que un obrero fuera admitido era necesario que fuese presentado por un partido socialista, un comité de fábrica o un sindicato. Si faltaba tres veces era excluido. Un tribunal, de trabajadores, juzgaba las infracciones e indisciplinas; como la de utilizar armas sin autorización. Todos los guardias tenían un cartón numerado de identificación. Los comandantes eran indicados por los comités de fábrica, organizaciones obreras y por los soviets del distrito, y electos por sus pares.[2]

Fábricas como la Putilov tenían batallones enteros, con técnicos, conductores, telegrafistas, responsables de artillería y personal de mantenimiento. Llevaban su armamento a todas partes, incluso cuando trabajaban en sus tornos y fresas. En los barrios obreros como Viborg, el soviet (consejo) local se encargaba de requisiciones y adquisición de material.

Dadas las circunstancias, la Guardia tenía muchas debilidades: la mayoría de sus miembros eran mal preparados, el armamento y la munición era poca; consecuentemente, el entrenamiento era insuficiente e irregular, el servicio de comunicación tenía muchas lagunas [o fallas] y la asistencia médica era precaria.

Pero la presencia de comunistas bolcheviques en sus destacamentos les daba firmeza política. Además de eso, el contacto cotidiano entre obreros y soldados y marineros completaba algunas de las debilidades técnicas.

En Moscú, por causa de la traba que las organizaciones reformistas (mencheviques y socialistas revolucionarios) pusieron para su formación, fue más difícil constituirlas, lo que cobró su precio en el momento de la revolución. En esta ciudad, la toma del poder fue más sangrienta que en Petrogrado. La mayoría del trabajo tuvo que ser hecho de manera clandestina por los bolcheviques.

Si el surgimiento de los guardias obreros fue de manera más o menos espontánea, su centralización no lo fue. Los bolcheviques tuvieron política para eso. El obrero metalúrgico Alexander Schliapnikov pasó a la historia como el que tomó esta tarea en Petrogrado. Sistematizando la organización espontánea, unificándola en lo que sería la Guardia Roja.

“La historia de la Guardia Roja es en gran medida la historia de la dualidad de poderes: esta, por sus contradicciones internas y sus conflictos, facilitaba a los obreros la creación de una importante fuerza armada desde antes de la insurrección”.[3]

Idas y vueltas de la organización militar

Las Jornadas de Julio se iniciaron con obreros “incomparablemente” más decididos, más amenazadoras y más homogéneos que en febrero. Pero los bolcheviques creían que aún no era el momento del levante, particularmente porque el interior del país no estaba ganado para la revolución e, incluso en la capital, la experiencia con los reformistas aún no se había completado. Estaban en lo correcto y a pesar de la radicalidad de la vanguardia el movimiento tuvo que retroceder.

Con el retroceso, el gobierno arrestó a los representantes de los obreros y soldados, confiscó sus armas, y aisló a los barrios de la ciudad. Muchos Guardias Rojas fueron desarmados, abiertamente y por la fuerza.

Pero los obreros no entregaron todas sus armas, las escondieron, algunas las enterraron, y los destacamentos de la Guardia pasaron a la clandestinidad, cada vez más ganados por los bolcheviques.

Cuando vino el levante de Kornilov y su tentativa de golpe burgués por la derecha, contra el gobierno provisorio, en agosto, todo cambia. Para defenderse, el gobierno precisó de los obreros; estos son rearmados y se enfrentan con los golpistas. Ocupan y vigilan las fábricas, barrios, carreteras y estaciones, y líneas de tren. Los que no tienen armas cavan trincheras, construyen reductos y alambrados.

Putilov se convierte en el centro de la resistencia del barrio de Peterhof. En Viborg distribuyen municiones y armas toda la noche. Las fábricas trabajan día y noche montando nuevos cañones para los proletarios. La fábrica de pólvora de Schluselburg abastece granadas y explosivos directamente a la Guardia Roja “¡contra Kornilov!”. El sindicato de los ferroviarios arma sus miembros, ocupa las vías y levanta barricadas; el de los metalúrgicos monta un Comité de Defensa; el de los conductores dispone el transporte para las milicias obreras. Soviets, como el de Kronstadt, desarticulado en julio, se reorganizan.

Otro paso adelante

Cuando los bolcheviques ganan la mayoría del soviet de Petrogrado, la Guardia Roja gana legalidad. Se transforma en el órgano oficial del soviet.

Un mes antes del levantamiento ya se realizan ejercicios militares abiertamente, especialmente de tiro, en decenas de fábricas. En setiembre se enseña el manejo de armas en 79 fábricas de Petrogrado. En muchas de ellas, todos los obreros iban armados.[4]

En el momento de la toma del poder, la Guardia Roja está más organizada y entrenada. El edificio del Instituto Smolny, centro de la revolución y de los soviets, es resguardado por ella. Su Estado Mayor permanece en el soviet de Viborg, un barrio completamente controlado por los obreros revolucionarios, donde el enemigo no se atreve a aparecer.

Formalmente, la Guardia Roja sigue siendo independiente de los partidos. Pero cuanto más próxima está la toma del poder más los bolcheviques la controlan, es su núcleo central, tiene el comando en sus manos.

El 22 de octubre, en la Conferencia de la Guardia Roja de Petrogrado, una centena de delegados representaban aproximadamente a 20.000 combatientes.[5] Divididos en batallones de 400 a 600 miembros, cada uno con tres compañías, algunos hasta con carros blindados. Los estatutos adoptados en esta Conferencia definen a la Guardia como “la organización de las fuerzas armadas del proletariado para combatir la contrarrevolución y defender las conquistas de la revolución.[6]

El centro del plan para la toma del poder consistía en juntar para las acciones finales a los marineros del Báltico con los obreros de Viborg. Los marineros llegarían por la vía a la estación Finlandia, situada en este barrio obrero, y de ahí la insurrección se extendería a los otros barrios, con los destacamentos de la Guardia y los regimientos de la guarnición ocupando puentes, y finalmente entrando en el centro de la ciudad para tomar el Palacio de Invierno.

El arte de la insurrección

“Ora, la insurrección es un arte, exactamente como la guerra o cualquier otro tipo de arte. La insurrección se somete a ciertas reglas cuya inobservancia conduce a la ruina de la parte que es por ella responsable”.[7]

En este texto, publicado en 1852, Engels ya alertaba: “En primer lugar, no se puede jamás jugar con la insurrección si no se está firmemente decidido a asumir todas las consecuencias del juego”. La insurrección es un cálculo con grandezas altamente indeterminadas cuyos valores se pueden modificar a cada día.

Las fuerzas del adversario poseen todas las ventajas de la organización, de la disciplina y de la autoridad tradicional, situadas de su lado. No siendo posible confrontarlas con fuerte superioridad, el resultado es la derrota y la aniquilación.

En segundo lugar, una vez que se ha tomado el camino de la insurrección, se ha de actuar con la mayor resolución y asumir la ofensiva. La defensiva es la muerte de toda y cualquier insurrección armada. Esa última ya resulta perdida, incluso aun antes de haber medido sus fuerzas con las de los enemigos”.

Lenin y Trotsky estaban totalmente convencidos de eso y se empeñaban también en diferenciarse de los reformistas que los llamaban “blanquistas”, recordando que estos negaban la “preparación consciente de la insurrección, el plan, la conspiración”, pues defendían la mantención de la sociedad capitalista. Y reivindicaban el texto de Louis August Blanc, Instrucciones para una Insurrección Armada, publicado en 1861, por haber sido fruto de “observaciones y meditaciones sobre los fracasos de numerosos levantamientos de los cuales él participó o fue testigo”, y que llevaba a ciertas reglas tácticas sin las cuales la victoria de la insurrección se torna extremadamente difícil si no imposible; aunque deban ser modificadas de acuerdo con las “condiciones sociales y la técnica militar”; pero que de ningún modo en sí mismas son reglas «putchistas» o «aventureras».[8]

El error de Blanqui fue creer que la insurrección sería solamente un problema militar y que con que se siguiesen ciertas reglas esta sería victoriosa.

Para Lenin: “Para tener éxito, la insurrección debe apoyarse no en una coyuntura, no en un partido, sino en la clase avanzada. Esto en primer lugar. La insurrección debe apoyarse en el ascenso revolucionario del pueblo. Esto en segundo lugar. La insurrección debe apoyarse en aquel punto de viraje en la historia de la revolución en crecimiento, en que la actividad de las filas avanzadas del pueblo sea mayor, en que sean más fuertes las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, dubitativos e indecisos de la revolución. Eso en tercer lugar. Estas son las tres condiciones del planteo de la cuestión de la insurrección que distinguen al marxismo del blanquismo”. (…)

A partir de eso: “una vez que existen estas condiciones, negarnos a tratar la insurrección como un arte significa traicionar el marxismo y traicionar la revolución.[9]

Así como para Trotsky: “La conspiración no sustituye la insurrección. La minoría activa del proletariado, incluso por bien organizada que esté, no puede conquistar el poder independientemente de la situación general del país: en esto, el blanquismo es condenado por la historia. Pero solamente en esto. El teorema directo conserva toda su fuerza. En la conquista del poder, al proletariado no le basta con la insurrección de las fuerzas elementales. Necesita la organización correspondiente, el plan, la conspiración. Es así como Lenin plantea la cuestión”.[10]

La toma del poder, tanto por su significación histórica como por sus métodos, de hecho es un golpe de Estado realizado por conspiradores. Pero para que no sea una acción superestructural debe estar basada en una insurrección de masas.

El levantamiento

Luego de la tentativa de golpe de los generales, en agosto hay un fortalecimiento de los soviets y de los bolcheviques, y un aumento de la crisis del gobierno. Los soldados ya no quieren más ir a la guerra. El soviet los apoyaba y se negaba a aceptar la propuesta del gobierno de retirar las tropas de Petrogrado y enviarlas al frente, al final eran las más leales a la revolución, y serían reemplazadas por tropas del interior del país, más conservadoras.

Para salir de este impasse, los reformistas presentaron al soviet la propuesta de crear un “Comité de Defensa Revolucionaria” del cual participarían los obreros, que analizaría las propuestas presentadas por el gobierno de Kerensky. Querían aprobar ahí las propuestas de movimiento de las tropas y conseguir legitimidad para eso.

Por eso quedarían sorprendidos cuando los bolcheviques aceptaron esta propuesta tan fácilmente. No entendieron que estos vieron que quien dirigiese ese Comité decidiría cómo sería hecha la defensa de la capital, y que eso les interesaba.

El objetivo de los bolcheviques era transformar estos organismos en órganos de la insurrección subordinados al soviet, pero que por su composición, legalidad y funcionamiento podrían cumplir el papel de Estado Mayor de la revolución. Este organismo adoptó el nombre de Comité Militar Revolucionario (CMR) y fue reglamentado el 9 de octubre.

El día siguiente, el Comité Central bolchevique, en reunión secreta, adopta la resolución de Lenin sobre la insurrección armada como objetivo a ser puesto en práctica inmediatamente.

Para “camuflar” el Comité se puso a un social-revolucionario de izquierda al frente, “el joven y modesto Lazimir”, que en realidad ya había adherido a los bolcheviques. Con él, Trotsky montó el proyecto de la toma del poder, aprobado por el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, sin ser explícito, pero con los mencheviques en contra, pidiendo para que conste en actas su posición contra el proyecto. Él incluía el control de la defensa de la ciudad, de los almacenes, de las comunicaciones, y demás cosas, “todo el mundo comprendía de qué se trataba; pero, al mismo tiempo, nadie podía reclamar (…) Lo que antes servía para la política de la conciliación, conducía ahora a la guerra civil”.[11]

A seguir, el Comité Ejecutivo creó, oficialmente, la Guardia Roja. Así, el armamento de los obreros, que había sido abandonado y perseguido, pasó a ser oficial y legal. Los arsenales contaban con el control obrero para la entrega de armas.

El CMR comenzó a funcionar el 20 de octubre, integrado por bolcheviques y social-revolucionarios de izquierda; contaba con Trotsky, Podvoisky, Antonov-Ovseenko, Laschevich, Sadovski y Mezhonoshin, y se ligaba a Sverdlov en las cuestiones principales. Este era el verdadero Estado Mayor de la insurrección. Soldados de la Guardia Roja pasaron a ser subordinados al Comité Militar Revolucionario.

Nombraron comisarios los regimientos de la guarnición, instituciones, depósitos y almacenes. Solo se cumplieron órdenes emitidas por los comisarios. Quedaban en las guardias los soldados de más confianza. En las vísperas de la insurrección se mandó la orden de arrestar a los oficiales que no reconociesen la autoridad del CMR. ¿Qué ocurrió?

Sverdlov montó un intenso servicio de información que ligaba los barrios obreros, fábricas y guarniciones militares a través de soviets y comités del partido, para saber todo lo que estaba ocurriendo, las etapas, y todos los episodios de la lucha. “El enemigo no puede agarrar desprevenidas a las masas”. Dzerzhinsky pasó a ser el jefe de la central telegráfica; la ocupó con el regimiento Keksholm.

La represión burguesa procuraba intensamente a Lenin, para capturarlo. Él estaba escondido en Viborg, el barrio obrero que abrigaba el Estado Mayor de la Guardia Roja.

Trotsky llama inicialmente a la toma del poder en el Comité Ejecutivo de los Soviets; los reformistas se oponen, lo llaman golpista, pero el gobierno no tiene fuerza para arrestarlo. Las instituciones gubernamentales son ocupadas una tras otras, sin que haya resistencia. Tomaron la central telefónica, y después el Bando del Estado, con solamente 40 marineros.

A las 10 horas de la mañana del 24 de octubre, el Smolny lanza a todo el país la comunicación de que: “El gobierno provisorio fue derrocado. El poder pasó a las manos del Comité Militar Revolucionario”. Pero el gobierno aún existía en el Palacio de Invierno, en el Cuartel General, en las provincias, y el Congreso de los Soviets no se había instalado.

Al mediodía, las tropas leales al CMR ocupan las calles alrededor del Palacio de Marinski, donde está instalado el Consejo de la República o pre-parlamento. Son los regimientos de Lituania y Keksholm. Los miembros huyen con la mayor rapidez, nadie es preso, y entre ellos estaban lo que organizarían el Ejército Blanco en la guerra civil.

A las 14:30 horas se abre la sesión extraordinaria del Soviet de Petrogrado con un informe de Trotsky. Lenin, luego de cuatro meses en la clandestinidad, aparece en esta sesión.

El objetivo es tomar el Palacio de Invierno. Pero como hasta el mediodía no habían llegado los marineros de Kronstadt, esto fue postergado para las 15 horas. Con el atraso, los sitiados recibieron refuerzos. Tuvo que ser nuevamente postergada. Podvoisky y Antonov-Ovseenko se negaron a dar otro plazo. Trotsky quería que en el momento en que se instaurase el Congreso de Soviets de Toda Rusia el Palacio se encontrase ocupado y toda la capital en las manos del Comité Militar Revolucionario. Postergaron el inicio del Congreso.

Los atrasos eran fruto de todo tipo [de cuestiones], desde la falta de la linterna roja que anunciaba la fortaleza de Pedro y Pablo, o su cerco, soldados de la fortaleza que se negaban a tirar sobre el palacio (tuvieron que buscar marineros de Kronstadt que no sabían operar aquellos cañones, por eso los tiros partieron del crucero Aurora), e incluso estos tuvieron miedo de provocar muchas muertes.

Lenin, furioso, exigía la inmediata toma del Palacio; Podvoisky discutía fuertemente con él. Abren fuego. De treinta y cinco disparos solo dos alcanzan el blanco, e incluso así solamente el revestimiento de mampostería.

Finalmente, Antonov-Ovseenko consigue tomar el Palacio a través de un asalto, con las fuerzas de resistencia prácticamente extintas. Las 2h 10’ del 25 para el 26 de octubre, Antonov-Ovseenko prende a los miembros del gobierno. El ritual está encerrado con la toma del último reducto de un régimen deshecho definitivamente.[12]

El Comité Militar Revolucionario, dueño absoluto de la capital, declara que entregará el poder solamente a los verdaderos representantes del pueblo. Este es el Congreso Nacional de los Soviets.

Después de la revolución

Enseguida después de la toma del poder, la Guardia Roja continuó cumpliendo un papel fundamental en la defensa del recién fundado Estado soviético contra los golpes que fueron intentados por la burguesía y el imperialismo.

El primero de ellos fue el levante de Kerensky-Krasnov, en mismo mes de octubre de 1917, desbaratado por la Guardia Roja de Petrogrado, Moscú y Karkov, bajo el comando de Antonov-Ovseenko, apoyado por marineros de Kronstadt y por la División Letal de Yan Berzin.

En julio de 1918 se dio la tentativa de los SRs de izquierda que no aceptaban el acuerdo de Brest-Litovsk. Moscú estaba prácticamente sin tropas, ya que habían sido enviadas para el frente. Fueron derrotados por la Guardia Roja, por el regimiento de los carabineros letones comandados por el coronel Vatzetis, y una unidad de internacionalistas, prisioneros de guerra austro-húngaros, convertidos a la revolución, comandados por Bela Kun.[13]

En la guerra civil, la Guardia también estuvo en muchos combates contra el Ejército Blanco, en el Don, Ucrania, y en Kiev, en el Frente Sur. Pero Denikin los estaba derrotando en el Donetz, y Karkov, cuando llegó a 300 km de Moscú, fue derrotado en febrero de 1920 por Tukhachevsky y el V Ejército y la caballería roja.

En Petrogrado, Trotsky derrotó a Yudenich, luchando calle a calle y casa por casa, con batallones de guardias rojos y los destacamentos de mujeres.[14]

Disolución

Pero con el desarrollo de la guerra civil y la necesidad de un ejército cada vez más centralizado, por propuesta de Trotsky la Guardia Roja fue disuelta junto con los destacamentos de campesinos y organizaciones guerrilleras, en la medida en que las fuerzas contrarrevolucionarias las derrotaban, pues era necesario planificación y tropas con organización y disciplina centralizadas.[15]

El alcohol

Victor Serge cuenta que durante un período la burguesía imperialista descubrió el arma más mortífera para la revolución: el alcohol. Antes de ahogar la revolución en sangre, pretendía ahogarla en vino. El pueblo comenzó a saquear las bodegas y depósitos de vinos de los palacios, restaurantes, hoteles, y en todas partes. Para contenerlos fue necesario formar destacamentos seleccionados de guardias rojos y marineros que pusieron ametralladoras en las bodegas para impedir el acceso.

Pero aún así, muchos de estos capitulaban a los placeres del vino. Con eso, había que cambiar la tropa con urgencia. “Los actos más graves ocurrieron en las bodegas del Palacio de Invierno. El regimiento Preobrazhensky, encargado de su custodia, se emborrachó y no sirvió para nada. El regimiento Pavlovsky, no de los más revolucionarios, tampoco resistió. Enviamos destacamentos de hombres tomados de diferentes regimientos: se emborracharon. Los propios Comités tampoco resistieron. Se enviaron blindados para dispersar la multitud; pero también estos enseguida titubearon. Al caer la tarde, aquello era un bacanal. ‘Bebamos lo que quedó de los Romanov’, gritaban alegremente algunos en la multitud. Finalmente, se restableció el orden gracias a los marineros llegados de Helsingfors, hombres de carácter férreo, que habían jurado matarse antes que beber. En el barrio de Vasili-Ostrov, el regimiento de Finlandia, dirigido por elementos anarcosindicalistas, resolvieron fusilar en el acto a los saqueadores y volar los depósitos de vino”.[16]

Muchas veces, el consumo de alcohol era premeditado por la burguesía imperialista: “De repente aparecieron enfrente cantidades enormes de alcohol. Llegaban en vagones-tanques que tenían el rótulo de petróleo o gasolina”. Eran decenas de vagones enviados para el Ejército Rojo, con etiquetas de avena, madera, o cualquier otra cosa.

Notas

[1] LENIN, V. I. Carta desde lejos, 11 de marzo de 1917. “Sobre una milicia proletaria”. Disponible en link del artículo, https://www.marxists.org/portugues/lenin/1917/03/20.htm, consultado el 1 de julio de 2017. [Traducción nuestra]

[2] SERGE, Victor. El Año Uno de la Revolución Rusa. Disponible en el link del artículo, https://facundoaguirre.files.wordpress.com/2017/01/el20ano20i20de20la20revolucion20rusa.pdf, consultado el 1 de julio de 2017.

[3] TROTSKY, León. Historia de la Revolución Rusa, Tomo II, Capítulo 43: “El arte de la insurrección”, p. 931. San Pablo: Editora José Luis e Rosa Sundermann. [Traducción nuestra]

[4] SERGE, Victor. El Año Uno de la Revolución Rusa. Disponible en el link del artículo, https://facundoaguirre.files.wordpress.com/2017/01/el20ano20i20de20la20revolucion20rusa.pdf, consultado el 1 de julio de 2017.

[5] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky: el Profeta Armado. Allí Deutscher cita que ellos realmente no pasaban de 4.000 en Petrogrado y 3.000 en Moscú. Trotsky, en varios pasajes también observa que nunca llegaron a 20.000, de hecho, de manera activa. Leonard Shapiro, en: “De Lenin a Stalin” habla de 70.000, y hay autores que consideran 200.000.

[6] TROTSKY, León. Historia de la Revolución Rusa, Tomo II, Capítulo 43: “El arte de la insurrección”, p. 931. San Pablo: Editora José Luis e Rosa Sundermann. [Traducción nuestra]

[7] ENGELS, Frederick. “La insurrección: reglas fundamentales”, publicado en: Revolución y Contrarrevolución en Alemania, capítulo XVII: Der Aufstand (La Insurrección) en: “Marx und Engels Werke (Obras de Marx y Engels), vol. 8. Berlín: Dietz Verlag, 1960. Disponible en el link del artículo, http://www.scientific-socialism.de/ArteEngelsIns.htm, consultado el 1 de julio de 2017. [Traducción nuestra]

[8] TROTSKY, León. Historia de la Revolución Rusa, Tomo II, Capítulo 43: “El arte de la insurrección”, p. 931. San Pablo: Editora José Luis e Rosa Sundermann. [Traducción nuestra]

[9] LENIN, V. I. “El Marxismo y la Insurrección”, Carta al Comité Central, 26-27 de setiembre de 1917. Disponible en el link del artículo, https://www.marxists.org/portugues/lenin/1917/09/27-1.htm, consultado el 1 de julio de 2017, texto escrito los días 13 y 14 de setiembre de 1917, en las vísperas de la insurrección, fue publicado solo en 1921. [Traducción nuestra]

[10] TROTSKY, León. Historia de la Revolución Rusa, Tomo II, Capítulo 43: “El arte de la insurrección”, p. 931. San Pablo: Editora José Luis e Rosa Sundermann. [Traducción nuestra]

[11] TROTSKY, León. Historia de la Revolución Rusa, Tomo II, Capítulo 41: “El Comité Militar Revolucionario”, p. 865. San Pablo: Editora José Luis e Rosa Sundermann. [Traducción nuestra]

[12] TROTSKY, León. Historia de la Revolución Rusa, Tomo II, Capítulo 46: “La insurrección de Octubre”, p. 1023. San Pablo: Editora José Luis e Rosa Sundermann. [Traducción nuestra]

[13] TROTSKY, León. Escritos Militares, vol. 1, 1918. Cómo se armó la revolución, “La Guerra Civil en el RSFSR, en 1918”. Disponible en el link del artículo, https://translate.google.com.br/translate?hl=pt-BR&sl=en&u=https://en.wikipedia.org/wiki/Dmitry_Ivanovich_Popov&prev=search, consultado el 1 de julio de 2017.

[14] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky, El Profeta Armado. San Pablo: Civilização Brasiliense, p. 473.

[15] “El Camino del Ejército Rojo”. Disponible en el link del artículo, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/em/rev-arm/volumen1-1918.pdf, consultado el 1 de julio de 2017.

[16] ANTONOV-OVSEENKO, Vladimir. “Notas acerca de la Guerra Civil” en: El Año Uno de la Revolución, de Victor Serge. Disponible en el link del artículo, https://facundoaguirre.files.wordpress.com/2017/01/el20ano20i20de20la20revolucion20rusa.pdf, consultado el 1 de julio de 2017.

Traducción: Natalia Estrada.