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“Quien no ve que la lucha de clases conduce inevitablemente a un conflicto armado, es un ciego”.[1]

El Terror Rojo fue decretado formalmente en la Unión Soviética el 3 de setiembre de 1918, a través de una orden del Comisario del Pueblo para el Interior, Gregory Petrovsky. Ordenaba el fin de la benevolencia, la prisión de los SRS de derecha, la aprensión de rehenes entre los burgueses y oficiales. Los fusilamientos serían sumarios.

Por: Américo Gomes

Eso ocurrió después del asesinato del Comisario de Información soviético, Moises V. Volodarsky, el 20 de junio de 1918; del jefe de la Cheka en Petrogrado, Moisei Uritsky, dirigente del partido bolchevique[2]; y el 30 de agosto, el atentado contra Lenin, por Fanny Kaplan. Ella tiró dos veces en Lenin. Una bala perforó parte de su pulmón izquierdo, parando cerca de su clavícula derecha, la otra alcanzó su hombro izquierdo. Este atentado fue uno de los responsables por el debilitamiento de la salud del dirigente, que dio base a sus posteriores derrames y la muerte.

El terror burgués

El Terror Rojo seguía la tradición revolucionaria del “Terror” que había sido empleado en todos los procesos revolucionarios, destacándose en las revoluciones burguesas como la Revolución Puritana, también conocida como Guerra Civil inglesa, en la que Oliver Cromwell decapitó a Carlos I; la Revolución Francesa de Danton y Robespierre, y la Primera Revolución Norteamericana de Thomas Jefferson y George Washington. Procesos en que la burguesía cumplió un papel progresivo en la lucha contra la sociedad feudal.

El terror de los jacobinos era mucho más sangriento que el de los bolcheviques: la Revolución Francesa cortó cabezas a los militares en Nantes, Lyon, Vendee. Solamente en París 1.376 personas fueron guillotinadas en nueve días, después del decreto de 22 de Prairial. En una Francia de 25 millones de habitantes. Frente a eso, Lenin explicaba: “Nos censuran por usar el Terror. Pero no usamos un terror como fue utilizado por los revolucionarios franceses, que guillotinaban a personas desarmadas, y, espero, no lo usaremos. Cuando hicimos las prisiones, dijimos: ‘Los dejaremos ir si firman un papel prometiendo no cometer actos de sabotaje’.”[3]

Para Robespierre, “el atributo del gobierno popular en la revolución es al mismo tiempo la virtud y el terror, virtud sin la cual el terror es funesto, terror sin el cual la virtud es impotente. El terror no es nada más que la justicia, pronta, severa e inflexible; y por lo tanto emanación de virtud”. Para Thomas Jefferson: En la lucha que fue necesaria, muchas personas culpadas cayeron sin las formalidades del juicio y, con ellas, algunos inocentes. (…) Fue necesario usar el brazo del pueblo, una máquina no tan ciega como balas y bombas, pero ciega hasta cierto punto”.[4]

En realidad, el terror existe como instrumento de opresión de clase desde antes de la Edad Media, pero ahí pasa a ser una fórmula de las clases propietarias para mantener bajo su control a las clases pobres. Durante el reinado de Enrique VIII fueron ejecutados 70.000 ladrones, jóvenes y viejos. Elizabeth I ahorcaba de trescientos a cuatrocientos pobres por año. En Francia, con Luis XVI, todos los hombres válidos a partir de los dieciséis hasta los sesenta años que trabajaban eran enviados para las galés.[5]

Marx lo convirtió en un precepto científico: “apenas un medio de cercenar, simplificar y localizar la agonía sangrienta de la vieja sociedad y los sangrientos dolores de parto de la nueva, apenas un medio: el terror revolucionario”.[6]

Para Victor Serge: “Jamás hubo guerra, jamás hubo revolución sin terror (…) En resumidas cuentas, el problema que se plantea para vencer la guerra civil es el mismo que se plantea para vencer una guerra entre Estados. Se trata de aniquilar a una parte –la mejor– de las fuerzas vivas del adversario y de desmoralizar y desarmar al resto”.[7] Para Dzerzhinsky: “El terror es una necesidad absoluta en tiempos de revolución”.[8]

Terror contrarrevolucionario

Pero el Terror burgués no solamente fue utilizado para hacer avanzar las revoluciones. También fue utilizado en la Revolución de Junio de 1848 en Francia, por el general Cavaignac, ex comandante en Argelia, que fusiló a 1.500 insurrectos. Sin derecho de defensa condenó a 12.000 trabajadores a la prisión y deportó a 4.000 para Argelia. Engels escribió: “Después de cinco días de lucha heroica, los obreros fracasaron. A esto le siguió un baño de sangre de prisioneros indefensos como jamás se había visto desde los días de las guerras civiles con las que se inició la caída de la República Romana. Era la primera vez que la burguesía mostraba cuál la desmedida crueldad de venganza es capaz de recorrer luego que el proletariado se atreve a enfrentarla como clase, y con sus propios intereses y reivindicaciones. Pero incluso así, 1848 no fue sino un juego de niños comparado con el frenesí de la burguesía en 1871”.[9]

En la Comuna de París, la represión de Thiers mató por lo menos a 50.000, de 20.000 a 25.000 fueron fusilados después de las batallas. Hubo 43.000 presos, 3.000 en campos de concentración, 4.000 deportados y 5.000 condenados con penas variadas. En términos comparativos de violencia, la Comuna fusiló a 60 rehenes.

Francesco Ricci, en el artículo “La Comuna de París (1871) precursora de la Comuna de Petrogrado (1917)”[10], describe que: “Es difícil encontrar en los años precedentes a la Comuna de París, masacres similares a aquella en la cual la burguesía actuó con ferocidad después de la caída del primer gobierno obrero de la historia. Necesitamos volver en el tiempo, cuando seis mil esclavos del ejército de Espartaco fueron crucificados por Craso en la Vía Apia para servir de ejemplo a los que intentasen rebelarse contra Roma”.

Nuevamente, Engels: “Después de ocho días de lucha cayeron en las alturas de Belleville y Ménilmontant los últimos defensores de la Comuna; y entonces llegó a su apogeo aquella matanza de hombres, mujeres y niños indefensos, que había hecho estragos durante toda la semana con furia creciente. Como si los fusiles no matasen con la suficiente prisa, entraron en juego las ametralladoras que mataban por centenas a los vencidos. El ‘Muro de los Federados’ del cementerio de Pére Lachaise, donde se consumó el último asesinato en masa, está aún en pie, testimonio mudo, sin embargo elocuente, del frenesí a que es capaz de llegar la clase dominante cuando el proletariado se atreve a reclamar sus derechos. Cuando se vio que era imposible matarlos a todos, vinieron las detenciones en masa, comenzaron los fusilamientos de víctimas caprichosamente seleccionadas entre las filas de presos, y el traslado de los demás a grandes campos de concentración, para esperar allí la decisión de los Consejos de Guerra”.[11]

Victor Serge escribe algo similar sobre la masacre de la Revolución en Finlandia de 1917: “La represión fue atroz, centenas de mujeres y niños obreros fueron muertos, se recogieron más de 300 cuerpos en la calle. Mannerheim sitió a Tammerfors, donde 10 milicianos rojos, dirigidos por oficiales rusos resistieron encarnizadamente. La lucha fue de casa en casa, una batalla de calle de varios días. Fueron fusilados 200 rusos, entre ellos Bulatzel y Mukhanov, 2.000 fueron masacrados y 5.000 fueron hechos prisioneros”.[12] En Tavastehus, entre Tammerfors y Helsingfors se trabó la batalla decisiva. Se calcula que ahí fueron masacradas 10.000 personas entre hombres y mujeres. El total de masacrados por los blancos está alrededor de 30.000 proletarios, además de eso, 70.000 fueron internados en campos de concentración. Informes médicos indican que en los primeros 26 días murieron 2.347 detenidos y la mortalidad media en estos campos era de 400 por semana. “Todos los obreros organizados fueron fusilados o están presos”.[13]

La Revolución Alemana de 1918 fue duramente reprimida por el gobierno de “Frente Popular” formado por la socialdemocracia de Frederich Ebert. Los “Freicorps” (entrenados y preparados para las tareas de la guerra civil) bajo el comando del socialdemócrata Gustave Noske, el “can sangriento”, causaron una gran masacre y mataron a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

En la masacre de la Revolución China de 1927 fueron 547.000 muertos; de estos, 25.000 en la aventura estalinista en Cantón, en diciembre. Ni hablar de las 30 millones de personas asesinadas por el régimen nazista, según estadísticas oficiales. Las dictaduras en América Latina, particularmente la chilena con 20.000 muertos y la argentina con 30.000, no se quedan atrás en las matanzas ocurridas como contra la revolución argelina, de la cual no hay un número oficial de víctimas, pero se pueden contar por miles. O la limpieza étnica del pueblo palestino realizada por los sionistas.[14]

En el Brasil, la violencia contra los marineros insurrectos en la Revuelta de la Chibata en 1910, creó un precedente histórico de cómo no hay nada de pacifismo en la burguesía nacional.

A finales de 1937, Trotsky escribió, en España: última advertencia: “Cuando los trabajadores y campesinos entran en el camino de la revolución –cuando toman las fábricas y las haciendas, expulsan a los viejos propietarios, conquistan el poder en las provincias– entonces la contrarrevolución burguesa –tanto da si es democrática, estalinista o fascista– no tiene otro modo de poner en jaque ese movimiento sino la coerción sangrienta, suplementada por mentiras y artificios. La superioridad de la claque[15] estalinista en esa vía consistió en su habilidad para aplicar instantáneamente medidas que estaban más allá de la capacidad de Azaña, Companys, Negrin, y sus aliados de izquierda”.

El actual terror burgués actúa de manera general con un salvajismo excepcional para exterminar a su enemigo de clase. Una revolución vencida o un proceso revolucionario derrotado, independiente de sus pérdidas, siempre costará más cara al proletariado que una revolución triunfante, sean cuales fueren los sacrificios que ella pueda exigir.

El Terror Rojo

Diferente del Terror Rojo, que “es siempre menos sangriento que el terror blanco. La masa de trabajadores ejercen aquel contra clases que se encuentran en minoría dentro de la sociedad. No hace sino completar la acción de los nuevos factores económicos y políticos. (…) por el contrario, el terror blanco se ejerce por las minorías privilegiadas contra las masas trabajadoras, a la que debe sangrar y diezmar. ¡En una sola semana los versalleses hicieron más víctimas en las calles de París que las que la Cheka mandó a la muerte en el transcurso de tres años y en todos los ámbitos de la inmensa Rusia!”[16]

El Terror Blanco

En la Revolución Rusa, la primera masacre de obreros realizada por la burguesía ocurrió tres días después de la toma del poder, cuando las tropas resistentes a la revolución tomaron el Kremlin en Moscú. Siguió en los territorios ocupados por el Ejército Blanco durante la Guerra Civil. Kornilov sintetizaba la situación de la siguiente manera: “Cuanto mayor el terror, mayor nuestras victorias”, y prometió “prender fuego a la mitad del país y derramar la sangre de tres cuartos de todos los rusos” para restablecer el capitalismo.[17] Denikin era conocido por las ejecuciones en masa y el pillaje. Solo en la pequeña ciudad de Fastov, en la región de Kiev, mató a más de 1.500 judíos, en su mayoría ancianos, mujeres y niños.[18] Winston Churchill le advirtió personalmente que su antisemitismo y los progromos limitaban el apoyo inglés a sus tropas. Pero él y sus oficiales llamaban a Woodrow Wilson y Lloyd George de “judíos” por el poco apoyo que recibían de estas potencias imperialistas.

El almirante Koltchack en Siberia Occidental daba orden de fusilar a todos los bolcheviques que encontrase y a sus colaboradores, e incluía en ellos a una gran cantidad de mujeres y niños. Y después del golpe de Estado contra el gobierno de los Socialistas Revolucionarios y Mencheviques en esta región, arrestó y exilió a todos los que no fueron fusilados.

La Legión Checoslovaca degolló a centenas de comunistas por donde pasó, en la Siberia, en el Volga y en los Urales. El gobierno “democrático” de SRs y mencheviques en la región del Volga masacró a los bolcheviques y las ciudades quedaron en estado de sitio.

Lenin: “Al terror blanco de los enemigos del gobierno obrero y campesino, los obreros y campesinos responderán con el terror rojo masivo, contra la burguesía y sus agentes”.[19]

Polémicas con los pacifistas

En Lecciones de la insurrección de Moscú, Lenin había criticado duramente a Plejánov, que hacía un balance sobre que en la revolución de 1905 en Rusia no habían habido huelgas inoportunas y que el proletariado «no debería haber tomado las armas». Lenin lo llamaba miope y oportunista, afirmando que: “Por el contrario, lo que era necesario era tomar las armas más decidida, enérgica y ofensivamente, lo que era necesario era explicar a las masas la imposibilidad de una huelga puramente pacífica y la necesidad de una lucha armada intrépida e implacable. Y ahora debemos, por fin, reconocer abiertamente y proclamar bien alto la insuficiencia de las huelgas políticas, debemos hacer agitación en las más amplias masas por la insurrección armada, sin esconder esta cuestión por medio de ningún «grado preliminar», sin encubrirla con ningún velo. Esconder de las masas la necesidad de una guerra desesperada, sangrienta y encarnizada como tarea inmediata de acción próxima, significa engañarse tanto a sí mismo como al pueblo”.[20]

Después de la revolución de 1917, la polémica teórica más profunda sobre este tema fue hecha por los revolucionarios soviéticos contra Karl Kautsky, llamado por Lenin de “renegado”. Polemizaron con su libro La Dictadura del Proletariado[21] por el descarte que hace de los medios revolucionarios de lucha de la clase obrera, por hacer apología sobre una revolución pacífica en contraposición a una revolución violenta, negando los propios procesos burgueses y descartando el carácter de clase de la democracia burguesa”.

En resumen, Lenin considera que “Kautsky toma del marxismo aquello que es aceptable para los liberales, para la burguesía (la crítica de la Edad Media, el papel histórico progresista del capitalismo en general y de la democracia en particular), y rechaza, silencia y atenúa en el marxismo aquello que es inaceptable para la burguesía (la violencia revolucionaria del proletariado contra la burguesía, para suprimirla). Eso porque, por fuerza de su posición objetiva y sea cual fuere su convicción subjetiva, Kautsky se revela inevitablemente un lacayo de la burguesía.

La democracia burguesa, siendo un gran progreso histórico en comparación con la Edad Media, continúa a ser siempre –y no puede dejar de continuar a ser bajo el capitalismo– estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos, una armadilla y un engaño para los explotados, para los pobres. Es esta verdad, que constituye una parte integrante esencial de la doctrina marxista, que el «marxista» Kautsky no comprendió. En esta cuestión –fundamental– Kautsky ofrece «amabilidades» a la burguesía, en lugar de una crítica científica de las condiciones que hacen de cualquier democracia burguesa una democracia para los ricos.

Siendo categórico: “La dictadura revolucionaria de proletariado es un poder conquistado y mantenido por la violencia del proletariado sobre la burguesía, un poder que no está amarrado por ninguna ley”. (…) “esta violencia se torna particularmente necesaria, como muy pormenorizadamente y muchas veces explicaron Marx y Engels (particularmente en La Guerra Civil en Francia y en su prefacio), por la existencia de la camarilla militarista y de la burocracia” (…).

En resumen: Kautsky deturpó de la forma más inaudita el concepto de dictadura del proletariado, transformando a Marx en un vulgar liberal, (…). Cuando Kautsky «interpretó» el concepto de «dictadura revolucionaria del proletariado» de modo de hacer desaparecer la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida contra los opresores, de hecho batió el récord mundial de la deformación liberal de Marx. El renegado Bernstein no es más que un monigote en comparación con el renegado Kautsky”.[22]

Latsis contra Kautsky afirmaba: “durmieron entre la revolución de febrero y la de octubre y esperan que otros hagan todo el trabajo sucio necesario para la construcción del nuevo orden comunista, de forma de poder entrar en él con las manos impolutas y collarines limpios y almidonados”.[23] Siguiendo el pensamiento de Trotsky: “No entraremos en el reino del socialismo con guantes blancos sobre un piso encerado”.[24]

Trotsky también polemiza con Kautsky en 1920, en “Terrorismo y Comunismo”. “El terror rojo no se distingue en principio de la insurrección armada, cuya continuación es. Solo aquel que condena (verbalmente) por principio toda violencia puede condenar desde un ‘punto de vista moral’ el terror gubernamental de la clase revolucionaria. (…) Por el contrario, tiene que resultar eficaz contra la clase reaccionaria que se niega a darse por vencida”.[25]

El objetivo es intimidar al enemigo

La Cheka publicó muchos fusilamientos de contrarrevolucionarios en los periódicos, y la prisión de grandes duques, aristócratas, oficiales, periodistas, financistas, industriales y comerciantes. Eso era muy importante para dar publicidad. Pues la finalidad del Terror Rojo no era exterminar al enemigo sino intimidarlo para que parase de conspirar y, si era posible, sirviese al Estado Obrero.

Los terroristas SRs que tiraron en Lenin, en enero de 1920, fueron presos, perdonados, y luego se hicieron bolcheviques.

En el curso de los acontecimientos el propio partido se esfuerza por moderar el terror. La Krassnaia Gazetta de Petrogrado publica: “La burguesía ha recibido una lección (…) Que nuestros enemigos nos dejen construir en paz la nueva vida. Si lo hacen dejaremos de acosarlos, largando el odio que llevamos. (…) los destinos de la burguesía están en sus propias manos”.[26]

“Podemos destacar a favor del Comité Central de Lenin algunas circunstancias atenuantes, importantes a los ojos de la sociología. La joven república vivía expuesta a mortales peligros. Su indulgencia con generales como Krasnov y Kornilov le costó sangre. El antiguo régimen había utilizado ampliamente el terror. La iniciativa del terror fue tomada por los Blancos ya en noviembre de 1917, para masacrar a los obreros del arsenal del Kremlin; por los reaccionarios finlandeses en los primeros meses de 1918, en mayor escala, antes del “terror rojo” ser proclamado en Rusia. Las guerras sociales del siglo XIX, después de las jornadas de junio de 1848 y de la Comuna de París en 1871, estuvieron caracterizadas por el exterminio en masa de los proletarios vencidos. Los revolucionarios rusos sabían lo que les esperaba en caso de derrota. Incluso así, la Cheka fue benigna en el comienzo, hasta el verano de 1918. Pero cuando el “terror rojo” fue proclamado, después de los levantamientos contrarrevolucionarios, después del asesinato de los bolcheviques Volodarsky y Uritsky, después de los dos atentados contra Lenin, la Cheka comenzó a fusilar a los rehenes, a los sospechosos y a los enemigos, solo para canalizar, para controlar la furia popular. Dzerzhinsky temía mucho los excesos de las Chekas locales; la estadística de los chekistas fusilados es, en este sentido, edificante”.[27]

En enero de 1921, con la aproximación del fin de la Guerra Civil se decreta la disminución de los poderes de la Cheka y la abolición de la pena de muerte.

Polémica con Victor Serge

Muchos revolucionarios cuestionaron la existencia de la Cheka, entre ellos Kamenev dentro del partido bolchevique, y Máximo Gorki y Victor Serge, fuera de él. Pero Lenin y Trotsky rechazaron sus preocupaciones. Karl Radek era contrario a los fusilamientos. “Debemos herir a la burguesía en sus privilegios económicos”. Bujarin presentaba muchas dudas, pero reconsideró cuando los anarquistas bombardearon una reunión en Moscú donde él estaba hablando y 12 personas fueron muertas y 55 heridas, incluyendo al propio Bujarin. Así como Rakovsky, amenazado con bombas durante la negociación de paz con la Rada ucraniana de derecha.

Para Victor Serge: “el error más incomprensible que estos socialistas (los bolcheviques) cometieron, dotados de grandes conocimientos históricos, fue el de crear la Comisión Extraordinaria de Represión a la Contrarrevolución, la Especulación, el Espionaje, la Deserción, llamada abreviadamente Cheka, que juzgaba a los acusados y a los simples sospechosos sin siquiera escucharlos o verlos, sin permitirles, en consecuencia, ninguna posibilidad de defensa (…) ¿les está permitido a los socialistas olvidar que la publicidad de los procesos es la única garantía contra la arbitrariedad y la corrupción para no retroceder más allá de los procedimientos expeditivos de Fouquier-Tinville? El error y la responsabilidad son patentes, las consecuencias han sido espantosas. ya que la GPU, es decir, la Cheka ampliada bajo nuevo nombre, acabó por exterminar a toda la generación revolucionaria bolchevique (…).[28]

“la formación de las Chekas fue uno de los errores más graves e inadmisibles que los líderes bolcheviques cometieron en 1918, cuando las parcelas, los bloqueos y las intervenciones les hicieron perder la cabeza. Todas las evidencias indican que los tribunales revolucionarios, funcionando a la luz del día y admitiendo el derecho a la defensa, habrían alcanzado la misma eficiencia con mucho menos abuso y depravación. Era necesario revertir los procedimientos de la Inquisición”.[29]

Lenin defendió el trabajo de Félix Dzerzhinsky y de Peters declarando públicamente: “Lo que me sorprende de los alaridos sobre los errores de la Cheka es la incapacidad de tener una vista amplia de la cuestión. Tenemos personas que se aprovechan de determinados errores cometidos por la Cheka, haciendo barullo sobre ellos… Cuando yo considero la actividad de la Cheka y la comparo con los ataques que sufrimos, yo digo eso es tacaño, conversación vacía que no vale nada”.[30]

Trotsky era categórico: Imbecilidades, imbecilidades –repetía–. ¿Creen que es posible hacer una revolución sin fusilamientos? ¿Crees poder acabar con nuestros enemigos desarmándolos? ¿A qué otras medidas de represión piensas recurrir? ¿Al encarcelamiento? ¿Crees que se asustarán con eso durante una guerra civil en la que los dos adversarios confían igualmente en el triunfo?”[31]

Al mismo tiempo que explicaba, en “El infantilismo de izquierda y el espíritu pequeñoburgués”: “Veamos también aquí la verdad de frente: nos falta la implacable dureza que es necesaria para la victoria del socialismo, y no es porque carecemos de resoluciones. Somos resolutos. Pero no sacamos los guantes con bastante rapidez [y] en número suficiente para especuladores, defraudadores y capitalistas que burlan las medidas soviéticas… nuestros tribunales carecen de energía; en lugar de fusilar a los prevaricadores, los condena a seis meses de prisión. Ambos defectos tienen la misma raíz social: la influencia del elemento pequeñoburgués, su debilidad. (…) durante una revolución, la máxima energía equivale a la máxima humanidad.

Vacilaciones y debilidades se pagan caras. Cuanto con más determinación se lleva adelante una lucha, más corta es su duración, mayores probabilidades de victoria tiene y menos costosa resulta. ‘Frente a una tiranía, la clemencia es barbarie’, decía Robespierre en la Convención”.[32]

Notas:

[1] TROTSKY, León. 1905, Los problemas de la guerra civil, Disponible en: http://www.ceip.org.ar/Los-problemas-de-la-guerra-civil, consultado el 19/05/2017. Traducción de Gloria Pagés y Rossana Cortez. Tomado de la versión digital “Les problèmes de la guerre civile”, publicada en Marxist Internet Archives/français/Trotsky/Œuvres. Primera publicación en ruso en Pravda N.º 202 – 6-09-1924. En francés: folleto Ed. de L’Humanité, setiembre 1926.

[2] El infiltrado Leonid Kannegisser, ligado a Savinkov.

[3] Sochineniya. En: E. H. Carr, História da Revolução Soviética, A Revolução Bolchevique. Oporto: Editora Afrontamento, vol. 1, p. 176 [traducción nuestra].

[4] Discours et Rapports de Robespierre, Ed. C. Vellay e The Writings of Thomas Jefferson, ed P.L.Ford, en: E.H.Carr, História da Russia Soviética, A Revolução Bolchevique. Oporto: Editora Afrontamento, vol. 1, p 179.

[5] Véase K. Marx, O Capital, A acumulação primitiva, cap. XXIV. Disponible en: https://www.marxists.org/portugues/marx/1867/capital/cap24/, consultado el 19/05/2017 [traducción nuestra].

[6] Historisch-KritscheGesamtausgabe, Ier Teil, VII, p 423. En: E.H.Carr, História da Russia Soviética, A Revolução Bolchevique. Oporto: Editora Afrontamento, vol. 1, p 179 [traducción nuestra].

[7] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução, da Revolução Russa. San Pablo: Editora Boitempo, p. 396 [traducción nuestra].

[8] Communist Secret Police: Cheka – Spartacus Educational, Disponible en: http://spartacus-educational.com/RUScheka.htm, consultado el 10/05/2017 [traducción nuestra].

[9] MARX, Karl. “Introdução a Guerra Civil na França”. Disponible en: http://www.ebooksbrasil.org/adobeebook/guerracivil.pdf, consultado el 10/05/2017 [traducción nuestra].

[10] Publicado en la revista Marxismo Vivo 16, diciembre de 2007.

[11] MARX, Karl. “Introdução a Guerra Civil na França”.Disponible en: http://www.ebooksbrasil.org/adobeebook/guerracivil.pdf, consultado el 10/05/2017 [traducción nuestra].

[12] TROTSKY, León. Aonde vai a França. Disponible en: https://www.marxists.org/portugues/trotsky/1934/franca/cap01.htm, consultado el 05/05/2017 [traducción nuestra].

[13] SERGE, Victor, O ano I da Revolução… op. cit., p 240 [traducción nuestra].

[14] PAPPÉ, Ilan. A limpeza étnica na Palestina. San Pablo: Editora Sundermann.

[15] En este caso serían los simpatizantes estalinistas que utilizaban los métodos antidemocráticos.

[16] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução, da Revolução Russa. San Pablo: Editora Boitempo, p. 396 [traducción nuestra].

[17] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução, da Revolução Russa. San Pablo: Editora Boitempo, p. 400 [traducción nuestra].

[18] “History of Jewish communities in Ukraine”, Disponible en: http://jewua.org/fastov/, consultado el 15/05/2017 [traducción nuestra].

[19] Pyatsi Sozyv VTsIK (1919), en Izvestia, 30 de octubre. En: E.H.Carr, História da Russia Soviética, A Revolução Bolchevique. Oporto: Editora Afrontamento, vol. 1, p. 193.

[20] Disponible en: https://www.marxists.org/portugues/lenin/1906/08/29.htm, consultado el 16/05/2017 [traducción nuestra].

[21] Publicado en Austria en 1918. Disponible en: http://www.direitoshumanos.usp.br/index.php/Documentos-anteriores-%C3%A0-cria%C3%A7%C3%A3o-da-Sociedade-das-Na%C3%A7%C3%B5es-at%C3%A9-1919/karl-kautsky-a-ditadura-do-proletariado-1918.html, consultado el 17/05/2017 [traducción nuestra].

[22] “A Revolução Proletária e o Renegado Kautsky”, novembro de 1918. Disponible en: http://www.marxistsfr.org/portugues/lenin/1918/renegado/index.htm, consultado el 15/05/2017 [traducción nuestra].

[23] Chrezvychainye Komissii po Borbe s Kontrrevolyutsiei (1921) en Izvestia, 30 de octubre. En: E.H.Carr, História da Russia Soviética, A Revolução Bolchevique. Oporto: Editora Afrontamento vol.1, p. 195. [traducción nuestra].

[24] CARR, E.H. História da Russia Soviética, A Revolução Bolchevique. Oporto: Editora Afrontamento, volume 1, p. 182 [traducción nuestra].

[25] “Textos Nosso Tempo”, Coimbra: Editora Centelha, 1975 [traducción nuestra].

[26] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução, da Revolução Russa. San Pablo: Editora Boitempo, p. 371 [traducción nuestra].

[27] SERGE, Victor. “Retrato de Stalin”, publicado en París (Grasset), disponible en: http://www.vientosur.info/spip.php?article12418#sthash.r2wAtCCQ.dpuf, consultado el 16/05/2017 [traducción nuestra].

[28] SERGE, Victor. “Retrato de Stalin”, publicado en París (Grasset), disponible en: http://www.vientosur.info/spip.php?article12418#sthash.r2wAtCCQ.dpuf, consultado el 12/05/2017 [traducción nuestra].

[29] SERGE, Victor. Memorias de un Revolucionario (1945), disponible en: https://elsudamericano.files.wordpress.com/2013/05/victor-serge-memorias-de-un-revolucionario.pdf, consultado el 10/05/2017

[30] Communist Secret Police: Cheka – Spartacus Educational. Disponible en: http://spartacus-educational.com/RUScheka.htm, consultado el 09/05/2017 [traducción nuestra].

[31] Trotsky, León. “Acerca de Lenin”. Véase “El trabajo gubernamental”, (Librairie du Travail, París.), en Victor Serge, O Ano I da Revolução, da Revolução Russa. San Pablo: Editora Boitempo, p. 398 [traducción nuestra].

[32] Disponible en: Teoría marxista del terror blanco y rojo, http://www.matxingunea.org/media/html/victor_serge_teoria_marxista_del_terror_blanco_y_rojo.html, consultado el 13/05/2017.

Traducción: Natalia Estrada.