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El ejército zarista fue destruido, así como su Estado, por la Revolución Rusa. Pero, luego de que los soviéticos firmaran la paz de Brest-Litovsk, la República Soviética se vio envuelta en una guerra civil contra un ejército contrarrevolucionario, blanco, y con tropas de las potencias imperialistas. Para combatirlos, tuvieron que construir un nuevo ejército.

Por: Américo Gomes[1]

Sin embargo, este no podía ser construido sobre las mismas bases que el zarista, donde la sumisión a los oficiales por parte de los soldados y los privilegios de una casta burocrática se mantuviesen. Tendría que estar formado por jóvenes soldados forjados en el entusiasmo de la revolución y comandantes que sustituyesen a los viejos y arcaicos oficiales monárquicos. Oriundos de la vanguardia obrera. Profundamente internacionalista, con sus soldados rechazando el patriotismo nacional.

“Esos jóvenes fueron golpeados en muchas batallas, pero acabaron venciendo, cultivando la disciplina, la osadía y el coraje, la teoría revolucionaria y el conocimiento de las técnicas militares”[2].

Brest-Litovsk

El 3 de marzo de 1918, los bolcheviques firmaron el acuerdo de Brest-Litovsk con los Imperios del Centro (Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y el Imperio Otomano), bajo duras condiciones. Necesario para reconstruir la economía. Además, el pueblo quería paz, una gran promesa de la revolución.

Pero influenciados por la propaganda imperialista y social-chovinista, que denunciaban a los bolcheviques como “agentes del Imperio alemán”, dirigentes de los partidos soviéticos, como los SRs de izquierda e, incluso del partido bolchevique (los llamados “comunistas de izquierda”, organizados por Bujarin y Piatakov), indignados contra Lenin, defendían la continuidad de la guerra bajo el nombre de “guerra revolucionaria”.

Lenin mismo llamó esta “paz” de “vergonzosa”. Rusia tuvo que abrir mano de regiones importantes, donde también se vivían procesos revolucionarios. Con el acuerdo, Finlandia, Países Bálticos y Ucrania fueron ocupados por el ejército alemán; y tuvieron que ceder parte del Cáucaso.

Eso significó entregar un tercio de la población, 50% de la industria, 90% de la producción de combustibles, 55% del trigo y la mayor parte de los cereales, a manos del Imperio alemán[3].

Pero era la política correcta, confirmada cuando la revolución alemana derribó su monarquía y con ella todos sus acuerdos. Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia se volvieron Estados independientes, Bielorrusia y Ucrania se integraron a la Unión Soviética, y todos los territorios fueron recuperados.

La guerra civil

En el momento de su firma era difícil creer en la victoria, aún más porque pocas semanas después los países imperialistas de la Triple Entente, que luchaban contra los Imperios del Centro, con sus aliados internos, resolvieron atacar la naciente nación soviética, en varios frentes, buscando sofocar la revolución.

El 3 de abril, tropas japonesas desembarcaron en Vladivostok y ocuparon el Este de la Siberia. Al día siguiente, los turcos tomaban Batun, en Georgia, mar Negro, y entraban en el Cáucaso. Los rumanos tomaron Bessarabia. La temible Legión Checoslovaca, patrocinada por Francia, se rebela y se alía a los Guardias Blancos en el Oeste de la Siberia y comienza una campaña militar que ocupa toda la región. Tropas francesas toman el sur de Ucrania y la Crimea; los británicos toman Arcangel en el Este del río Don, mientras sus unidades de Persia toman el centro petrolero de Bakú. Se forman el Ejército Blanco, comandado por los generales Nicolai Yudenich, Lavr Kornilov, Alexander Kolchack y Anton Denikin, que combate en varios frentes.

A finales de 1918 la República Soviética Federal Socialista Rusa [RSFSR] era prácticamente del tamaño de la Moscovia medieval antes de las conquistas de Iván el Terrible. En las palabras de Lenin, “una isla en un océano enfurecido, lleno de bandidos imperialistas”[4].

El Ejército Rojo

LA GUARDIA ROJA

Con la toma del poder por los bolcheviques, el ejército zarista fue hecho harapos, y el proletariado contaba para su protección con las divisiones del ejército letón y con los Guardias Rojos.

Estos últimos fueron construidos por una política del partido bolchevique entre febrero y octubre como la materialización del armamento del proletariado. Formada a partir de los obreros que se armaban y entrenaban dentro de las fábricas y en los barrios de la periferia.

Esta Guardia dio un salto en su construcción con la tentativa de golpe de Kornilov, una oportunidad aprovechada por los revolucionarios para expandirla como fuerza de resistencia a los golpistas, legalizarla frente al Sóviet y el Gobierno Provisorio, y con eso armarla y entrenarla. En Petrogrado eran 4.000, comandadas por Antonov-Ovseenko, y en Moscú, 3.000, comandadas por Gregory Frunze[5].

En la insurrección de octubre fue ella la que garantizó la toma de los edificios públicos y del Palacio de Invierno, sede del gobierno de Kerensky; aseguraban los servicios esenciales y la seguridad de los dirigentes soviéticos.

EL EJÉRCITO

El Ejército Rojo solo podía nacer sobre una base social y sicológica nueva. La pasividad, el espíritu gregario y la sumisión dejaron lugar, con las nuevas generaciones, (vino) la audacia y el culto de la técnica”[6].

La conferencia del partido bolchevique del 19 de diciembre de 1918 aprobó la fundación del “Ejército Rojo de Obreros y Campesinos”. A seguir, el Consejo de Comisarios Soviéticos aprobó esta resolución el 18 de enero y el 22 de febrero el Pravda publicó una proclama con el título “La patria socialista está en peligro”, punto de partida para la campaña de reclutamiento[7].

El Ejército Rojo tenía un profundo carácter de clase, el “DECRETO SOBRE LA INSTRUCCIÓN MILITAR OBLIGATORIA” aprobado pro el Comité Ejecutivo Panruso de los Sóviets determinaba que: “la instrucción militar y el armamento del pueblo no incluyeran, en el actual período inmediato de transición, más que a los obreros y a los campesinos que no explotaban el trabajo ajeno”. Que estos “deberán tomar las armas e incorporarse al Ejército Rojo, integrado por los más fieles y abnegados combatientes por la libertad y la independencia de la República soviética rusa y por la revolución socialista internacional”[8].

Solamente cuando el núcleo obrero del ejército estaba formado, comenzó la convocatoria de los campesinos, iniciando por los más pobres. Después, se recurrió al alistamiento general obligatorio e, incluso así, en carácter experimental, comenzando por los centros obreros de Petrogrado y de Moscú. A partir de ahí, todos los hombres y mujeres fueron sometidos a instrucción militar desde la edad escolar.

Elementos extranjeros, como letones, húngaros y alemanes, buscaban la ciudadanía soviética para luchar en el ejército. El Pravda del 24 de febrero de 1918 publicó una nota firmada por norteamericanos llamando al alistamiento de extranjeros para un “destacamento internacional”[9].

Los desertores y organizaciones que propagaban la deserción (ligados a los kulaks, parte del clero y la antigua burocracia) eran perseguidos y castigados ejemplarmente.

La lealtad y la disciplina se ampliaban gradualmente, pero en todo regimiento se garantizaba la existencia de un núcleo bolchevique. Con eso, lo que era una masa vacilante, inestable y dispersa, se transformó en un ejército.

COMIENZAN LAS VICTORIAS

El elemento determinante para la victoria soviética fue el heroísmo de esta vanguardia, obrera y campesina, con entusiasmo, abnegación y espíritu de sacrificio. Lógicamente, se apoyaban en las conquistas de la revolución, fundamentalmente en la entrega de la tierra al campesinado.

La primera victoria obtenidas por el V Ejército, dirigido directamente por Trotsky, fue la derrota de la Legión Checoslovaca y la reconquista de Kazan. Trotsky llegó a la estación Sviajsk, con su tren blindado, trayendo a 200 obreros-soldados comunistas, seleccionados entre los más resolutos. Se encontraba con Vatzetis, comandante en jefe del frente, que había estado a punto de ser capturado por el enemigo. Con ellos estaban Rosengoltz, organizador del Consejo Revolucionario de Guerra; el Comisario Político Ivan Nikitich Smirnov, llamado de “Lenin de la Siberia”, “que no levantaba nunca la voz, sereno y valiente”; la escritora Larissa Reissner, que tuvo una actuación de bravura ejemplar; los marineros de Kronstadt, con su flota comandada por Raskolnikov.

Kazan fue retomada el 10 de setiembre de 1918[10]. A partir de ahí la Guerra Civil cambió sus rumbos.

El comandante en jefe, Sergei Kamenev, asume la conducción del V Ejército y junto con sus comandantes Frunze y Tukhachevsky e Ivan Smirnov, con maniobras precisas, derrotaron a Koltchack, que con su ejército dominaba los Urales. Koltchack huye para su centro en Siberia donde venía “asesinando a todos los comunistas”, pero allá el Ejército Rojo lo destruyó.

Después de derrotar a Koltchack, el gobierno soviético negoció un estado tampón con los japoneses para no ir a un enfrentamiento directo, en Tomsk, en enero de 1920, y se proclamó una República del Extremo Oriente, con un gobierno ligado a los soviéticos. Blutcher, comandante del Ejército Rojo, pasó a ser el comandante en jefe de la nueva República.

El nuevo gobierno derrotó a las tropas del comandante blanco Semenov, que huyó para Vladivostok. Con nuevas negociaciones llevadas a cabo por Yoffe, los japoneses se retiraron de Rusia en mayo de 1921, la República del Extremo Oriente derrotó a Semenov definitivamente y se estableció en toda Siberia Oriental. En noviembre de 1922 se incorporó a la RSFSR.

En el sur, Denikin avanzaba en Ucrania enfrentándose con Makhno y su Ejército Negro, y los Guardias Rojos de Antonov-Ovseenko y Bubnov, apoyados por Rakovsky. Denikin los estaba derrotando y tomó la cuenca carbonífera de Donetz y Karkov; llegó a 300 kilómetros de Moscú. Pero fue derrotado en febrero de 1920, cuando Tukhachevsky, con el V Ejército, ocupa Novosibirsk junto con la caballería roja, construida por Trotsky y Budyonny, con la consigna “Proletarios a Caballo. El ejército de Denikin no tenía apoyo de la población por el pillaje y la violencia que realizaba. Derrotado, Denikin renunció en abril de 1920, entregando el comando en Crimea al barón Wrangel, que contaba con ayuda francesa y polaca. Frunze, enviado a la región, lo derrotó en Crimea, en noviembre, y a continuación, como comandante del frente sur, derrotó a las tropas anarquistas comandadas por Nestor Makhno.

Yudenich casi tomó Petrogrado. Lenin veía las cosas de manera tan sombría que propuso abandonar la ciudad, explotar las usinas de energía eléctrica y hundir los navíos del Báltico, para concentrarse en Moscú, sin descartar que si el avance blanco continuaba, los Sóviets deberían retroceder para los Urales. Trotsky estuvo en contra y se propuso para ir a Petrogrado. Allí derrotó a Yudenich con un plan donde tuvo mucho peso el combate en las calles dentro de la ciudad, para eso los batallones regulares del Ejército Rojo contaron con la ayuda imprescindible de los destacamentos de mujeres y de la Guardia Roja. Las fábricas producían armamentos bajo una lluvia de balas, enviándolos inmediatamente al combate, todos involucrados en una “locura heroica”[11]. Los blancos fueron derrotados en quince días.

Uno de los motivos por los que el Ejército Blanco fue derrotado es que los territorios ocupados por ellos vivían envueltos en saqueos y en la corrupción de los jefes. Además, los señores querían recuperar sus tierras y se enfrentaban a la resistencia campesina.

En diciembre de 1919 el VII Congreso de los Sóviets hizo un balance de la Guerra Civil en el que constató que aun cuando prosiguiese, sería ganada por los revolucionarios. Resarció a los soldados y comisarios, y en especial a los tres principales comandantes: Frunze, el obrero; Tukhachevsky, el oficial de la Guardia, y Sokolnikov, el periodista.

Los blancos capitularon totalmente en 1920, pero bandos de cosacos asolaron algunos distritos rusos. Los sóviets recuperaron Georgia en febrero de 1921. El conflicto con los polacos terminó en marzo y los japoneses se retiraron en junio. El Ejército Rojo retomó todo su territorio en octubre de 1922; en ese momento, la Guerra Civil fue declarada oficialmente terminada.

Nuevo Ejército – nuevos debates

“Podría decirse, de cierto modo, que fue precisamente la intensidad del peligro lo que nos salvó. Si tuviésemos más tiempo para discutir y discutir habríamos cometido, sin duda, muchos más errores”[12].

Pero discusión no fue lo que faltó; como en todos los problemas que enfrentaba el poder soviético, la cuestión militar también provocó grandes debates y polémicas en el seno del partido bolchevique. “El problema de la organización del Ejército Rojo era un problema totalmente nuevo, jamás se había planteado antes, ni siquiera en el plano teórico”[13].

Trotsky defendió un ejército centralizado, el reclutamiento obligatorio, la utilización de los oficiales zaristas y la formación del comisariado político. Restableció la disciplina militar y reprimió severamente la deserción y la traición. Explicó que no podían dirigir las fuerzas armadas con comités revolucionarios electos por los soldados y acabó con la táctica de la guerra de guerrilla.

Contra sus posiciones se formó la “Oposición Militar”, que defendía el principio electoral del comando; contra la incorporación de especialistas zaristas; contra la introducción de la disciplina férrea y la centralización del ejército. Entre ellos, Bujarin, Piatakov y Bubnov, con aliados importantes como I. N. Smirnov. Bujarin publicaba en el Pravda las polémicas contra Trotsky, incluso durante la Guerra Civil.

Otro foco de oposición era el X Ejercito, comandado por Voroshilov, impulsado y apoyado por Stalin, en este caso más por disputa burocrática, defendía contra la centralización de la organización militar y se recusaba a seguir las orientaciones del comando militar. Trotsky propuso la destitución de Stalin y envió a Voroshilov a un Tribunal Revolucionario. Sverdlov intermedió. Voroshilov fue transferido a Ucrania y Stalin al Consejo de Guerra de la República. Trotsky: “Considero el patrocinio de Stalin de la corriente de Tsaritsin la úlcera más peligrosa, peor que todas las traiciones y quiebras de confianza de los especialistas militares…”[14].

EJÉRCITO CENTRALIZADO VERSUS MILICIAS Y ARMAMENTO GENERAL

La lucha por la creación de un ejército centralizado fue encarnizada. Al final hacía parte de la tradición, desde la Primera Internacional, la defensa de la sustitución de los ejércitos permanentes por el armamento general del pueblo, así como la elección de los comandantes. Pero en junio de 1917, la conferencia de las organizaciones militares bolcheviques aprobó resoluciones en el sentido de crear una fuerza armada para la revolución[15].

Según la “Oposición Militar” el ejército centralizado era un ejército de tipo imperialista. Para ellos, la revolución no debería utilizar la guerra de posiciones con un ejército centralizado y sí la guerra de movimiento con pequeñas unidades independientes, que no estuviesen ligadas a ninguna base, atacando libremente las retaguardias del enemigo.

Trotsky explicaba: “Si los peligros que amenazan se limitasen al peligro de la contrarrevolución interna, no tendríamos necesidad, en general, de un ejército. Los obreros de las fábricas de Petrogrado y Moscú podrían crear en cualquier momento destacamentos de combate suficientes para aplastar, antes de su nacimiento, cualquier intento de sublevación armada, dirigida a devolver el poder a la burguesía. Nuestros enemigos interiores son demasiado insignificantes y lastimosos como para que sea necesario crear en la lucha contra ellos un aparato militar perfecto, construido sobre bases científicas, y movilizar toda la fuerza armada del pueblo. Si ahora necesitamos de esta fuerza es, justamente, porque el régimen y el país soviético están gravemente amenazados desde el exterior; porque nuestros enemigos interiores no son fuertes más que en virtud del vínculo de clase que los une a nuestros enemigos de clase exteriores. (…) no hay otra manera de proteger y defender el régimen soviético que la resistencia directa y enérgica contra el capital extranjero, el cual emprende contra nuestro país, exclusivamente, porque este es gobernado por obreros y campesinos”[16].

Trotsky defendía estratégicamente la construcción de milicias obreras pero era necesario una “transición provisoria surgida de circunstancias trágicamente deficitarias”[17]. “La URSS paga caro su defensa porque es demasiado pobre para tener un ejército territorial que resultaría menos caro”[18].

La milicia exige “economía avanzada”: vías férreas, rutas y vías fluviales, la falta de estos condenaría a las milicias ya en las primeras semanas de guerra, por ser extremadamente lentas. Para él, a medida que se organiza la economía socialista el Estado soviético se diluirá en el aparato dirigente de la producción y distribución y en los órganos administrativo-culturales. El Estado deja de ser Estado y el ejército pasa a ser la “milicia de todo el pueblo”, el pueblo organizado de manera socialista, bien instruido y bien armado.

La organización y la estrategia centralizada luego se demostró eficaz. Al final, la República Soviética estaba cercada en ocho mil kilómetros, por todos los lados; con eso ni siquiera un ejército poderoso podría luchar en todos los frentes. La táctica adoptada fue movilizar el Ejército Rojo en la línea interna, yendo de un frente a otro, asegurando la superioridad local. Para eso, las operaciones tenían que ser planificadas y los recursos controlados a partir de una centralización muy grande. El principal organizador del Consejo de Guerra de la República fue el ex organizador del trabajo militar clandestino bolchevique, E. M. Sklianki, llamado por Trotsky, el ”Carnot de la Revolución Rusa”[19], “gran entusiasmo creador, combinado con la atención cuidadosa con el detalle”[20].

Situación completamente inversa a la del Ejército Blanco, que no era centralizado y sus comandantes, oportunistas burgueses, siempre privilegiaban sus conquistas personales y disputas entre sí.

En 1921 se organizaron tres milicias con carácter experimental y llegaron a ser hasta tres cuartos del Ejército en unidades territoriales. Pero todo eso cambió en la década de 1930 con el proceso de burocratización y la amenaza de la Segunda Guerra Mundial[21].

RECLUTAMIENTO OBLIGATORIO

Con el aumento de la Guerra Civil el V Congreso de los Sóviets, en julio de 1918, declaró el servicio militar obligatorio a todos los ciudadanos[22].

Trotsky sabía que la situación era complicada por el sentimiento general de los que hicieron la revolución de no recibir órdenes de los oficiales, sus ex opresores. Por eso, el alistamiento comenzó por los “entusiastas de la revolución”, en los sectores de vanguardia obrera. El núcleo obrero tuvo que estar bien establecido, después pasó a los campesinos pobres y solo entonces comenzó el reclutamiento obligatorio. Fue lo que Deutscher llamó “anillos concéntricos”, donde el núcleo bolchevique controlaba los elementos obreros y a través de ellos los otros sectores[23]. Las condiciones de la guerra antiimperialista exigían la movilización de masas.

OFICIALES ESPECIALISTAS Y LA DUALIDAD DE COMANDO

Sin duda la cuestión más polémica fue el trabajo con los oficiales militares especialistas, que habían pertenecido al ejército zarista. Para Trotsky, además de que esta cuestión era práctica, era esencial. El propio Lenin tenía duda sobre esta propuesta, inicialmente[24]. Pero al final felicitó a Trotsky por estar construyendo el comunismo con los restos del edificio destruido del viejo orden burgués[25].

Los mencheviques denunciaban esta política como la construcción de los nuevos bonapartes y korniloves. Los comunistas de izquierda, que se opusieran a Brest-Litovsk, y la “Oposición Militar” también rechazaban la propuesta de antiguos oficiales zaristas. Trotsky respondía a todos: “¿Kornilov? Nuestro ejército será un ejército de clase, así como nuestro Estado es un Estado de clase. Afirmamos y proclamamos el monopolio proletario del ejército. Si nuestros generales quieren imitar a los que les han precedido en la historia de las revoluciones, sabremos recordarles nuestra ley…”.

Para él, “Tal como la industria precisa de ingenieros, como la agricultura precisa de agrónomos calificados, así los especialistas militares son indispensables para la defensa”[26].

Como realmente había riesgo de traiciones y deserciones junto a cada oficial fue puesto un “Comisario Político”, que confirmaba a los obreros, campesinos y soldados que las órdenes eran para ser cumplidas y que no eran maquinaciones contrarrevolucionarias, a pesar de que al comandante incumbía la responsabilidad de las operaciones. El comisario no apreciaba si la orden desde el punto de vista militar era correcta, pero podía denunciar al comandante al Consejo Militar Revolucionario[27].

Además, Trotsky ordenó que los familiares de estos oficiales fuesen tomados como rehenes, pues en caso de traición toda su familia sería castigada; en las traiciones que efectivamente ocurrieron, mandó prender y fusilar a almirantes y generales[28], pero también exigió que se respetase a estos oficiales, con eso, el jefe del Estado Mayor del Ejército pasó a ser, en julio de 1919, Sergei Kamenev, antiguo coronel zarista.

ELECCIONES DE LOS OFICIALES Y COMANDANTES

“La elegibilidad de los jefes en las tropas zaristas equivalía a depurarlas de los posibles agentes de la restauración. Pero el sistema de elecciones no podía, de ninguna manera, proporcionar al ejército revolucionario un elenco de comandantes competentes, idóneos y con autoridad.

El Ejército Rojo se construyó desde arriba, según los principios de la dictadura de la clase obrera. El cuerpo de mando fue seleccionado y comprobado por los órganos del poder soviético y del Partido Comunista. La elección de los jefes por las propias fuerzas, formadas de jóvenes campesinos recién movilizados y de escasa preparación política, se transformaría inevitablemente en un juego de azar, y de hecho daría lugar, no pocas veces, a que se creasen condiciones favorables para los manejos de algunos intrigantes y aventureros”[29].

El VIII Congreso del partido, del 18 al 23 de marzo de 1919, con el informe de Sokolnikov, pues Trotsky estaba en el frente de batalla, y la contundente defensa de Lenin, votó toda la política militar propuesta por Trotsky. Incluso siendo duramente combatida por los “Comunistas de Izquierda”, la “Oposición Militar” y la fracción Voroshilov-Stalin.

UN EJÉRCITO SIN PATENTES

Por otro lado, el Ejército Rojo no tenía una jerarquía de oficiales ni puestos como teniente o mariscal. Por creer que el comando se consolida sobre todo por la confianza que los soldados tienen en sus comandantes. Asegurado por el conocimiento, talento, carácter y experiencia.

Con una evaluación incesante. “La designación de los comandantes por sus virtudes personales solo es posible si la crítica y la iniciativa se manifiestan libremente en un ejército colocado bajo el control de la opinión pública. Una rigurosa disciplina puede acomodarse muy bien con una amplia democracia, y encontrar apoyo en ella”[30]. Trotsky afirmaba que las estrellas no conferían a los jefes ni talentos ni autoridad.

El estalinismo restableció las patentes incluso de mariscal en 1935. “El restablecimiento de la casta de oficiales, dieciocho años después de su supresión revolucionaria, atesta con igual fuerza el abismo que se abrió entre los dirigentes y los dirigidos, y que el ejército perdió las cualidades esenciales que le permitieron llamarse Ejército Rojo”[31].

DOCTRINA MILITAR PROLETARIA

Basado en las experiencias y resultados de la guerra civil, Frunze, Vorochilov y, parcialmente, Tukhachevsky, elaboraron la “doctrina militar proletaria” basada en una “guerra ofensiva y de gran movilidad” sobre la base de la teoría de la “revolución que viene de afuera”.

Trotsky se contrapuso a ellos argumentando que “La guerra se basa en muchas ciencias, pero no constituye una ciencia en sí, es un arte práctico, un oficio (…) un arte salvaje y sangriento”, y citaba a Clausewitz que aconsejara en las artes prácticas: “no debemos elevar muy alto las flores y los follajes de la teoría”. Y concluía: “Solamente el traidor renuncia al ataque, solamente el idiota reduce toda estrategia al ataque”[32]. Para él, la alta movilidad del Ejército Rojo, peculiar en las guerras civiles, reflejaba, en realidad, las condiciones primitivas en que esta guerra fue entablada, un bajo nivel de civilización del país.

 

Solidaridad internacional

Las revoluciones de Alemania y Austria-Hungría anularon el tratado de Brest-Litovsk, y retiraron sus ejércitos de Rusia, Ucrania y Letonia. Los marineros franceses que estaban en el mar Negro forzaron al gobierno de la III República a renunciar a sus operaciones en el sur. Los obreros británicos obligaron al gobierno inglés a retroceder del norte. Lloyd George afirmó: “Si iniciamos una empresa militar contra los bolcheviques, esta terminará por bolchevizar a Inglaterra y por crear el Sóviet de Londres”. “Una poderosa corriente de protestas revolucionarias” impidió a la Entente de auxiliar al gobierno dictatorial de Polonia para atacar los sóviets de manera decisiva. “Hay que recordar que el poder de los sóviets no se habría sostenido doce meses sin el apoyo inmediato del proletariado mundial, europeo por encima de todo, y sin el movimiento revolucionario de los pueblos de las colonias”.

“Aunque la revolución no se diese en ninguna parte fuera de Rusia, las esperanzas fundadas sobre ella no fueron en vano”[33].

Trotsky, jefe del Ejército Rojo

Clausewitz afirmaba que la dirección de un ejército es siempre política, que sustituye la pluma por la espada. Basado en eso, Deutscher afirma que en la construcción del Ejército Rojo, Trotsky usó “la espada y la pluma”.

León Davidovitch Trotsky fue nombrado presidente del Consejo Supremo de Guerra, el 4 de marzo, el día siguiente de la firma del acuerdo de Brest-Litovsk, y en abril pasó a ser el Comisario del Pueblo para la Guerra. Usaba como consigna “Trabajo obstinado y disciplina revolucionaria”[34].

Durante dos años y medio recorrió personalmente todo el país en un convoy blindado que iba a los frentes de batalla.

Cuando el ejército huyó horrorizado de Kazan, dos días después él fue para allá, castigó a los comunistas arribistas y a los funcionarios burocráticos ineficientes y cobardes. Montó un Tribunal Militar Revolucionario y estableció un estado de sitio en toda la región. Se dirigió a los soldados en pánico arrojando sobre ellos “torrentes de optimismo y disposición revolucionaria”. Los comisarios locales pidieron que él se retirase para un lugar más seguro, pero él se quedó. Después de la batalla, sometió a la corte marcial a un comandante y un comisario que habían retirado a sus hombres de la línea del frente.

La disciplina era férrea: “Los soldados del Ejército Rojo no son cobardes ni canallas. Quieren luchar por la libertad de la clase trabajadora. Si retroceden y luchan mal, los comandantes y comisarios son culpados. (…) si cualquier destacamento retrocede sin orden, el primero a ser fusilado será el comisario, después el comandante. Cobardes, canallas y traidores no escaparán de la bala”[35].

Conoció y luchó con Frunze, Vatzetis, Tukhachevsky, Raskolnikov, Mezhlauk, Larissa Reissner e Ivan Smirnov. Esos hombres y mujeres fueron después el comando del ejército.

Trotsky defendió también ser magnánimo con el enemigo que reconociese sus crímenes y estuviese dispuesto a deponer armas y servir honestamente al Estado Obrero. “¡Muerte a los traidores! ¡Pero misericordia con el enemigo que se convirtió y pide clemencia!”.

Después de las victorias en el Volga, Trotsky pasa a inspeccionar todos los frentes y se desplazó para Ucrania, intentando montar el ejército, que estaba en pésimas condiciones, para combatir a Denikin. Lo recompone para derrotar a los blancos.

Por la lucha en Petrogrado, en octubre de 1919 Trotsky fue aclamado como el “Padre de la Victoria” y recibió la “Orden de la Bandera Roja”.

Las purgas

Después de decapitar a los dirigentes del partido, Stalin hizo lo mismo con el Ejército. Las purgas de Stalin privaron al Ejército Rojo de algunos de sus más competentes comandantes, justamente en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Stalin sacrificó los intereses de la defensa soviética en el altar de la autodefensa de la burocracia dominante. Mas de 30.000 oficiales fueron destituidos, presos, enviados para los gulags y fusilados. Eso costó más de 13 millones de muertos a los soviéticos en la Segunda Guerra.

Frunze sustituyó a Trotsky en enero de 1925 en la jefatura del Comisariado del Pueblo para la Guerra, cuando, de manera sospechosa, murió en octubre a la edad de 40 años, durante una cirugía. Fue sustituido por Voroshilov, un sumiso total a Stalin a pesar de su valentía personal, con “falta total de talento militar y administrativo y una visión estrecha y provinciana”[36].

El sustituto natural de Frunze sería Tukhachevsky, un gran estratega, capaz de evaluar “una situación militar desde todos los ángulos”. Aunque un poco aventurero. El “mecanizador del ejército”. Pero por su prestigio, Tukhachevsky podía transformarse en un enemigo peligroso. Fue llevado a juicio en las purgas de 1937, denunciado por Radek como espía alemán. Sustituido por Iegorov, según Trotsky un hombre indeciso y mediocre. La moral cayó violentamente con los juicios fraudulentos.

Budyonny y Voroshilov, que escaparon de las “purgas”, se hicieron mariscales y se unieron a Stalin. Fracasaron de manera grandiosa en la Segunda Guerra. El primero fue masacrado en Ucrania por los alemanes, entregó Kiev y tuvo más de 65.000 soldados presos. El segundo fue derrotado en el Cáucaso.

[1] Américo Gomes. El primer material publicado del autor sobre este tema se encuentra en la revista Marxismo Vivo n.° 16, 2007, pp. 79-90.

[2] TROTSKY, León. La revolución traicionada. El Ejército Rojo y su doctrina. Coleção Bases.

[3] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução Russa [El Primer Año de la Revolución Rusa]. Editora Boitempo, p. 252.

[4] CARR, E. H. Historia de la Rusia Soviética. La Revolución Bolchevique, vol. 3, p. 95.

[5] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky, El Profeta Armado. Civilização Brasiliense, p. 432.

[6] TROTSKY, León. La revolución traicionada. El Ejército Rojo y su doctrina. Coleção Bases.

[7] CARR, E. H. Historia de la Rusia Soviética. La Revolución Bolchevique, vol. 3, p. 76.

[8] TROTSKY, León. “Los especialistas militares y el Ejército Rojo”. Escritos Militares de León Trotsky, ¿Cómo se armó la Revolución?, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/em/rev-arm/volumen1-1918.pdf

[9] CARR, E. H. Historia de la Rusia Soviética. La Revolución Bolchevique, vol. 3, p. 29.

[10] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução Russa. Editora Boitempo, p. 375.

[11] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky, El Profeta Armado. Civilização Brasiliense, p. 473.

[12] TROTSKY, León. “Los especialistas militares y el Ejército Rojo”. Escritos Militares de León Trotsky, ¿Cómo se armó la Revolución?, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/em/rev-arm/volumen1-1918.pdf

[13] Informe del CC al VIII Congreso del Partido Bolchevique, marzo de 1919.

[14] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky, El Profeta Armado. Civilização Brasiliense, p. 452.

[15] CARR, E. H. Historia de la Rusia Soviética. La Revolución Bolchevique, vol. 3.

[16] TROTSKY, León. “Los especialistas militares y el Ejército Rojo”. Escritos Militares de León Trotsky, ¿Cómo se armó la Revolución?, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/em/rev-arm/volumen1-1918.pdf

[17] TROTSKY, León. Nuestra política en la creación del Ejército, ¿Cómo se armó la revolución?

https://www.marxists.org/espanol/trotsky/em/rev-arm/volumen1-1918.pdf

[18] Ídem.

[19] Jacobino, uno de los organizadores de la defensa de Francia contra la coalición de Estados europeos.

[20] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky, El Profeta Armado. Civilização Brasiliense, p. 450.

[21] Ídem, p. 510.

[22] CARR, E. H. Historia de la Rusia Soviética. La Revolución Bolchevique, vol. 3. P. 82.

[23] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky, El Profeta Armado. Civilização Brasiliense, p. 436.

[24] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução Russa. Editora Boitempo, p. 265.

[25] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky, El Profeta Armado. Civilização Brasiliense, p. 457.

[26] Ídem, p. 434

[27] (Orden del Comisario de Guerra, del 6 de abril de 1918). www.marxismo.org

[28] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução Russa. Editora Boitempo, p. 315.

[29] El Camino del Ejército Rojo. https://www.marxists.org/espanol/trotsky/em/rev-arm/volumen1-1918.pdf

[30] TROTSKY, León. La revolución traicionada. El Ejército Rojo y su doctrina. Coleção Bases, p. 149.

[31] Ídem, p. 149.

[32] DEUTSCHER, Isaac. Trotsky, El Profeta Armado. Civilização Brasiliense, p. 515.

[33] TROTSKY, León. La revolución traicionada. Coleção Bases.

[34] SERGE, Victor. O Ano I da Revolução Russa. Editora Boitempo, p. 265.

[35] Trotsky en Isaac Deutscher. El Profeta Armado. Civilização Brasiliense, p. 447.

[36] TROTSKY, León. “La decapitación del Ejército Rojo”.

Traducción: Natalia Estrada.