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Cuando los bolcheviques llegaron al poder se depararon con la gran dificultad de comunicar a toda la población de Rusia el surgimiento del muevo gobierno. En un inmenso territorio y sin grandes medios de comunicación, la situación del país no los ayudaba. La salida encontrada por los bolcheviques fue el uso de las líneas de tren como forma de integración de las tareas del nuevo gobierno revolucionario. Entre esos usos, están los trenes de agitación y propaganda, llevando volantes, periódicos, teatro y cine por toda Rusia.

Por: Romerito Pontes

El “tren revolucionario de la cultura”.

Rusia en 1917

En octubre de 1917, Rusia era ya el país con mayor extensión territorial del mundo. Poseía cerca de 150 millones de habitantes, de los cuales 90% vivía en el campo. La mayoría abrumadora de esa población era analfabeta. La industrialización era incipiente y la electrificación no había ido más allá de los grandes centros industriales. Eso significa que aún no se podía contar con el uso de medios como la radio o el telégrafo para la comunicación.

Además, no se trataba solo de comunicar la instauración del nuevo gobierno. Rusia participaba de la Primera Guerra Mundial, que solo terminaría en noviembre de 1918. En el mismo año, explota la Guerra Civil rusa, cuando las fuerzas contrarrevolucionarias organizan el llamado Ejército Blanco para combatir con armas al gobierno revolucionario. El conflicto duraría hasta 1922. Era preciso llevar pero también traer informaciones del frente hasta los centros políticos, distribuir materiales de agitación y propaganda, y movilizar a la población contra las fuerzas contrarrevolucionarias.

El tren blindado que posteriormente sería bautizado como V. I. Lenin.

La propaganda sobre vías

Es entonces, en 1918, que el Congreso de los Sóviets de Toda Rusia aprueba el uso de los trenes para fines dedicados a la agitación y la propaganda. La medida consistía en transformar trenes enteros en verdaderos aparatos del gobierno revolucionario. Ellos transportaban volantes, folletos, carteles y periódicos de todos los tipos, y los vagones fueron convertidos en bibliotecas. Otros vagones transportaban gramófonos (tocadiscos) o eran equipados con proyectores, funcionando como una especie de cine móvil. Fue en esos vagones que buena parte de la población rusa tuvo su primera experiencia con el cine.

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Entre sus pasajeros estaban propagandistas, oradores, y grupos de teatro, que hacían de sus artes propaganda revolucionaria. Importantes artistas de Rusia, como el poeta Maiakosvki, los pintores El Lissitsky y Kazimir Malevich, los cineastas Dziga Vertov y Alexandre Medvedkine también adhirieron al uso de los trenes. Por afuera, los vagones eran todos pintados por estos artistas, convertidos en grandes piezas móviles de propaganda.

Los trenes eran pintados y transformados en piezas de propaganda.

El éxito de esa experiencia

Inicialmente, la propuesta del uso de trenes para fines de agitación y propaganda serviría apenas para un único blindado que, posteriormente, sería llamado V. I. Lenin. Mientras tanto, el éxito de la política fue tan grande que el gobierno bolchevique determinó la creación de otros cuatro trenes de agitación y propaganda. Además del V. I. Lenin, pasaron a ser usados los trenes Este Rojo, Cosaco Rojo, Cáucaso Soviético y el Revolución de Octubre.

Además, la experiencia todavía fue repetida en barcos y también en camiones. En este último caso, se destacó su uso asociado a presentaciones teatrales. No obstante, esas otras experiencias no llegaron a equipararse con el uso de los trenes.

Escena capturada por el cineasta Dziga Vertov. Soldados y campesinos reunidos alrededor de un gramófono (1921).

Órganos oficiales

Los trenes de agitación y propaganda no solo llevaban materiales para el frente ruso. Ellos también recogían informaciones sobre toda Rusia para el gobierno bolchevique. Algunos de sus vagones eran transformados en verdaderos espacios oficiales del gobierno. Para tener una idea, León Trotsky, que era jefe del Ejército Rojo, montó su escritorio oficial en un vagón blindado para poder viajar de un puesto a otro durante la guerra.

Para cada vehículo fue designado un comisario político responsable. Generalmente, nombres del alto escalón del gobierno eran los elegidos. El tren Revolución de Octubre tenía como comisario a Mikhail Kalinin, jefe de Estado y presidente del Sóviet Supremo de la URSS. También viajaba en ese tren Anatoly Lunacharsky, Comisario del Pueblo para Educación.

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El barco a vapor Estrella Roja tenía a su frente a Vyacheslav Molotov. Y entre sus tripulantes estaban Nadezhda Krupskaia, figura también importante del Comisariado del Pueblo para Educación y esposa de Lenin.

Sesión de cine en el interior de un tren.

Las lecciones de los trenes de agitación

Hasta hoy, las organizaciones de izquierda acostumbran usar la definición de agitación y propaganda elaborada por Plejánov: pocas ideas para muchos, muchas ideas para pocos”, respectivamente. Al final, fue también la definición usada por Lenin y tantos otros marxistas. El ejemplo práctico de los bolcheviques, no obstante, muestra cuán complejas e importantes son la agitación y la propaganda.

Los griegos antiguos tenían una concepción bien amplia sobre qué era la comunicación. Para ellos, estaban incluidas ahí las rutas, por ejemplo. Por eso, se referían a Hermes como patrono de las comunicaciones pero también de los viajantes. Para los griegos, una cosa no existía sin la otra.

La experiencia soviética va en ese sentido. La situación adversa en un escenario de guerra, con una gran población rural y analfabeta, obligó a los bolcheviques a entender eso en la práctica. No bastaban los mejores textos. Un periódico no se hace solo con buenas materias. Era preciso hacerlos llegar hasta el pueblo en el momento correcto. No era posible esperar. En el contexto revolucionario, la distribución eran tan importante como la producción de materiales. Así, artistas y grandes dirigentes bolcheviques se embarcaron para hacer agitación y propaganda del gobierno revolucionario en todos los rincones del vasto país.

Los trenes todavía fueron usados durante la Nueva Política Económica (NEP) y durante la Segunda Guerra Mundial, cuando dejaron de ser usados. No es posible afirmarlo, pero muy probablemente fue porque ya se pudo contar con una infraestructura mucho más desarrollada y con medios de comunicación más eficaces, como la radio.

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Traducción: Natalia Estrada.