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Recientemente, fue publicado en la página de la LIT-CI mi artículo “Venezuela: los debates con la izquierda” (1). Pocos días después, Valério Arcary escribió en su página Facebook y en el site del MAIS una respuesta a las críticas que realizamos a sus análisis y posiciones (2).

Por: Alejandro Iturbe

En estos artículos, Valério hace una observación metodológica: la definición de “país independiente” (utilizada por Nahuel Moreno en la década de 1980) es una “categoría en construcción”; es decir, en debate y en proceso de elaboración. Coincidimos con él. No solo porque Moreno no tuvo posibilidad de “pulirla” con precisión sino porque, además, desde que fue formulada ha habido procesos muy importantes en el mundo (como la restauración capitalista en los ex Estados obreros y el proceso de recolonización del mundo lanzado por el imperialismo desde la década de 1990) que inciden sobre esa categoría (mejor dicho, sobre los aspectos de la realidad que queremos definir con ella).

Valério enumera, de modo sintético, una serie de elementos a considerar para la definición y para estudiar la génesis de estos países. Excede la extensión de esta respuesta el análisis de esos factores: lo abordaremos con mayor profundidad en un próximo artículo.

Pero sí queremos referirnos a una comprobación empírica: esa categoría de “países independientes” está en extinción (si es que ya no se ha extinguido). Varios procesos se combinan para ello: por un lado, el proceso de recolonización que lleva adelante el imperialismo desde hace décadas; el proceso de decadencia y degeneración de los nacionalismos burgueses y los regímenes bonapartistas sui generis y, finalmente, la restauración capitalista en los ex Estados obreros (que antes habían conseguido también un grado importante de independencia).

Por eso, aquellos “países independientes” que había definido Moreno (Argelia, Libia, Angola, etc.) hoy ya son semicolonias. Los ex Estados obreros ya entran en esa categoría o van en vías de serlo (como Cuba y China). En realidad, el proceso que se da hoy es el opuesto al surgimiento de nuevos países independientes: incluso pequeños países que antes era imperialismos menores (como Portugal y/o Grecia) están siendo transformados en semicolonias. Podemos discutir el ritmo en que cada país está recorriendo ese camino y el grado en que hoy están (incluso, los aspectos contradictorios que pueda presentar cada caso específico). Pero esa es la dinámica general.

En este punto, Valério introduce una precisión: puede haber “gobiernos independientes” que tienen roces con el imperialismo en países que siguen siendo semicolonias. Eso también es correcto: la existencia de esta combinación altamente contradictoria ya se ha dado en la historia (me surge el ejemplo de Jacobo Árbenz en Guatemala, derrocado en 1954 por un golpe militar organizado por la CIA).

Pero calificar estos gobiernos como “independientes” requiere que tengan una política de quebrar o, por lo menos, atenuar la dependencia y el carácter semicolonial de sus países. Árbenz, por ejemplo, realizó una reforma agraria parcial y chocó duramente con la empresa United Fruit y su control monopólico de la producción y exportación de frutas (eje de la economía guatemalteca de la época).

¿Es eso lo que hicieron Chávez y Maduro? Absolutamente, no. Por el contrario, entregaron 50% del petróleo venezolano (eje de la economía del país) y pagaron muchos miles de millones de dólares de la deuda externa (actualmente, a costa del hambre de su pueblo). Desde este punto de vista profundo (después de casi 20 años de chavismo y 4 años de gobierno Maduro), podemos decir que Venezuela es un país más dominado y saqueado por el imperialismo que Brasil o Argentina, y que el chavismo mantuvo y profundizó esta realidad. En este marco: ¿alguien puede afirmar seriamente que el de Maduro es un “gobierno independiente”?

En este punto, Valério “avanza un casillero” y nos dice: “Porque algo precisa explicar por qué el orden imperialista mundial, con el gobierno de Washington a la cabeza, amenaza con intervenciones cada vez más amenazadoras contra el gobierno de Venezuela”.

Debemos volver entonces sobre la política real que Trump y el imperialismo yanqui tienen hacia Venezuela y el gobierno Maduro, que analizamos en mi artículo anterior y en la declaración de la LIT-CI. Es cierto que Trump ha amenazado a Venezuela con acciones militares en una hipócrita “defensa de la democracia” y que su gobierno impuso sanciones económicas menores como el bloqueo de los bienes de Maduro en los Estados Unidos. Pero su política real no es impulsar un golpe contra Maduro (entre otras cosas no tendría hoy un sector militar de peso en el que apoyarse) ni menos aún invadir el país con los “marines”.

Trump juega públicamente el papel de “policía malo” para presionar a Maduro a que haga un acuerdo con la MUD y posibilite elecciones presidenciales y parlamentarias que, muy posiblemente, gane la MUD. Una variante un poco más agresiva verbalmente para imponer la “reacción democrática” (un concepto morenista que Valério y el MAIS han olvidado totalmente).

Esta “política real” de Trump tiene dos razones muy profundas. La primera son los muy buenos negocios petroleros que ese sector de la burguesía estadounidense tiene en Venezuela. Recordemos que Rex Tillerson, ex presidente de la Exxon Mobil es el Secretario de Estado (el cargo que define la política exterior). La segunda es aún más importante: desde la derrota del proyecto Bush en Irak y Afganistán (y en la propia Venezuela en 2002), el imperialismo enfrenta una relación de fuerzas desfavorable con el movimiento de masas en el mundo. Más allá de las ganas que pueda tener Trump de “voltear” a Maduro esa es la realidad de la lucha de clases, que le impone mantenerse dentro de las tácticas de la reacción democrática.

Pero como Valério Arcary y el MAIS han adoptado la tesis de la “ofensiva reaccionaria” (es decir, las masas estarían a la defensiva frente al imperialismo) y, como vimos, abandonaron la consideración morenista de la política de reacción democrática por parte del imperialismo, caracterizan “golpes reaccionarios” por todos lados.

Tal como dijimos en nuestro artículo anterior: si no existen, los inventan. Reiteramos además que no podemos descartar que “en el futuro, si Maduro y el chavismo no acceden a esta negociación, el imperialismo y la burguesía opositora de derecha pasen a un ataque más decidido para derrocarlo […] más aun tratándose de una figura bastante impredecible como Trump. En ese caso, sí estaría planteada para los revolucionarios una política… de defensa del país frente a los ataques del imperialismo y no dudaremos un segundo en impulsarla y estar en la línea de frente de la lucha”.

Acá cabe una precisión sobre lo que señalamos en el artículo anterior: si esta situación hipotética se diera sería en realidad más parecida a la guerra de Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña en 1982, que al derrocamiento de Jacobo Árbenz en 1954 o el intento de golpe contra Chávez, en 2002. No sería el caso de la defensa de un país o de un gobierno independiente frente a un golpe de derecha sino la hipótesis de un enfrentamiento militar entre un país imperialista “democrático” y un país semicolonial gobernado por una dictadura (analizada por Trotsky en la década de 1930) (3). Trotsky dice claramente que hay que ubicarse del lado del país semicolonial y esa fue la línea con que Nahuel Moreno orientó a la LIT-CI y al PST argentino: estuvimos en el campo militar de la dictadura argentina contra el imperialismo británico. En este marco, repetimos: “Pero no es esa la realidad actual y confundirse en esa apreciación lleva inevitablemente a políticas totalmente equivocadas”.

En este punto, Valério nos responde: El régimen chavista no es una dictadura militar”. Para no entrar en falsas polémicas, dejemos de lado las “etiquetas” y vayamos al contenido. En Venezuela tenemos un régimen bonapartista en degradación, apoyado en las fuerzas armadas (cuya cúpula se ha transformado en boliburguesía), que es cada vez más corrupto, antidemocrático (disolvió el parlamento, eliminó el voto universal, realizó un fraude completo en la elección de la Constituyente para que una minoría se transforme en mayoría) y represivo (más de cien muertos, cientos de presos, bandas paramilitares, etc.). Eso, al servicio de entregar el petróleo, pagar la deuda externa al costo del hambre del pueblo venezolano, y asegurar los negocios de la boliburguesía. Para nosotros, eso se parece mucho a una dictadura, que no tiene nada de progresiva. Valério puede ponerle otro nombre si lo prefiere: lo importante es si tiene acuerdo con el contenido (y si, por lo tanto, saca las conclusiones políticas necesarias).

El problema es que el esquema “campo progresivo vs campo reaccionario” que han adoptado Valério y el MAIS los mete en un callejón sin salida y hay que darle martillazos a la realidad para que entre en ese esquema. Entonces, la situación venezolana actual no se parece a la de Siria (levantamiento de las masas contra la dictadura de Assad) sino a la de Brasil 2016 (movilizaciones “verdeamarelas” que pedían el impeachment de Dilma).

Como siempre últimamente, Valério se equivoca: Venezuela hoy no tiene nada que ver con lo que ocurrió en el Brasil el año pasado. No vamos a reiterar aquí los debates que hicimos contra la tesis del golpe que inventó el PT (y que “compró” gran parte de la izquierda brasileña). Solo diremos que en el Brasil había un régimen democrático burgués y que, luego de la destitución de Dilma y la asunción de Temer, ese régimen sigue intacto.

Con respecto a Siria, hay evidentemente grandes diferencias en el grado que alcanzó la lucha contra Assad (especialmente en los primeros años) y en el nivel de represión con que, consecuentemente, le respondió el régimen. Pero en su conformación, ambas situaciones presentan muchas similitudes: la putrefacción de un régimen bonapartista cada vez más odiado por las masas. Por eso, entre las hipótesis posibles en que puede evolucionar la situación venezolana una de ellas es claramente la “dinámica siria”: un proceso revolucionario de masas para derrocar el régimen, respondido con una represión genocida por parte del chavismo. No es casual que una corriente que ha roto con el gobierno de Maduro y el PSUV por la izquierda (Marea Socialista) diga que en Venezuela hay “un intento de una contrarrevolución abierta, con métodos de guerra civil selectiva, que ya se están aplicando”. O que Assad y Chávez se definieran mutuamente como “amigos” (amistad que Maduro mantiene).

De esta forma, Valério Arcary y los integrantes del MAIS nos presentan una paradoja: no le capitularon a los gobiernos del PT y de Chávez cuando estaban en su apogeo y tenían gran apoyo del movimiento de masas (claro que en ese momento eran militantes del PSTU y la LIT-CI) para terminar capitulándole en su agonía y decadencia, cuando las masas rompen con ellos. No cabe calificar este cambio sino como una verdadera involución.

Tal como señalamos en nuestro artículo anterior: “no estamos discutiendo problemas metodológicos o políticos en abstracto. Lo hacemos con el marco de fondo dramático de la situación de hambre y miseria de las masas venezolanas y de la feroz represión que un gobierno y un régimen bonapartista dictatorial aplica sobre ellas. Al definir su ubicación en el ‘campo político-militar’ del gobierno Maduro y del régimen chavista, Valério Arcary y el MAIS se han hecho cómplices de esta represión y del golpe en curso. Hacen lo mismo que las corrientes que defienden al régimen de Assad en Siria. Un papel muy triste para un dirigente y una organización cuyos miembros eran, hasta hace poco, militantes revolucionarios”.

Esto es así a pesar de que algunos militantes del MAIS se enojen con nosotros en las redes sociales: la definición de ubicarse en el ‘campo político-militar’ del gobierno Maduro no la inventamos nosotros sino que la hizo el propio Valério. Esta definición tiene un significado profundo: avalar (apoyar) y justificar la represión que ejerce el gobierno burgués de Maduro sobre su pueblo. Y esta consecuencia de aplicar la política propuesta por Valério Arcary y el MAIS en la realidad venezolana (ya no en los papeles) no puede ocultarse detrás de ninguna consideración teórica.

Notas:

(1) https://litci.org/es/menu/especial/debates/venezuela-los-debates-la-izquierda/

(2) Ver: https://www.facebook.com/Valério.arcary.9 (18/08/2017) y http://esquerdaonline.com.br/2017/08/21/sao-ou-nao-sao-possiveis-governos-relativamente-independentes-do-imperialismo-na-atual-ordem-mundial/

(3) https://www.marxists.org/portugues/trotsky/1938/09/23.htm