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El Frente Brasil Popular (FBP) lanzó un plan de emergencia para la crisis que vive el país. No obstante, las medidas presentadas apenas reformarían el capitalismo y no acabarían con este sistema de explotación.

Por: Bernardo Cerdeira

El Frente Brasil Popular (FBP), formado por PT, PCdoB y movimientos sociales como CUT, MST, UNE y otros, presentó un Plan de Emergencia para la situación actual del país.

El FBP, así como otras iniciativas como el Frente Pueblo Sin Miedo, formado por el MTST, PSOL, Intersindical y otras organizaciones, son alianzas entre partidos de izquierda y movimientos sociales. En su origen se organizaron para luchar contra el impeachment de Dilma que, según esas mismas fuerzas, habría sido un golpe parlamentario, jurídico y mediático.

También surgieron para intentar dar una nueva cara al PT, que salió tremendamente desgastado de la crisis del gobierno Dilma y del proceso de impeachment, pero que continúa siendo el eje en torno al cual giran esas fuerzas.

Ahora, frente al repudio popular a las medidas reaccionarias del gobierno Temer y a la enorme impopularidad del gobierno, estos Frentes comienzan a discutir los rumbos del país y las diversas salidas posibles.

Ya vimos este filme. Un nuevo gobierno Lula no es solución, es un callejón sin salida

El Plan Popular de Emergencia del FBP, en su introducción, define explícitamente el objetivo central del documento: “La precondición de las medidas aquí listadas es el fin del gobierno usurpador, originario del golpe que derriba a la presidente Dilma Rousseff”. Aparentemente, el objetivo sería el de derrocar a Temer, algo con lo que todos estarían de acuerdo.

No obstante, en la misma frase, el texto explica que eso debería tener como consecuencia “la elección directa de un nuevo jefe de Estado y el establecimiento de un gobierno oriundo de las fuerzas políticas y sociales progresistas y democráticas”. Enseguida, explica que el Plan reúne “medidas a ser inmediatamente implementadas o encaminadas por un nuevo gobierno, escogido soberanamente por el voto popular. ¿Cómo se elegiría ese gobierno? Según el Plan: “La salida democrática que proponemos tiene como presupuesto la anticipación de las elecciones presidenciales para 2017”.

La estrategia del FBP es clara: “un gobierno oriundo de las fuerzas políticas y sociales progresistas y democráticas” es otro nombre de los gobiernos Lula y Dilma, alianzas entre el PT y partidos que no tenían un átomo progresista y democrático, tales como el PMDB, el PP y el PSD.

Por lo tanto, la estrategia de un gobierno de este tipo no es nada más y nada menos que un nuevo gobierno Lula. La campaña por “Directas Ya” tiene el objetivo evidente de pavimentar la campaña electoral de Lula en 2018 o incluso antes, si la crisis del gobierno Temer se torna insostenible.

El problema es que los trabajadores ya tuvieron la experiencia con gobiernos como ese durante más de 13 años. Puede ser, incluso, que una mayoría opte por votar a Lula por falta de alternativas después de años de crisis económica y del descalabro del gobierno Temer. Pero nosotros, socialistas, tenemos la obligación de alertar y explicar que la salida propuesta por el PT y por esas fuerzas lleva al mismo callejón sin salida del fin del gobierno Dilma y termina en gobiernos como el de Temer que, además, fue puesto en su posición de vicepresidente por Lula y el PT.

Un programa de capitalismo “humanitario”

Antes de analizar las medidas del plan del FBP es preciso hacer un alerta. Aparentemente, está más a la izquierda que el programa tradicional de Lula y Dilma cuando gobernaron. Por ejemplo, defiende medidas como la reducción de la jornada máxima de trabajo para 40 horas semanales, intentando aumentar la generación de empleos. Sin embargo, esto se explica porque ese es un programa que intenta agrupar a los movimientos sociales y ganar apoyo electoral. Para eso, precisa escenificar con banderas más a la izquierda, incluso que no rompan con el capitalismo.

Gobernar, no obstante, es otra cosa. Lula, en su discurso en el Congreso del PT, ya avisó que el programa debe tener “medidas factibles” para agrupar aliados “progresistas”, esto es, empresarios y partidos burgueses.

El programa del FBP establece sus límites dentro del sistema capitalista. Afirma que son “propuestas para restablecer el orden constitucional democrático, defender la soberanía nacional, enfrentar la crisis económica, revertir el desmonte del Estado, y salvar las conquistas históricas del pueblo trabajador”.

No obstante, el “orden constitucional democrático” es este sistema político vigente, corrupto hasta los huesos, en que partidos políticos, jueces y empresarios manipulan las elecciones, las leyes que les interesan y los enriquecen con dinero público. El propio PT se envolvió hasta el cuello en la corrupción durante los 13 años en que gobernó.

De la misma forma, durante los gobiernos del PT tuvo inicio la crisis económica, se profundizó el modelo económico dependiente del imperialismo y las privatizaciones, comenzaron los ataques al seguro de desempleo y el abono del Programa de Integración Social (PIS), y se elaboraron los planes para la reforma de la previsión.

Lula, João Pedro Stédile (MST), Guilherme Boulos (MTST) y Rui Falcão (presidente del PT)

Pero, según el Plan, las medidas serían un primer paso para crear una “conexión con las reformas estructurales necesarias para romper con el modelo de capitalismo dependiente que produjo (…) el empobrecimiento de los trabajadores, especialmente de las trabajadoras y de la población negra, injusticia social extrema, pérdida de independencia y recesión económica, al mismo tiempo en que concentra renta, riqueza y propiedad en las manos de un puñado de Barones del capital”. Eso quiere decir que males como la pobreza y la injusticia social serían causados únicamente por el capitalismo dependiente y no por toda forma de capitalismo, no por este sistema en sí.

Por eso, el texto insiste con que esas reformas estructurales buscarían “implementar un proyecto nacional de desarrollo que intente fortalecer la economía nacional, el desarrollo autónomo y soberano, enfrentar la desigualdad de renta, de fortuna y de patrimonio” y “la recomposición del mercado interno de masas, de la industria nacional, de la salud financiera del Estado y de la soberanía nacional, un modelo social basado en el bienestar y en la democracia”.

Ora, el capitalismo es un sistema que se basa en la ganancia obtenida por la explotación de los trabajadores. Aún más, es un sistema mundial en el que países imperialistas explotan a países pobres, subordinándolos a sus intereses.

No es posible que un país dependiente como el nuestro consiga su plena independencia nacional sin romper todos los lazos y acuerdos políticos y económicos que subordinan el Brasil al imperialismo mundial. El Plan del FBP ni siquiera habla de eso.

Por otro lado, ya vimos en qué terminaron las tímidas medidas de distribución de renta de los gobiernos del PT. No atacaron las raíces profundas de la pobreza y de la desigualdad ni defendieron a los trabajadores y la población más pobre de las consecuencias brutales de la crisis económica. Los 14 millones de desempleados, que sumados a los que tienen empleos precarios alcanzan ya los 23 millones de trabajadores, son la muestra más evidente del fracaso de la política de distribución de renta dentro del sistema capitalista nacional y mundial.

Más de lo mismo: el programa no va a la raíz del problema

Por esa lógica, el Plan propone una serie de medidas que no atacan la especulación financiera que está destruyendo y endeudando el país, y provocando el déficit fiscal del Estado.

Por ejemplo, propone la “creación de un Fondo Nacional de Desarrollo y Empleo, financiado por el uso parcial de las reservas internacionales, la caída de los gastos financieros, y la reorganización del sistema nacional de impuestos –que destine R$ 100 mil millones anuales para obras de infraestructura, saneamiento, vivienda, renovación energética y movilidad urbana”.

¿Golpe contra la democracia?

Es necesario un plan de obras públicas, pero el problema es cómo financiarlo. Utilizar las reservas internacionales solo empobrece el país y lo torna más vulnerable. Para resolver el problema de hecho, sería necesario atacar de frente el problema de la deuda pública, que está consumiendo la mitad del presupuesto del Estado, o sea, los recursos del país, con intereses extorsivos que generan ganancias fabulosas para los bancos y empresas extranjeros y nacionales.

El Plan trata de “auditoría y reducción del servicio de la deuda interna” pero, sin la adopción de una política en que el país deje de pagar esa deuda, cuyo monto ya fue pago varias veces, no hay cómo superar la penuria de los trabajadores. El Plan de Emergencia ni cita esto.

También propone la “suspensión y reversión de las concesiones y privatizaciones decididas durante el gobierno usurpador, incluyendo la venta de activos de las empresas estatales y los remates de las áreas del presal”. Pero, ¿y las innumerables privatizaciones hechas durante los gobiernos Lula y Dilma? ¿Y la venta de activos del presal, como el Campo de Libra? ¿Y las que fueron hechas antes, durante los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso (FHC) y de Collor y que el PT mantuvo y simplemente trató de administrar, como la Vale y el sistema eléctrico? ¿Esas son privatizaciones progresistas? Las propuestas encubren una política profundamente privatizadora y favorable a los capitalistas.

En realidad, el Plan de Emergencia del FBP proporciona dos lecturas. Por un lado, escenifica con reformas en el capitalismo que no liberan a los trabajadores de su condición de esclavos modernos y no resuelven sus problemas más agudos, como el desempleo y la desigualdad social. Intentar adoptar medidas que humanicen el capitalismo no solo es imposible, porque va contra la esencia del sistema, como, en la práctica, es una tentativa de hacer que los trabajadores acepten la explotación sin rebelarse.

En el fondo, es un programa que mantiene las políticas mundiales del imperialismo, tales como las privatizaciones y la especulación del capital financiero. Para eso, busca mantener el Estado burgués y las alianzas necesarias con empresarios y partidos burgueses. Nada de nuevo, por lo tanto; nada que no hayamos visto en los 13 años de gobiernos del PT.

Traducción: Natalia Estrada

Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 538, julio de 2017.-