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Elecciones en medio de una gran crisis

Luego de mantenerlas arbitrariamente suspendidas durante el año 2016, el gobierno de Nicolás Maduro a través de la ilegitima Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y el Consejo Nacional Electoral (CNE), el gobierno convocó a elecciones municipales para elegir un total de 335 alcaldes en todo el país, realizándose las mismas conforme a dicha convocatoria el 10 de diciembre de 2017.

Estas elecciones municipales, al igual que las recientes regionales, se realizaron en medio de la peor crisis que haya atravesado el país en su historia reciente, expresada en una caída del PIB real del país de 12% al cierre de 2017, la mayor desde 1989 (1983 si nos referimos al PIB nominal), una inflación que se estima cerrará al final del año por encima de los 1000 puntos porcentuales, lo que nos coloca en un claro escenario de hiperinflación, con un salario real que pese a los aumentos de salario mínimo anunciados por el gobierno en lo que va de año y su retórica de defensa del salario, se ha contraído 53,6% desde enero de 2017. Esto significa la destrucción del poder adquisitivo de los trabajadores venezolanos, sobre todo de la gran mayoría de estos que devengan el ingreso mínimo nacional de 456.507, 44 (esto sumando 177.507,44 Bs. de salario mínimo y 279.000 Bs. de bono de alimentación que no tiene incidencia salarial). Hoy el gasto total en salarios representa apenas 5,9% del PIB.

Según el Centro de Documentación y Análisis Sociales de la Federación Venezolana de Maestros (CENDAS) la Canasta Alimentaria alcanzaba los 3.918.341 Bs., mientras que la Canasta Básica Familiar se ubicaba en 5.594.119 Bs. en el mes de octubre (último mes del que disponemos de datos), con lo cual se necesitarían  22,1 y 31,5 salarios mínimos respectivamente para adquirirlas. Los acelerados incrementos de los precios del vestido el calzado, la comida y demás rubros sobrevenidos después del pago a los trabajadores de las utilidades y aguinaldos durante los meses de noviembre y diciembre, sin duda han llevado estas canastas a niveles más elevados y pulverizado dichos ingresos.

La escasez de alimentos, medicinas, repuestos y demás insumos continúan siendo una calamidad para los trabajadores y el pueblo venezolano, a esto hay que sumarle la incertidumbre generada por la escasez de efectivo que los obliga a tener que pagar porcentajes de 10%, 20% y hasta 30% para obtenerlo, lo que termina por pauperizar más su salario.

Todo esto se traduce en un hambre creciente, niños que mueren de desnutrición, la existencia de una gran cantidad de personas principalmente en las grandes ciudades del país hurgando entre la basura o apostados a las puertas de los restaurantes (principalmente niños) para procurarse algo de comer, muchos otros suben a las unidades de transporte directamente a pedir dinero, siendo esto algo ya generalizado. Han reaparecido enfermedades que habían sido erradicadas como la difteria y el paludismo; afectando a miles de personas e incluso ocasionando la muerte de muchos por falta de medicamentos elementales para su tratamiento. A diario los trabajadores pierden sus garantías laborales y son víctimas de despidos y suspensiones por el cierre y quiebres de empresas, principalmente las privadas, aunque estas situaciones también suceden en el sector público.

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La abstención prevaleció. El CNE miente

En este marco de profunda crisis lo que prevaleció previo y durante el evento electoral fue la abstención y la más completa indiferencia por parte de la población, fueron llamativos los desesperados llamados a votar por parte de dirigentes opositores como oficialistas; el gobierno utilizó mecanismos de chantaje como el carnet de la patria y la asignación a través de este de algunos beneficios, así como también la entrega del bono de alimentación Niño Jesús (una tickera de 500 mil bolívares) para estimular la votación.

Según los boletines del CNE el gobierno ganó 305 de las 335 alcaldías, ganando además 22 de las 23 capitales de estado y habrían participado más de 9 millones de personas de una cantidad de personas con derecho a voto de 18.082.006 (el padrón electoral es de 19.740.846 pero no todas tenían posibilidad de votar principalmente por estar fuera del país), representando esto una participación de 43,7% y una abstención de 52,3%.

Sin embargo, toda la indiferencia previa, y principalmente lo que pudimos constatar de primera mano los que nos acercamos a observar los centros de votación, donde era notoria la ausencia de electores, imperando la más completa desolación y desánimo, situación está que según informes de compañeros se repetía en las principales ciudades del país, nos lleva a afirmar con toda seguridad que la abstención alcanza por lo menos el 70%, como señalan varios analistas independientes. Por todo lo expresado queda categóricamente en evidencia que el gobierno materializó un fraude escandaloso, similar al de las elecciones regionales y a las de la ANC y queda claro que en sus reportes el CNE miente.

Unas elecciones manipuladas por el gobierno en su favor

La realidad es que la dictadura de Maduro consolida su curso represivo y avanza en el cercenamiento de las libertades democráticas más elementales, siendo que ni siquiera el derecho a elegir libremente está garantizado, pues la ANC tiene la arbitraria potestad de destituir a cualquier autoridad electa y convocar a nuevas elecciones a su discreción o bajo la condición de si se juramentan o no ante esta, como sucedió en el caso de la Gobernación del estado Zulia.

No existen elecciones libres en el país, el gobierno optó por convocar a elecciones después de haber configurado todos los mecanismos de fraude que le garantizan triunfos electorales, teniendo el total control del CNE, lo que le permite manipular a su conveniencia el sistema electoral automatizado y forjar los resultados a su favor, además del uso escandaloso de los recursos del Estado en su favor, esto sumado a la represión, el chantaje y la presión en los trabajos públicos para incidir en la votación popular, y por último la ANC abrogándose el derecho de reconocer o desconocer autoridades electas.

Muestra de esto es el caso del municipio Simón Planas, en el estado Lara, donde Ángel Prado, miembro de la ANC, que ha militado en el PSUV y quien ante las diferencias internas en ese partido optó por postularse por el PPT, con el apoyo del Gran Polo Patriótico, resultó electo, según lo anunciado por el propio CNE, pero la ANC se negó a reconocerlo como Alcalde electo, alegando que esta no le había otorgado permiso para postularse como candidato y juramentando al candidato del PSUV.

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Es sabido que la ANC otorgó permisos a varios de sus miembros para ser candidatos a gobernador en las pasadas elecciones regionales, haciendo lo mismo ahora en las municipales. Cabría preguntarse ¿En qué parte de la legislación electoral venezolana está establecido que la ANC debe otorgar permisos a cualquiera para ser candidato y si los otorga cuál criterio utiliza para hacerlo, por qué se los otorga a algunos y a otros no?

No estando garantizado que obtener la mayoría del voto popular es condición suficiente para ser adjudicado en un cargo de elección popular y en todo este contexto antidemocrático y restrictivo, las elecciones municipales han sido sólo un vulgar fraude utilizado por el gobierno para perpetuarse el poder.

El nefasto papel de la MUD

Como era de esperarse, en todo este proceso la MUD cumplió un lamentable papel, como buena dirección patronal, enemiga de los trabajadores y del pueblo pobre, prioriza por los acuerdos, pactos y negociaciones con el gobierno. Habiendo declarado públicamente que no participarían del proceso, dirigentes de sus organizaciones se postularon para no perder la posibilidad de usufructuar algunas migajas de poder aunque fuese a nivel local, avalando de esta manera el fraude y generando confusión en la gente, sembrando la “ilusión” acerca de la posibilidad de tener “ciudades modelos” en medio de la crisis estructural que se vive a nivel nacional, como que las ciudades fuesen una realidad aparte donde no se sienten las consecuencias del marasmo y el desastre en los cuales el gobierno tiene sumergido a todo el país. En el fondo esta posición terminó avalando el fraude orquestado por el gobierno.

Todo esto no hace sino dejar en evidencia la crisis interna que atraviesa esta organización y demostrar el hecho de que se trata de una dirección que vive de espaldas a los trabajadores y el pueblo humilde, que no tiene nada que ver con sus intereses y en la cual no debemos depositar la más mínima confianza, y mucho menos esperar nada favorable.

El chavismo disidente

Hubo en este proceso algunas expresiones electorales del chavismo disidente, lo que refleja por un lado la crisis del PSUV y la cruenta disputa por el reparto del botín al interior del chavismo, siendo desdichadamente en su mayoría candidaturas oportunistas, con un programa y una política donde brillaba por su ausencia la denuncia y el enfrentamiento a la política de ajuste del gobierno, la denuncia contra los despidos y los ataques a los derechos de los trabajadores, que no denunciaba el hecho de que el gobierno prioriza por los pagos de deuda externa a costa del hambre y los sacrificios del pueblo trabajador.

Pero por otro lado, expresan de forma minoritaria, el hecho progresivo de que cada vez más sectores se decepcionan de los falsos socialistas, de la boliburguesía y de los burócratas y corruptos rojo – rojitos.

Estas candidaturas más allá de tener escasísimas posibilidades de triunfo, no dejaron de ser víctimas de las prácticas antidemocráticas y el cercenamiento de derechos, como el caso de la candidatura de Eduardo Samán -chavista manifiesto, reivindicador del “legado de Chávez”-, en el municipio libertador (Alcaldía de Caracas), por citar uno de tantos ejemplos, a quien arbitrariamente, se le proscribió el derecho de que su cara apareciese en el tarjetón electoral.

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Construyamos una alternativa política de los trabajadores y el pueblo. Movilización para enfrentar al gobierno.

Queda claro que ni el PSUV, ni la MUD representan alguna alternativa para el pueblo trabajador, imponiéndose la necesidad de construir una alternativa política de los trabajadores y el pueblo, con un claro perfil de enfrentamiento al gobierno y con independencia de cualquier opción patronal, que exprese y denuncie claramente que el llamado legado de Chávez es esta situación de hambre y miseria a las cuales hoy nos somete el gobierno de Maduro, que llame a los trabajadores a confiar sólo en la fuerza de su movilización independiente.

Es en esta movilización que podemos construir esa alternativa y es con movilización que podemos enfrentar el ajuste que el gobierno con la complicidad de la MUD hoy descarga sobre los trabajadores y el pueblo pobre. Sólo así podemos pelear por salir de este gobierno e imponer un programa que ponga en el centro las necesidades de los trabajadores y sectores populares, que parta de suspender los pagos de deuda externa, para importar los alimentos, medicinas e insumos que hoy necesitan los venezolanos, para invertir en la producción nacional, rescatando las empresas básicas, que nacionalice 100% la industria petrolera bajo el control de los trabajadores, sin empresas mixtas ni transnacionales, que acabe con los acuerdos del Arco Minero, que confisque y repatrié los capitales fugados por burgueses y boliburgueses, empresarios especuladores, que lleve adelante una verdadera reforma agraria, por la nacionalización de la banca, que aplique un aumento general y real de salarios, ajustándolo conforme aumente la inflación (escala móvil de salarios), que ponga fin a los despidos y suspensiones de trabajadores, que luche por elecciones libres, defienda las libertades democráticas y ponga fin a los presos políticos y castigue a los responsables de los crímenes cometidos durante la represión.    

Unidad Socialista de los Trabajadores (UST)

Sección Venezolana de la Liga Internacional de los Trabajadores (LITCI)