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Los gobiernos cubano y venezolano cuentan con el apoyo de la mayor parte de las organizaciones de izquierda de todo el mundo. Ese apoyo, sin embargo, vivió su auge en la década pasada y ahora está en decadencia, acompañando la situación de crisis de esos gobiernos.

El peso internacional de ese apoyo ­–que llamaremos de castro-chavismo– es muy importante. Pero, por ser muy heterogéneos los partidos y movimientos que apoyan a los gobiernos cubano y venezolano, no podemos clasificar al castro-chavismo como una organización internacional (como fue, en su momento, el aparato stalinista internacional) ni tampoco como una corriente. Se trata de partidos, organizaciones, movimientos, gobiernos de diversos orígenes y características, muy diferentes entre sí. Una parte asume el modelo nacionalista burgués del chavismo, el bonapartismo del castrismo y del chavismo, la colaboración de clases de ambos. Otra parte, apenas apoya esos gobiernos.

Los gobiernos cubano y venezolano no son obreros (ni pequeñoburgueses reformistas). Tienen orígenes distintos pero son hoy gobiernos burgueses que dirigen estados capitalistas.

El castrismo viene de una corriente pequeñoburguesa que cumplió una tarea revolucionaria al tomar el poder y expropiar a la burguesía. Después, condujo la restauración del capitalismo en Cuba y se convirtió en burguesa. La dictadura castrista se apoya en un estado burgués pos restauración.

El chavismo era una corriente pequeñoburguesa que llegó al gobierno venezolano y generó una nueva burguesía. Maduro dirige un gobierno bonapartista en el estado burgués venezolano. Es más una versión del nacionalismo burgués, como el peronismo argentino, el aprismo peruano, el nasserismo egipcio.

Cuba no es el “último bastión del socialismo” del siglo XX. En Venezuela nunca se expropió al capitalismo. El “socialismo del siglo XXI” es apenas una propaganda sin ningún punto de contacto con la realidad. El stalinismo ya le hizo mucho mal al movimiento revolucionario al identificar a las dictaduras stalinistas con el socialismo.

Estas son direcciones burguesas, con base de apoyo en el movimiento obrero, popular y estudiantil. Pero, el apoyo a estos gobiernos, que vivió una fase de auge a inicios del siglo XXI, ahora está en un claro declive.

1- Cuba: de la revolución a la restauración capitalista

La revolución cubana marcó fuertemente la historia latinoamericana. Una pequeña isla, a pocas centenas de kilómetros de la costa norteamericana, expropió a las empresas multinacionales y acabó con la economía capitalista. Eso nunca había ocurrido hasta entonces y no se repitió hasta hoy.(1)

El ejemplo cubano posibilitó materializar lo que significa una alternativa a la economía capitalista. Eso superaba el nivel de debate anterior con los defensores del capital en el terreno de las ideas, del programa, transformándose en una experiencia que podía ser comparada. Eso, que ya existía a nivel mundial con la URSS, se concretó a través de Cuba en América Latina.

Cuba era uno de los países más pobres y miserables del continente. Una parte del turismo hacia la Isla era de ricos norteamericanos que iban a sus prostíbulos. Eso acabó con la revolución y la expropiación del capitalismo.

Fue un ejemplo impactante. En la Isla se acabaron con problemas sociales que ni en los países imperialistas se habían solucionado. Acabó el desempleo, la falta de vivienda. Todos podían comer y tener acceso a la educación y a la salud. Los cubanos pudieron tener educación de calidad y gratuita, incluyendo las universidades. Podían tener asistencia médica calificada, en todos los niveles. El cambio de calidad en la vida de la población se reflejó en los deportes: una pequeña Isla comenzó a disputar con los Estados Unidos el liderazgo de medallas en los juegos panamericanos.

Eso tuvo una enorme importancia en la conciencia de las masas latinoamericanas y en su vanguardia. Lo que la revolución rusa había ya demostrado a nivel mundial, ahora se hacía presente en América Latina. El socialismo no es un sueño sino un programa real, que puede cambiar el mundo y la vida de las personas. Generaciones y generaciones de activistas en América Latina tuvieron las primeras lecciones de socialismo con los ejemplos cubanos.

El Movimiento 26 de Julio, que tomó el poder, era una guerrilla con dirección pequeñoburguesa. Ese movimiento cumplió una tarea revolucionaria, no sólo por haber derrotado a la dictadura de Fulgencio Batista sino por haber construido un estado obrero.

El proyecto de la dirección castrista no era llegar tan lejos. Pero, después de derrocar a la dictadura de Batista, quiso recuperar la economía que estaba en crisis completa. Y tuvo que enfrentarse con la burguesía cubana y, en particular, con las empresas norteamericanas ahí presentes. Después del acuerdo para la importación de petróleo de la URSS, a precios muy baratos, las refinerías norteamericanas se rehusaron a refinar el petróleo. Fidel reaccionó expropiando esas empresas, iniciando un enfrentamiento con el imperialismo que llevó a la ruptura con el capitalismo y a la construcción de un nuevo estado.

Pero, se trataba de una dirección pequeñoburguesa, apoyada esencialmente en el movimiento estudiantil, en las clases medias de las ciudades y en el campesinado pobre. Desde el inicio, ese movimiento tuvo una diferencia fundamental con la revolución rusa: el ejercicio del poder en Cuba nunca estuvo apoyado en la democracia obrera de los soviets como en 1917, sino bajo control dictatorial de los dirigentes guerrilleros. Desde el inicio fue un estado obrero burocratizado.

Al inicio, Castro tuvo incluso una postura más a la izquierda que la burocracia soviética. Mientras la dirección de la URSS aplicaba la política de “coexistencia pacífica” con el imperialismo, la dirección cubana estimulaba a la guerrilla latinoamericana. El Che Guevara murió impulsando esa política en Bolivia, en 1967. Aun siendo la estrategia guerrillera completamente equivocada, demostraba una política distinta de la rusa. Pero, después, la dirección cubana se incorporó a la misma política de la URSS, siendo fundamental para evitar que la revolución sandinista en Nicaragua, en 1979, evolucionase hacia la expropiación del capitalismo.

La restauración del capitalismo en la URSS fue acompañada por el mismo movimiento en Cuba. A partir del año 1977 se inician cambios de apertura al capitalismo en la Isla. Al inicio fue la apertura en el campo, para las cooperativas y los mercados libres campesinos, así como para el trabajo autónomo en las ciudades. En la década del ’90 se dan los pasos cualitativos para la restauración con la Ley de Inversiones Extranjeras de 1995, la privatización de los sectores fundamentales de la economía cubana (turismo, producción de caña y tabaco), el fin de la planificación económica estatal y del monopolio del comercio exterior.

El bloqueo económico a Cuba, impuesto por el gobierno de los Estados Unidos en 1962, es una de las principales “demostraciones” de los castro-chavistas de que la Isla sigue siendo un “bastión del socialismo”. Sin embargo, el bloqueo no es del conjunto del imperialismo sino sólo de los norteamericanos. La burguesía europea se aprovechó de esa situación para tomar la delantera en la ocupación económica de la Isla, con la restauración. No es por casualidad que buena parte de la estructura hotelera de turismo tiene como principales agentes a redes españolas como Meliá. Incluso, la burguesía de los Estados Unidos está dividida, con un sector creciente contrario al bloqueo por la pérdida de la “oportunidad”. En realidad, aún pesa decisivamente para el mantenimiento del bloqueo la posición de la burguesía cubana “gusana”, asentada principalmente en Miami. Esta burguesía quiere la restauración pero con la devolución de “sus” propiedades y, por eso, sigue en una posición belicosa contra la dictadura castrista. Incluso así, Estados Unidos es uno de los mayores exportadores para Cuba (variando entre el cuarto y el quinto lugar).

El plan de la burocracia castrista es transformar a Cuba en una China más próxima a la costa de los Estados Unidos. Sin embargo, hasta ahora por lo menos, el imperialismo sólo se apropió de las antiguas empresas estatales cubanas, sin grandes inversiones en la Isla. El resultado es una clara decadencia del país. La producción industrial fue en 2011 55% menor que en 1989. La producción de azúcar cayó de 8 a 1.3 millones de toneladas. El salario real fue reducido en 72% en veinte años.(2)

Ahora, ya con la restauración completada, Raúl Castro está implementando un nuevo paso de calidad, con otra Ley de Inversiones Extranjeras, el plan de despido de un millón de funcionarios y la apertura de una enorme zona franca (semejante a las chinas) en el Puerto de Mariel. Por la nueva ley de inversiones, los inversores no pagarán impuestos sobre las ganancias durante los primeros ocho años de operación y, después, pagarán la mitad de la alícuota actual. El Puerto de Mariel es modernísimo, pudiendo recibir navíos de gran calado (pos-Panamax). Costó mil millones de dólares y es una apuesta para que Cuba sea parte del comercio de Asia hacia el mercado estadounidense.

Estos son nuevos pasos de abertura del país ya restaurado hacia nuevas inversiones extranjeras. Puede ser que estas nuevas iniciativas estén articuladas con una perspectiva de fin del bloqueo e inversiones de la burguesía norteamericana.

La fábula, divulgada ampliamente por los castro-chavistas, es que Cuba es el “último bastión del socialismo”. Niegan la restauración del capitalismo, apoyados en las figuras de Fidel y Raúl Castro, la misma dirección que comandó la revolución.(3)

La realidad cubana desmiente al castro-chavismo. La economía en la Isla no es más regida por la planificación estatal sino por las leyes del mercado capitalista. No existe estado obrero si no está apoyado en la propiedad estatal de los medios de producción, en la planificación económica y en el monopolio del comercio exterior.

Cuba hoy ya no es más, en la conciencia de las masas latinoamericanas, la demostración de que un estado obrero puede ser una alternativa al capitalismo. Por el contrario, en la Isla existe una tragedia social con las consecuencias de la restauración, que determinan una caída durísima del nivel de vida de los cubanos. Los trabajadores ganan salarios de 18 dólares mensuales, el desempleo amenaza con ganar grandes proporciones debido al plan gubernamental de despidos masivos de empleados públicos, la crisis llega a la educación y a la salud cubanas.

La opresión a las mujeres no fue resuelta por la dictadura castrista incluso cuando existía un estado obrero. Pero, con la restauración capitalista, el empeoramiento es cualitativo. Decenas de prostitutas rodean todos los hoteles de turismo en Cuba, retomando la triste realidad de los tiempos de Batista.(4)

Ante el cuestionamiento del Comité por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, de las Naciones Unidas, sobre la prostitución en la Isla, el gobierno cubano respondió con un cinismo impresionante: eso “constituye una elección personal de mujeres y hombres que buscan en el ejercicio de la prostitución una vía para acceder a determinados bienes de consumo que propicien un nivel de vida superior al del resto de la población trabajadora”. Fidel Castro fue más lejos aún en un discurso, casi haciendo propaganda de la prostitución: “Nuestras prostitutas son las más saludables e instruidas del mundo” (cita de Alejandro Armengol).

Mientras tanto, el turismo sexual retornó con fuerza, incluso con prostitución infantil. El cantante de rock Gary Glitter fue preso por pedofilia en Inglaterra, después de consecutivos viajes a Cuba. Un canadiense de 78 años, James McTurk, fue considerado culpable ante la justicia de su país por turismo sexual con niñas cubanas de hasta tres años de edad.

La opresión a los homosexuales nunca acabó, incluso en tiempos en que aún existía un estado obrero burocratizado. El documental “Conducta impropia” tuvo gran repercusión, mostrando la represión a homosexuales anónimos, así como a reconocidos escritores como Reinaldo Arenas.

Quien quiera comprobar el repudio mayoritario de la población a la dictadura cubana le bastaría con viajar a la Isla y conversar con las personas en las calles, por fuera del circuito “oficial”. Existe un rechazo pasivo de la amplia mayoría de la población, en particular de la más joven. Hablan mal del gobierno todo el tiempo, hacen bromas con la manera expansiva de los cubanos. La dictadura aún conserva el apoyo del sector más viejo de la población, que vivió en los tiempos de la dictadura de Batista. Pero, la amplia mayoría se opone a la dictadura castrista.

La presencia en las manifestaciones convocadas por el gobierno es obligatoria y controlada por la policía política, así como era en las dictaduras del Este. Poco antes del derrumbe de la dictadura stalinista en Rumania hubo una gigantesca manifestación oficial. Los Comités de Defensa de la Revolución cubanos son como comisarías políticas en cada barrio, para vigilar a cualquier persona que manifieste una posición política contraria al gobierno, que puede ser castigada con la pérdida del empleo o con la prisión.

La dirección cubana comandó la restauración y pasó a dirigir un estado burgués. A pesar de todo el secreto con que la dictadura castrista rodea esos hechos, circulan informaciones de que altos oficiales de las fuerzas armadas cubanas son socios de las empresas multinacionales que operan en Cuba.

El secreto también rodea la vida privada de los altos dirigentes cubanos. Pero acaba de ser publicado un libro, de Juan Reinaldo Sánchez, que fue guardaespaldas de Fidel por 17 años. El ex fiel servidor de Fidel afirma que este es dueño de la isla Cayo Piedra, situada al sudeste de Cuba, un “paraíso para millonarios”, a la cual viaja siempre en el yate de su propiedad, Aquarama II”. Para esa isla, Fidel sólo invita a algunas personas escogidas, como el propietario de la CNN, Ted Turner, el empresario francés Gerard Bourgoin, el ex presidente colombiano Alfonso López Michelsen.

Lo que existe hoy en Cuba es semejante a la realidad china: una dictadura del Partido Comunista, comandando un estado burgués en una economía capitalista.

El programa revolucionario necesario para la Isla ya no es el de una revolución política, como en los tiempos del estado obrero burocratizado, sino el de una revolución social contra un estado burgués y una dictadura capitalista.

Cuando la mayor parte de la izquierda mundial defiende al castrismo, está apoyando una dictadura burguesa que explota y oprime a su pueblo. Es inevitable que, en algún momento, ocurra en Cuba lo que pasó en el Este europeo. Y esa izquierda tendrá, entonces, que apoyar la represión del gobierno cubano o desdecirse de todo lo que defendió hasta ahora.

2- Chavismo: del nacionalismo pequeñoburgués al nacionalismo burgués

El surgimiento con peso del chavismo tiene origen político en la crisis vivida por Venezuela con el Caracazo, la insurrección que sacudió al país en 1989. El presidente Carlos Andrés Pérez impuso un violento paquete económico, con la desvalorización de la moneda (aumento de 100% en relación con el dólar) y el aumento de 80% en el combustible. La población pobre de los morros que circundan a Caracas bajó de ellos, se enfrentó violentamente con la policía y saqueó los comercios. La durísima represión mató a más de mil personas, conteniendo [así] la situación. Pero las fuerzas armadas se dividieron, y la crisis se instaló en el régimen.

El entonces coronel Chávez intentó un golpe militar en 1992, que expresaba la insatisfacción reinante en las FF.AA. A pesar de ir preso y de ser condenado, ganó un enorme prestigio entre los sectores más pobres. En 1998 ganó las elecciones presidenciales, iniciando un largo período del chavismo en el poder, que se mantiene hasta hoy.

Chávez tuvo contra el imperialismo norteamericano una retórica que le rindió gran prestigio en toda América Latina. Los discursos de Chávez contra el gobierno Bush eran claramente diferentes de los de Lula y otros gobiernos del continente. Pero, ni Chávez ni Lula rompieron, en ningún momento, con el imperialismo.

Incluso en términos de discursos, todo cambió cuando Obama asumió la presidencia de los Estados Unidos. Chávez declaró sobre las elecciones norteamericanas: “Si yo fuese estadounidense, votaría por Obama. Y yo creo que si Obama fuese de Barlovento o de un barrio de Caracas, votaría por Chávez.”

El gobierno venezolano siguió pagando religiosamente la deuda externa y mantuvo el abastecimiento de petróleo a los Estados Unidos, incluso cuando el imperialismo invadía a Irak.

Aun sus medidas más famosas, como la “nacionalización del petróleo”, no significaron nada más que el mantenimiento de la sociedad con las multinacionales en la explotación y refinamiento del petróleo, aumentando un poco el porcentaje recibido por el Estado. En el principal ítem de la economía venezolana –el petróleo–, las multinacionales pueden ser dueñas de hasta 49% de las empresas y reservas. En el caso del gas pueden ser dueñas de hasta 100%. Así, no estamos hablando de pequeñas empresas sino del “socialismo” con la Exxon Mobil, la Chevron Texaco y la Repsol. Los enormes edificios de estas empresas están presentes en las ciudades petroleras del país.(5)

En el inicio, el imperialismo repudió duramente a Chávez y propició un golpe en abril de 2002. Las masas reaccionaron violentamente, iniciando una nueva insurrección que sólo fue contenida con el retorno de Chávez, tres días después.

En diciembre, el imperialismo aún intentó un lockout patronal, y fue derrotado por las masas una vez más. Después, el gobierno de Estados Unidos y la derecha venezolana aprendieron con sus derrotas y pasaron a apostar en el desgaste del gobierno y en la vía electoral para derrotar al chavismo.

El “socialismo del siglo XXI” de Chávez es sólo una farsa, una ideología para ganar a la vanguardia y a las masas para su proyecto burgués. El capitalismo se mantuvo intocable en todo ese período chavista, con características semejantes a las del resto del continente, como el predominio de las multinacionales (en el caso, las petroleras) y de los bancos privados. El estado burgués venezolano se mantuvo intacto, con sus fuerzas armadas controladas por el chavismo. Nunca hubo nada parecido a organismos de poder de las masas.

Ese fenómeno ya fue definido por Trotsky como bonapartismo sui generis, un tipo de gobierno burgués que se apoya en el movimiento de masas y tiene fricciones parciales con el imperialismo.

La definición de bonapartismo tiene que ver con el carácter antidemocrático y autoritario del chavismo. Eso es algo que los chavistas intentan pero no consiguen esconder. Los sindicatos son controlados por una burocracia chavista, y los activistas perseguidos. Chávez reprimió las huelgas que escapan al control de la burocracia chavista –y Maduro lo hace ahora–, como ocurrió con la ocupación de la Mitsubitch en 2009 (dos muertos) y la de la Sidor en 2014 (tres heridos). El PSUV (Partido Socialista Único de Venezuela, fundado por Chávez) es un partido burgués que usa el aparato estatal como el PRI mexicano o el Partido Colorado en Paraguay) para cooptar y controlar al movimiento en un partido único.(6)

Otros roces parciales com el imperialismo existen porque el chavismo es una expresión del nacionalismo burgués latinoamericano, como el peronismo o el aprismo. Pero con las limitaciones que el nacionalismo burgués tiene en tiempos de globalización de la economía en el siglo XXI. No tiene espacio para medidas antiimperialistas de más peso, como la estatización del petróleo hecha por Cárdenas en México en 1938, o las estatizaciones hechas por el peronismo tanto de petróleo como de la energía eléctrica y los ferrocariiles. Ni para concesiones importantes al movimiento de masas, como las del peronismo.

Las multinacionales están tan fuertemente presentes en Venezuela como en toda América latina. Y, como en el resto del continente, involucradas en grandes negociados con el gobierno. Uno de los últimos escándalos en Venezuela fue la divulgación, nada menos que por la presidente del Banco Central (Edmée Betancourt, quien duró apenas tres meses en el cargo), de que en 2012 entre 15 y 20 mil millones de dólares fueron entregados por el Estado a un grupo de “empresas de maletín”, que sobrefacturan importaciones. Entre esas empresas estaban la General Motors, la Toyota, la Ford, la Cargill, la Chrysler, la American Airlines, la Nestlé Venezuela y la Procter & Gamble. Entre 2004 y 2012 las “empresas de maletín” recibieron 180.000 millones de dólares del Estado en una estafa gigantesca.(7)

Existe en Venezuela una fuerte disputa interburguesa entre el chavismo y la burguesía tradicional (llamada “escuálida”), desde la ascensión del chavismo. Es eso lo que explica el golpe en 2002, el lockout, las marchas actuales, así como las violentas disputas electorales. Pero, la izquierda chavista confunde esa disputa interburguesa como si fuese una disputa entre un supuesto sector revolucionario y la burguesía de conjunto. O incluso, como si fuesen Cuba y los Estados Unidos en los años ’60.

Los trabajadores venezolanos viven en las mismas pésimas condiciones de salario y empleo que sus hermanos latinoamericanos. El salario mínimo “vale” alrededor de cien dólares (por la cotización real en el mercado paralelo); menor que el de la mayoría del continente. En el país que es el mayor exportador de petróleo del continente, casi 40% de la población vive en la pobreza. Existen 1.2 millones de desempleados, y la mitad de los empleados está en el sector informal. Las cooperativas, impulsadas por el gobierno, ayudan enormemente en la flexibilización de los derechos laborales, sin estabilidad para sus trabajadores y sin el reconocimiento de derechos mínimos, como sindicalización, huelga, previsión, etc.

En Venezuela, la opresión a las mujeres, negros y homosexuales es la misma que en el resto de América Latina. En algunos terrenos es aún mayor que en otros países latinoamericanos. Por ejemplo, no existe derecho al aborto como en Ciudad de México y Uruguay (en las primeras 12 semanas).

La cara “social” del chavismo es la misma usada por otros gobiernos latinoamericanos de “izquierda” y de derecha: programas sociales compensatorios, asistencialistas. Las “Misiones” venezolanas tienen el mismo carácter que la “Bolsa Família” del Brasil, que el “Juanito Pinto” y la “Renta Dignidad” de Bolivia, que el “Hambre Cero” de Nicaragua, que el “Familias en Acción” de Colombia, que el “Oportunidades” de México, que el “Juntos” del Perú.

Esta política atiende las recomendaciones del Banco Mundial y del FMI, de aplicar estos programas junto con los planes neoliberales. Vienen juntos con la reducción de los presupuestos de salud, educación y jubilación, para garantizar el pago de las deudas a los banqueros. Según estas instituciones del imperialismo, son “programas eficientes” a un “costo bajo”, que ayudan a aplicar los planes neoliberales y mantener la estabilidad política.

En Venezuela, las “Misiones” tienen un enorme peso, alcanzando a más de 40% de la población. Esta es la diferencia, cuantitativa, en relación con otros países. Financiadas con la renta petrolera, las “Misiones” pueden abarcar mayor número de personas, asegurando apoyo electoral y político al chavismo.

El enorme potencial económico de la exportación de petróleo no fue usado para cambiar la economía del país ampliando la industrialización. El petróleo pasó de un peso de 70% de las exportaciones, en 1998, a 96% en 2012. Mientras tanto, el sector industrial cayó de 17.3% del PIB, en 1998, a 14% en 2012.

El chavismo dio continuidad al modelo rentista parasitario de la burguesía venezolana. No avanzó ni siquiera en el camino del nacionalismo burgués de antes, como Perón, Vargas y Cárdenas, que desarrollaron sectores industriales sustituyendo importaciones en sectores claves como la siderurgia, la industria automovilística, la alimenticia, etc. Podría haber avanzado, en ese sentido, con la renta del petróleo, pero se mantuvo exactamente en la misma postura parasitaria tradicional de la burguesía venezolana.

Chávez no rompió con el capitalismo y, por eso, tampoco cambió la vida de los trabajadores. Así, Venezuela no puede presentar al mundo un cambio social semejante al que vivió Cuba después de la expropiación del capitalismo.

Al contrario de avanzar en un rumbo socialista, como afirman sus defensores, el chavismo impulsó, desde el Estado, la construcción de una nueva burguesía, conocida como la “boliburguesía” (burguesía bolivariana). Esta nueva burguesía tiene un enorme peso en el gobierno y en el PSUV. Su más importante representante es Diosdado Cabello, ex oficial de las Fuerzas Armadas y actual presidente de la Asamblea Legislativa, que llegó a disputar con Maduro la sucesión de Chávez.

El grupo económico de Diosdado tiene tres bancos, varias industrias y empresas de servicios. Ya es uno de los principales grupos económicos del país. Otros dos grupos económicos de la boliburguesía giran alrededor de Jesse Chacón y Blanco La Cruz, también oficiales retirados de las fuerzas armadas.

El ALBA –Alianza Bolivariana para las Américas– impulsada por Venezuela, se demostró apenas como una asociación más de libre comercio, controlada por las multinacionales instaladas en estos países.

El gobierno venezolano utiliza los negocios con el petróleo en los países de América Latina como parte de sus objetivos políticos. Vende a precios más bajos para los gobiernos aliados y utiliza su comercialización en otros países como puente para negociaciones políticas con movimientos y partidos.

Al no avanzar en un camino anticapitalista, el chavismo expuso a Venezuela a los efectos de la crisis económica mundial y a las maniobras de la burguesía local. Venezuela vive hoy una de las mayores crisis económicas del continente, con una probable recesión en este año (-0.5%), hiperinflación (más de 50%) y escasez de alimentos de primera necesidad (más de 30% de los productos). Si el país fuese realmente socialista no se podría justificar esta crisis por la situación económica mundial. Basta comparar los avances de la Unión Soviética, que crecía a tasas superiores a 10% en plena depresión mundial de 1929. Como –al contrario de lo que dice el chavismo– no se avanzó nada en la ruptura con el capitalismo, el país vive hoy una crisis gigantesca.

La muerte de Chávez expuso con claridad la crisis del chavismo, con innumerables disputas internas que se amplían en la medida en que pierde apoyo popular. El gobierno Maduro es cada vez más frágil y repudiado.

La burguesía se apoyó en ese descontento para promover grandes movilizaciones en las calles, a inicios de 2014, apoyándose en las clases medias y en los estudiantes. Por sus dimensiones y por estar asociadas al descontento general con el gobierno, estas muestran la amenaza concreta de la derecha al chavismo. El acuerdo hecho entre el gobierno Maduro y la oposición de derecha para frenar las movilizaciones significó más ataques a los trabajadores y más descontento popular.(8)

La política, en general, del imperialismo y de la oposición de derecha es desgastar al gobierno y apostar a su derrota electoral en las legislativas de 2015 y, después, en las presidenciales. El desencanto con la inflación, la escasez, la corrupción del chavismo es cada vez mayor y puede ser capitalizado por la oposición de derecha. Una evolución de Venezuela en el mismo sentido que lo hizo Nicaragua (que incluyó una derrota electoral del sandinismo por parte de la derecha) es la estrategia primera de dicha derecha.

El gobierno sigue teniendo el control de las fuerzas armadas y el apoyo de un sector importante de la población, lo que inviabiliza un golpe militar. No se puede descartar, sin embargo, un cambio en el curso del proceso, en caso de que el gobierno Maduro se debilite aún más, y la derecha consiga apoyo en las fuerzas armadas.

El movimiento obrero protagonizó innumerables huelgas durante todos estos años de gobiernos chavistas. La respuesta fue, en general, dura, con represiones directas, además de asesinatos de dirigentes huelguistas. Ahora está extendiéndose un enorme descontento en los sectores populares, y un inicio de ruptura con el chavismo. Recientemente se dieron luchas de trabajadores de la salud, profesores, industria automotriz y de Sidor. Sidor es una empresa estatal, la principal siderúrgica del país, y está en lucha desde 2012, en defensa de un contrato colectivo de trabajo. Diosdado Cabello llamó a los trabajadores de Sidor de “mafiosos”. Maduro los acusó de “hacerle el juego a la derecha”. El día 11 de agosto, una marcha de los obreros de Sidor fue violentamente reprimida por la Guardia Nacional Bolivariana, lo que dejó tres heridos y muchos presos.

Es fundamental que el movimiento obrero venezolano construya una alternativa independiente, tanto del gobierno como de la oposición de derecha.

3- La génesis del retroceso castro-chavista

Las caracterizaciones sobre las direcciones mayoritarias del movimiento de masas tienen mucha importancia en nuestra comprensión de la realidad y, por lo tanto, del programa. Durante muchos años, la polémica fundamental en el movimiento obrero se daba alrededor de reformistas y revolucionarios.

Pero existe un proceso social y político que afectó a las direcciones mayoritarias del movimiento de masas en los últimos treinta años, concomitante con la gestación de la globalización de la economía y el desarrollo de los planes neoliberales. En esencia, hubo un movimiento reaccionario de transformación de burocracias en nuevas burguesías, que pasaron políticamente de reformistas a neoliberales.

En el momento en que terminaba el boom de pos guerra (finales de la década del ’60 e inicios de los años ’70), el imperialismo hacía la conversión de sus planes neokeinesianos hacia el neoliberalismo. Para recuperar la tasa de ganancia era necesario cambiar la economía imponiendo un retroceso a las conquistas del proletariado en la pos guerra (el llamado estado de bienestar social), además de privatizar las empresas estatales y avanzar fuertemente en el control del capital financiero sobre toda la economía.

El neoliberalismo, que era una corriente intelectual marginal desde su fundación en 1947, fue asumido por los pensadores y gobernantes del capitalismo. Primero, como una experiencia en la dictadura de Pinochet en 1973 (nunca antes había sido aplicado un plan neoliberal). Después, asumido por los gobiernos Reagan y Thatcher en el inicio de la década del ’80. Finalmente, generalizado por los países imperialistas y en todo el mundo.

Es necesario investigar el paralelismo de la globalización de la economía con la restauración del capitalismo en el Este europeo. Existen elementos que apuntan hacia una relación entre los dos procesos, aunque no se pueda explicar la restauración en el Este por un proceso únicamente económico.

Pero es un hecho que las burocracias gobernantes en los ex estados obreros no tenían condiciones políticas de efectuar un ataque a los trabajadores semejante a los planes neoliberales, sin riesgos de rebeliones. Por otro lado, tampoco tenían condiciones tecnológicas para acompañar la incorporación de la informática, la telemática, la robótica, en la producción. Esto reforzó enormemente la presión del mercado mundial sobre estas burocracias.

La resultante de esa relación –y, seguramente, de otros procesos asociados– es que esas burocracias prefirieron asociarse directamente al gran capital en el proceso de restauración del capitalismo. A partir de allí, se apropiaron de las empresas estatales y se transformaron en nuevas burguesías. Eso se dio de forma generalizada en todos los países en que se efectuó la restauración. Un ejemplo típico es el de Abramovich, que se apoderó de las empresas del petróleo ruso y se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo.

En los países semicoloniales se daba un proceso en el mismo sentido: la transformación de partidos y movimientos reformistas pequeñoburgueses en burgueses al llegar a los gobiernos. Fue así con el Frente Sandinista, en Nicaragua. Después de destruir las fuerzas armadas burguesas –la Guardia Nacional de Somoza– en 1979, el sandinismo se rehusó a expropiar al capitalismo. Por el contrario, los dirigentes sandinistas se apoderaron, de manera privada, de muchas de las propiedades de Somoza. Varios de ellos se convirtieron en multimillonarios, parte de la burguesía, como Daniel Ortega, actual presidente del país.

Se dio el mismo fenómeno en Mozambique y Angola. Las fuerzas armadas que sustentaban el poder burgués y colonial eran las tropas portuguesas. La Revolución de los Claveles en Portugal, en 1975, favoreció la victoria de los movimientos de liberación nacionales que ya eran fortísimos en esos países. Tanto el MPLA [Movimiento Popular de Liberación de Angola] en Angola como el Frelimo [Frente de Liberación de Mozambique] en Mozambique mantuvieron el capitalismo y sus direcciones se transformaron en nuevas burguesías.

La familia de Eduardo dos Santos –actual presidente de Angola– es accionista de las 21 mayores empresas del país. Su hija, Isabel dos Santos, es socia de uno de los burgueses más poderosos de Portugal –Américo Amorim– en el Banco BIC de Angola. En Mozambique, la privatización de los bancos estatales BCM [Banco Comercial de Mozambique] y BPD [Banco Popular de Desarrollo] en 1996-97 tuvo como grandes beneficiarios a varios dirigentes del Frelimo, que desaparecieron con más de 400 millones de dólares. Armando Guebuza, actual presidente, es gran accionista de Intelec Holding, socio de la multinacional Vodacom. Su hijo, Mussubuluko Ghebuza, también es socio de Américo Amorim en la creación del Banco Único, en Mozambique.

En África del Sur, los dirigentes del CNA [Congreso Nacional Africano] en el gobierno abrieron el camino para la formación de una nueva burguesía negra, socia menor de la burguesía blanca. Cyril Ramaphoosa, líder del Sindicato de Mineros (NUM) y del COSATU [Congreso de Sindicatos Sudafricanos] en la lucha contra el apartheid, es hoy socio-propietario y miembro del directorio de la empresa multinacional Lonmin. Fue en la represión de 2013 contra la huelga de los mineros de Marikana, perteneciente a esa empresa, que la policía, enviada por el gobierno del CNA, mató a 34 mineros.

En el PT brasileño, en el gobierno desde hace doce años, está en curso un proceso de aburguesamiento de su dirección. El hijo de Lula, testaferro de la familia, era empleado de un zoológico en San Pablo, ganando cerca de 300 dólares mensuales cuando el padre asumió el gobierno. Hoy es socio de una multinacional de telefonía. Zé Dirceu, abogado y socio de multinacionales. No afirmamos que ya existe una transformación acabada del PT en un partido burgués, pero sí un proceso en curso.

Existe una totalidad que une la globalización y la restauración del capitalismo, la conversión de las burocracias en nuevas burguesías en los antiguos estados obreros, en los países imperialistas y en los países dependientes y semicoloniales.

La dirección castro-chavista es, por  lo tanto, una expresión de ese movimiento ultrarreaccionario de transformación de las burocracias y movimientos pequeñoburgueses en nuevas burguesías, tanto en Cuba como en Venezuela. El origen de esos dos gobiernos es distinto, como vimos. Pero hoy están unidos, siendo una referencia política para buena parte de la izquierda mundial. Una pésima referencia, como veremos.

4. Lo que resta del aparato mundial del stalinismo

Los partidos stalinistas de todo el mundo apoyan a los gobiernos cubano y venezolano. Cuando se habla de “restos del stalinismo” puede concluirse que esos partidos no tienen ninguna fuerza. Eso es un grave error.

Evidentemente, la situación actual no tiene nada que ver con los tiempos en que tenían detrás de sí a estados obreros burocratizados que dirigían un tercio de la humanidad. Pero siguen teniendo un peso muy importante en algunos países.

Esos partidos hacen reuniones anuales con organizaciones venidas de más de cincuenta países. Reúnen partidos de distintas naturalezas, aunque –por la tradición– con el mismo nombre de “partido comunista”.

Incluye partidos mayores que, a pesar de la crisis, aún tienen gran peso nacional (como el PC portugués), y otros de poco peso, producto de la crisis del stalinismo, como el PC brasileño.

Pero incluye, también, partidos que ya dejaron de ser obreros reformistas para ser partidos burgueses en la gestión de estados capitalistas, como el PC cubano y el PC chino.

5. El auge del castro-chavismo y sus consecuencias en América Latina

El castro-chavismo tuvo su auge a inicios del siglo XXI, asociado al momento en que partidos frentepopulistas y nacionalistas burgueses ocupaban la mayoría de los gobiernos de América Latina.

Evidentemente, el impacto de la revolución cubana en 1959 causó una oleada de simpatía en América Latina, desde entonces. Pero eso fue debilitándose por las repercusiones del Este europeo.

Estamos hablando de un fenómeno posterior. A inicios del siglo XXI, una oleada antiimperialista y anti-neoliberal barrió el continente latinoamericano. Existía una lucha creciente contra los planes neoliberales, contra el gobierno Bush y su plan ALCA.

La mayoría de los gobiernos que aplicaron los planes neoliberales fue derrotado, sea a través de las movilizaciones directas (como en Argentina, Bolivia y Ecuador), o a través de elecciones (Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, y otros).

Nunca antes en la historia estuvieron al mismo tiempo en el poder tantos gobiernos de frente popular y nacionalistas burgueses en América Latina. Ese es el momento del auge del castro-chavismo, apoyado por Lula, Evo Morales, Chávez, Correa, Bachelet, Lugo, y varios otros gobiernos.

Como parte de ese proceso de luchas, el plan imperialista del ALCA fue derrotado. Se abrieron [así] las condiciones para un proceso inédito en América Latina. Era posible luchar por el no pago de las deudas externas, con un frente de países deudores. Era posible avanzar hacia una ruptura con el imperialismo, de una parte importante del continente, que abriría camino a un proceso revolucionario anticapitalista de gran peso.

Todas las veces que se discute una política de ruptura con el capitalismo con partidos y movimientos que defienden la colaboración de clases con la burguesía es inevitable que la respuesta sea la misma: “La relación de fuerzas no lo permite”. En aquel momento, esta respuesta era completamente absurda.

Más que en cualquier otro momento de la historia, el inicio del siglo XXI provocó un cambio brusco en la relación de fuerzas en el continente. Nunca hubo momento tan favorable para una ruptura con el imperialismo y el capitalismo. Ni siquiera en el momento posterior a la victoria de la revolución cubana existió algo semejante, con tantos países que vivían la derrota de los gobiernos de derecha neoliberales. La mayor parte de los gobiernos era ocupada por partidos y movimientos que se identificaban como de “izquierda”.

La referencia política mayor en el continente era el castro-chavismo, en particular el gobierno venezolano. Grandes movilizaciones de repudio recibían a Bush cada vez que pisaba algún país del continente. Otras tantas manifestaciones importantes de apoyo recibían a Chávez. En caso de que hubiese habido una ruptura real con el imperialismo en Venezuela, un reguero de pólvora hubiera incendiado América Latina.

Pero nada de eso ocurrió. Los gobiernos de Venezuela y Cuba maniobraron para administrar los roces con el imperialismo dentro de límites aceptables. Chávez y Castro no aplicaron en sus países ninguna ruptura con el imperialismo. Y tampoco defendieron medidas en ese sentido en el resto del continente.

Esos eran gobiernos burgueses, sean del tipo de frentes populares, sean nacionalistas burgueses. Y las burguesías latinoamericanas no están dispuestas a romper con el imperialismo. Esos gobiernos de “izquierda” fueron la base fundamental para contener al movimiento de masas. Se apoyaron en un ascenso económico coyuntural ym con su peso popularm consiguieron reestabilizar la situación política. Desde 2005 hasta 2012 no se dio prácticamente ninguna huelga general o rebelión popular en el continente. El ALCA fue derrotado, pero esos gobiernos aplicaron en sus países los planes neoliberales que habían sido derrotados junto con los gobiernos de derecha.

El papel real de las direcciones cubana y venezolana, así como de los gobiernos latinoamericanos que los apoyan, puede ser demostrado con ese momento. Podría haber hecho estallar un proceso histórico de ruptura con el imperialismo. No lo hicieron. Por el contrario, desviaron y congelaron el ascenso que acompañó su auge. Pero, con eso, también abrieron las puertas para su propio debilitamiento.

Consiguieron frenar las grandes movilizaciones que marcaron el inicio del siglo XXI hasta 2005. Desde ese año hasta 2012 no se dio prácticamente ninguna huelga general o rebelión popular en el continente. Pero comenzaron a pagar con su desgaste el mismo precio que los gobiernos de la derecha al aplicar los planes neoliberales.

6. La decadencia del castro-chavismo

Desde 2013 comenzó a darse un proceso diferente en el continente. Está comenzando un nuevo ciclo en América Latina, que incluye crisis económicas y políticas y el enfrentamiento del movimiento de masas contra esos mismos gobiernos que antes tenían enorme apoyo popular.

La decadencia de las economías del continente regresó, acompañando el fin del boom de las materias primas que había sido una parte importante del crecimiento económico anterior. El movimiento de masas se recompuso, con varias huelgas generales que sacudieron a Argentina, Perú y Bolivia, además de las movilizaciones populares de junio de 2013 en el Brasil.

No existe un proceso homogéneo latinoamericano ni tampoco un ascenso permanente y generalizado. Se trata de situaciones distintas de la lucha de clases en el continente, con innumerables flujos y reflujos, idas y venidas. Más aún porque se combina con una fortísima crisis de dirección revolucionaria, o sea, la ausencia de organizaciones revolucionarias con peso de masas.

La decadencia y crisis del castro-chavismo es parte de este nuevo momento. Las economías de Venezuela y Cuba están cuestionadas por la crisis económica. El gobierno Maduro tiene que enfrentar grandes movilizaciones capitalizadas por la oposición de derecha. Además, muchos gobiernos que apoyan al castro-chavismo se enfrentan ahora con movilizaciones de peso, como Cristina Kirchner en la Argentina y Dilma Rousseff en el Brasil.

Esos gobiernos no avanzaron hacia una ruptura con el imperialismo. Ahora tienen que enfrentarse con el movimiento de masas.

Ni en Cuba ni en Venezuela la situación de los trabajadores puede ser una referencia para otros países. Por el contrario, las filas para comprar productos de primera necesidad y la inflación en Venezuela y los bajísimos salarios en Cuba son elementos de contra-propaganda.

Al contrario del reformismo clásico, las direcciones chavista y castrista tampoco tienen compromisos con la democracia. Cuba es una dictadura y el chavismo un régimen bonapartista. Además, al asumir la defensa de dictaduras como las de Khadafi y Assad, el castro-chavismo choca con el sentimiento democrático de las masas pos Este.

El repudio que existía contra el stalinismo por sus características autoritarias era reducido por la existencia de los estados obreros y sus conquistas sociales. Hoy, el castro-chavismo tiene que enfrentar el escepticismo de las masas pos Este en relación con las dictaduras sin tener cómo presentar una referencia superior en el nivel de vida de los trabajadores. El peso de Cuba en la conciencia de las masas latinoamericanas ya estaba muy reducido por los acontecimientos del Este europeo. Ahora es cuestionado también por el retroceso social en la Isla.

Por estos motivos, la decadencia del castro-chavismo va haciendo que la vanguardia que surge de las luchas no tenga ya como su referente inmediato a esas corrientes. Las organizaciones que componen la corriente castro-chavista tienen peso en la realidad, pero el castro-chavismo no es más un referente “natural” de la vanguardia, como lo fue en su momento de ascenso.

7. ¿Y si cayeran los gobiernos de Cuba y Venezuela?

Después de la restauración del capitalismo en el Este europeo, se produjo una seria crisis en toda la izquierda mundial. Hubo una combinación de dos grandes factores que impulsó un gran retroceso en la conciencia de las masas y de la vanguardia.

Primero, la desaparición de los Estados obreros burocratizados que, a pesar del stalinismo, demostraban la posibilidad de una economía no capitalista. Segundo, una gigantesca campaña de propaganda capitalista diciendo que el “socialismo murió”, que “socialismo es igual a dictadura”, que “socialismo es igual a atraso económico y social”.

Las consecuencias de ese retroceso están presentes hasta hoy porque desapareció el referente de masas de que es posible superar al capital. Existe un gran escepticismo en relación con todo lo que signifique revolución socialista (partido revolucionario, centralismo, etc.).

El derrumbe de las dictaduras stalinistas tuvo otra consecuencia, de signo opuesto: la desaparición del aparato stalinista mundial debilitó ese dispositivo contrarrevolucionario que aglutinaba a partidos y estados de gran peso en todo el mundo. Eso posibilitó una muy importante liberación de fuerzas del movimiento de masas. Sin embargo, ese elemento, muy positivo, está aún muy mediado por el retroceso en la conciencia, que atrasa la construcción de alternativas revolucionarias de peso.

¿Qué va a pasar en caso de que la dictadura castrista sea derrocada por una movilización de masas, como sucedió en el Este? ¿Y si eso se combina con una derrota electoral del chavismo? ¿Va a repetirse el mismo proceso, al menos en América Latina?

En primer lugar, es preciso diferenciar los procesos de Cuba y de Venezuela. La caída de la dictadura castrista por una movilización de masas sería un proceso progresivo, de la misma manera como analizamos lo que ocurrió en el Este europeo. Sería el derrumbe de un estado burgués pos restauración del capitalismo, de una dictadura capitalista. La derrota en Cuba vino antes, por la restauración del capitalismo, como también ocurrió en el Este.

Ya una victoria electoral de la oposición burguesa en Venezuela sería una derrota del movimiento de masas, incluso sabiendo que se trata de un gobierno burgués. Sería la victoria de una oposición pro-imperialista contra un gobierno nacionalista burgués.

La responsabilidad por todos los elementos negativos que ocurrieron en la conciencia de las masas, en el caso del derrocamiento de los gobiernos cubano y venezolano, es directamente de esos gobiernos y de todas las organizaciones de izquierda que los apoyan. No existe hasta el día de hoy una alternativa de izquierda con peso de masas ni en Cuba ni en Venezuela. Las alternativas de dirección, con peso en esos países, son burguesas y pro-imperialistas.

La no existencia de una oposición de izquierda en Venezuela es una tragedia de responsabilidad directa de toda la izquierda que capitula al gobierno chavista. Las movilizaciones de masas contra el gobierno son capitalizadas y dirigidas directamente por la oposición de derecha. Esta es la consecuencia de la capitulación al chavismo: la derrota del gobierno venezolano puede ser una victoria de la burguesía.

En Cuba, la situación es aún peor. Existe una dictadura violenta, que impide la manifestación de cualquier oposición política. No existen alternativas construidas. Pero no es difícil imaginar la facilidad con que se podrán construir direcciones burguesas apoyadas por el imperialismo “democrático”.

Pero volvamos a la pregunta sobre las consecuencias de una posible derrota de los gobiernos castrista y chavista en la conciencia de las masas y de la vanguardia en América Latina. ¿Volvería a repetirse –o profundizarse– lo que se dio en el pos Este? ¿Va esto a comprenderse como una “derrota del socialismo”?

A nuestro ver, la respuesta es que el impacto inmediato es inevitable, pero su dimensión depende de varios factores. Existen elementos que juegan a favor y otros que lo hacen en contra.

Los elementos que trabajan a favor de un nuevo desastre en la conciencia de las masas y de la vanguardia están concentrados en el peso de la izquierda castro-chavista.

Las organizaciones de izquierda que apoyan a los gobiernos de Cuba y Venezuela, en el caso de la caída de esos gobiernos, van a difundir una vez más la ideología de que el “socialismo” fue derrotado nuevamente. Es probable que esos partidos y movimientos, en particular los de América Latina, vivan crisis importantes en ese caso.

¿Por qué decimos, entonces, que “depende” y que la dimensión de esos resultados no está definida? Porque algunos elementos de la realidad actual son diferentes de los de la década del ’90 y pueden llevar a una situación distinta.

La primera diferencia es que, en el momento de la caída de las dictaduras stalinistas, en la década del ’90, el neoliberalismo vivía su auge. Los planes neoliberales estaban siendo aplicados y despertaban expectativas en muchos países. El capitalismo era mostrado como victorioso, contrapuesto al “socialismo” derrotado. Pero la crisis económica internacional acabó con eso desde 2009, determinando una decadencia general, aunque con flujos y reflujos. La crisis económica que afecta al continente latinoamericano desde 2013 juega en el mismo sentido.

Como vimos en este texto, existe también un desgaste en la conciencia de las masas latinoamericanas, respecto de los gobiernos cubano y venezolano. Eso se da tanto por el desencanto general pos Este como por la decadencia económica y social de esos países. También pesa en la vanguardia el apoyo de los gobiernos cubano y venezolano a las dictaduras del Norte de África y de Medio Oriente.

El desgaste actual de los gobiernos de frente popular y nacionalistas burgueses que apoyan al castro-chavismo disminuyó el probable trauma posterior a su posible derrota.

La decadencia del castro-chavismo puede ser un factor que reduzca el impacto negativo de la derrota de los gobiernos cubano y venezolano. Puede haber una liberación de fuerzas por la crisis de las organizaciones castro-chavistas, lo que sería muy positivo. Y las consecuencias negativas del retroceso de la conciencia pueden ser atenuadas.

En esencia, el resultado no está predeterminado. Eso tiene un profundo significado político hoy en día. Cuanto más los activistas entiendan el significado populista-burgués del castro-chavismo, menor será el impacto negativo de las derrotas de los gobiernos cubano y venezolano. Si el pos Este tuvo consecuencias inmediatas fuertemente negativas, eso puede ser diferente hoy.

Para avanzar en ese sentido, queremos llamar al conjunto de la izquierda mundial al debate sobre los gobiernos cubano y venezolano. Es importante que se haga una amplia discusión ya, en todo el mundo y, especialmente, en América Latina. En particular llamamos a los sectores más combativos de la vanguardia que aún creen en esos gobiernos a entrar en este debate, verificar si tenemos razón y romper con esos gobiernos.

Es fundamental construir desde ya una alternativa revolucionaria al castro-chavismo.

NOTAS

1- Ver al respecto el material de Martín Hernández, “Cuba, de la revolución a la restauración”, en el especial.

2- Ver el material de Gabriel Casoni, “¿Adónde va Cuba?”, en el especial.

3-Ver materiales en la sección Polémicas, en el especial.

4- Ver los reportajes “Entre el hambre y el odio”, de Ernesto Guerra, y “Crece la miseria y la insatisfacción”, de Mariucha Fontana.

5- Ver material de Alejandro Iturbe y Américo Astuto: “Cuatro décadas de lucha revolucionaria”.

6- Ver material de Flavia Buschain Rosa: “Chavismo y movimiento obrero”.

7- Ver material de Víctor Quiroga: “El Banco Central de Venezuela desmiente al Presidente”.

8- Ver material de la UST: “Las medidas que vienen”.

Artículo publicado en 2014.

Traducción: Laura Sánchez y Natalia Estrada.