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La combinación entre una rebelión popular y una intervención militar de la OTAN divide la izquierda mundial 

El derrumbe de Kadafi se transformó en otra divisoria de aguas en la izquierda mundial, por la ubicación de los distintos sectores de la izquierda frente al proceso revolucionario contra la dictadura y, también, a la forma en que se dio la caída. Es innegable que se dio un proceso contradictorio, una combinación entre una rebelión popular y una intervención militar de la OTAN.

 

La naturaleza, la vida humana, las sociedades y las revoluciones están repletas de contradicciones. Pero existe una esencia en todos los procesos que, en este caso, gira alrededor de la respuesta a las siguientes preguntas: ¿fue una victoria de las masas o del imperialismo? ¿La caída de Kadafi, fue progresiva o regresiva? ¿La revolución que sacude el conjunto del mundo árabe se fortaleció o debilitó? Opinamos que hubo una victoria de las masas libias, que derrotaron una dictadura pro-imperialista de 42 años de existencia. El pueblo libio tomó las armas, formó milicias populares y derrotó el pilar del Estado burgués, el ejército de Kadafi, algo que no había ocurrido hasta ahora ni en Egipto ni en Túnez. La revolución árabe se fortalece y dictaduras como la de Assad en Siria quedan más amenazadas.

 

No subestimamos, sin embargo, las contradicciones del proceso, que representan profundas amenazas contra la revolución. El imperialismo, que antes sostenía a Kadafi, pasó a la oposición cuando explotó la revolución. Ya con la guerra civil en curso, buscó una negociación con Kadafi, que no logró. Hasta que decidió enfrentarlo, tomando papel importante en las batallas militares. Ahora, tiene influencia concentrada en el Consejo Nacional de Transición (CNT), que busca constituirse como el nuevo gobierno en el país. Eso, en nuestra opinión, no cambia la esencia de la victoria de las masas. Pero determina la dinámica del próximo período, con un nuevo gobierno burgués pro-imperialista intentando apropiarse de la victoria y estabilizar un nuevo Estado. Del otro lado están las masas, armadas y organizadas en milicias, sin que exista un ejército ya organizado. Revolución y contra revolución se enfrentan en un nuevo escenario post-Kadafi.

Falsificaciones del stalinismo
 
Libia es escenario de una revolución que acaba de tener una victoria de carácter democrático. El imperialismo buscó relocalizarse en el proceso para frenar la revolución, manteniendo el control del petróleo.
 
Pero existieron los que apoyaron directamente la contrarrevolución, como el castro-chavismo. Intentaron confundir lo que pasaba, para presentar a Kadafi como un líder antiimperialista que la OTAN quería derribar para controlar el petróleo libio.
 
Pero es sólo una fábula del stalinismo. Ahora, las nuevas generaciones pudieron constatar la típica metodología de esta corriente, que falsifica consciente y metódicamente la realidad para defender sus intereses.
 
Kadafi tuvo un pasado nacionalista, hace más de 40 años, cuando tomó el poder en Libia y nacionalizó el petróleo. En los años ‘90, giró a la derecha, entregando el petróleo libio para la Shell, British Petroleum, ENI (italiana) y Total (francesa). Se hizo parte de la gran burguesía y socio de las multinacionales. Posee una fortuna gigantesca, con 10% de las acciones de la FIAT y 7% del banco italiano Unicredit. Pasó a ser un aliado del imperialismo, recibido con fiestas por los gobiernos. Ahora, son revelados episodios en que la CIA y el servicio de inteligencia británico entregaron opositores a Kadafi para ser torturados y muertos.
 
El castro-chavismo contra la revolución
 
La rebelión contra la dictadura de Kadafi explotó como parte de la revolución árabe. La reacción brutal del dictador llevó a la división de las Fuerzas Armadas y al inicio de una guerra civil. El imperialismo se reubicó políticamente contra Kadafi para evitar identificarse con la dictadura cuestionada.
 
Los revolucionarios de Benghazi conquistaron varias ciudades hasta dislocar el poderío bélico de Kadafi, que contaba con soldados de élite y mercenarios entrenados, además de gran poder aéreo, suministrado en el pasado reciente por el imperialismo. Kadafi llegó a acorralar a la oposición en Benghazi y preparaba un ataque arrasador.
 
Fue cuando entró en escena la intervención de la OTAN, cambiando la relación de fuerzas del conflicto. Aprovechando la fragilidad de la revolución, el imperialismo inició una intervención militar para asumir un papel de vanguardia en el proceso y disputar su dirección. Otra vez se demuestra el papel nefasto del castro-chavismo. Si se hubieran ubicado junto a la revolución, podrían no solo apoyar seriamente la lucha militar, sino también disputar la influencia política con el imperialismo.
 
Un ejemplo político de un proceso distinto puede ayudar en la comprensión del fenómeno contradictorio. Durante las grandes revoluciones democráticas que derrumbaron dictaduras en la América Latina en los años 1980, el imperialismo también “cambió de trinchera”, pasando a apoyar esas luchas para poder frenarlas. No por eso, la izquierda dejó de ser parte de esas revoluciones. Era necesario participar de ellas, inclusive para poder disputar su dirección.
 
Existen grandes diferencias entre aquellas movilizaciones y la revolución árabe en curso. Las actuales son más profundas y se transformaron en lucha armada. Kadafi tuvo un pasado distinto de Videla o Figueiredo. Pero las diferencias no cambian lo esencial: son revoluciones democráticas en curso, pues así como Videla y Figueredo, Kadafi también se convirtió en un dictador. Y el castro-chavismo quedó del lado de las dictaduras cuestionadas por las masas, del lado de la contrarrevolución.
 
Una posición vergonzosa
 
Las posiciones del castro-chavismo son bien conocidas. Pero ahora, organizaciones que se dicen trotskistas están sumándose a las mismas.
 
Las posiciones de la Fracción Trotskista (FT), de la cual son parte el PTS (Argentina) y a LER (Liga Estrategia Revolucionaria) son ejemplos de eso. Dicen que lo que sucedió fue “un triunfo de la política de las potencias imperialistas (…) que llevaron adelante una intervención militar para garantizar que surja un gobierno aún más pro-imperialista que Kadafi”. Y completan afirmando que “las fuerzas ‘rebeldes’ que tomaron Trípoli actuaban como ‘tropa terrestre’ de los bombardeos de la OTAN”. O sea, todo que ocurrió fue fabricado por el imperialismo. Las milicias populares son simples marionetas de la OTAN. La acción de las masas que destruyeron el ejército burgués de Kadafi se desprecia.
 
Confunden el proceso revolucionario en curso con la dirección proimperialista de la CNT. Se trata de un error catastrófico que los aproxima a las posiciones del stalinismo. Si todo el proceso revolucionario deja de existir y no es más que obra del imperialismo, se trata de un proceso regresivo, y es preciso oponerse a él. No es casual que definan que el imperialismo quería un gobierno “aún más entreguista que Kadafi”, y que éste sería el “menos malo”. Así, terminan defendiendo a Kadafi.
 
Veamos cómo se dio realmente el proceso.
 
El cerco de Trípoli
 
Para la toma de Trípoli, los rebeldes consiguieron cortar las rutas de abastecimiento, por el oeste y sur, interrumpiendo la línea de suministros. Tomaron por asalto la plaza céntrica de Zawiyah, donde se encontraba el mayor foco de resistencia de las fuerzas del régimen.
 
En esta ciudad, a 40 kilómetros de la capital, tras asumir el control de la refinería local, que suministraba petróleo y gas a las fuerzas del régimen, cortaron la conexión con la frontera con Túnez, de donde las fuerzas gubernamentales habían conseguido obtener recursos durante el conflicto.
 
Inmediatamente anunciaron el control de Garyan, al sur. A partir de Zawiyah, Misrata y Gharyan el cerco fue apretándose.
 
El pueblo que destruyó Kadafi sigue armado
 
La victoria del pueblo libio fue evidente en las imágenes de los rebeldes armados, acompañados por la población hambrienta y sedienta, cuando entraron en la capital Trípoli conmemorando lo que creían la ofensiva final de una guerra civil. Quien lideró las batallas fueron los jóvenes desempleados, que no tienen nada que perder, dispuestos a sacrificarse por algo mayor que ellos mismos.
 
El avance de la insurgencia sobre Trípoli se dio inicialmente a través de la infiltración de rebeldes del este en la capital. A partir de ellos hubo una sublevación del pueblo contra el dictador. La población salió a las calles con molotov, bombas caseras y armas. Tomaron el control del edificio de los servicios de seguridad y consiguieron liberar algunos prisioneros.
 
El apoyo popular y el agotamiento de las fuerzas militares de Kadafi fueron decisivos para la toma de la capital, minando por dentro la resistencia de la dictadura.
 
Luego que las masas se insurreccionaron, la Brigada de Trípoli, que estaba en los alrededores de la ciudad, tuvo que correr para ayudar a los que atacaron, horas antes, sin ninguna autorización de la OTAN. Apesar de que los primeros combates ocurrieron en el este, el ataque final fue liderado por grupos rebeldes del oeste y finalizado por los combatientes expertos de Misrata. Los de Misrata llegaron por el mar, controlaron el Banco Central, el puerto y el gabinete del primer ministro, donde rebautizaron la plaza como “Plaza Misrata”. Los combatientes de la ciudad de Zintan, de las montañas del oeste, controlaron el aeropuerto y los bereberes de la ciudad de Yaffran asumieron el control de la plaza central de la ciudad.
 
Los pobladores buscaron obtener el control de los hoteles, de la base aérea de Mitiga y de los alrededores de Bab al Azizia, donde queda el “palacio-bunker” de Kadafi. Los aviones de la OTAN se limitaron a bombardear el cuartel-general de Kadafi y el aeropuerto de Maitika.
 
El domingo, los revolucionarios llegaron a la Plaza Verde, en el centro de Trípoli. Los periódicos informan al menos 1.300 muertes y 500 heridos durante los enfrentamientos. Los rebeldes fueron aclamados, con civiles corriendo junto a la caravana. Desde el inicio de la revuelta, los rebeldes improvisaron un ejército compuesto mayoritariamente por civiles armados, de forma precaria. Se dice que solamente en la capital son más de 70 grupos armados, varios autónomos. Las pintadas que usan para marcar su territorio cuentan la historia de cada una de ellas y potencian la crisis de liderazgo. Gran parte del territorio permanece dividido, controlado por brigadas semi-independientes que representan diferentes áreas geográficas.
 
Los títeres del CNT
 
El imperialismo cuenta con el CNT para garantizar que Libia respete todos los acuerdos con las petroleras y las multinacionales.
 
La mayoría de sus miembros son islamistas americanizados, viejos exilados, que han trabajado para los Estados Unidos desde hace mucho tiempo.
 
Su presidente, Mustafa Abdul- Jalil, ex-ministro de la Justicia, es acusado de fi rmar innumerables sentencias de muerte de opositores del gobierno.
 
Junto con él están: Allí Abd-al- Aziz al-Isawi, ex-Ministro de la Economía, socio de Seif, hijo de Kadafi en varios negocios; Inyan Merkazi Mahmoud Jebril, que sirvió Kadafi en el Gabinete Nacional de Desarrollo Económico, donde promovió la privatización y la liberalización económica; Alí Suleiman Aujali, ex embajador en los Estados Unidos que servía a Kadafi y al imperialismo norteamericano. El plan del imperialismo es bueno y tiene cuadros para implementarlo.
 
La cumbre contrarrevolucionaria de París
 
El 1° de septiembre se instauró en París una cumbre para la “reconstrucción” de Libia, con la presencia de países y organizaciones internacionales.
 
Pero la reunión se parecía más a un encuentro de piratas, que tras un ataque quieren repartir el botín. Todos acuerdan que es necesario “pacificar el país”, desarmando la población y los grupos de combatientes. Los dirigentes del CNT prometieron contratos que serán concedidos con base al “mérito” a los países que le dieron mayor apoyo, y que tendrán “recompensas significativas”. A Francia y Gran Bretaña que encabezan la fi la, les brillaron los ojos. Con eso las multinacionales del petróleo estarán de vuelta en Libia para retomar la producción.
 
¿A dónde va Libia?
 
La verdadera intención del imperialismo era neutralizar el levantamiento del pueblo libio lo más rápido posible, normalizar la situación, aparecer como su aliado y garantizar el flujo de petróleo barato. Su primera táctica es negociar y engañar. Se presentan como autor principal de la victoria, en una tentativa de arrebatarla de las manos de las masas libias.
 
Se quieren calificar para asumir el papel de coordinación de la policía que garantizará la seguridad. Pero tendrán que desarmar brigadas como la “de los Mártires de 17 febrero”, unidad encargada de la función de policía revolucionaria. Si no lo logran, les queda la intervención directa y una ocupación, que inicialmente sería presentada como humanitaria. Pero el imperialismo teme cómo sus tropas serán recibidas. Esta vez, diferente de todas las otras revoluciones en la región, el pueblo está armado. Y al contrario de las invasiones de Irak y de Afganistán, la población se siente triunfante por haber derrotado a la dictadura.
 
La derrota de un dictador proimperialista en el mundo árabe será otro impulso a la revolución. Los que luchan en la Siria, Yemen y Bahrein verán que la victoria es posible. Con Kadafi fuera de escena, se abren dos perspectivas al país. Continuar con un gobierno proimperialista, o avanzar en la revolución, superando la actual dirección del Consejo y expulsando la OTAN del país para hacer de Libia un país independiente. Para eso, no puede depositar la mínima confianza en un gobierno de la CNT, que no fue elegido por nadie. El CNT es un organismo burgués-imperialista que buscará recomponer el régimen político y las Fuerzas Armadas.
 
Ni gobierno del CNT ni intervención imperialista. Defendemos que son los Comités Populares armados, quienes deben tomar el poder en sus manos.
 
El pueblo armado es quién debe gobernar Libia y profundizar la revolución. Todas las propiedades, la fortuna de Kadafi y los bienes congelados en el exterior deben ser confiscados y colocados bajo el control de estos comités. Así como deben castigar sin misericordia Kadafi y sus socios. Todos los contratos hechos por él con el imperialismo, particularmente los de la industria del petróleo, deben ser suspendidos Y la industria petrolífera debe ser nacionalizada y colocada bajo control de los obreros y del pueblo, para atender a las enormes necesidades de las masas libias.
 
¡Viva la revolución del pueblo libio!
 
¡Viva la revolución árabe!
 
¡Fuera el imperialismo de Libia! 

Fuente: Opinião Socialista n. 431, Setiembre 2011 

Traducción: Laura Sánchez

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PO y PTS: Una postura equivocada que niega la revolución
 
Entre las fuerzas que integran el Frente de Izquierda y Los Trabajadores (FIT) para las elecciones se ha abierto una polémica en torno a lo que sucede en Libia.
 
El Partido Obrero emitió un comunicado en el que dice: “Jorge Altamira denunció la ocupación de Libia por parte de fuerzas de la OTAN y lo que llamó el recambio de un régimen pro-imperialista por otro compuesto por títeres del imperialismo.” PO desprecia la acción de las masas que voltearon a Kadafi y sólo ve los intentos del imperialismo para capitalizar esa acción. Lo que dice PO, puede ser que sea el resultado futuro. Pero hay toda una batalla que tendrá que dar el imperialismo para desarmar al pueblo libio que PO ignora.
 
El PTS va más allá
 
Como decimos en la nota principal, el PTS no sólo ignora la acción de las masas, sino que cae en la posición del castro-chavismo. Pero además, hace una maniobra polémica confundiendo análisis de la realidad con política.
 
En su periódico La Verdad Obrera Nº 442 titula: “¿Considera la LIT progresiva la “unidad de acción entre las masas y el imperialismo” en Libia?” Hace esta pregunta citando un artículo de nuestra corriente internacional, donde se dice: “La contradicción es que, en el terreno militar, existió una unidad de acción entre el imperialismo y las masas para derribar a Kadafi , pero con objetivos de fondo totalmente opuestos: las masas quieren liberar al país de la opresión, y el imperialismo detener la revolución para continuar con el saqueo de las riquezas libias”.
 
Este artículo de la LIT-CI reconoce un hecho: hubo y hay una unidad de acción entre el imperialismo y las masas. Reconocer un hecho no es lo mismo que aprobarlo ni decir que es “progresivo”. Lamentablemente, no es la primera vez que el PTS deforma las polémicas. Podemos debatir sobre posiciones diferentes. Lo que es ajeno a un método revolucionario, es falsear los hechos. La LIT no dice que esa unidad de acción sea progresiva, por el contrario, desde un primer momento se manifestó en contra de los bombardeos de la OTAN. El título de LVO es, entonces, una falsificación de las posiciones de la LIT. 

Fuente: Avanzada Socialista n. 11, Setiembre 2011