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En la víspera del Día Internacional de los Trabajadores, todos los medios de comunicación de nuestro país estaban inundados por las escenas de la coronación de la “reina argentina”,  sus cambios de suntuosos vestidos, sus angelicales, rubias e insulsas princesitas, su siempre sonriente y rozagante marido, el nuevo rey de Holanda. 

De esa pomposa ceremonia participaron los representantes de toda la monarquía y nobleza europeas, ellos también con gran derroche  joyas y de suntuosos vestuarios.


Y todo esa pompa y derroche se dio en el mismo  momento en que se daba el anuncio oficial del aumento del desempleo europeo  a 12,1%, es decir 19,2 millones de personas sin trabajo, lo que implica la existencia de 62 mil nuevos desempleados. ¿No  da asco? Sin embargo Cristina dice que debemos estar orgullosos.

“Puede ser que a algunos no les guste la monarquía, pero…., es una argentina”

Así se manifestó la presidenta desde la Casa Rosada (durante el acto de presentación de un plan de Desendeudamiento y Crédito para Obras), para justificar la presencia de  Amado Boudou y Beatriz Rojkés de Alperovich,  en la ceremonia  de coronación.

Por más que la presidente insista, no vemos motivos para que las trabajadoras nos sintamos orgullosas de que “sangre argentina”, como ella dice, vaya a engrosar las filas de la realeza europea.

En cualquier momento eso sería renegar de la heroica gesta que hace doscientos años nos liberó de los reyes de España. Pero ahora, cuando los trabajadores españoles  salen a las calles a enfrentar la desocupación y los planes de hambre y gritan “¡Abajo la monarquía!,  ¡Qué el borbón vaya a trabajar!”, no nos podemos sentir  orgullosos de que una argentina pase a engrosar ese ejército de parásitos que vive a costillas de sus pueblos.

Y  a esos “bonitos” nuevos reyes, no los mantendrán sólo los trabajadores holandeses, sino los de todo el mundo, entre ellos los argentinos. Porque Holanda no es el pintoresco país de los tulipanes, los zuecos y los molinos que aparece en las postales. Holanda es uno de los más fuertes países imperialistas. Además de ser uno de los paraísos de los evasores fiscales, son holandesas grandes empresas multinacionales como Steenkolen Handels Vereniging (SHV), Unilever (la mayor productora mundial en el ramo de alimentos y jabones), la química AKZO,  la Hoogovens Groep, la Heineken y la Daf Trucks Royel Dutch Petroleum (que se fusionó con la inglesa Shell) y la Philips. 

Las trabajadoras no tenemos nada en comun con esta mujer

Lejos de sentirnos orgullosas de la “reina Máxima”, las trabajadoras argentinas debemos decir que no tenemos nada en común con esta hija de un ministro de la dictadura de Videla, que fue banquera en EE.UU, que vivió en fastuosas mansiones en paradisíacas islas griegas y que ahora es reina consorte de unos de los principales países imperialistas y como tal defiende esos intereses y privilegios y por, no tiene el menor escrúpulo de hacer que el estado gaste cifras fabulosas en su coronación, al mismo tiempo que se imponen terribles planes de austeridad a todos los trabajadores y pueblos europeos.

Por eso no nosotras no decimos “bien, Máxima”, como dice Cristina. Ella no es “nuestra hermana de género”, es nuestra enemiga de clase.

¿El empoderamiento  es la solución para enfrentar la opresión de la mujer?

Este tema de la “reina argentina”, que según dicen lleva la voz cantante en su familia, vuelve a traer la discusión sobre el empoderamiento de las mujeres. Es un término que surgió de la  Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing en 1995 para referirse al aumento de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder. Y actualmente es muy utilizado por la organizaciones feministas para indicar la mayor toma de conciencia de las mujeres (a partir de los lugares de poder que se ocupan) para avanzar en la recuperación de la propia dignidad de las mujeres como personas.

Nosotras siempre hemos polemizado con esa visión que pasa por encima del problema de clase, es decir que ignora que la opresión de la mujer tiene una causa profunda que no es de género sino de clase. Y como el problema es de clase, entonces, que las mujeres ganen espacios de poder en el sistema capitalista, no ayuda a liberar a la mayoría de las mujeres (trabajadoras y pobres), sino que fortalece a ese poder capitalista que oprime, explota y reprime a los trabajadores y sectores populares,  mujeres y hombres.

Actualmente hay mucho “empoderamiento” de mujeres: En Brasil, Argentina y Costa Rica, las presidentas son mujeres. Angela Merkel dirige Alemania, el principal estado imperialista europeo y Cristine Lagarde es la número uno del FMI, esa máquina de exprimir a los pueblos de todo el planeta. Obama nombró a una mujer como directora del Servicio Secreto y acaba de ser elegida una mujer como Directora de los Servicios Clandestinos de la CIA.

Gran empoderamiento, ¿no? ¿Significó eso alguna mejora para las mujeres en esos países y en el mundo? Tanto en Brasil, como en Argentina y Costa Rica las presidentes mujeres se siguen oponiendo a la legalización del aborto por lo que siguen muriendo mujeres trabajadoras y pobres. La Merkel y la Lagarde son piezas claves para impulsar los planes de austeridad que ha significado el desempleo para gran cantidad de trabajadoras y la desesperación ante la imposibilidad de dar a sus hijos los servicios básicos de educación y salud. Ni hablar de a quien fortalece el nombramiento como directora de la CIA a esa mujer especializada en centros clandestinos en el extranjero de detención y tortura. ¿Y cómo jugará en todo esto la reina Máxima?  No hay mucho misterio, tomará  algunas tareas de beneficencia y pondrá sus conocimientos de economía y su experiencia como banquera (como ya lo ha venido haciendo) al servicio de los intereses de los capitales holandeses en el mundo.

Por eso, no nos queda otra que dar la pela por nuestros derechos como mujeres y como trabajadoras. En esa pelea no tendremos el apoyo de esas mujeres “empoderadas”, sino que las deberemos enfrentar. Y, en su desarrollo, tendremos que dar también una importante batalla contra el machismo existente en muchos sectores de clase obrera, lo que  muy necesario para lograr la férrea unidad de los trabajadores, hombres y mujeres, para avanzar en la lucha contra el capitalismo que es el que nos explota y nos oprime.