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En 1933 Trotsky llegó a la conclusión de que la III Internacional, que él había fundado con Lenin en 1919, había muerto como internacional revolucionaria. ¿Por qué llegó a esa conclusión? Por la política de Stalin y la III Internacional frente al surgimiento y ascenso de Hitler en Alemania, pero sobre todo por la falta de reacción de los partidos de la III Internacional frente a esta catástrofe.

Por Ariel González

Trotsky había dado una dura batalla contra esa política, proponiendo el Frente Único Obrero entre el Partido Comunista y el Partido Socialdemócrata alemán, para derrotar el avance de los nazis. Pero Stalin llevó la política contraria, diciendo que los socialistas y los nazis eran lo mismo. Así, el proletariado alemán fue aplastado sin ofrecer resistencia, engañado y desmovilizado por sus dirigentes. Los nazis pudieron tomar el poder casi sin lucha. La III Internacional había muerto como internacional revolucionaria. A partir de allí Trotsky dedicaría su vida a la construcción de la IV Internacional.

¿Qué era el Frente Único que planteaba Trotsky en Alemania?

La táctica del frente único obrero fue elaborada entre el tercer y cuarto Congreso de la III Internacional (1921-1922), y respondía a una doble necesidad defensiva del proletariado ante las “contra reformas” del capitalismo imperialista: 1) la imperiosa unidad para luchar, tal como lo siente o comprende mayormente en las crisis, para poder vencer los ataques económicos y políticos contra sus condiciones de vida. 2) Superar a las direcciones traidoras reformistas, que contrabandean la ideología patronal de la conciliación de clases. Direcciones sindicales y políticas que, en ese entonces, estaban con la Segunda Internacional socialdemócrata, y que se había pasado a la defensa de los intereses imperialistas en la Primera Guerra Mundial, traicionando el internacionalismo proletario.

Trotsky, en Alemania planteó que:

“En lugar de lanzar un ultimátum unilateral que irrita y ofende a los obreros (se refiere al “frente único rojo”), hay que proponer un programa preciso de acciones comunes: esta es la vía más segura para conquistar la dirección efectiva. (…) Sin ocultar ni moderar en nada nuestra opinión sobre los jefes socialdemócratas, podemos y debemos decirles a los obreros socialdemócratas: ‘(…) obligadles a embarcarse en una lucha común con nosotros por tales y tales tareas prácticas, con tales y tales medios; nosotros, los comunistas, por nuestra parte, estamos dispuestos’. ¿Qué puede haber más sencillo, más claro y más convincente que eso? (…) Quien no comprenda esta tarea es porque considera al partido como una asociación propagandista, y no como una organización de acción de masas”. (Trotsky, “¿Y ahora? Problemas vitales del proletariado alemán”, 1932).

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Esta táctica, que busca movilizar, no hacer propaganda, está dirigida a esas direcciones traidoras con influencia, mientras no estén en el gobierno burgués. Si la aceptan, la acción unitaria en frente único puede poner al proletariado en el camino de medidas de lucha ofensivas, revolucionarias. Si la rechazan, los traidores que se niegan a la unidad para luchar pueden ser desenmascarados. Para ganar la dirección, no se trata de conformarse con criticarlos, sino de hacer todo lo necesario para que el proletariado se defienda luchando por sus intereses inmediatos, alertando que los reformistas no quieren combatir ni siquiera por las reivindicaciones más inmediatas. Por eso, es un llamado a una lucha ya, ahora, por los puntos comunes más urgentes. No por consignas “radicales” o “máximas”, pues hacerlo equivale a sembrar alguna confianza revolucionaria en quienes queremos destruir. Sino por alguna consigna de lucha como “aumento de salarios” que esos burócratas, agentes del capital, para reacomodarse ante sus bases, se ven obligados a levantar. Por eso, si están en el gobierno burgués que aplica un ajuste antiobrero, es imposible hacer frente único con estos traidores.

La iniciativa y el llamado de la CSP Conlutas de Brasil, central sindical minoritaria, a construir la huelga general contra el gobierno en defensa de los derechos de los trabajadores, dirigido a éstos y a sus organizaciones sindicales y populares, es un ejemplo de esta táctica.

Juntos pero no revueltos

Estos acuerdos tácticos, provisorios, por lo tanto, deben combinar la unidad con el enfrentamiento a esas direcciones, manteniendo la independencia política. Ninguna bandera en común: construir el partido separado, y golpear juntos. Ningún programa político acabado para hacer una organización común.  Llegado el momento en que esa contradicción se plantea abiertamente, hay que seguir denunciándolas aunque se rompa el acuerdo. Para no salvarles la ropa.

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“La regla más importante, la mejor y más inalterable que hay que aplicar en cualquier maniobra es la siguiente: nunca te arriesgues a fusionar, a mezclar o a cambiar a la organización de tu propio partido con la de otro, por muy “amistosa” que sea en la actualidad. No dar nunca pasos que conduzcan directa o indirectamente, abierta o encubiertamente a la subordinación de tu partido ante otros partidos, o ante las organizaciones de otras clases, o constriña la libertad de agitación de tu propio partido, o te responsabilicen, aunque sólo sea parcialmente, de la línea política de otros partidos. Nunca mezcles las banderas, y menos aún te arrodilles ante otra bandera.” (Trotsky, “El único camino”, 1932).

Sólo apoyamos las luchas, dirija quien las dirija. No se trata de buscar algún dirigente “progresista” como “aliado” para unirnos y desde allí llamar a la unidad. El objetivo es desarrollar acciones prácticas masivas, pues sólo así también podrá abrirse paso una nueva dirección, que disputamos.

Eso es lo que proponía Trotsky a los comunistas para enfrentar y derrotar a los nazis en Alemania.

El Frente Único Obrero en Argentina

Nosotros creemos que la táctica de Frente Único tiene total actualidad y es fundamental hoy en todo el mundo para enfrentar los ataques de los gobiernos, y derrotar a los partidos y los dirigentes sindicales que traicionan las luchas de la clase obrera.

Pero hay partidos que tergiversan la táctica del frente único obrero. Como vimos, esa táctica es opuesta a la política del PO de “frente único clasista combativo”, es decir, “rojo”. Y también a la política del PO, PTS, etc. de permanente “unidad de la izquierda” en las elecciones, que Trotsky no planteó incluso ante el nazismo en Alemania:

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“La idea de presentar a las elecciones presidenciales un candidato del frente único obrero es una idea fundamentalmente errónea. El partido no tiene derecho a renunciar a movilizar a sus partidarios y a contar sus fuerzas en las elecciones. Una candidatura del partido que se oponga a todas las demás candidaturas no puede constituir, en ningún caso, un obstáculo para un acuerdo con otras organizaciones por los objetivos inmediatos de la lucha”. (“¿Y ahora? Problemas vitales del proletariado alemán”, 1932).